MARCOS 4-5

MARCOS 4

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (4,1-20):

1 Jesús comenzó a enseñar de nuevo a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca dentro del mar, y sentarse en ella. Mientras tanto, la multitud estaba en la orilla.

2 El les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas, y esto era lo que les enseñaba:

3 «¡Escuchen! El sembrador salió a sembrar.

4 Mientras sembraba, parte de la semilla cayó al borde del camino, y vinieron los pájaros y se la comieron.

5 Otra parte cayó en terreno rocoso, donde no tenía mucha tierra, y brotó en seguida porque la tierra era poco profunda;

6 pero cuando salió el sol, se quemó y, por falta de raíz, se secó.

7 Otra cayó entre las espinas; estas crecieron, la sofocaron, y no dio fruto.

8 Otros granos cayeron en buena tierra y dieron fruto: fueron creciendo y desarrollándose, y rindieron ya el treinta, ya el sesenta, ya el ciento por uno».

9 Y decía: «¡El que tenga oídos para oír, que oiga!».

10 Cuando se quedó solo, los que estaban alrededor de él junto con los Doce, le preguntaban por el sentido de las parábolas.

11 Y Jesús les decía: «A ustedes se les ha confiado el misterio del Reino de Dios; en cambio, para los de afuera, todo es parábola,

12 a fin de que miren y no vean, oigan y no entiendan, no sea que se conviertan y alcancen el perdón».

13 Jesús les dijo: «¿No entienden esta parábola? ¿Cómo comprenderán entonces todas las demás?

14 El sembrador siembra la Palabra.

15 Los que están al borde del camino, son aquellos en quienes se siembra la Palabra; pero, apenas la escuchan, viene Satanás y se lleva la semilla sembrada en ellos.

16 Igualmente, los que reciben la semilla en terreno rocoso son los que, al escuchar la Palabra, la acogen en seguida con alegría;

17 pero no tienen raíces, sino que son inconstantes y, en cuanto sobreviene la tribulación o la persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumben.

18 Hay otros que reciben la semilla entre espinas: son los que han escuchado la Palabra,

19 pero las preocupaciones del mundo, la seducción de las riquezas y las demás concupiscencias penetran en ellos y ahogan la Palabra, y esta resulta infructuosa.

MARCOS 4.19

20 Y los que reciben la semilla en tierra buena, son los que escuchan la Palabra, la aceptan y dan fruto al treinta, al sesenta y al ciento por uno».

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LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (4, 21-25):

21 Jesús les decía: «¿Acaso se trae una lámpara para ponerla debajo de un cajón o debajo de la cama? ¿No es más bien para colocarla sobre el candelero?.

22 Porque no hay nada oculto que no deba ser revelado y nada secreto que no deba manifestarse.

MARCOS 4.22

23 ¡Si alguien tiene oídos para oír, que oiga!».

24 Y les decía: «¡Presten atención a lo que oyen! La medida con que midan se usará para ustedes, y les darán más todavía.

25 Porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene».

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LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (4, 26-34):

26 Y decía: «El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra:

27 sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo.

28 La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga.

29 Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha».

MARCOS 4, 26-29

30 También decía: «¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo?

31 Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra,

32 pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra».

33 Y con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender.

34 No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo.

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LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (4, 35-41):

35 Al atardecer de ese mismo día, les dijo: «Crucemos a la otra orilla».

36 Ellos, dejando a la multitud, lo llevaron a la barca, así como estaba. Había otras barcas junto a la suya.

37 Entonces se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua.

38 Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal.

39 Lo despertaron y le dijeron: «¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?». Despertándose, él increpó al viento y dijo al mar: «¡Silencio! ¡Cállate!». El viento se aplacó y sobrevino una gran calma.

40 Después les dijo: «¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?».

MARCOS 4.40 MIEDO

41 Entonces quedaron atemorizados y se decían unos a otros: «¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen».

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MARCOS 5

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (5,1-20):

1 Llegaron a la otra orilla del mar, a la región de los gerasenos.

2 Apenas Jesús desembarcó, le salió al encuentro desde el cementerio un hombre poseído por un espíritu impuro.

3 El habitaba en los sepulcros, y nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas.

4 Muchas veces lo habían atado con grillos y cadenas pero el había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarlo.

5 Día y noche, vagaba entre los sepulcros y por la montaña, dando alaridos e hiriéndose con piedras.

6 Al ver de lejos a Jesús, vino corriendo a postrarse ante él,

7 gritando con fuerza: «¿Qué quieres de mí, Jesús, Hijo de Dios, el Altísimo? ¡Te conjuro por Dios, no me atormentes!».

8 Porque Jesús le había dicho: «¡Sal de este hombre, espíritu impuro!».

9 Después le preguntó: «¿Cuál es tu nombre?». El respondió: «Mi nombre es Legión, porque somos muchos».

10 Y le rogaba con insistencia que no lo expulsara de aquella región.

11 Había allí una gran piara de cerdos que estaba paciendo en la montaña.

12 Los espíritus impuros suplicaron a Jesús: «Envíanos a los cerdos, para que entremos en ellos».

13 El se lo permitió. Entonces los espíritus impuros salieron de aquel hombre, entraron en los cerdos, y desde lo alto del acantilado, toda la piara –unos dos mil animales– se precipitó al mar y se ahogó.

14 Los cuidadores huyeron y difundieron la noticia en la ciudad y en los poblados. La gente fue a ver qué había sucedido.

15 Cuando llegaron adonde estaba Jesús, vieron sentado, vestido y en su sano juicio, al que había estado poseído por aquella Legión, y se llenaron de temor.

16 Los testigos del hecho les contaron lo que había sucedido con el endemoniado y con los cerdos.

17 Entonces empezaron a pedir a Jesús que se alejara de su territorio.

18 En el momento de embarcarse, el hombre que había estado endemoniado le pidió que lo dejara quedarse con él.

19 Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: «Vete a tu casa con tu familia, y anúnciales todo lo que el Señor hizo contigo al compadecerse de ti».

MARCOS 5,19

20 El hombre se fue y comenzó a proclamar por la región de la Decápolis lo que Jesús había hecho por él, y todos quedaban admirados.

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LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (5,21-43):

21 Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar.

22 Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies,

23 rogándole con insistencia: «Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva».

24 Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados.

25 Se encontraba allí una mujer que desde hacia doce años padecía de hemorragias.

26 Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor.

27 Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto,

28 porque pensaba: «Con sólo tocar su manto quedaré curada».

29 Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal.

30 Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: «¿Quién tocó mi manto?».

31 Sus discípulos le dijeron: «¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?».

32 Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido.

33 Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a los pies y le confesó toda la verdad.

34 Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad».

35 Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: «Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?».

36 Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: «No temas, basta que creas».

MARCOS 5.36

MARCOS 5.36

37 Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago,

38 fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba.

39 Al entrar, les dijo: «¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme».

40 Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba.

41 La tomó de la mano y le dijo: «Talitá kum», que significa: «¡Niña, yo te lo ordeno, levántate».

MARCOS 5

42 En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro,

43 y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que le dieran de comer.

Jesús resucita a la hija de Jairo.1815 – Johann Friedrich Overbeck

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Publicado el 28 junio, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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