MATEO 7-8

MATEO 7

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (7, 1-5):

1 No juzguen, para no ser juzgados.

MATEO 7.1

2 Porque con el criterio con que ustedes juzguen se los juzgará, y la medida con que midan se usará para ustedes.

MATEO 7, 1-2

3 ¿Por qué te fijas en la paja que está en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que está en el tuyo?

4 ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: «Deja que te saque la paja de tu ojo», si hay una viga en el tuyo?

5 Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano.

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6 No den las cosas sagradas a los perros, ni arrojen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes para destrozarlos.

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (7, 7-11):

7 Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá.

8 Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá.

MATEO 7, 7-8

9 ¿Quién de ustedes, cuando su hijo le pide pan, le da una piedra?

10 ¿O si le pide un pez, le da una serpiente?

11 Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará cosas buenas a aquellos que se las pidan!

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LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (7, 6.12-14):

12 Todos los que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas.

Trata a los demás como te gustaría ser tratado

Trata a los demás como te gustaría ser tratado

13 Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí.

14 Pero es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran.

MATEO 7.13-14

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LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (7, 15-20):

15 Tengan cuidado de los falsos profetas, que se presentan cubiertos con pieles de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.

16 Por sus frutos los reconocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos?

17 Así, todo árbol bueno produce frutos buenos y todo árbol malo produce frutos malos.

18 Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo, producir frutos buenos.

19 Al árbol que no produce frutos buenos se lo corta y se lo arroja al fuego.

20 Por sus frutos, entonces, ustedes los reconocerán.

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LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (7, 21-29):

21 No son los que me dicen: «Señor, Señor», los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo.

22 Muchos me dirán en aquel día: «Señor, Señor, ¿acaso no profetizamos en tu Nombre? ¿No expulsamos a los demonios e hicimos muchos milagros en tu Nombre?».

23 Entonces yo les manifestaré: «Jamás los conocí; apártense de mí, ustedes, los que hacen el mal».

24 Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato que edificó su casa sobre roca.

25 Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero esta no se derrumbó porque estaba construida sobre roca.

26 Al contrario, el que escucha mis palabras y no las practica, puede compararse a un hombre insensato, que edificó su casa sobre arena».

27 Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa: esta se derrumbó, y su ruina fue grande».

28 Cuando Jesús terminó de decir estas palabras, la multitud estaba asombrada de su enseñanza,

29 porque él les enseñaba como quien tiene autoridad y no como sus escribas.

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MATEO 8

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (8, 1-4):

1 Cuando Jesús bajó de la montaña, lo siguió una gran multitud.

2 Entonces un leproso fue a postrarse ante él y le dijo: «Señor, si quieres, puedes purificarme».

3 Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda purificado». Y al instante quedó purificado de su lepra.

4 Jesús le dijo: «No se lo digas a nadie, pero ve a presentarse al sacerdote y entrega la ofrenda que ordenó Moisés para que les sirva de testimonio».

San Buenaventura (1221-1274), franciscano, doctor de la Iglesia. Vida de San Francisco, Leyenda mayor, c. 1
«Jesús extendió la mano y lo tocó»

Un día que Francisco estaba en la soledad orando y, llevado por su fervor estaba totalmente absorto en Dios, se le apareció Cristo en la cruz. Ante esta visión «su alma se le salió de sí» (Ct 5,6) y el recuerdo de la Pasión de Cristo le penetró tan profundamente que a partir de aquel momento difícilmente podía retener el llanto y dejar de suspirar cuando pensaba en el Crucificado; él mismo lo confesó un día poco antes de su muerte. Y es así cómo comprendió que era dirigida a él la palabra del Evangelio: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame» (Mt 16,24).
Desde aquel momento se entregó al espíritu de pobreza, al gusto por la humildad y a los impulsos de una profunda piedad. Así como antiguamente no tan sólo la compañía sino el mero hecho de ver a un leproso, aunque fuera de lejos, le horrorizaba, ahora y desde aquel momento, con un perfecto olvido de sí, se entregaba a darles todos lo servicios posibles, siempre humilde y muy humano, por Cristo crucificado que, según la palabra del profeta, fue considerado y «despreciado como a un leproso» (Is 53,3).

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (8, 5-17):

5 Al entrar en Cafarnaúm, se le acercó un centurión, rogándole:

6 «Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente».

7 Jesús le dijo: «Yo mismo iré a curarlo».

8 Pero el centurión respondió: «Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará.

9 Porque cuando yo, que no soy más que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que están a mis órdenes: «Ve», él va, y a otro: «Ven», él viene; y cuando digo a mi sirviente: «Tienes que hacer esto», él lo hace».

10 Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: «Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe.

11 Por eso les digo que muchos vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos;

12 en cambio, los herederos del reino serán arrojados afuera, a las tinieblas, donde habrá llantos y rechinar los dientes».

13 Y Jesús dijo al centurión: «Ve, y que suceda como has creído». Y el sirviente se curó en ese mismo momento.

14 Cuando Jesús llegó a la casa de Pedro, encontró a la suegra de este en cama con fiebre.

15 Le tocó la mano y se le pasó la fiebre. Ella se levantó y se puso a servirlo.

16 Al atardecer, le llevaron muchos endemoniados, y él, con su palabra, expulsó a los espíritus y curó a todos los que estaban enfermos,

17 para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: “El tomó nuestras debilidades y cargó sobre sí nuestras enfermedades”.

 

COMENTARIO:

Un detalle de los Evangelios que me llama la atención es cómo Jesús se hace más presente en los lugares donde la vida acontece y reclama sus derechos que en los lugares de culto, en las sinagogas o en el templo de Jerusalén. Está allí donde la vida grita pidiendo socorro. Una de las grandes diferencias del cristianismo con el resto de las religiones, sin quitar importancia al culto litúrgico, es que Jesús es el “Dios-con-nosotros” (Mt 1,23) que busca a la persona humana no el “Dios en el templo” siempre a la espera de sus fieles. Es un Dios que camina por las calles, que entra en las casas, que se hace huésped de la humanidad, que se sienta a la mesa con sus amigos.

El evangelio de hoy comienza situando a Jesús entrando en Cafarnaúm y termina con Jesús en la casa de la suegra de Pedro y curando a endemoniados y enfermos. El centurión romano  pide apoyado en el poder de la palabra de Jesús. Para el centurión su palabra es suficiente para realizar lo que expresa: “Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano” (Mt 8,8). Y así sucedió. La palabra de Jesús es una palabra que cura, que defiende la vida amenazada, que restaura la esperanza perdida y libera a la persona de la esclavitud: “con su palabra, expulsó los espíritus y curó a todos los enfermos” (Mt 8,16). En suma, las palabras y los gestos de Jesús hacen que esos encuentros sea un verdadero milagro en el que la vida recobra su sentido.

En nuestras sociedades pos-modernas, la palabra tiene cada vez menos relevancia, cada vez es menos significativa. Vaciamos las palabras de contenido, las manipulamos y las sometemos con violencia hasta que pierden su significado según nuestro propio interés. Eso a veces sin darnos cuenta de que las palabras pueden herir o curar, construir o destruir, distanciar o aproximar…. “Las palabras están grávidas de significados existenciales. En ellas las personas acumulan innumerables experiencias, positivas y negativas, experiencias de búsqueda, de encuentro, de certezas, de perplejidades o de inmersión en el Ser. Tenemos que desentrañar la riqueza escondida en las palabras” (Leonardo Boff).

Cuando escuchamos la Palabra que llena de vida nuestra existencia y la acogemos en nuestro interior, somos también capaces de curar las heridas de los que se cruzan en nuestro camino y nos piden una palabra de consuelo, de esperanza y de acogida. Pidamos la gracia de ser “Palabra de Dios” en los diversos ambientes en que nos movemos y en la vida de que su vida no tiene sentido.

SILENCIO LO DICE TODOSeamos PALABRA y NO SILENCIOS

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LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (8,18-22):

18 Al verse rodeado de tanta gente, Jesús mandó a sus discípulos que cruzaran a la otra orilla.

19 Entonces se aproximó un escriba y le dijo: «Maestro, te seguiré adonde vayas».

20 Jesús le respondió: «Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza».

21 Otro de sus discípulos le dijo: «Señor, permíteme que vaya antes a enterrar a mi padre».

22 Pero Jesús le respondió: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos».

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LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (8,23-27):

23 Después Jesús subió a la barca y sus discípulos lo siguieron.

24 De pronto se desató en el mar una tormenta tan grande, que las olas cubrían la barca. Mientras tanto, Jesús dormía.

25 Acercándose a él, sus discípulos lo despertaron, diciéndole: «¡Sálvanos, Señor, nos hundimos!».

26 El les respondió: «¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?». Y levantándose, increpó al viento y al mar, y sobrevino una gran calma.

27 Los hombres se decían entonces, llenos de admiración: «¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?».

 

MATEO 8, 23-27 REFLEXIÓN

COMENTARIO:

Jesús vino a calmar las tempestades de nuestros corazones que nos hace muchas veces creer que Él no está con nosotros… por lo que los miedos no son de Dios

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LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (8,28-34):

28 Cuando Jesús llegó a la otra orilla, a la región de los gadarenos, fueron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros. Eran tan feroces, que nadie podía pasar por ese camino.

29 Y comenzaron a gritar: «¿Que quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?»

30 A cierta distancia había una gran piara de cerdos paciendo.

31 Los demonios suplicaron a Jesús: «Si vas a expulsarnos, envíanos a esa piara».

32 El les dijo: «Vayan». Ellos salieron y entraron en los cerdos: estos se precipitaron al mar desde lo alto del acantilado, y se ahogaron.

33 Los cuidadores huyeron y fueron a la ciudad para llevar la noticia de todo lo que había sucedido con los endemoniados.

34 Toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, al verlo, le rogaron que se fuera de su territorio.

COMENTARIO:

Los de aquella región tenían miedo a aquellos endemoniados, pero era perder muchas cosas, cerdos (su bien más preciado), por la curación de aquellos… ¿en qué región de nuestra vida no dejamos entrar a Jesús por el temor de perder algo de lo nuestro y no solo “cosas”, sino formas de pensar, comodidades, pareceres…?

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Publicado el 7 julio, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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