ÉXODO 1-3

Exodo viene de palabras griegas que significan “salir”, y fue así llamado porque registró la partida de Israel de Egipto.

Espacio de tiempo. Los eventos registrados en el Exodo abarcan un período de 216 años, desde cerca de 216 años, desde cerca de 1706 años antes de Jesucristo a 1490 años antes de Jesucristo.   Empieza un pueblo esclavizado que mora en la presencia de la idolatría egipcia y termina con un pueblo redimido que vive en la presencia de Dios.

ÉXODO 1

LOS DESCENDIENTES DE JACOB

1 Los nombres de los israelitas que llegaron con Jacob a Egipto, cada uno con su familia, son los siguientes:

2 Rubén, Simeón, Leví y Judá,

3 Isacar, Zabulón y Benjamín,

4 Dan y Neftalí, Gad y Aser.

5 Los descendientes de Jacob eran, en total, setenta personas, José ya estaba en Egipto.

HIJOS DE JACOBEL CRECIMIENTO Y LA OPRESIÓN DE LOS ISRAELITAS

6 Después murieron José y sus hermanos, y toda aquella generación.

7 Pero los israelitas fueron fecundos y se multiplicaron, hasta convertirse en una muchedumbre numerosa y muy fuerte, que llenaba el país.

LECTURA DEL LIBRO DEL ÉXODO (1,8-14.22):

8 Mientras tanto, asumió el poder en Egipto un nuevo rey, que no había conocido a José.

9 El dijo a su pueblo: «El pueblo de los israelitas es más numeroso y fuerte que nosotros.

10 Es preciso tomar precauciones contra él, para impedir que siga multiplicándose. De lo contrario, en caso de guerra se pondrá de parte de nuestros enemigos, combatirá contra nosotros y se irá del país»

11 Entonces los egipcios pusieron a Israel a las órdenes de capataces, para que lo oprimieran con trabajos forzados. Así Israel construyó para el Faraón las ciudades de almacenamiento de Pitom y Ramsés.

12 Pero a medida que aumentaba la opresión, más se multiplicaba y más se expandía. Esto hizo que la presencia de los israelitas se convirtiera en un motivo de inquietud.

13 Por eso, los egipcios redujeron a los israelitas a la condición de los esclavos,

14 y les hicieron insoportable la vida, forzándolos a realizar trabajos extenuantes: la preparación de la arcilla, la fabricación de ladrillos y toda clase de tareas agrícolas.

15 Además, el rey de Egipto se dirigió a las parteras de las mujeres hebreas –una de ellas se llamaba Sifrá y la otra Puá–

16 y les ordenó: «Cuando asistan durante el parto a las mujeres hebreas, observen bien el sexo del recién nacido: si es varón, mátenlo, y si es una niña, déjenla vivir».

17 Pero las parteras tuvieron temor de Dios, y en lugar de acatar la orden que les había dado el rey de Egipto, dejaban con vida a los varones.

18 El rey las mandó llamar y les preguntó: «Por qué han obrado así y han dejado con vida a los varones?».

19 Ellas le respondieron: «Por que las mujeres hebreas no son como las egipcias: tienen mucha vitalidad, y antes que llegue la partera, ya han dado a luz».

20 Por eso Dios fue bondadoso con las parteras. El pueblo creció cada vez más y se hizo muy poderoso,

21 y como ellas habían obrado con temor de Dios, él les concedió una familia numerosa.

22 Entonces el Faraón dio esta orden a su pueblo: «Arrojen al Nilo a todos los varones recién nacidos, pero dejen con vida a las niñas».

LECTURA DEL LIBRO DEL ÉXODO (2,1-15a):

ÉXODO 2

EL NACIMIENTO DE MOISÉS

En 1945, Frida pintó este cuadro por encargo de Don José Domingo Lavin que le pidió una obra sobre el libro de Sigmund Freud “Moisés, el hombre y la religión monoteistita”.  La figura central es el bebé abandonado, Moisés, y lleva el tercer ojo de la sabiduría en su frente.

En 1945, Frida pintó este cuadro por encargo de Don José Domingo Lavin que le pidió una obra sobre el libro de Sigmund Freud “Moisés, el hombre y la religión monoteistita”. La figura central es el bebé abandonado, Moisés, y lleva el tercer ojo de la sabiduría en su frente.

1 Un hombre de la familia de Leví se casó con la hija de un levita.

2 La mujer concibió y dio a luz un hijo; y viendo que era muy hermoso, lo mantuvo escondido durante tres meses.

3 Cuando ya no pudo ocultarlo más tiempo, tomó una cesta de papiro y la impermeabilizó con betún y pez. Después puso en ella al niño y la dejó entre los juncos, a orillas del Nilo.

4 Pero la hermana del niño se quedó a una cierta distancia, para ver qué le sucedería.

5 La hija del Faraón bajó al Nilo para bañarse, mientras sus doncellas se paseaban por la ribera. Al ver la cesta en medio de los juncos, mandó a su esclava que fuera a recogerla.

6 La abrió, y vio al niño que estaba llorando; y llena de compasión, exclamó: «Seguramente es un niño de los hebreos».

7 Entonces la hermana del niño dijo a la hija del Faraón: «Quieres que vaya a buscarte entre las hebreas una nodriza para que te lo críe»?

8 «Sí», le respondió la hija del Faraón. La jovencita fue a llamar a la madre del niño,

9 y la hija del Faraón le dijo: «Llévate a este niño y críamelo; yo te lo voy a retribuir». La mujer lo tomó consigo y lo crió;

MOISÉS SALVADO DE LAS AGUAS.  AUTOR: Nicolás Poussin (1638)

MOISÉS SALVADO DE LAS AGUAS.
AUTOR: Nicolás Poussin (1638)

10 y cuando el niño creció, lo entregó a la hija del Faraón, que lo trató como a un hijo y le puso el nombre de Moisés, diciendo: «Sí, yo lo saqué de las aguas».

LA HUIDA DE MOISÉS A MADIÁN

11 Siendo ya un hombre, Moisés salió en cierta ocasión a visitar a sus hermanos, y observó los penosos trabajos a que estaban sometidos. También vio que un egipcio maltrataba a un hebreo, a uno de sus hermanos.

12 Entonces dirigió una mirada a su alrededor, y como no divisó a nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena.

13 Al día siguiente regresó y encontró a dos hebreos que se estaban pelando. «¿Por qué golpeas a tu compañero?» Preguntó el agresor.

14 Pero este le respondió: «¿Quién te ha constituido jefe o árbitro nuestro? ¿Acaso piensas matarme como mataste al egipcio?». Moisés sintió temor y pensó: «Por lo visto, el asunto ha trascendido».

15 En efecto, el Faraón se enteró de lo sucedido, y buscó a Moisés para matarlo. Pero este huyó del Faraón, y llegó al país de Madián. Allí se sentó junto a un pozo.

“Episodios de la vida de Moisés“, Sandro Botticelli, 1481-1482 (Capilla Sixtina, Vaticano). En este fresco, Botticelli narra seis episodios de la vida de Moisés: el primero es la ejecución del egipcio acusado de haber matado a un israelita, que se encuentra abajo a la derecha, lo que provoca la huida al desierto -sobre la escena anterior-; en el centro, el encuentro con las hijas de Jethro -una de las cuales se convertirá en su esposa- ayudadas por Moisés a abrevar sus ovejas tras haber puesto en fuga a los pastores que se lo impedían, escena que se aprecia en segundo plano. En la zona superior izquierda encontramos a Moisés recibiendo la llamada de Dios y quitándose las sandalias para pasar la zarza ardiendo con sus pies descalzos, siendo este episodio el más importante del conjunto. En la zona inferior concluye la serie con la salida de Egipto del pueblo de Israel.

“Episodios de la vida de Moisés“, Sandro Botticelli, 1481-1482 (Capilla Sixtina, Vaticano).
En este fresco, Botticelli narra seis episodios de la vida de Moisés: el primero es la ejecución del egipcio acusado de haber matado a un israelita, que se encuentra abajo a la derecha, lo que provoca la huida al desierto -sobre la escena anterior-; en el centro, el encuentro con las hijas de Jethro -una de las cuales se convertirá en su esposa- ayudadas por Moisés a abrevar sus ovejas tras haber puesto en fuga a los pastores que se lo impedían, escena que se aprecia en segundo plano. En la zona superior izquierda encontramos a Moisés recibiendo la llamada de Dios y quitándose las sandalias para pasar la zarza ardiendo con sus pies descalzos, siendo este episodio el más importante del conjunto. En la zona inferior concluye la serie con la salida de Egipto del pueblo de Israel.

16 El sacerdote de Madián tenía siete hijas. Ellas fueron a sacar agua para llenar los bebederos y dar de beber al rebaño de su padre.

17 De pronto llegaron unos pastores y las echaron. Moisés, poniéndose de pie, salió en defensa de ellas y dio de beber a sus ovejas.

18 Cuando llegaron al lugar donde estaba Reuel, su padre, este les preguntó: ¿Por qué hoy han vuelto tan pronto?».

19 «Un hombre, un egipcio, le explicaron ellas, nos libró de los pastores, nos sacó agua, y hasta dio de beber al rebaño».

20 «¿Dónde está ese hombre?», preguntó él a sus hijas. «¿Por qué lo dejaron allí? Invítenlo a comer».

21 Moisés accedió a quedarse en casa de aquel hombre, y este le dio como esposa a su hija Sipora.

22 Ella tuvo un hijo, y Moisés lo llamó Gersón, porque dijo: «Fui un emigrante en tierra extranjera».

El clamor de los israelitas escuchado por Dios

23 Pasó mucho tiempo y, mientras tanto, murió el rey de Egipto. Los israelitas, que gemían en la esclavitud, hicieron oír su clamor, y ese clamor llegó hasta Dios, desde el fondo de su esclavitud.

24 Dios escuchó sus gemidos y se acordó de su alianza con Abraham, Isaac y Jacob.

25 Entonces dirigió su mirada hacia los israelitas y los tuvo en cuenta

ÉXODO 3

LECTURA DEL LIBRO DEL ÉXODO (3,1-6.9-12):

EL LLAMADO DE DIOS A MOISÉS

1 Moisés, que apacentaba las ovejas de su suegro Jetró, el sacerdote de Madián, llevó una vez el rebaño más allá del desierto y llegó a la montaña de Dios, al Horeb.

2 Allí se le apareció el Angel del Señor en una llama de fuego, que salía de en medio de la zarza. Al ver que la zarza ardía sin consumirse,

3 Moisés pensó: «Voy a observar este grandioso espectáculo. ¿Por qué será que la zarza no se consume?».

4 Cuando el Señor vio que él se apartaba del camino para mirar, lo llamó desde la zarza, diciendo: «¡Moisés, Moisés!». «Aquí estoy», respondió el.

5 Entonces Dios le dijo: «No te acerques hasta aquí. Quítate las sandalias, porque el suelo que estás pisando es una tierra santa».

6 Luego siguió diciendo: «Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob». Moisés se cubrió el rostro porque tuvo miedo de ver a Dios.

 “Moisés y la zarza ardiente” (ca. 1645), de Sébastien Bourdon

“Moisés y la zarza ardiente” (ca. 1645), de Sébastien Bourdon

LA MISIÓN DE MOISÉS

7 El Señor dijo: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos.

8 Por eso he bajado a librarlo del poder de los egipcios y a hacerlo subir, desde aquel país, a una tierra fértil y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel, al país de los cananeos, los hititas, los amorreos, los perizitas, los jivitas y los jebuseos.

9 El clamor de los israelitas ha llegado hasta mi y he visto cómo son oprimidos por los egipcios.

10 Ahora ve, yo te envío al Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a los israelitas».

11 Pero Moisés dijo a Dios: «¿Quién soy yo para presentarme ante el Faraón y hacer salir de Egipto a los israelitas?».

EXODO 3.11

12 «Yo estaré contigo, les dijo a Dios, y esta es la señal de que soy yo el que te envía: después que hagas salir de Egipto al pueblo, ustedes darán culto a Dios en esta montaña».

LECTURA DEL LIBRO DEL ÉXODO (3,13-20):

LA REVELACIÓN DEL NOMBRE DIVINO Y LA PROMESA DE LIBERACIÓN

13 Moisés dijo a Dios: «Si me presento ante los israelitas y les digo que el Dios de sus padres me envió a ellos, me preguntarán cual es su nombre. Y entonces, ¿qué les responderé?».

14 Dios dijo a Moisés: «Yo soy el que soy». Luego añadió: «Tú hablarás así a los israelitas: «Yo soy» me envió a ustedes».

15 Y continuó diciendo a Moisés: «Tú hablarás así a los israelitas: El Señor, el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, es el que me envía. Este es mi nombre para siempre y así será invocado en todos los tiempos futuros.

16 Ve a reunir a los ancianos de Israel y diles: El Señor, el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, se me apareció y me dijo: «Yo los he visitado y he visto cómo los maltrataban los egipcios.

17 Por eso decidí librarlos de la opresión que sufren en Egipto, para llevarlos al país de los cananeos, los hititas, los amorreos, los perizitas, los jivitas y los jebuseos, a una tierra que mana leche y miel».

18 Ellos te escucharán, y tú irás a presentarte ante el rey de Egipto, junto con los ancianos de Israel. Entonces le dirás: «El Señor, el Dios de los hebreos, vino a nuestro encuentro. Y ahora tenemos que realizar una marcha de tres días por el desierto, para ofrecer sacrificios al Señor, nuestro Dios».

19 Ya sé que el rey de Egipto no los dejará partir, si no es obligado por la fuerza.

20 Pero yo extenderé mi mano y castigaré a Egipto, realizando ante ellos toda clase de prodigios. Así él los dejará partir,

21 y haré que este pueblo se gane el favor de los egipcios, de manera que cuando ustedes salgan, no se vayan con las manos vacías.

22 Por eso, cada mujer pedirá a su vecina y a la que se hospeda en su casa, objetos de plata y oro, y también vestidos, y se los pondrán a sus hijos e hijas. Así despojarán a los egipcios.

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Publicado el 12 julio, 2015 en Sin categoría. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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