CANTARES 1-4

CAPÍTULO 1

1 EL CANTO MÁS HEMOSO, DE SALOMÓN

 [La Amada]

2 ¡Que me bese ardientemente con su boca! Porque tus amores son más deliciosos que el vino;

3 sí, el aroma de tus perfumes es exquisito, tu nombre es un perfume que se derrama: por eso las jóvenes se enamoran de ti.

4 Llévame contigo: ¡corramos! El rey me introdujo en sus habitaciones: ¡gocemos y alegrémonos contigo, celebremos tus amores más que el vino! ¡Cuánta razón tienen para amarte!

5 Soy morena, pero hermosa, hijas de Jerusalén, como los campamentos de Quedar, como las carpas de Salmá.

6 ¡No se fijen en mi tez morena: he sido tostada por el sol. Los hijos de mi madre se irritaron contra mí, me pusieron a cuidar las viñas, ¡y a mi propia viña no la pude cuidad!

7 Dime, amado de mi alma, dónde llevas a pastar el rebaño, dónde lo haces descansar al mediodía, para que yo no ande vagando junto a los rebaños de tus compañeros.

 [Coro]

8 Si tú no lo sabes, ¡la más bella de las mujeres! sigue las huellas del rebaño y lleva a pastar tus cabritos junto a las cabañas de los pastores.

[El Amado]

9 Yo te comparo, amada mía, a una yegua uncida al carro del Faraón.

10 ¡qué hermosa son tus mejillas entre los aros y tu cuello entre los collares!

11 Te haremos pendientes de oro, con incrustaciones de plata.

 [La Amada]

12 Mientras el rey está en su diván, mi nardo exhala su perfume.

13 Mi amado es para mí una bolsita de mirra que descansa entre mis pechos.

14 Mi amado es para mí un racimo de alheña en las viñas de Engadí.

 [El Amado]

15 ¡Qué hermosa eres, amada mía, qué hermosa eres! ¡Tus ojos son palomas!

 [La Amada]

16 ¡Qué hermoso eres, amado mío, eres realmente encantador! ¡Qué frondoso es nuestro lecho!

17 Las vigas de nuestra casa son los cedros y nuestro artesonado, los cipreses.

CAPÍTULO 2

1 Yo soy el narciso de Sarón, el lirio de los valles.

 [El Amado]

2 Como un lirio entre los cardos es mi amada entre las jóvenes.

 [La Amada]

3 Como un manzano entre los árboles silvestres, es mi amado entre los jóvenes: yo me senté a su sombra tan deseada y su fruto es dulce a mi paladar.

4 El me hizo entrar en la bodega y enarboló sobre mí la insignia del Amor.

5 Reconfórtenme con pasteles de pasa, reanímenme con manzanas, porque estoy enferma de amor.

6 Su izquierda sostiene mi cabeza y con su derecha me abraza.

[El Amado]

7 ¡Júrenme, hijas de Jerusalén, por las gacelas y las ciervas del campo, que no despertarán ni desvelarán a mi amor, hasta que ella quiera!

[La Amada]

8 ¡La voz de mi amado! Ahí viene, saltando por las montañas, brincando por las colinas.

9 Mi amado es como una gacela, como un ciervo joven. Ahí está: se detiene detrás de nuestro muro; mira por la ventana, espía por el enrejado.

10 Habla mi amado, y me dice: «¡Levántate, amada mía, y ven, hermosa mía!

11 Porque ya pasó el invierno, cesaron y se fueron las lluvias.

12 Aparecieron las flores sobre la tierra, llegó el tiempo de las canciones, y se oye en nuestra tierra el arrullo de la tórtola.

13 La higuera dio sus primeros frutos y las viñas en flor exhalan su perfume. ¡Levántate, amada mía, y ven, hermosa mía!

14 Paloma mía, que anidas en las grietas de las rocas, en lugares escarpados, muéstrame tu rostro, déjame oír tu voz; porque tu voz es suave y es hermoso tu semblante».

[Coro]

15 Cacen a los zorros, a esos zorros pequeños que arrasan las viñas, ¡y nuestras viñas están en flor!

 [La Amada]

16 ¡Mi amado es para mí, y yo soy para mi amado, que apacienta su regaño entre los lirios!

17 Antes que sople la brisa y huyan las sombras ¡vuelve, amado mío, como una gacela, o como un ciervo joven, por las montañas de Beter!

LECTURA DEL LIBRO DEL CANTAR DE LOS CANTARES (3,1-4a):

CAPÍTULO 3

1 En mi lecho, durante la noche, busqué al amado de mi alma. ¡Lo busqué y no lo encontré!

2 Me levantaré y recorreré la ciudad; por las calles y las plazas, buscaré al amado de mi alma. ¡Lo busqué y no lo encontré!

3 Me encontraron los centinelas que hacen la ronda por la ciudad: «¿Han visto al amado de mi alma?».

4 Apenas los había pasado, encontré al amado de mi alma. Lo agarré, y no lo soltaré hasta que lo haya hecho entrar en la casa de mi madre, en la habitación de la que me engendró.

Obra del del Beato Angelico (1395-1455), el famoso Noli Me Tangere, situado en el Convento de San Marcos de Florencia. Toda la naturaleza que rodea a las dos figuras enmarca este encuentro y está lleno de simbolismo: el ciprés es signo de muerte; la palma de resurrección y el olivo de paz. El cromatismo de los colores simbólicos recuerdan las virtudes teologales que sostienen la vida de fe: el blanco de la roca y del manto de Jesús, símbolo de la fe; el verde de la naturaleza florida, símbolo de la esperanza; el rojo del vestido de María, símbolo de su gran amor y caridad. Esta imagen, de un gran lirismo, nos muestra el anhelo que subyace en el corazón de todo ser humano: es el deseo de esa Presencia, que es la única que puede llenar la vida.

Obra del del Beato Angelico (1395-1455), el famoso Noli Me Tangere, situado en el Convento de San Marcos de Florencia.
Toda la naturaleza que rodea a las dos figuras enmarca este encuentro y está lleno de simbolismo: el ciprés es signo de muerte; la palma de resurrección y el olivo de paz. El cromatismo de los colores simbólicos recuerdan las virtudes teologales que sostienen la vida de fe: el blanco de la roca y del manto de Jesús, símbolo de la fe; el verde de la naturaleza florida, símbolo de la esperanza; el rojo del vestido de María, símbolo de su gran amor y caridad. Esta imagen, de un gran lirismo, nos muestra el anhelo que subyace en el corazón de todo ser humano: es el deseo de esa Presencia, que es la única que puede llenar la vida.

COMENTARIO:

La belleza de la imagen, como la belleza del poema bíblico, nos recuerda la belleza de la relación entre el esposo y la esposa, entre María Magdalena y Cristo resucitado frente al sepulcro. El sepulcro, una cueva negra, símbolo de la muerte para ambos… Pero Jesús ha vencido a la muerte, ha resucitado. María, en cambio, al acercarse de madrugada, siente aún la muerte en su interior por la desaparición de su Maestro y Señor.

[El Amado]

5 ¡Júrenme, hijas de Jerusalén, por las gacelas y las ciervas del campo, que no despertarán ni desvelarán a mi amor, hasta que ella quiera.

[Coro]

6 ¿Qué es eso que sube del desierto, como una columna de humo, perfumada de mirra y de incienso y de todos los perfumes exóticos?

[La Amada]

7 ¡Es la litera de Salomón! La rodean setenta guerreros, de los más valientes de Israel:

8 todos ellos provistos de espada, adiestrados para el combate, cada uno con su espada a la cintura por temor a los peligros de la noche.

9 El rey Salomón se hizo una litera con maderas del Líbano.

10 Sus columnas las hizo de plata, su respaldo de oro, su asiento de púrpura, con el interior revestido de ébano. Hijas de Jerusalén,

11 salgan a contemplar al rey Salomón, con la corona que le ciñó su madre, el día de su boda, el día de su alegría.

CAPÍTULO 4

[El Amado]

1 ¡Qué hermosa eres, amada mía, qué hermosa eres! Tus ojos son palomas, detrás de tu velo. Tus cabellos, como un rebaño de cabras que baja por las laderas de Galaad.

2 Tus dientes, como un rebaño de ovejas esquiladas que acaban de bañarse: todas ellas han tenido mellizos y no hay ninguna estéril.

3 Como una cinta escarlata son tus labios y tu boca es hermosa. Como cortes de granada son tus mejillas, detrás de tu velo.

4 Tu cuello es como la torre de David, construida con piedras talladas: de ella cuelgan mil escudos, toda clase de armaduras de guerreros.

5 Tus pechos son como dos ciervos jóvenes, mellizos de una gacela, que pastan entre los lirios.

6 Antes que sople la brisa y huyan las sombras, iré a la montaña de la mirra, a la colina del incienso.

7 Eres toda hermosa, amada mía, y no tienes ningún defecto.

8 ¡Ven conmigo del Líbano, novia mía, ven desde el Líbano! Desciende desde la cumbre del Amaná, desde las cimas del Sanir y del Hermón, desde la guarida de los leones, desde los montes de los leopardos.

9 ¡Me has robado el corazón hermana mía, novia mía! ¡Me has robado el corazón con una sola de tus miradas, con una sola vuelta de tus collares!

10 ¡Qué hermosos son tus amores, hermana mía, novia mía! Tus amores son más deliciosos que el vino, y el aroma de tus perfumes, mejor que todos los ungüentos.

11 ¡Tus labios destilan miel pura, novia mía! Hay miel y leche bajo tu lengua, y la fragancia de tus vestidos es como el aroma del Líbano.

12 Eres un jardín cerrado hermana mía, novia mía; eres un jardín cerrado, una fuente sellada.

13 Tus brotes son un vergel de granadas, con frutos exquisitos: alheña con nardos,

14 nardo y azafrán, caña aromática y canela, con todos los árboles de incienso, mirra y áloe, con los mejores perfumes.

15 ¡Fuente que riega los jardines, manantial de agua viva, que fluye desde el Líbano!

[La Amada]

16 ¡Despierta, viento del norte, ven, viento del sur! ¡Soplen sobre mi jardín para que exhale su perfume! ¡Que mi amado entre en su jardín y saboree sus frutos deliciosos!

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Publicado el 21 julio, 2015 en Sin categoría. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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