CARTA A LOS GÁLATAS 1-3

CAPÍTULO 1

1 Pablo, Apóstol –no de parte de hombres ni por la mediación de un hombre, sino por Jesucristo y por Dios Padre que lo resucitó de entre los muertos–

2 y todos los hermanos que están conmigo, saludamos a las Iglesias de Galacia.

3 Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo,

4 que se entregó por nuestros pecados para librarnos de este mundo perverso, conforme a la voluntad de Dios, nuestro Padre,

5 a quien sea la gloria para siempre. Amén.

LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS GÁLATAS (1,6-12):

6 Me sorprende que ustedes abandonen tan pronto al que los llamó por la gracia de Cristo, para seguir otro evangelio.

GÁLATAS 1.6

7 No es que haya otro, sino que hay gente que los está perturbando y quiere alterar el Evangelio de Cristo.

8 Pero si nosotros mismos o un ángel del cielo les anuncia un evangelio distinto del que les hemos anunciado, ¡que sea expulsado!

9 Ya se lo dijimos antes, y ahora les vuelvo a repetir: el que les predique un evangelio distinto del que ustedes han recibido, ¡que sea expulsado!

10 ¿Acaso yo busco la aprobación de los hombres o la de Dios? ¿Piensan que quiero congraciarme con los hombres? Si quisiera quedar bien con los hombres, no sería servidor de Cristo.

LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS GÁLATAS (1,11-20):

11 Quiero que sepan, hermanos, que la Buena Noticia que les prediqué no es cosa de los hombres, porque

12 yo no la recibí ni aprendí de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo.

LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS GÁLATAS (1,13-24):

13 Seguramente ustedes oyeron hablar de mi conducta anterior en el Judaísmo: cómo perseguía con furor a la Iglesia de Dios y la arrasaba,

14 y cómo aventajaba en el Judaísmo a muchos compatriotas de mi edad, en mi exceso de celo por las tradiciones paternas.

15 Pero cuando Dios, que me eligió desde el seno de mi madre y me llamó por medio de su gracia, se complació

16 en revelarme a su Hijo, para que yo lo anunciara entre los paganos, de inmediato, sin consultar a ningún hombre

17 y sin subir a Jerusalén para ver a los que eran Apóstoles antes que yo, me fui a Arabia y después regresé a Damasco.

18 Tres años más tarde, fui desde allí a Jerusalén para visitar a Pedro, y estuve con él quince días.

19 No vi a ningún otro Apóstol, sino solamente a Santiago, el hermano del Señor.

20 En esto que les escribo, Dios es testigo de que no miento.

21 Después pasé a las regiones de Siria y Cilicia.

22 Las Iglesias de Judea y que creen en Cristo no me conocían personalmente,

23 sino sólo por lo que habían oído decir de mí: «El que en otro tiempo nos perseguía, ahora anuncia la fe que antes quería destruir».

24 Y glorificaban a Dios a causa de mí.

CAPÍTULO 2

1 Al cabo de catorce años, subí nuevamente a Jerusalén con Bernabé, llevando conmigo a Tito.

2 Lo hice en virtud de una revelación divina, y les expuse el Evangelio que predico entre los paganos, en particular a los dirigentes para asegurarme que no corría o no había corrido en vano.

3 Pero ni siquiera Tito, que estaba conmigo y era de origen pagano, fue obligado a circuncidarse,

4 a pesar de los falsos hermanos que se habían infiltrado para coartar la libertad que tenemos en Cristo Jesús y reducirnos a la esclavitud.

5 Con todo, ni por un momento les hicimos concesiones, a fin de salvaguardar para ustedes la verdad del Evangelio.

6 En cuanto a los dirigentes –no me interesa lo que hayan sido antes, porque Dios no hace acepción de personas– no me impusieron nada más.

7 Al contrario, aceptaron que me había sido confiado el anuncio del Evangelio a los paganos, así como fue confiado a Pedro el anuncio a los judíos.

8 Porque el que constituyó a Pedro Apóstol de los judíos, me hizo también a mí Apóstol de los paganos.

9 Por eso, Santiago, Cefas y Juan –considerados como columnas de la Iglesia– reconociendo el don que me había sido acordado, nos estrecharon la mano a mí y a Bernabé, en señal de comunión, para que nosotros nos encargáramos de los paganos y ellos de los judíos.

10 Solamente nos recomendaron que nos acordáramos de los pobres, lo que siempre he tratado de hacer.

GÁLATAS+2.10

11 Pero cuando Cefas llegó a Antioquía, yo le hice frente porque su conducta era reprensible.

12 En efecto, antes que llegaran algunos enviados de Santiago, él comía con los paganos, pero cuando estos llegaron, se alejó de ellos y permanecía apartado, por temor a los partidarios de la circuncisión.

13 Los demás judíos lo imitaron, y hasta el mismo Bernabé se dejó arrastrar por su simulación.

14 Cuando yo vi que no procedían rectamente, según la verdad del Evangelio, dije a Cefas delante de todos: «Si tú, que eres judío, vives como los paganos y no como los judíos, ¿por qué obligas a los paganos a que vivan como los judíos?».

15 Nosotros somos judíos de nacimiento y no pecadores venidos del paganismo.

LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS GÁLATAS (2,16.19-21):

16 Pero como sabemos que el hombre no es justificado por las obras de la Ley, sino por la fe en Jesucristo, hemos creído en él, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la Ley.

17 Ahora bien, si al buscar nuestra justificación en Cristo, resulta que también nosotros somos pecadores, entonces Cristo está al servicio del pecado. Esto no puede ser,

18 porque si me pongo a reconstruir lo que he destruido, me declaro a mí mismo transgresor de la Ley.

LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS GÁLATAS (2,19-20):

19 Pero en virtud de la Ley, he muerto a la Ley, a fin de vivir para Dios. Yo estoy crucificado con Cristo,

20 y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí: la vida que sigo viviendo en la carne, la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí.

GALATAS 2.20

COMENTARIO:

Ante la ley, somos todos culpables. Así que la ley realmente fue responsable que Jesús muriera por nosotros. Y la ley nos condenaba, estableciendo que teníamos que morir. Pero ahora, si estoy muerto para la ley, entonces ya no soy más responsable ante la Ley. Fue como si la ley ya me hubiera matado. Me ha ejecutado y estoy muerto, muerto por la Ley. En consecuencia, la ley no podía hacer para mí lo que Cristo ha hecho por mí. Él no sólo ocupó mi lugar y murió por mí, pero también hizo algo más. Pudo darme vida. Él resucitó de los muertos. Así que, la ley me arrestó, me condenó, me sentenció y me mató: eso es todo lo que la ley pudo hacer por nosotros. Si usted quiere seguir por la ruta de la Ley, usted llegará a la muerte. Sólo Cristo puede darle vida.

Muchos hablan hoy de vivir una vida “crucificada”. Eso no era lo que Pablo estaba diciendo en este pasaje.

Hay una consideración significativa en cuando a la crucifixión. Una persona puede suicidarse de diferentes maneras: puede ahorcarse, dispararse un tiro, ingerir un veneno o arrojarse al vacío desde cierta altura. Así que, aunque haya diversas maneras de quitarse la vida, nadie puede crucificarse a sí mismo. Cuando alguien se clavara una mano a la cruz ¿quién le clavaría la otra mano a la cruz? Nadie podría hacerlo por sí mismo. Por ello hay que entender lo que Pablo quiso decir cuando expresó lo siguiente: “Estoy crucificado con Cristo”. Pablo fue crucificado con Cristo cuando Cristo murió. Cristo murió una muerte sustitutiva. Murió por Pablo. Murió por usted y por mí.

21 Yo no anulo la gracia de Dios: si la justicia viene de la Ley, Cristo ha muerto inútilmente.

CAPÍTULO 3

LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS GÁLATAS (3,1-5):

1 Gálatas insensatos, ¿quién los ha seducido a ustedes, ante quienes fue presentada la imagen de Jesucristo crucificado?

2 Una sola cosa quiero saber: ¿ustedes recibieron el Espíritu por las obras de la Ley o por haber creído en la predicación?

3 ¿Han sido tan insensatos que llegaron al extremo de comenzar por el Espíritu, para acabar ahora en la carne?

4 ¿Habrá sido en vano que recibieron tantos favores? ¡Ojalá no haya sido en vano!

5 Aquel que les prodiga el Espíritu y está obrando milagros entre ustedes, ¿lo hace por las obras de la Ley o porque han creído en la predicación?

6 Es el caso de Abraham, que creyó en Dios, y esto le fue tenido en cuenta para su justificación.

LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS GÁLATAS (3,7-14):

7 Reconozcan, entonces, que los verdaderos hijos de Abraham son los que tienen fe.

8 La Escritura, previendo que Dios justificaría a los paganos por la fe, anticipó esta buena noticia a Abraham, prometiéndole: “En ti serán bendecidas todas las naciones”.

9 De esa manera, los que creen son los que participan de la bendición de Abraham, el creyente.

10 En efecto, todos los que confían en las obras de la Ley están bajo una maldición, porque dice la Escritura: “Maldito sea el que no cumple fielmente todo lo que está escrito en el libro de la Ley”.

11 Es evidente que delante de Dios nadie es justificado por al Ley, ya que el justo vivirá por la fe.

12 La Ley no tiene en cuenta la fe, antes bien, el que observa sus preceptos vivirá por ellos.

13 Cristo nos liberó de esta maldición de la Ley, haciéndose él mismo maldición por nosotros, porque también está escrito: “Maldito el que está colgado en el patíbulo”.

14 Y esto, para que la bendición de Abraham alcanzara a todos los paganos en Cristo Jesús, y nosotros recibiéramos por la fe el Espíritu prometido.

15 Hermanos, quiero ponerles un ejemplo de la vida cotidiana: cuando un hombre hace un testamento en debida forma, nadie puede anularlo y agregarle nada.

16 Las promesas fueron hechas a Abraham y a su descendencia. La Escritura no dice: «y a los descendientes», como si se tratara de muchos, sino en singular: y a su descendencia, es decir, a Cristo.

17 Ahora bien, les digo esto: la Ley promulgada cuatrocientos treinta años después, no puede anular un testamento formalmente establecido por Dios, dejando así sin efecto la promesa.

18 Porque si la herencia se recibe en virtud de la Ley, ya no es en virtud de la promesa. Y en realidad, Dios concedió su gracia a Abraham mediante una promesa.

19 Entonces, ¿para qué sirve la Ley? Ella fue añadida para multiplicar las transgresiones, hasta que llegara el descendiente de Abraham, a quien estaba destinada la promesa; y fue promulgada por ángeles, a través de un mediador.

20 Pero no existe mediador cuando hay una sola parte, y Dios es uno solo.

21 ¿Eso quiere decir que la Ley se opone a las promesas de Dios? ¡De ninguna manera! Porque si hubiéramos recibido una Ley capaz de comunicar la Vida, ciertamente la justicia provendría de la Ley.

LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS GÁLATAS (3,22-29):

22 Pero, de hecho, la Ley escrita sometió todo al pecado, para que la promesa se cumpla en aquellos que creen, gracias a la fe en Jesucristo.

23 Antes que llegara la fe, estábamos cautivos bajo la custodia de la Ley, en espera de la fe que debía ser revelada.

24 Así, la Ley nos sirvió de guía para llevarnos a Cristo, a fin de que fuéramos justificados por la fe.

25 Y ahora que ha llegado la fe, no necesitamos más de un guía.

LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS GÁLATAS (3,26-29):

26 Porque todos ustedes son hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús,

27 ya que todos ustedes, que fueron bautizados en Cristo, han sido revestidos de Cristo.

28 Por lo tanto, ya no hay judío ni pagano, esclavo ni hombre libre, varón ni mujer, porque todos ustedes no son más que uno en Cristo Jesús.

GÁLATAS 3.28

29 Y si ustedes pertenecen a Cristo, entonces son descendientes de Abraham, herederos en virtud de la promesa.

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Publicado el 22 julio, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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