PROVERBIOS 7-9

PROVERBIOS 7

1 Hijo mío, observa mis palabras y atesora mis mandamientos.

2 Observa mis preceptos, y vivirás, guarda mi enseñanza como la pupila de tus ojos.

3 Atalos a tus dedos, escríbelos sobre la tabla de tu corazón.

4 Di a la Sabiduría: «Tú eres mi hermana», y llama «Amiga» a la Inteligencia,

5 para preservarte de la mujer ajena, de la extraña que se vale de palabras seductoras.

6 Mientras yo estaba a la ventana de mi casa, miré a través de mi reja,

7 y vi entre los incautos, divisé entre los adolescentes a un joven falto de juicio,

8 que pasaba por la calle, junto a la esquina, y se dirigía hacia la casa de ella,

9 en el crepúsculo, al caer el día, en medio de la noche y la oscuridad.

10 De pronto, le sale al paso esa mujer, con aire de prostituta y el corazón lleno de astucia:

11 es bulliciosa, procaz, sus pies no paran en su casa;

12 unas veces en las calles, otras en las plazas, está al acecho en todas las esquinas.

13 Ella lo agarra, lo cubre de besos, y le dice con todo descaro:

14 «Tenía que ofrecer sacrificios de comunión, hoy mismo he cumplido mis votos;

15 por eso salí a tu encuentro, ansiosa por verte, y te encontré.

16 He cubierto mi lecho con mantas de telas multicolores, de hilo de Egipto;

17 he perfumado mi cama con mirra, con áloes y cinamomo.

18 ¡Ven! Embriaguémonos de amor hasta la mañana, entreguémonos a las delicias del placer.

19 Porque mi marido no está en casa, ha emprendido un largo viaje,

20 se llevó la bolsa del dinero, no volverá hasta la luna llena».

21 Así lo persuade con su gran desenvoltura, lo arrastra con sus labios seductores.

22 En seguida, él la sigue, como un buey que es llevado al matadero, como un ciervo que cae en el lazo,

23 hasta que una flecha le atraviesa el hígado, como un pájaro que se precipita en la trampa, sin advertir que está en juego su vida.

24 Y ahora, hijo mío, escúchame, y presta atención a las palabras de mi boca:

25 que tu corazón no se desvíe hacia sus caminos, que no se extravíe por sus senderos,

26 porque son muchas las víctimas que ella hizo caer, y eran fuertes todos los que ella mató:

27 su casa es el camino del Abismo, que baja a las cámaras de la Muerte.

PROVERBIOS 8

1 ¿No está llamando la Sabiduría y no hace oír su voz la Inteligencia?

2 En las cumbres más altas que bordean el camino, apostada en el cruce de los senderos,

3 al lado de las puertas, a la entrada de la ciudad, en los lugares de acceso, ella dice en alta voz:

4 «A ustedes, hombres, yo los llamo, y mi voz se dirige a los seres humanos.

5 Entiendan, incautos, qué es la perspicacia; entiendan, necios, qué es la sensatez.

6 Escuchen: es muy importante lo que voy a decir, mis labios se abren para expresar lo que es recto.

7 Sí, mi boca profiere la verdad, la maldad es una abominación para mis labios.

8 Todas mis palabras son conformes a la justicia, no hay en ellas nada retorcido o sinuoso;

9 todas son exactas para el que sabe entender y rectas para los que ha hallado la ciencia.

10 Adquieran mi instrucción, no la plata, y la ciencia más que el oro acrisolado.

11 Porque la Sabiduría vale más que las perlas, y nada apetecible se le puede igualar».

12 Yo, la Sabiduría, habito con la prudencia y poseo la ciencia de la reflexión.

13 El temor del Señor es detestar el mal: yo detesto la soberbia, el orgullo, la mala conducta y la boca perversa.

14 A mí me pertenecen el consejo y la habilidad, yo soy la inteligencia, mío es el poder.

15 Por mí reinan los reyes y los soberanos decretan la justicia;

16 por mí gobiernan los príncipes y los nobles juzgan la tierra.

17 Yo amo a los que me aman y los que me buscan ardientemente, me encontrarán.

proverbios-8.1718 Conmigo están la riqueza y la gloria, los bienes perdurables y la justicia.

19 Mi fruto vale más que el oro, que el oro fino, y rindo más que la plata acrisolada.

20 Yo voy por el sendero de la justicia, en medio de las sendas de la equidad,

21 para repartir posesiones a los que me aman y para colmar sus tesoros.

22 El Señor me creó como primicia de sus caminos, antes de sus obras, desde siempre.

23 Yo fui formada desde la eternidad, desde el comienzo, antes de los orígenes de la tierra.

24 Yo nací cuando no existían los abismos, cuando no había fuentes de aguas caudalosas.

25 Antes que fueran cimentadas las montañas, antes que las colinas, yo nací,

26 cuando él no había hecho aún la tierra ni los espacios ni los primeros elementos del mundo.

27 Cuando él afianzaba el cielo, yo estaba allí; cuando trazaba el horizonte sobre el océano,

28 cuando condensaba las nubes en lo alto, cuando infundía poder a las fuentes del océano,

29 cuando fijaba su límite al mar para que las aguas no transgredieran sus bordes, cuando afirmaba los cimientos de la tierra,

30 yo estaba a su lado como un hijo querido y lo deleitaba día tras día, recreándome delante de él en todo tiempo,

31 recreándome sobre la faz de la tierra, y mi delicia era estar con los hijos de los hombres.

32 Y ahora, hijos, escúchenme: ¡felices los que observan mis caminos!

33 Escuchen la instrucción y sean sabios: ¡no la descuiden!

34 ¡Feliz el hombre que me escucha, velando a mis puertas día tras día y vigilando a la entrada de mi casa!

35 Porque el que me encuentra ha encontrado la vida y ha obtenido el favor del Señor;

36 pero el que peca contra mí se hace daño a sí mismo y todos los que me odian, aman la muerte.

LECTURA DEL LIBRO DE LOS PROVERBIOS (9,1-6):

PROVERBIOS 9

1 La Sabiduría edificó su casa, talló sus siete columnas,

2 inmoló sus víctimas, mezcló su vino, y también preparó su mesa.

3 Ella envió a sus servidoras a proclamar sobre los sitios más altos de la ciudad:

4 «El que sea incauto, que venga aquí». Y al falto de entendimiento, le dice:

5 «Vengan, coman de mi pan, y beban del vino que yo mezclé.

6 Abandonen la ingenuidad, y vivirán, y sigan derecho por el camino de la inteligencia».

7 El que corrige a un insolente se atrae la ignominia, y el que reprende a un malvado, el deshonor,

8 No reprendas a un insolente, no sea que te odie; reprende a un sabio, y te amará,

9 Da al sabio y se hará más sabio aún, instruye al justo y ganará en saber.

PROVERBIOS 9.9

10 El comienzo de la sabiduría es el temor del Señor, y la ciencia del Santo es la inteligencia.

11 Porque tus días se multiplicarán gracias a mí y se añadirán años a tu vida.

12 Si eres sabio, lo eres para ti, si eres insolente, tú solo lo sufrirás.

13 La señora Necedad es turbulenta, es estúpida y no sabe nada.

14 Ella se sienta a la puerta de su casa, en una silla, sobre las alturas de la ciudad,

15 para gritar a los transeúntes que van derecho por el camino:

16 «El que sea incauto, que venga aquí». Y al falto de entendimiento, le dice:

17 «¡Las aguas robadas son dulces y el pan quitado a escondidas, delicioso!».

18 Pero él no sabe que allí están las Sombras, y sus invitados, en las profundidades del Abismo.

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Publicado el 9 agosto, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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