MATEO 22-23

MATEO 22

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (22,1-14):

1 Jesús les habló otra vez en parábolas, diciendo:

2 «El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo.

3 Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir.

4 De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: “Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas”.

5 Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio;

6 y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron.

7 Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad.

8 Luego dijo a sus servidores: “El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él.

9 Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren”.

10 Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados.

11 Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta.

12 “Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?”. El otro permaneció en silencio.

13 Entonces el rey dijo a los guardias: “Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes”.

14 Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos».

MATEO 22.14

HOMILÍA

San Agustín de Hipona, Sermón 90 (1.5.6: PL 38, 559.561-563)

El traje de fiesta es el amor

Todos los fieles conocen la parábola de las bodas del hijo del rey y su banquete, así como la magnificencia de la mesa del Señor, dispuesta para quienes tengan la voluntad de gustarla. Cuando el rey entró a saludar a los comensales reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: «Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?»

¿De qué se trata, pues? Indaguemos, hermanos míos, quienes de entre los fieles tienen algo que no tienen los malos, y ése será el traje de fiesta. Si dijéramos que son los sacramentos, ya veis que son comunes a buenos y malos. ¿Quizá el bautismo? Sin el bautismo, en efecto, nadie llega a Dios; pero no todo el que ha recibido el bautismo llega a Dios. En consecuencia, no puedo entender por traje de fiesta el bautismo, me refiero al sacramento en sí, pues es un traje que veo así en los buenos como en los malos. Podría ser el altar o lo que se recibe en el altar. Vemos que muchos comen, pero se comen y beben su propia sentencia. ¿De qué se trata, pues? ¿Del ayuno? Pero también ayunan los malos. ¿De la asistencia a la Iglesia? También acuden los malos. ¿Cuál es, pues, el traje de fiesta aquél? Este es el traje de fiesta: Esa orden —dice el Apóstol—tiene por objeto el amor, que brota del corazón limpio, de la buena conciencia y de la fe sincera. Este es el traje de fiesta.

Pero no un amor cualquiera, pues muchas veces parecen amarse incluso hombres cómplices de una mala conciencia. Pero en ellos no hallamos ese amor, que brota del corazón limpio, de la buena conciencia y de la fe sincera. Un amor así es el traje de fiesta.

Dice el Apóstol: Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden. Ya podría tener el don de profecía y conocer todos los secretos y todo el saber, podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada. Ya podría —dice—tener todo esto, si no tengo a Cristo, no soy nada. ¿Es que la profecía no sirve para nada? ¿Es que el conocimiento de todos los secretos es inútil? No es que estas cosas no sean nada: soy yo el que no soy nada si, poseyendo esos carismas, no tengo amor. ¡Cuántos bienes no sirven de nada si falta el único Bien! Si no tengo amor, aunque repartiese cuantiosas limosnas a los pobres, aunque llegase en la confesión del nombre de Cristo hasta el derramamiento de sangre o hasta dejarme quemar vivo, estas cosas pueden también llevarse a cabo por amor a la gloria y estar en consecuencia desprovistas de valor salvífico. Como quiera que la vanagloria puede hacer estériles acciones que la divina caridad haría sobremanera fecundas, el mismo Apóstol enumera dichas acciones, que tú puedes escuchar: Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve. Este es el traje de fiesta. Examinaos: si lo tenéis, estad tranquilos en el banquete del Señor.

El traje de fiesta tiene como finalidad honrar la unión conyugal, esto es, se le pone en honor del esposo y de la esposa. Conocéis al esposo: es Cristo. Conocéis a la esposa: es la Iglesia. Honrad a la Esposa, honrad al Esposo. Si os mostráis obsequiosos con los desposados, os convertiréis en hijos suyos. En esto, pues, habéis de progresar. Amad al Señor, y así aprenderéis a amaros a vosotros mismos. De suerte que si al amar al Señor os amarais a vosotros mismos podréis con toda seguridad amar al prójimo como a vosotros mismos.

10 FORMAS DE AMAR

PADRES DE LA IGLESIA

San Gregorio Magno: «El [Padre] ha enviado a sus criados para invitar a sus amigos a las bodas. Los envió una primera vez y una segunda vez, es decir, primero por los profetas, luego por los Apóstoles, para anunciar la encarnación del Señor. (…) “Pero ellos no hicieron caso, y se fueron unos a su campo y otros a su negocio” (Mt 22,5). Ir a su campo significa dedicarse sin reserva a las tareas de aquí abajo. Ir a sus negocios es buscar ávidamente el provecho propio en los asuntos de este mundo. Los unos y los otros se olvidan de pensar en el misterio de la encarnación del Verbo y de configurar sus vidas según este misterio. Aun más grave es el comportamiento de aquellos, que, no contentos con despreciar el favor de quien los invita, lo persiguen.»

San Ambrosio: «Los invitados se excusan, siendo así que el Reino no se cierra a nadie a no ser que se excluya él mismo por su palabra. En su clemencia, el Señor invita a todo el mundo, pero es nuestra desidia o nuestra desviación quien nos aleja de Él. Aquel que prefiere comprar un terreno es ajeno al Reino; en tiempo de Noé, compradores y vendedores fueron tragados, por igual, por el diluvio (Lc 17,28). (…) Igualmente el que se excluye porque se ha casado, porque está escrito: “si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío” (Lc 14,26)».

San Juan Crisóstomo: «Aun cuando parece que los motivos son razonables, aprendemos, sin embargo, que incluso cuando sean necesarias las cosas que nos detienen, conviene siempre dar la preferencia a las espirituales: y a mí me parece que cuando alegaban estas razones, daban a conocer los pretextos de su negligencia.»

San Gregorio Magno: «¿Qué debemos entender por vestido de bodas, sino la caridad? Porque el Señor la tuvo cuando vino a celebrar sus bodas con la Iglesia. Entra, pues, a las bodas, sin el vestido nupcial, el que cree en la Iglesia, pero no tiene caridad.»

San Jerónimo: «El vestido nupcial es también la ley de Dios y las acciones que se practican en virtud de la ley y del Evangelio, y que constituyen el vestido del hombre nuevo. El cual si algún cristiano dejare de llevar en el día del juicio, será castigado inmediatamente; por esto sigue: “Y le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado aquí, no teniendo vestido de bodas?” Le llama amigo, porque había sido invitado a las bodas (y en realidad era su amigo por la fe), pero reprende su atrevimiento, porque había entrado a las bodas, afeándolas con su vestido sucio.»

San Gregorio Magno: «Vosotros, hermanos, que habéis entrado ya a la sala del banquete, por gracia de Dios, es decir, estáis dentro de la Iglesia santa, examinaos atentamente, no sea que al venir el rey encuentre algo que reprocharos en la vestidura de vuestras almas.»

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15 Los fariseos se reunieron entonces para sorprender a Jesús en alguna de sus afirmaciones.

16 Y le enviaron a varios discípulos con unos herodianos, para decirle: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios, sin tener en cuenta la condición de las personas, porque tú no te fijas en la categoría de nadie.

17 Dinos qué te parece: ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no?».

18 Pero Jesús, conociendo su malicia, les dijo: «Hipócritas, ¿por qué me tienden una trampa?

19 Muéstrenme la moneda con que pagan el impuesto». Ellos le presentaron un denario.

20 Y él les preguntó: «¿De quién es esta figura y esta inscripción?».

21 Le respondieron: «Del César». Jesús les dijo: «Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios».

22 Al oír esto, quedaron admirados y, dejando a Jesús, se fueron.

23 Aquel mismo día se le acercaron unos saduceos, que son los que niegan la resurrección, y le propusieron este caso:

24 «Maestro, Moisés dijo: “Si alguien muere sin tener hijos, que su hermano, para darle descendencia, se case con la viuda”.

25 Ahora bien, había entre nosotros siete hermanos. El primero se casó y como murió sin tener hijos, dejó su esposa al hermano.

26 Lo mismo ocurrió con el segundo, después con el tercero, y así sucesivamente hasta el séptimo.

27 Finalmente, murió la mujer.

28 Respóndenos: cuando resuciten los muertos, ¿de cuál de los siete será esposa, ya que lo fue de todos?».

29 Jesús les dijo: «Están equivocados, porque desconocen las Escrituras y el poder de Dios.

30 En la resurrección ni los hombres ni las mujeres se casarán, sino que todos serán como ángeles en el cielo.

31 Y con respecto a la resurrección de los muertos, ¿no han leído la palabra de Dios, que dice:

32 “Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”? ¡El no es un Dios de muertos, sino de vivientes!».

33 La multitud, que había oído esto, quedó asombrada de su enseñanza.

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (22,34-40):

34 Cuando los fariseos se enteraron que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en ese lugar,

35 y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:

36 «Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?».

37 Jesús le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu.

MATEO 22.3738 Este es el más grande y el primer mandamiento.

39 El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

40 De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas».

COMENTARIO:

El primero de estos mandamientos revela la vocación religiosa de toda persona.  Denuncia nuestras idolatrías. Y exige la aceptación de la voluntad de Dios, pero también las manifestaciones externas de la religión, como la oración y la alabanza a su misericordia.

El segundo de estos mandamientos resume la aspiración a la justicia y la solidaridad. Denuncia nuestro egoísmo. Y exige el respeto a los demás, pero también la acogida a los más pobres y necesitados, a los que son considerados como la basura del mundo.

Amarás a tu prójimo como a ti mismo

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41 Mientras los fariseos estaban reunidos, Jesús les hizo esta pregunta:

42 «¿Qué piensan acerca del Mesías? ¿De quién es hijo?». Ellos le respondieron: «De David».

43 Jesús les dijo: «¿Por qué entonces, David, movido por el Espíritu, lo llama “Señor”, cuando dice:

44 “Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies”?

45 Si David lo llama “Señor”, ¿cómo puede ser hijo suyo?».

46 Ninguno fue capaz de responderle una sola palabra, y desde aquel día nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

MATEO 23

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (23,1-12):

1 Entonces Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos:

2 «Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés;

3 ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen.

4 Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo.

5 Todo lo hacen para que los vean: agradan las filacterias y alargas los flecos de sus mantos;

6 les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas,

7 ser saludamos en las plazas y oírse llamar “mi maestro” por la gente.

8 En cuanto a ustedes, no se hagan llamar “maestro”, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos.

9 a Nadie en el mundo llamen “padre”, porque no tienen sino uno, el Padre celestial.

10 No se dejen llamar tampoco “doctores”, porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías.

11 Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros,

12 porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado».

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LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (23,13-22):

13 «¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que cierran a los hombres el Reino de los Cielos! Ni entran ustedes, ni dejan entrar a los que quisieran.

14 [¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que devoran los bienes de las viudas y fingen hacer largas oraciones! Por eso serán juzgados con más severidad.]

15 ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que recorren mar y tierra para conseguir un prosélito, y cuando lo han conseguido lo hacen dos veces más digno de la Gehena que ustedes!

16 ¡Ay de ustedes, guías, ciegos, que dicen: “Si se jura por el santuario, el juramento no vale; pero si se jura por el oro del santuario, entonces sí que vale”!

17 ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante: el oro o el santuario que hace sagrado el oro?

18 Ustedes dicen también: “Si se jura por el altar, el juramento no vale, pero vale si se jura por la ofrenda que está sobre el altar”.

19 ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda o el altar que hace sagrada esa ofrenda?

20 Ahora bien, jurar por el altar, es jurar por él y por todo lo que está sobre él.

21 Jurar por el santuario, es jurar por él y por aquel que lo habita.

22 Jurar por el cielo, es jurar por el trono de Dios y por aquel que está sentado en él.

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LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (23,23-26):

23 ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que pagan el diezmo de la menta, del hinojo y del comino, y descuidan lo esencial de la Ley; la justicia, la misericordia y la fidelidad! Hay que practicar esto, sin descuidar aquello.

24 ¡Guías ciegos, que filtran el mosquito y se tragan el camello!

25 ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian por fuera la copa y el plato, mientras que por dentro están llenos de codicia y desenfreno!

26 ¡Fariseo ciego! Limpia primero la copa por dentro, y así también quedará limpia por fuera.

MATEO 23.26

COMENTARIO:

San Rafael Arnaiz Barón (1911-1938), monje trapense español Escritos del 25/01/1937

(Obras completas – Editorial Monte Carmelo, p. 767.768, § 883.884.885)

CRISTO NOS LLAMA A TODOS A LA CONVERSIÓN

No tenemos virtud, no porque sea difícil, sino porque no queremos. No tenemos paciencia…, porque no queremos. No tenemos templanza…, porque no queremos.
No tenemos castidad, por lo mismo. Si quisiéramos seríamos santos…, y es mucho más difícil ser ingeniero, que ser santo. ¡Si tuviéramos fe!
Vida interior…, vida de espíritu, vida de oración. ¡Dios mío! ¡eso sí que debe ser difícil! No hay tal. Quita de tu corazón lo que estorba y en él hallarás a Dios. Ya está todo hecho. Muchas veces buscamos lo que no hay, y en cambio pasamos al lado de un tesoro y no lo vemos. Esto nos pasa con Dios, que le buscamos […] en una maraña de cosas, que a nosotros nos parecen mejores cuanto más complicadas. Y, sin embargo, Dios le llevamos dentro, y ahí no lo buscamos.
Recógete dentro de ti mismo…, mira tu nada del mundo, ponte a los pies de una Cruz, y si eres sencillo, verás a Dios.
He aquí la vida de oración…, no hay que poner lo que ya está, sino que hay que quitar lo que sobra. Digo lo que ya están suponiendo al alma en gracia de Dios, y si algunas veces Dios no está en ella es porque nosotros no queremos. Tenemos tal cúmulo de atenciones, distracciones, aficiones, deseos de vanidades, presunciones; tanto mundo dentro, que Dios se aleja… pero nada más quererlo Dios llena el alma de tal modo, que hace falta estar ciego para no verlo. ¿Quiere un alma vivir según Dios?… Quite de ella todo lo que nos sea Él…, y ya está. Es relativamente fácil. Si quisiéramos, y con sencillez a Dios se lo pidiéramos, haríamos grandes progresos en la vida del espíritu. Si quisiéramos seríamos santos… Pero somos tan tontos que no queremos… Preferimos perder el tiempo en estúpidas vanidades.

donde-hay-fe-hay-amor-donde-hay-amorBotón leer más 21

 

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (23,27-32):

27 ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que parecen sepulcros blanqueados: hermosos por fuera, pero por dentro llenos de huesos de muertos y de podredumbre!

28 Así también son ustedes: por fuera parecen justos delante de los hombres, pero por dentro están llenos de hipocresía y de iniquidad.

29 ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que construyen los sepulcros de los profetas y adornan las tumbas de los justos,

30 diciendo: “Si hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no nos hubiéramos unido a ellos para derramar la sangre de los profetas”!

31 De esa manera atestiguan contra ustedes mismos que son hijos de los que mataron a los profetas.

32 ¡Colmen entonces la medida de sus padres!

HABLAR MAL DE LA GENTE

PADRES DE LA IGLESIA:

San Gregorio de Nisa (hacia 335-395), monje y obispo
Homilía 6 sobre las Bienaventuranzas; PG 44,1269
«Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios» (Mt 5,8)

La salud del cuerpo es un bien para la vida humana. Ahora bien, se es dichoso no sólo por conocer la definición de salud, sino por vivir en buena salud... El Señor Jesús no dice que se es dichoso por saber alguna cosa referente a Dios, sino que se es feliz por la posesión de él dentro de sí. En efecto, «dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios» (Mt 5,8). No dice que Dios se deja ver por cualquiera que haya purificado la mirada de su alma…; en otra parte lo dice más claramente: «El Reino de Dios está dentro de vosotros» (Lc 17,21). Esto es lo que nos enseña: el que ha purificado su corazón de toda criatura y de toda atadura desordenada, ve la imagen de la naturaleza divina en su propia belleza…
Hay en ti, en cierta medida, una capacidad para ver a Dios. El que te ha formado ha depositado en tu ser una inmensa fuerza. Dios, al crearte, ha encerrado en ti la sombra de su propia bondad de manera semejante a cuando se imprime el dibujo de un sello en la cera. Pero al pecado ha escondido esta huella de Dios; ha quedado escondida bajo unas manchas. Si a través de una vida perfecta purificas las manchas fijadas en tu corazón, la belleza divina brillará de nuevo en ti. De la misma manera que un pedazo de hierro del que se ha quitado su herrumbre brilla bajo la luz del sol, igualmente ocurre en el hombre interior: en lo que el Señor llama «corazón», encontrará de nuevo la semejanza con su modelo cuando haya quitado las manchas de herrumbre que estropeaban su belleza.

ser-ejemplo-llamas-gemelas

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33 ¡Serpientes, raza de víboras! ¿Cómo podrán escapar a la condenación de la Gehena?

34 Por eso, yo voy a enviarles profetas, sabios y escribas; ustedes matarán y crucificarán a unos, azotarán a otros en las sinagogas, y los perseguirán de ciudad en ciudad.

35 Así caerá sobre ustedes toda la sangre del justo Abel, hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, al que ustedes asesinaron entre el santuario y el altar.

36 Les aseguro que todo esto sobrevendrá a la presente generación.

37 ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos, como la gallina reúne bajo sus alas a los pollitos, y tú no quisiste!

38 Por eso, a ustedes la casa les quedará desierta.

39 Les aseguro que ya no me verán más, hasta que digan: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!».

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Publicado el 13 agosto, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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