LUCAS 17-18

LUCAS 17

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (17,1-6):

1 Después dijo a sus discípulos: «Es inevitable que haya escándalos, pero ¡ay de aquel que los ocasiona!

2 Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de moler y lo precipitaran al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños.

3 Por lo tanto, ¡tengan cuidado! Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo.

LUCAS 17.3

4 Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a ti, diciendo: «Me arrepiento», perdónalo».

5 Los Apóstoles dijeron al Señor: «Auméntanos la fe».

6 El respondió: «Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, ella les obedecería.

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LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (17,7-10):

7 Supongamos que uno de ustedes tiene un servidor para arar o cuidar el ganado. Cuando este regresa del campo, ¿acaso le dirá: “Ven pronto y siéntate a la mesa”?

8 ¿No le dirá más bien: “Prepárame la cena y recógete la túnica para servirme hasta que yo haya comido y bebido, y tú comerás y beberás después”?

9 ¿Deberá mostrarse agradecido con el servidor porque hizo lo que se le mandó?

10 Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande, digan: “Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber”».

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LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (17,11-19):

11 Mientras se dirigía a Jerusalén, Jesús pesaba a través de Samaría y Galilea.

12 Al entrar en un poblado, le salieron al encuentro diez leprosos, que se detuvieron a distancia

13 y empezaron a gritarle: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!».

14 Al verlos, Jesús les dijo: «Vayan a presentarse a los sacerdotes». Y en el camino quedaron purificados.

15 Uno de ellos, al comprobar que estaba curado, volvió atrás alabando a Dios en voz alta

LUCAS 17.15

16 y se arrojó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias. Era un samaritano.

17 Jesús le dijo entonces: «¿Cómo, no quedaron purificados los diez? Los otros nueve, ¿dónde están?

18 ¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero?».

19 Y agregó: «Levántate y vete, tu fe te ha salvado».

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LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (17,20-25):

20 Los fariseos le preguntaron cuándo llegará el Reino de Dios. El les respondió: «El Reino de Dios no viene ostensiblemente,

21 y no se podrá decir: «Está aquí» o «Está allí». Porque el Reino de Dios está entre ustedes».

22 Jesús dijo después a sus discípulos: «Vendrá el tiempo en que ustedes desearán ver uno solo de los días del Hijo del hombre y no lo verán.

23 Les dirán: «Está aquí» o «Está allí», pero no corran a buscarlo.

24 Como el relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre cuando llegue su Día.

25 Pero antes tendrá que sufrir mucho y será rechazado por esta generación.

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LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (17,26-37):

26 En los días del Hijo del hombre sucederá como en tiempo de Noé.

27 La gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca y llegó el diluvio, que los hizo morir a todos.

28 Sucederá como en tiempos de Lot: se comía y se bebía, se compraba y se vendía, se plantaba y se construía.

29 Pero el día en que Lot salió de Sodoma, cayó del cielo una lluvia de fuego y de azufre que los hizo morir a todos.

30 Lo mismo sucederá el Día en que se manifieste el Hijo del hombre.

31 En ese Día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas en la casa, no baje a buscarlas. Igualmente, el que esté en el campo, no vuelva atrás.

32 Acuérdense de la mujer de Lot.

33 El que trate de salvar su vida, la perderá; y el que la pierda, la conservará.

34 Les aseguro que en ese noche, de dos hombres que estén comiendo juntos, uno será llevado y el otro dejado;

35 de dos mujeres que estén moliendo juntas, una será llevada y la otra dejada».

36 [De dos que estén en un campo, uno será llevado y el otro dejado.]

37 Entonces le preguntaron: «¿Dónde sucederá esto, Señor?». Jesús les respondió: «Donde esté el cadáver, se juntarán los buitres».

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LUCAS 18

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (18,1-8):

1 Después le enseñó con una parábola que era necesario orar siempre sin desanimarse:

LUCAS 18.1

2 «En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaban los hombres;

3 y en la misma ciudad vivía una viuda que recurría a él, diciéndole: “Te ruego que me hagas justicia contra mi adversario”.

4 Durante mucho tiempo el juez se negó, pero después dijo: “Yo no temo a Dios ni me importan los hombres,

5 pero como esta viuda me molesta, le haré justicia para que no venga continuamente a fastidiarme”.»

6 Y el Señor dijo: «Oigan lo que dijo este juez injusto.

7 Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, aunque los haga esperar?

8 Les aseguro que en un abrir y cerrar de ojos les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?».

LUCAS 18.7-8

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LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (18,9-14):

9 Y refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, dijo también esta parábola:

10 «Dos hombres subieron al Templo para orar; uno era fariseo y el otro, publicano.

11 El fariseo, de pie, oraba así: “Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano.

12 Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas”.

13 En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: “¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!”.

14 Les aseguro que este último volvió a sus casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado».

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15 También le presentaban a los niños pequeños, para que los tocara; pero, al ver esto, los discípulos los reprendían.

16 Entonces Jesús los hizo llamar y dijo: «Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos.

LUCAS 18.16

LUCAS 18.16

17 Les aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él».

18 Un hombre importante le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?».

19 Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno.

20 Tú conoces los mandamientos: No cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre».

21 El hombre le respondió: «Todo esto lo he cumplido desde mi juventud».

22 Al oírlo, Jesús le dijo: «Una cosa te falta todavía: vende todo lo que tienes y distribúyelo entre los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo. Después ven y sígueme».

23 Al oír estas palabras, el hombre se entristeció, porque era muy rico.

24 Viéndolo así, Jesús dijo: «¡Qué difícil será para los ricos entrar en le Reino de Dios!

25 Sí, es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios».

LUCAS 18, 24-25

26 Los que escuchaban dijeron: «Pero entonces, ¿quién podrá salvarse?».

27 Jesús respondió: «Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios».

LUCAS 18.27

28 Pedro le dijo: «Nosotros hemos dejado todo lo que teníamos y te hemos seguido».

29 Jesús respondió: «Les aseguro que el que haya dejado casa, mujer, hermanos, padres o hijos, por el Reino de Dios,

30 recibirá mucho más en ese mundo; y en el mundo futuro, recibirá la Vida eterna».

31 Después, Jesús llevó aparte a los Doce y les dijo: «Ahora subimos a Jerusalén, donde se cumplirá todo lo que anunciaron los profetas sobre el Hijo del hombre.

32 Será entregado a los paganos, se burlarán de él, lo insultarán, lo escupirán

33 y, después de azotarlo, lo matarán. Pero al tercer día resucitará».

34 Ellos no comprendieron nada de todo esto; les resultaba oscuro y no captaban el sentido de estas palabras.

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LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (18,35-43):

35 Cuando se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna.

36 Al oír que pasaba mucha gente, preguntó qué sucedía.

37 Le respondieron que pasaba Jesús de Nazaret.

38 El ciego se puso a gritar: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!».

39 Los que iban delante lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!».

40 Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando lo tuvo a su lado, le preguntó:

41 ¿Qué quieres que haga por ti?». «Señor, que yo vea otra vez».

42 Y Jesús le dijo: «Recupera la vista, tu fe te ha salvado».

43 En el mismo momento, el ciego recuperó la vista y siguió a Jesús, glorificando a Dios. Al ver esto, todo el pueblo alababa a Dios.

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Publicado el 16 agosto, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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