LUCAS 19-20

LUCAS 19

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (19,1-10):

1 Jesús entró en Jericó y atravesaba la cuidad.

2 Allí vivía un hombre muy rico llamado Zaqueo, que era el jefe de los publicanos.

3 El quería ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, porque era de baja estatura.

4 Entonces se adelantó y subió a un sicomoro para poder verlo, porque iba a pasar por allí,

5 Al llegar a ese lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: «Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa».

6 Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría.

7 Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: «Se ha ido a alojar en casa de un pecador».

8 Pero Zaqueo dijo resueltamente al Señor: «Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le daré cuatro veces más».

9 Y Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombres es un hijo de Abraham,

10 porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

LUCAS 19.10Botón leer más 21

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (19,11-28):

11 Como la gente seguía escuchando, añadió una parábola, porque estaba cerca de Jerusalén y ellos pensaban que el Reino de Dios iba a aparecer de un momento a otro.

12 El les dijo: «Un hombre de familia noble fue a un país lejano para recibir la investidura real y regresar en seguida.

13 Llamó a diez de sus servidores y les entró cien monedas de plata a cada uno, diciéndoles: “Háganlas producir hasta que yo vuelva”.

14 Pero sus conciudadanos lo odiaban y enviaron detrás de él una embajada encargada de decir: “No queremos que este sea nuestro rey”.

15 Al regresar, investido de la dignidad real, hizo llamar a los servidores a quienes había dado el dinero, para saber lo que había ganado cada uno.

16 El primero se presentó y le dijo: “Señor, tus cien monedas de plata han producido diez veces más”.

17 “Está bien, buen servidor, le respondió, ya que has sido fiel en tan poca cosa, recibe el gobierno de diez ciudades”.

18 Llegó el segundo y el dijo: “Señor, tus cien monedas de plata han producido cinco veces más”.

19 A él también le dijo: “Tú estarás al frente de cinco ciudades”.

20 Llegó el otro y le dijo: “Señor, aquí tienes tus cien monedas de plata, que guardé envueltas en un pañuelo.

21 Porque tuve miedo de ti, que eres un hombre exigentes, que quieres percibir lo que no has depositado y cosechar lo que no has sembrado”.

22 El le respondió: “Yo te juzgo por tus propias palabras, mal servidor. Si sabías que soy un hombre exigentes, que quiero percibir lo que no deposité y cosechar lo que no sembré,

23 ¿por qué no entregaste mi dinero en préstamo? A mi regreso yo lo hubiera recuperado con intereses”

24 Y dijo a los que estaban allí: “Quítenle las cien monedas y dénselas al que tiene diez veces más”.

25 “¡Pero, señor, le respondieron, ya tiene mil!”.

26 “Les aseguro que al que tiene, se le dará; pero al que no tiene, se le quitará aún lo que tiene.

27 En cuanto a mis enemigos, que no me han querido por rey, tráiganlos aquí y mátenlos en mi presencia”».

28 Después de haber dicho esto, Jesús siguió adelante, subiendo a Jerusalén.

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29 Cuando se acercó a Betfagé y Betania, al pie del monte llamado de los Olivos, envió a dos de sus discípulos, diciéndoles:

30 «Vayan al pueblo que está enfrente y, al entrar, encontrarán un asno atado, que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo;

31 y si alguien les pregunta: «¿Por qué lo desatan?», respondan: «El Señor lo necesita».

32 Los enviados partieron y encontraron todo como él les había dicho.

33 Cuando desataron el asno, sus dueños les dijeron: «¿Por qué lo desatan?».

34 Y ellos respondieron: «El Señor lo necesita».

LUCAS 19.34

35 Luego llevaron el asno adonde estaba Jesús y, poniendo sobre él sus mantos, lo hicieron montar.

36 Mientras él avanzaba, la gente extendía sus mantos sobre el camino.

37 Cuando Jesús se acercaba a la pendiente del monte de los Olivos, todos los discípulos, llenos de alegría, comenzaron a alabar a Dios en alta voz, por todos los milagros que habían visto.

38 Y decían:«¡Bendito sea el Rey que viene en nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!».

LUCAS 19.3839 Algunos fariseos que se encontraban entre la multitud le dijeron: «Maestro, reprende a tus discípulos».

40 Pero él respondió: «Les aseguro que si ellos callan, gritarán las piedras

LUCAS 19.40

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (19,41-44):

41 Cuando estuvo cerca y vio la ciudad, se puso a llorar por ella,

42 diciendo: «¡Si tú también hubieras comprendido en ese día el mensaje de paz! Pero ahora está oculto a tus ojos.

43 Vendrán días desastrosos para ti, en que tus enemigos te cercarán con empalizadas, te sitiarán y te atacarán por todas partes.

44 Te arrasarán junto con tus hijos, que están dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios».

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LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (19,45-48):

45 Y al entrar al Templo, se puso a echar a los vendedores,

46 diciéndoles: «Está escrito: Mi casa será una casa de oración, pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones».

47 Y diariamente enseñaba en el Templo. Los sumos sacerdotes, los escribas y los más importantes del pueblo, buscaban la forma de matarlo.

48 Pero no sabían cómo hacerlo, porque todo el pueblo lo escuchaba y estaba pendiente de sus palabras.

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LUCAS 20

1 Un día en que Jesús enseñaba al pueblo en el Templo y anunciaba la Buena Noticia, se le acercaron los sumos sacerdotes y los escribas con los ancianos,

2 y le dijeron: «Dinos con qué autoridad haces estas cosas o quién te ha dado esa autoridad».

3 Jesús les respondió: «Yo también quiero preguntarles algo. Díganme:

4 El bautismo de Juan, ¿venía del cielo o de los hombres?».

5 Ellos se hacían este razonamiento: «Si respondemos: “Del cielo”, él nos dirá: “¿Por qué no creyeron en él?”.

6 Y si respondemos: “De los hombres”, todo el pueblo nos apedreará, porque está convencido de que Juan es un profeta».

7 Y le dijeron que no sabían de dónde venía.

8 Jesús les respondió: «Yo tampoco les diré con qué autoridad hago esto».

9 Y luego dijo al pueblo esta parábola: «Un hombre plantó una viña, la arrendó a unos viñadores y se fue por largo tiempo al extranjero.

10 Llegado el momento, les envió a un servidor para que le entregaran la parte de los frutos que le correspondía. Pero los viñadores lo golpearon y lo echaron con las manos vacías.

11 Envió a otro servidor, y también a este lo golpearon, lo ultrajaron y lo echaron con las manos vacías.

12 Mandó después a un tercero, y a él también lo hirieron y lo arrojaron afuera.

13 El dueño de la viña pensó entonces: “¿Qué haré? Voy a enviar a mi hijo muy querido: quizá tengan consideración con él”.

14 Pero los viñadores, al verlo, se dijeron: “Este es el heredero, vamos a matarlo, y la herencia será nuestra”.

15 Y arrojándolo fuera de la viña, lo mataron. ¿Qué hará con ellos el dueño de la viña?

16 Vendrá, acabará con esos viñadores y entregará la viña a otros». Al oír estas palabras, dijeron: «¡Dios no lo permita!».

17 Pero fijando en ellos su mirada, Jesús les dijo: «¿Qué significa entonces lo que está escrito: “La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular”?

18 El que caiga sobre esta piedra quedará destrozado, y aquel sobre quien ella caiga, será aplastado».

19 Los escribas y los sumos sacerdotes querían detenerlo en ese mismo momento, porque comprendían que esta parábola la había dicho por ellos, pero temieron al pueblo.

20 Ellos comenzaron a acecharlo y le enviaron espías, que fingían ser hombres de bien, para lograr sorprenderlo en alguna de sus afirmaciones, y entregarlo al poder y a la autoridad del gobernador.

21 Y le dijeron: «Maestro, sabemos que hablas y enseñas con rectitud y que no tienes en cuenta la condición de las personas, sino que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios.

22 ¿Nos está permitido pagar el impuesto al César o no?».

23 Pero Jesús, conociendo su astucia, les dijo:

24 «Muéstrenme un denario. ¿De quién es la figura y la inscripción que tiene?». «Del César», respondieron.

25 Jesús les dijo: «Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios».

26 Así no pudieron sorprenderlo en ninguna palabra delante del pueblo y, llenos de admiración por su respuesta, tuvieron que callarse.

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (20,27-40):

27 Se le acercaron algunos saduceos, que niegan la resurrección,

28 y le dijeron: «Maestro, Moisés nos ha ordenado: “Si alguien está casado y muere sin tener hijos, que su hermano, para darle descendencia, se case con la viuda”.

29 Ahora bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin tener hijos.

30 El segundo

31 se casó con la viuda, y luego el tercero. Y así murieron los siete sin dejar descendencia.

32 Finalmente, también murió la mujer.

33 Cuando resuciten los muertos, ¿de quién será esposa, ya que los siete la tuvieron por mujer?».

34 Jesús les respondió: «En este mundo los hombres y las mujeres se casa,

35 pero los que sean juzgados dignos de participar del mundo futuro y de la resurrección, no se casarán.

36 Ya no pueden morir, porque son semejantes a los ángeles y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección.

37 Que los muertos van resucitar, Moisés lo ha dado a entender en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.

38 Porque él no es Dios de muertos, sino de vivientes; todos, en efecto, viven para él».

39 Tomando la palabra, algunos escribas le dijeron: «Maestro, has hablado bien».

40 Y ya no se atrevían a preguntarle nada.

Botón leer más 21

41 Jesús les dijo entonces: «¿Cómo se puede decir que el Mesías es hijo de David,

42 si el mismo David ha dicho en el Libro de los Salmos: “Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha,

43 hasta que ponga a tus enemigosdebajo de tus pies”?

44 Si David lo llama “Señor”, ¿cómo puede ser hijo suyo?».

45 Y dijo a los discípulos, de manera que lo oyera todo el pueblo:

46 «Tengan cuidado de los escribas, a quienes les gusta pasearse con largas vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar los primero asientos en las sinagogas y en los banquetes;

47 que devoran los bienes de las viudas y fingen hacer largas oraciones. Esos serán juzgados con más severidad».

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Publicado el 16 agosto, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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