LUCAS 21-22

LUCAS 21

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (21,1-4):

1 Después, levantado los ojos, Jesús vio a unos ricos que ponían sus ofrendas en el tesoro del Templo.

2 Vio también a una viuda de condición muy humilde, que ponía dos pequeñas monedas de cobre,

3 y dijo: «Les aseguro que esta pobre viuda ha dado más que a nadie.

4 Porque todos los demás dieron como ofrenda algo de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que tenía para vivir».

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LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (21,5-11):

5 Y como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo:

6 «De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido».

7 Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la señal de que va suceder?».

8 Jesús respondió: «Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: “Soy yo”, y también: “El tiempo está cerca”. No los sigan.

9 Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin».

10 Después les dijo: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino.

11 Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes; se verán también fenómenos aterradores y grandes señales en cielo.

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LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (21,12-19):

12 Pero antes de todo eso, los detendrán, los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y serán encarcelados; los llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi Nombre,

13 y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí.

14 Tengan bien presente que no deberán preparar su defensa,

15 porque yo mismo les daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá resistir ni contradecir.

16 Serán entregados hasta por sus propios padres y hermanos, por sus parientes y amigos; y a muchos de ustedes los matarán.

17 Serán odiados por todos a causa de mi Nombre.

18 Pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza.

19 Gracias a la constancia salvarán sus vidas.

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LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (21,20-28): Botón leer más 21

20 Cuando vean a Jerusalén sitiada por los ejércitos, sepan que su ruina está próxima.

21 Los que estén en Judea, que se refugien en las montañas; los que estén dentro de la ciudad, que se alejen; y los que estén en los campos, que no vuelvan a ella.

22 Porque serán días de escarmiento, en que todo lo que está escrito deberá cumplirse.

23 ¡Ay de las que estén embarazadas o tengan niños de pecho en aquellos días! Será grande la desgracia de este país y la ira de Dios pesará sobre este pueblo.

24 Caerán al filo de la espada, serán llevados cautivos a todas las naciones, y Jerusalén será pisoteada por los paganos, hasta que el tiempo de los paganos llegue a su cumplimiento.

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (21,25-28. 34-36):Botón leer más 21

25 Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, los pueblos serán presa de la angustia ante el rugido del mar y la violencia de las olas.

26 Los hombres desfallecerán de miedo por que sobrevendrá al mundo, porque los astros se conmoverán.

27 Entonces se verá al Hijo del hombre venir sobre una nube, lleno de poder y de gloria.

28 Cuando comience a suceder esto, tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación».

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (21,29-33):

29 Y Jesús les hizo esta comparación: «Miren lo que sucede con la higuera o con cualquier otro árbol.

30 Cuando comienza a echar brotes, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano.

31 Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el Reino de Dios está cerca.

32 Les aseguro que no pasará esta generación hasta que se cumpla todo esto.

33 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

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LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (21, 34-36):

34 Tengan cuidado de no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, para que ese día no caiga de improviso sobre ustedes

35 como una trampa, porque sobrevendrá a todos los hombres en toda la tierra.

36 Estén prevenidos y oren incesantemente, para quedar a salvo de todo lo que ha de ocurrir. Así podrán comparecer seguros ante del Hijo del hombre».

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37 Durante el día enseñaba en el Templo, y por la noche se retiraba al monte llamado de los Olivos.

38 Y todo el pueblo madrugaba para ir al Templo a escucharlo.

LUCAS 22

1 Estaba cerca la fiesta de los Azimos, llamada Pascua.

2 Los sumos sacerdotes y los escribas buscaban la manera de eliminar a Jesús, porque tenían medio del pueblo.

3 Entonces Satanás entró en Judas, llamado Iscariote, que era uno de los Doce.

4 Este fue a tratar con los sumos sacerdotes y los jefes de la guardia sobre el modo de entregárselo.

5 Ellos se alegraron y convinieron en darle dinero.

6 Judas aceptó y buscaba una ocasión propicia para entregarlo sin que se enterara el pueblo.

7 Llegó el día de los Azimos, en el que se debía inmolar la víctima pascual.

8 Jesús envió a Pedro y a Juan, diciéndoles: «Vayan a prepararnos lo necesario para la comida pascual».

9 Ellos le preguntaron: «¿Dónde quieres que la preparemos?».

10 Jesús les respondió: «Al entrar en la ciudad encontrarán a un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo hasta la casa donde entre,

11 y digan a su dueño: El Maestro manda preguntarte: “¿Dónde está la sala en que podré comer la Pascua con mis discípulos?”.

12 El les mostrará en el piso alto una pieza grande, arreglada con almohadones: preparen allí lo necesario».

13 Los discípulos partieron, encontraron todo como Jesús les había dicho y prepararon la Pascua.

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (22,14-23, 56):

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14 Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con los Apóstoles y les dijo:

15 «He deseado ardientemente comer esta Pascua con ustedes antes de mi Pasión,

16 porque les aseguro que ya no la comeré más hasta que llegue a su pleno cumplimiento en el Reino de Dios».

17 Y tomando una copa, dio gracias y dijo: «Tomen y compártanla entre ustedes.

18 Porque les aseguro que desde ahora no beberé más del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios».

19 Luego tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía».

20 Después de la cena hizo lo mismo con la copa, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza sellada con mi Sangre, que se derrama por ustedes.

21 La mano del traidor está sobre la mesa, junto a mí.

22 Porque el Hijo del hombre va por el camino que le ha sido señalado, pero ¡ay de aquel que lo va a entregar!».

23 Entonces comenzaron a preguntarse unos a otros quién de ellos sería el que iba a hacer eso.

24 Y surgió una discusión sobre quién debía ser considerado como el más grande.

25 Jesús les dijo: «Los reyes de las naciones dominan sobre ellas, y los que ejercen el poder sobre el pueblo se hacen llamar bienhechores.

26 Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que es más grande, que se comporte como el menor, y el que gobierna, como un servidor.

27 Porque, ¿quién es más grande, el que está a la mesa o el que sirve? ¿No es acaso el que está a la mesa? Y sin embargo, yo estoy entre ustedes como el que sirve.

28 Ustedes son los que han permanecido siempre conmigo en medio de mis pruebas.

29 Por eso yo les confiero la realeza, como mi Padre me la confirió a mí,

30 Y en mi Reino, ustedes comerán y beberán en mi mesa, y se sentarán sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.

31 Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido poder para zarandearlos como el trigo,

32 pero yo he rogado por ti, para que no te falte la fe. Y tú, después que hayas vuelto, confirma a tus hermanos».

LUCAS 22.32

LUCAS 22.32

33 «Señor, le dijo Pedro, estoy dispuesto a ir contigo a la cárcel y a la muerte».

34 Pero Jesús replicó: «Yo te aseguro, Pedro, que hoy, antes que cante el gallo, habrás negado tres veces que me conoces».

35 Después les dijo: «Cuando los envié sin bolsa, ni alforja, ni sandalias, ¿les faltó alguna cosa?».

36 «Nada», respondieron. El agregó: «Pero ahora el que tenga una bolsa, que la lleve; el que tenga una alforja, que la lleve también; y el que no tenga espada, que venda su manto para comprar una.

37 Porque les aseguro que debe cumplirse en mí esta palabra de la Escritura: Fue contado entre los malhechores. Ya llega a su fin todo lo que se refiere a mí».

38 «Señor, le dijeron, aquí hay dos espadas». El les respondió: «Basta».

39 En seguida Jesús salió y fue como de costumbre al monte de los Olivos, seguido de sus discípulos.

40 Cuando llegaron, les dijo: «Oren, para no caer en la tentación».

41 Después se alejó de ellos, más o menos a la distancia de un tiro de piedra, y puesto de rodillas, oraba:

42 «Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya».

LUCAS 22.42

43 Entonces se le apareció un ángel del cielo que lo reconfortaba.

44 En medio de la angustia, él oraba más intensamente, y su sudor era como gotas de sangre que corrían hasta el suelo.

45 Después de orar se levantó, fue hacia donde estaban sus discípulos y los encontró adormecidos por la tristeza.

46 Jesús les dijo: «¿Por qué están durmiendo? Levántense y oren para no caer en la tentación».

47 Todavía estaba hablando, cuando llegó una multitud encabezada por el que se llamaba Judas, uno de los Doce. Este se acercó a Jesús para besarlo.

48 Jesús le dijo: «Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?».

49 Los que estaban con Jesús, viendo lo que iba a suceder, le preguntaron: «Señor, ¿usamos la espada?»

50 Y uno de ellos hirió con su espada al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja derecha.

51 Pero Jesús dijo: «Dejen, ya está». Y tocándole la oreja, lo curó.

52 Después dijo a los sumos sacerdotes, a los jefes de la guardia del Templo y a los ancianos que habían venido a arrestarlo: «¿Soy acaso un ladrón para que vengan con espadas y palos?

53 Todos los días estaba con ustedes en el Templo y no me arrestaron. Pero esta es la hora de ustedes y el poder de las tinieblas».

54 Después de arrestarlo, lo condujeron a la casa del Sumo Sacerdote. Pedro lo seguía de lejos.

55 Encendieron fuego en medio del patio, se sentaron alrededor de él y Pedro se sentó entre ellos.

56 Una sirvienta que lo vio junto al fuego, lo miró fijamente y dijo: «Este también estaba con él».

57 Pedro lo negó diciendo: «Mujer, no lo conozco».

58 Poco después, otro lo vio y dijo: «Tú también eres uno de aquellos». Pero Pedro respondió: «No, hombre, no lo soy».

59 Alrededor de una hora más tarde, otro insistió, diciendo: «No hay duda de que este hombre estaba con él; además, él también es galileo».

60 «Hombre, dijo Pedro, no sé lo que dices». En ese momento, cuando todavía estaba hablando, cantó el gallo.

61 El Señor, dándose vuelta, miró Pedro. Este recordó las palabras que el Señor le había dicho: «Hoy, antes que cante el gallo, me habrás negado tres veces».

62 Y saliendo afuera, lloró amargamente.

63 Los hombres que custodiaban a Jesús lo ultrajaban y lo golpeaban;

64 y tapándole el rostro, le decían: «Profetiza, ¿quién te golpeó?».

65 Y proferían contra él toda clase de insultos.

66 Cuando amaneció, se reunió el Consejo de los ancianos del pueblo, junto con los sumos sacerdotes y los escribas. Llevaron a Jesús ante el tribunal

67 y le dijeron: «Dinos si eres el Mesías». El les dijo: «Si yo les respondo, ustedes no me creerán,

68 y si los interrogo, no me responderán.

69 Pero en adelante, el Hijo del hombre se sentará a la derecha de Dios todopoderoso».

70 Todos preguntaron: «¿Entonces eres el Hijo de Dios?». Jesús respondió: «Tienen razón, yo lo soy».

71 Ellos dijeron: «¿Acaso necesitamos otro testimonio? Nosotros mismos lo hemos oído de su propia boca».

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Publicado el 16 agosto, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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