SALMOS 17-20

SALMO 17

1 Oración de David.

Escucha, Señor, mi justa demanda,

atiende a mi clamor;

presta oído a mi plegaria,

porque en mis labios no hay falsedad.

2 Tú me harás justicia,

porque tus ojos ven lo que es recto:

3 si examinas mi corazón

y me visitas por las noches,

si me pruebas al fuego,

no encontrarás malicia en mí.

Mi boca no se excedió

4 ante los malos tratos de los hombres;

yo obedecí fielmente a tu palabra,

5 y mis pies se mantuvieron firmes

en los caminos señalados:

¡mis pasos nunca se apartaron de tus huellas!

6 Yo te invoco, Dios mío, porque tú me respondes:

inclina tu oído hacia mí y escucha mis palabras.

7 Muestra las maravillas de tu gracia,

tú que salvas de los agresores

a los que buscan refugio a tu derecha.

8 Protégeme como a la pupila de tus ojos;

escóndeme a la sombra de tus alas

9 de los malvados que me acosan,

del enemigo mortal que me rodea.

10 Se han encerrado en su obstinación,

hablan con arrogancia en los labios;

11 sus pasos ya me tienen cercado,

se preparan para derribarme por tierra,

12 como un león ávido de presa,

como un cachorro agazapado en su guarida.

13 Levántate, Señor, enfréntalo, doblégalo;

líbrame de los malvados con tu espada,

14 y con tu mano, Señor, sálvame de los hombres:

de los mortales que lo tienen todo en esta vida.

Llénales el vientre con tus riquezas;

que sus hijos también queden hartos

y dejen el resto para los más pequeños.

15 Pero yo, por tu justicia, contemplaré tu rostro,

y al despertar, me saciaré de tu presencia.

SALMO 18

1 Del maestro de coro. De David, el servidor del Señor, que dirigió al Señor las palabras de este canto, cuando él lo libró de todos sus enemigos y de las manos de Saúl.

2 Dijo:

Yo te amo, Señor, mi fuerza,

3 Señor, mi Roca, mi fortaleza y mi libertador,

mi Dios, el peñasco en que me refugio,

mi escudo, mi fuerza salvadora, mi baluarte.

4 Invoqué al Señor, que es digno de alabanza

y quedé a salvo de mis enemigos.

5 Las olas de la Muerte me envolvieron,

me aterraron los torrentes devastadores,

6 me cercaron los lazos del Abismo,

las redes de la Muerte llegaron hasta mí,

7 Pero en mi angustia invoqué al Señor,

grité a mi Dios pidiendo auxilio,

y él escuchó mi voz desde su Templo,

mi grito llegó hasta sus oídos.

8 Entonces tembló y se tambaleó la tierra;

vacilaron los fundamentos de las montañas, y

se conmovieron a causa de su furor;

9 de su nariz se alzó una humareda,

de su boca, un fuego abrasador,

y arrojaba carbones encendidos.

10 El Señor inclinó el cielo, y descendió

con un espeso nubarrón bajo sus pies;

11 montó en el Querubín y emprendió vuelo,

planeando sobre las alas del viento.

12 Se envolvió en un manto de tinieblas;

un oscuro aguacero y espesas nubes

lo cubrían como un toldo;

13 las nubes se deshicieron en granizo y centellas

al fulgor de su presencia.

14 El Señor tronaba desde el cielo,

el Altísimo hacía oír su voz;

15 arrojó sus flechas y los dispersó,

multiplicó sus rayos y sembró la confusión.

16 Al proferir tus amenazas, Señor,

al soplar el vendaval de tu ira,

aparecieron los cauces del mar

y quedaron a la vista los cimientos.

17 El tendió su mano desde lo alto y me tomó,

me sacó de las aguas caudalosas;

18 me libró de mi enemigo poderoso,

de adversarios más fuertes que yo.

19 Ellos me enfrentaron en un día nefasto,

pero el Señor fue mi apoyo:

20 me sacó a un lugar espacioso,

me libró, porque me ama.

21 El Señor me recompensó por mi justicia,

me retribuyó por la inocencia de mis manos:

22 porque seguí fielmente los caminos del Señor,

y no me aparté de mi Dios, haciendo el mal;

23 porque tengo presente todas sus decisiones

y nunca me alejé de sus preceptos.

24 Tuve ante él una conducta irreprochable

y me esforcé por no ofenderlo.

25 El Señor me premió, porque yo era justo

y mis manos eran inocentes a sus ojos.

26 Tú eres bondadoso con los buenos

y eres íntegro con el hombre intachable;

27 eres sincero con los que son sinceros

y te muestras astuto con los falsos.

28 Porque tú salvas al pueblo oprimido

y humillas los ojos altaneros;

29 tú eres mi lámpara, Señor;

Dios mío, tú iluminas mis tinieblas.

30 Contigo puedo asaltar una muralla;

con mi Dios, puedo escalar cualquier muralla.

31 El camino de Dios es perfecto,

la promesa del Señor es digna de confianza.

El Señor es un escudo para los que se refugian en él,

32 porque ¿quién es Dios fuera del Señor?

¿y quién es la Roca fuera de nuestro Dios?

33 El es el Dios que me ciñe de valor

y hace intachable mi camino;

34 el que me da la rapidez de un ciervo

y me afianza en las alturas;

35 el que adiestra mis manos para la guerra

y mis brazos para tender el arco de bronce.

36 Me entregaste tu escudo victorioso

y tu mano derecha me sostuvo:

me engrandeciste con tu triunfo,

37 me hiciste dar largos pasos,

y no se doblaron mis tobillos.

38 Perseguí y alcancé a mis enemigos,

no me volví hasta que fueron aniquilados;

39 los derroté y no pudieron rehacerse,

quedaron abatidos bajo mis pies.

40 Tú me ceñiste de valor para la lucha,

doblegaste ante mí a mis agresores;

41 pusiste en fuga a mis enemigos,

y yo exterminé a mis adversarios.

42 Imploraron, pero nadie los salvó;

gritaban al Señor, pero no les respondía.

43 Los deshice como polvo barrido por el viento,

los pisé como el barro de las calles.

44 Tú me libraste de un ejército incontable

y me pusiste al frente de naciones:

pueblos extraños son mis vasallos.

45 Gente extranjera me rinde pleitesía;

apenas me oyen nombrar, me prestan obediencia.

46 Los extranjeros palidecen ante mí

y, temblando, abandonan sus refugios.

47 ¡Viva el Señor! ¡Bendita sea mi Roca!

¡Glorificado sea el Dios de mi salvación,

48 el Dios que venga mis agravios

y pone a los pueblos a mis pies!

49 Tú me liberas de mis enemigos,

me haces triunfar de mis agresores

y me libras del hombre violento.

50 Por eso te alabaré entre las naciones

y cantaré, Señor, en honor de tu Nombre.

51 El concede grandes victorias a su rey

y trata con fidelidad a su Ungido,

a David y a su descendencia para siempre.

SALMO 19

1 Del maestro de coro. Salmo de David.

2 El cielo proclama la gloria de Dios

y el firmamento anuncia la obra de sus manos;

3 un día transmite al otro este mensaje

y las noches se van dando la noticia.

4 Sin hablar, sin pronunciar palabras,

sin que se escuche su voz,

5 resuena su eco por toda la tierra

y su lenguaje, hasta los confines del mundo.

Allí puso una carpa para el sol,

6 y este, igual que un esposo que sale de su alcoba,

se alegra como un atleta al recorrer su camino.

7 El sale de un extremo del cielo,

su órbita llega hasta el otro extremo,

y no hay nada que escape a su calor.

8 La ley del Señor es perfecta,

reconforta el alma;

el testimonio del Señor es verdadero,

da sabiduría al simple.

9 Los preceptos del Señor son rectos,

alegran el corazón;

los mandamientos del Señor son claros,

iluminan los ojos.

10 la palabra del Señor es pura,

permanece para siempre;

los juicios del Señor son la verdad,

enteramente justos.

11 Son más atrayentes que el oro,

que el oro más fino;

más dulces que la miel,

más que el jugo del panal.

12 También a mi me instruyen:

observarlos es muy provechoso.

13 Pero ¿Quién advierte sus propios errores?

Purifícame de las faltas ocultas.

14 Presérvame, además, del orgullo,

para que no me domine;

entonces seré irreprochable

y me veré libre de ese gran pecado.

15 ¡Ojalá sean de tu agrado

las palabras de mi boca,

y lleguen hasta ti mis pensamientos,

Señor, mi Roca y mi redentor!

SALMO 20

1 Del maestro de coro. Salmo de David.

2 El Señor te haga triunfar en el momento del peligro,

que el nombre del Dios de Jacob sea tu baluarte.

3 Que él te auxilie desde su Santuario

y te proteja desde Sión;

4 que se acuerde de todas tus ofrendas

y se encuentre aceptables tus holocaustos.

5 Que satisfaga todos tus deseos

y cumpla todos sus proyectos,

6 para que aclamemos tu victoria

y alcemos los estandartes en nombre de nuestro Dios.

¡Que el Señor te conceda todo lo que pides!

7 Ahora sé que el Señor ha dado la victoria a su Ungido,

lo ha hecho triunfar desde su santo cielo

con las proezas de su mano salvadora.

8 Unos se fían de sus carros y otros de sus caballos,

pero nuestra fuerza está en el nombre de nuestro Dios.

9 Ellos tropezaron y cayeron,

mientras nosotros nos mantuvimos erguidos y confiados.

10 ¡Señor, concede la victoria al rey,

escúchanos cuando te invocamos!

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Publicado el 18 agosto, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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