ISAÍAS 6-10

ISAÍAS 6

1 El año de la muerte del rey Ozías, yo vi al Señor sentado en un trono elevado y excelso, y las orlas de su manto llenaban el Templo.

2 Unos serafines estaban de pie por encima de él. Cada uno tenía seis alas: con dos se cubrían el rostro, y con dos se cubrían los pies, y con dos volaban.

3 Y uno gritaba hacia el otro: «¡Santo santo, santo es el Señor de los ejércitos! Toda la tierra está llena de su gloria.

4 Los fundamentos de los umbrales temblaron al clamor de su voz, y la Casa se llenó de humo.

5 Yo dije: «¡Ay de mí, estoy perdido! Porque soy un hombre de labios impuros, y habito en medio de un pueblo de labios impuros; ¡y mis ojos han visto al Rey, el Señor de los ejércitos!».

6 Uno de los serafines voló hacia mí, llevando en su mano una brasa que había tomado con unas tenazas de encima del altar.

7 El le hizo tocar mi boca, y dijo: «Mira: esto ha tocado tus labios; tu culpa ha sido borrada y tu pecado ha sido expiado».

8 Yo oí la voz del Señor que decía: «¿A quién enviaré y quién irá por nosotros?». Yo respondí: «¡Aquí estoy: envíame!».

9 «Ve, me dijo; tú dirás a este pueblo: “Escuchen, sí, pero sin entender: miren bien, pero sin comprender”.

10 Embota el corazón de este pueblo. endurece sus oídos y cierra sus ojos, no sea que vea con sus ojos y oiga con sus oídos, que su corazón comprenda y que se convierta y sane».

11 Yo dije: «¿Hasta cuándo, Señor?». El respondió: «Hasta que las ciudades queden devastadas, sin habitantes, hasta que las casas estén sin un hombre y el suelo devastado sea una desolación.

12 El Señor alejará a los hombres y será grande el abandono en medio del país.

13 Y si queda una décima parte, ella, a su vez, será destruida. Como el terebinto y la encina que, al se abatidos, conservan su tronco talado, así ese tronco es una semilla santa».

El signo del Emanuel

ISAÍAS 7

Primer vaticinio de Isaías a Ajaz

1 En tiempos de Ajaz, hijo de Jotam, hijo de Ozías, rey de Judá, Resín, rey de Aram, y Pécaj, hijo de Remalías, rey de Israel, subieron contra Jerusalén para atacarla, pero no la pudieron expugnar.

2 Cuando se informó a la casa de David: «Aram está acampado en Efraím», se estremeció su corazón y el corazón de su pueblo, como se estremecen por el viento los árboles del bosque.

3 El Señor dijo a Isaías: «Ve al encuentro de Ajaz, tú y tu hijo Sear Iasub, al extremo del canal del estanque superior, sobre la senda del campo del Tintorero.

4 Tú le dirás: Manténte alerta y no pierdas la calma; no temas, y que tu corazón no se intimide ante esos dos cabos de tizones humeantes, ante el furor de Resín de Aram y del hijo de Remalías.

5 Porque Aram, Efraím y el hijo de Remalías se han confabulado contra ti, diciendo:

6 «Subamos contra Judá, hagamos cundir el pánico, sometámosla y pongamos allí como rey al hijo de Tabel».

7 Pero así habla el Señor: Eso no se realizará, eso no sucederá

8a Porque la cabeza de Aram es Damasco, y la cabeza de Damasco Resín;

9a la cabeza de Efraím es Samaría, y la cabeza de Samaría, el hijo de Remalías.

_8b –Dentro de sesenta y cinco años, Efraím será destrozado, y no será más un pueblo–.

_9b Si ustedes no creen, no subsistirán».

Segundo vaticinio

10 Una vez más, el Señor habló a Ajaz en estos términos:

11 «Pide para ti un signo de parte del Señor, en lo profundo del Abismo, o arriba, en las alturas».

12 Pero Ajaz respondió: «No lo pediré ni tentaré al Señor».

13 Isaías dijo: «Escuchen, entonces, casa de David: ¿Acaso no les basta cansar a los hombres, que cansan también a mi Dios?

14 Por eso el Señor mismo les dará un signo. Miren, la joven está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emanuel.

15 El se alimentará de leche cuajada y miel, cuando ya sepa desechar lo malo y elegir lo bueno.

16 Porque antes de que el niño sepa desechar lo malo y elegir lo bueno, quedará abandonada la tierra de esos dos reyes, ante los cuales estás aterrorizado.

17 El Señor hará venir sobre ti, sobre tu pueblo y sobre la casa de tu padre, días como no lo hubo iguales desde que Efraím se separó de Judá».

La invasión devastadora

18 Aquel día, el Señor llamará con un silbido al tábano que está en el extremo de los canales de Egipto, y a la abeja que está en el país de Asiria.

19 Ellos vendrán a posarse en los barrancos escarpados en las grietas de las rocas, sobre todos los matorrales y sobre todos los abrevaderos.

20 Aquel día, el Señor rapará con una navaja alquilada al otro lado del Río –con el rey de Asiria–, la cabeza y el vello del cuerpo; y la navaja afeitará también la barba.

21 Aquel día, cada uno criará una ternera y dos ovejas;

22 y como darán leche en abundancia, se comerá leche cuajada, porque todo el que quede en medio del país se alimentará con leche cuajada y miel.

23 Aquel día, todo lugar donde había mil plantas de vid, a un valor de mil siclos de plata, se cubrirá de cardos y espinas.

24 Allí habrá que entrar con flechas y arco, porque todo el país será cardos y espinas.

25 Y por temor a los cardos y espinas, tú ya no irás a todas esas montañas que se escardaban con la azada: serán un lugar donde se sueltan los bueyes y que es pisoteado por las ovejas.

ISAÍAS 8

El hijo de Isaías, presagio viviente

1 El Señor me dijo: «Toma una tabla bien grande y escribe sobre ella, con caracteres comunes: Rápido Botín – Saqueo Veloz».

2 Yo puse como testigos fidedignos al sacerdote Urías y a Zacarías, hijo de Baraquías.

3 Luego tuve relaciones con la profetisa y ella concibió y dio a luz un hijo. Entonces el Señor me dijo: «Llámalo con el nombre de Rápido Botín – Saqueo Veloz,

4 porque antes de que el niño aprenda a decir «papá» y «mamá», las riquezas de Damasco y el botín de Samaría serán llevados ante el rey de Asiria».

La invasión asiria

5 El Señor me volvió a hablar otra vez, diciendo:

6 Porque este pueblo rehúsa las aguas de Siloé, que corren mansamente, y desfallece ante Resín y el hijo de Remalías,

7 por eso, el Señor hace subir contra ellos las aguas torrenciales y caudalosas del Río –el rey de Asiria con toda su gloria–. El rebasará todos sus cauces, desbordará por todas sus orillas,

8 y pasará por Judá, inundará, crecerá, llegará hasta el cuello. Y sus alas desplegadas abarcarán toda la extensión de tu país, Emanuel.

La presencia de Dios, garantía de victoria

9 ¡Tiemblen, pueblos, y espántense; presten atención, regiones lejanas de la tierra! ¡Cíñanse las armas y espántense! ¡Cíñanse las armas y espántense!

10 Hagan un proyecto: ¡fracasará! Digan una palabra: ¡no se realizará! Porque Dios está con nosotros.

El Señor, piedra de tropiezo para Israel

11 Porque así me habló el Señor, cuando me tomó con su mano y me conminó a que no siguiera el camino de este pueblo:

12 No llamen «conjura» a todo lo que este pueblo llama «conjura»; no teman lo que él teme ni tiemblen por eso,

13 Pero al Señor de los ejércitos, a él sí proclámenlo santo: que sólo él les infunda temor, que sólo él los haga temblar.

14 El será un santuario, una piedra de tropiezo y un escollo insuperable para las dos casas de Israel; será una red y una trampa para los habitantes de Jerusalén.

15 Muchos de entre ellos tropezarán, caerán y se quebrarán, se enredarán en la trampa y quedarán atrapados.

Retiro provisorio del profeta

16 Voy a guardar el testimonio, a sellar la instrucción entre mis discípulos.

17 Esperaré en el Señor, que oculta su rostro a la casa de Jacob: sí, lo aguardaré.

18 Yo y los hijos que me dio el Señor somos signos y presagios en Israel, de parte del Señor de los ejércitos, que habita en el monte Sión.

Contra los nigromantes y adivinos

19 Seguramente les dirán: «Consulten a los nigromantes y adivinos, que musitan y susurran. ¿No debe un pueblo consultar a sus dioses, consultar a los muertos en favor de los vivos,

20 para recibir instrucción y testimonio?». Seguro que se expresan así porque para ellos no despunta la aurora.

Tiempos oscuros para Israel

21 La gente pasará por el país, abrumada y hambrienta; y enfurecida por el hambre, maldecirá por el hambre, maldecirá a su rey a a su Dios. Volverá su rostro hacia lo alto.

22 luego mirará a la tierra, y sólo habrá aflicción y tinieblas, angustiosa oscuridad. Pero la tiniebla será disipada,

23 porque ya no habrá oscuridad allí donde reinaba la angustia.

La gran luz y el niño maravilloso

     En un primer tiempo, el Señor humilló al país de Zabulón y al país de Neftalí, pero en el futuro llenará de gloria la ruta del mar, el otro lado del Jordán, el distrito de los paganos.

LECTURA DEL IBRO DE ISAÍAS (9,1-3.5-6):

ISAÍAS 9

1 El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz: sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz.

2 Tú has multiplicado la alegría, has acrecentado el gozo; ellos se regocijan en tu presencia, como se goza en la cosecha, como cuando reina la alegría por el reparto del botín.

3 Porque el yugo que pesaba sobre él, la barra sobre su espalda y el palo de su carcelero, todo eso lo has destrozado como en el día de Madián.

4 Porque todas las botas usadas en la refriega y las túnicas manchadas de sangre, serán presa de las llamas, pasto del fuego.

5 Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado. La soberanía reposa sobre sus hombros y se le da por nombre: «Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre para siempre, Príncipe de la paz».

6 Su soberanía será grande, y habrá una paz sin fin para el trono de David y para su reino; él lo establecerá y lo sostendrá por el derecho y la justicia, desde ahora y para siempre. El celo del Señor de los ejércitos hará todo esto.

ORÁCULOS DIVERSOS

EL CASTIGO DE SAMARÍA

7 El Señor ha enviado una palabra a Jacob. Ella caerá sobre Israel:

8 la conocerá el pueblo entero, Efraím y los habitantes de Samaría, esos que andan diciendo con arrogancia y presunción:

9 «¡Cayeron los ladrillos, pero construiremos con piedras talladas; fueron cortados los sicómoros, pero los suplantaremos con cedros!».

10 El Señor suscitó contra él a sus adversarios e incitó a sus enemigos.

11 Aram al este, los filisteos por detrás, y ellos devoraron a Israel a boca llena. A pesar de todo esto, no se aplacó su ira y su mano está aún extendida.

12 Pero el pueblo no ha vuelto al que lo golpeaba, no ha buscado al Señor de los ejércitos.

13 Y el Señor arrancó a Israel, en un sólo día. cabeza y cola, palmera y junco.

14 –El anciano y el noble son la cabeza, el profeta, maestro de mentiras, es la cola–.

15 Los guías de este pueblo lo extraviaron y los que se dejaron guiar, han sido devorados.

16 Por eso el Señor no perdona a sus jóvenes ni se compadece de sus huérfanos y de sus viudas, porque todo este pueblo es impío y malvado y toda boca profiere insensateces. A pesar de todo esto, no se aplacó su ira y su mano está aún extendida.

17 Porque la maldad quema como el fuego, devora cardos y espinas, arde en las espesuras del bosque, y el humo se alza en torbellinos.

18 Por el furor del Señor de los ejércitos se incendia el país, y el pueblo es como pasto del fuego. Nadie se compadece de su hermano,

19 cada uno devora la carne de su prójimo: corta a la derecha, y queda con hambre; devora a la izquierda, y no se sacia.

20 Manasés devora a Efraím, Efraím a Manasés, y los dos juntos acometen contra Judá. A pesar de todo esto, no se aplacó su ira y su mano está aún extendida

ISAÍAS 10

CONTRA LOS MALOS JUECES

1 ¡Ay de los que promulgan decretos inicuos y redactan prescripciones onerosas,

2 para impedir que se haga justicia a los débiles y privar de su derecho a los pobres de mi pueblo, para hacer de las viudas su presa y expoliar a los huérfanos!

3 ¿Qué harán ustedes el día del castigo, cuando llegue de lejos la tormenta? ¿Hacia quién huirán en busca de auxilio y dónde depositarán sus riquezas?

4 No habrá más remedio que encorvarse con los prisioneros y sucumbir con los que caen muertos. A pesar de todo esto, no se aplacó su ira y su mano está aún extendida.

CONTRA ASIRIA

5 ¡Ay de Asiria! El es el bastón de mi ira y la vara de mi furor está en su mano.

6 Yo lo envío contra una nación impía. lo mando contra un pueblo que provocó mi furor. para saquear los despojos y arrebatar el botín. y pisotearlo como al barro de las calles,

7 Pero él no lo entiende así, no es eso lo que se propone: él no piensa más que en destruir y en barrer una nación tras otra.

8 El dice, en efecto: «¿No son reyes todos mis jefes?

9 ¿No le pasó a Calnó lo mismo que a Carquemis? ¿No es Jamat como Arpad y Samaría como Damasco?

10 Así como mi mano alcanzó a los reinos de los ídolos, cuyas estatuas superaban las de Jerusalén y Samaría.

11 lo mismo que hice con Samaría y sus imágenes. ¿no lo haré con Jerusalén y sus ídolos?».

12 Pero cuando el Señor termine de realizar toda su obra en el monte Sión y en Jerusalén, castigará al rey de Asiria por este fruto de su corazón arrogante y por la orgullosa altivez de su mirada.

13 Porque el ha dicho: «Yo he obrado con la fuerza de mi mano, y con mi sabiduría, porque soy inteligente. He desplazado las fronteras de los pueblos y he saqueado sus reservas: como un héroe, he derribado a los que se sientan en tronos.

14 Mi mano tomó como un nido las riquezas de los pueblos: como se juntan huevos abandonados, así he depredado toda la tierra, y no hubo nadie que batiera las alas o abriera el pico para piar».

15 ¿Se gloria el hacha contra el leñador? ¿Se envanece la sierra contra el que la maneja? Como si el bastón manejara al que lo empuña y el palo levantar al que no es un leño!

16 Por eso el Señor de los ejércitos hará que la enfermedad consuma su vigor y dentro de su carne hará arder una fiebre, como el ardor del fuego.

17 La luz de Israel se convertirá en un fuego y su Santo en una llama, que arderá y devorará sus zarzas y sus espinas en un solo día.

18 La gloria de su bosque y su vergel, como se va extinguiendo un agonizante:

19 y el resto de los árboles de su bosque será un número tan reducido que un niño los podrá anotar.

EL PEQUEÑO RESTO

20 Aquel día, el resto de Israel y los sobrevivientes de la casa de Jacob dejarán de apoyarse en aquel que los golpea, y se apoyarán con lealtad en el Señor, el Santo de Israel.

21 «Un resto volverá», un resto de Jacob, al Dios Fuerte.

22 Sí, aunque tu pueblo, Israel, sea como la arena del mar, sólo un resto volverá. La destrucción está decidida. desbordante de justicia.

23 Porque el Señor de los ejércitos ejecutará este decreto de exterminio en medio de todo el país.

LA DESTRUCCIÓN DE ASIRIA

24 Por eso, así habla el Señor de los ejércitos: Pueblo mío, que habitas en Sión, no temas nada de Asiria, que te golpea con el bastón y alza su vara contra ti a la manera de Egipto.

25 Porque dentro de poco, de muy poco tiempo, se acabará mi furor contra ti, y mi ira los destruirá.

26 El Señor de los ejércitos blandirá el látigo contra él, como cuando golpeó a Madián en el mar, como la alzó en Egipto.

27 Aquel día, su carga será quitada de tus espaldas y su yugo se apartará de tu cuello.

AVANCE Y DERROTA DEL INVASOR ASIRIO

  Avanza el devastador por el lado de Rimón,

28 llega hasta Aiat. atraviesa Migrón, deja su equipaje en Micmás.

29 Cruzan el desfiladero, en Gueba pasan la noche, tiembla Ramá, huye Guibeá de Saúl.

30 ¡Grita con toda tu voz, Bat Galím, presta atención, Laisa. respóndele, Anatot!

31 Se desbanda Madmená, buscan refugio los habitantes de Guebín.

32 Un día más, para hacer alto en Nob, y él agitará su mano hacia la montaña de la hija de Sión, hacia la colina de Jerusalén.

33 ¡Miren! El Señor, el Señor de los ejércitos, desgaja con ímpetu el ramaje: los árboles más altos son talados, los más elevados, abatidos:

34 él corta con el hierro la espesura del bosque, y cae el Líbano con su esplendor.

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Publicado el 21 agosto, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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