JOB 14-16

JOB 14

1 El hombre, nacido de mujer, tiene una vida breve y cargada de tormentos:

2 como una flor, brota y se marchita; huye sin detenerse, como una sombra.

3 ¡Y sobre alguien así tú abres los ojos, lo enfrentas contigo en un juicio!

4 Pero ¿quién sacará lo puro de lo impuro? Nadie, ciertamente.

5 Ya que sus días están determinados y tú conoces el número de sus meses, ya que le has puesto un límite infranqueable,

6 ¡aparta de él tu mirada y déjalo solo, para que disfrute de su jornada como un asalariado!

7 Para el árbol hay una esperanza: si es cortado, aún puede reverdecer y no dejará de tener retoños.

8 Aunque su raíz haya envejecido en el suelo y su tronco esté muerto en el polvo,

9 apenas siente el agua, produce nuevos brotes y echa ramas, como una planta joven.

10 Pero el hombre, cuando muere, queda inerte; el mortal que expira, ¿dónde está?

_14a si un hombre muere, ¿podrá revivir?

11 El agua del mar se evapora, un río se agota y se seca:

12 así el hombre se acuesta y no se levanta; desaparecerán los cielos, antes que él se despierte, antes que se alce de su sueño.

13 ¡Ah, si tú me ocultaras en el Abismo, si me escondieras hasta que pase tu enojo y me fijaras un plazo para acordarte de mí!

14 –Un hombre, una vez muerto, ¿podrá revivir?–. Entonces yo esperaría, todos los días de mi servicio, hasta que llegue mi relevo:

15 tú llamarías, y yo te respondería, ansiarías ver la obra de tus manos.

16 Porque entonces no contarías mis pasos ni observarías mi pecado;

17 mi delito estaría bajo sello en una bolsa y cubrirías mi culpa con un enduido.

18 Pero la montaña cae y se desmorona, la roca es removida de su sitio;

19 las aguas desgastan las piedras, al polvo de la tierra se lo lleva el aguacero: ¡así tú destruyes la esperanza del mortal!

20 Lo abates para siempre, y él se va, desfiguras su rostro y lo despides.

21 Se honra a sus hijos, pero él no lo sabe; si son envilecidos, él no se da cuenta.

22 ¡Sólo en carne propia siente el sufrimiento, sólo por sí mismo está de duelo!

JOB 15

1 Elifaz de Temán replicó, diciendo:

2 ¿Acaso un sabio da respuestas en el aire y llena de viento su interior?

3 ¿Arguye con palabras inútiles y con discursos que no sirven de nada?

4 ¡Más aún, tú destruyes la piedad, y anulas la reflexión delante de Dios!

5 Porque es tu culpa la que inspira tus palabras y eliges el lenguaje de la gente astuta.

6 Tu misma boca te condena, no yo; tus propios labios atestiguan contra ti.

7 ¿Eres tú el primer hombre que nació? ¿Fuiste dado a luz antes que las colinas?

8 ¿Has tenido acceso al consejo divino y has acaparado la sabiduría?

9 ¿Qué sabes tú que nosotros no sepamos? ¿Qué entiendes tú más que nosotros?

10 Aquí también hay ancianos de cabellos blancos, gente de más edad que tu mismo padre.

11 ¿No te basta el consuelo que Dios te da y una palabra pronunciada con dulzura?

12 ¿Por qué te dejas arrastrar por tus impulsos? ¿Qué significan esos ojos huraños,

13 cuando vuelves tu saña contra Dios y lanzas denuestos por la boca?

14 ¿Qué es el hombre para que sea puro y el nacido de mujer para que sea justo?

15 Si Dios no se fía ni siquiera de sus santos y el cielo no es puro a sus ojos.

16 ¡cuánto menos ese ser abominable y corrompido, el hombre, que bebe como agua la iniquidad!

17 Yo te voy a explicar, escúchame; déjame contarte algo que vi.

18 Es lo que refieren los sabios, lo que no les ocultaron sus padres:

19 a ellos solos les fue dada la tierra y ningún extraño pasaba en medio de ellos.

20 El malvado se atormenta todos los días de su vida, muy pocos años están reservados al hombre cruel;

21 voces horribles resuenan en sus oídos, en plena paz, lo asalta el devastador.

22 El no espera evadirse de las tinieblas y está destinado a la espada.

23 Anda errante como pasto de los buitres y sabe que su ruina es segura. El día tenebroso

24 lo aterra, la angustia y la opresión lo acometen, como un rey preparado para el ataque.

25 Porque extendía su mano contra Dios y se envalentonaba contra el Todopoderoso:

26 arremetía contra él con el cuello tendido, con todo el espesor de sus escudos blindados,

27 porque había untado su rostro con grasa y había robustecido sus lomos.

28 Ahora habita en ciudades destruidas, en casas donde ya nadie vive, que amenazan convertirse en escombros.

29 El no se enriquecerá, no durará su fortuna, ni sus posesiones se extenderán por el país.

30 No escapará de las tinieblas, una llama secará sus retoños, su flor será arrastrada por el viento.

31 Que no confíe en la mentira, porque se equivoca, y su recompensa será la decepción.

32 Su follaje se marchitará antes de tiempo y su ramaje no mantendrá su verdor.

33 Como una vid, perderá sus uvas todavía agrias, como un olivo dejará caer sus flores.

34 Sí, la raza del impío es estéril, el fuego devora la carpa del hombre venal.

35 El que concibe malicia, engendra maldad, y su vientre está grávido de mentira.

JOB 16

1 Job respondió, diciendo:

2 Ya escuché muchos discursos semejantes ¡tristes consoladores son todos ustedes!

3 ¿Terminarán de una vez las palabras en el aire? ¿Qué es lo que te incita a replicar así?

4 También yo hablaría como ustedes, si ustedes estuvieran en mi lugar. Los ensordecería con palabras y les haría gestos de conmiseración.

5 Los reconfortaría con mi boca y mis labios no dejarían de moverse.

6 Pero si hablo, no se alivia mi dolor; si me callo, tampoco se aparta de mí.

7 Porque ahora, él me ha extenuado y desolado, todos sus temores

8 me tienen acorralado; se levanta contra mí con testigo, mi debilidad me acusa en mi propia cara.

9 Su ira me desgarra y me hostiga, él rechina sus dientes contra mí. Mi adversario me atraviesa con la mirada;

10 ellos abrieron sus fauces contra mí. me golpearon con desprecio las mejillas, se confabularon todos contra mí.

11 Dios me entrega al poder del injusto, me arroja en manos de los malvados.

12 Yo estaba tranquilo y él me destrozó, me tomó por el cuello y me hizo pedazos. Me puso como blanco ante él,

13 sus flechas vuelan a mi alrededor. Traspasa mis riñones sin piedad y derrama por tierra mi hiel.

14 Abre en mí una brecha tras otra, arremete contra mí como un guerrero.

15 Llevo cosido un cilicio a mi piel, tengo hundida la frente en el polvo.

16 Mi rostro está enrojecido por el llanto y la oscuridad envuelve mis pupilas.

17 Sin embargo, no hay violencia en mis manos y mi plegaria es pura.

18 ¡Tierra, no cubras mi sangre, que no haya un lugar de descanso para mi clamor!

19 Aún ahora, mi testigo está en el cielo y mi garante, en las alturas.

20 Mis amigos se burlan de mí, mientras mis ojos derraman lágrimas ante Dios.

21 ¡Que él sea árbitro entre un hombre y Dios, como entre un hombre y su prójimo!

22 Porque mis años están contados y voy a emprender el camino sin retorno.

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Publicado el 23 agosto, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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