JOB 17-20

JOB 17

1 ¡Se me ha agotado el aliento, se han extinguido mis días, sólo me queda el sepulcro!

2 ¿No soy acaso el blanco de las burlas y no me desvelan sus provocaciones?

3 Deposita junto a ti una fianza a mi favor: si no, ¿quién estrechará mi mano?

4 Tú cerraste su corazón al discernimiento; por eso, no los dejarás triunfar.

5 ¡Se anuncia el reparto a los amigos, mientras los ojos de los hijos desfallecen!

6 Me has convertido en burla de la gente, soy como alguien a quien se escupe en la cara.

7 Mis ojos se debilitan por la tristeza y todos mis miembros son como la sombra.

8 Los hombres rectos quedan consternados por esto, y el inocente se indigna contra el impío.

9 Pero el justo se afianza en su camino y el de manos puras redobla su energía.

10 ¡Vengan todos ustedes, vengan otra vez: no encontraré un solo sabio entre ustedes!

11 Han pasado mis días, se han deshecho mis planes y las aspiraciones de mi corazón.

12 Ellos cambian la noche en día: «La luz, dicen, está cerca de las tinieblas».

13 ¿Qué puedo esperar? El Abismo es mi morada, en las tinieblas extendí mi lecho.

14 Yo grito a la Fosa: «¡Tú eres mi padre!», y los gusanos: «¡Mi madre y mis hermanos!».

15 ¿Dónde está entonces mi esperanza? Y mi felicidad, ¿quién la verá?

16 ¿Bajarán conmigo al Abismo? ¿Nos hundiremos juntos en el polvo?

JOB 18

1 Bildad de Súaj respondió, diciendo:

2 ¿Hasta cuándo nos impedirás hablar? Reflexiona, y luego hablaremos.

3 ¿Por qué seremos tenidos por animales y pasaremos por torpes ante tus ojos?

4 Tú, que te desgarras en tu enojo: ¿acaso la tierra quedará desierta por tu causa o la roca será removida de su sitio?

5 Sí, la luz del malvado se extingue y la llama de su fuego no brilla más.

6 La luz se oscurece en su carpa y su lámpara se apaga sobre él.

7 Se acortan sus pasos vigorosos, su propio designio lo hace tropezar.

8 Porque sus pies lo meten en una trampa y va caminando entre redes:

9 un lazo le aprisiona el talón y un cepo se cierra sobre él.

10 Lo espera una cuerda oculta en el suelo y una trampa tendida sobre el camino.

11 Lo asaltan terrores por todas partes y lo amenazan a cada paso.

12 Su vigor se convierte en hambre y la ruina permanece a su lado;

13 la enfermedad corroe su piel, el Primogénito de la Muerte devora sus miembros.

14 Lo arrancan de la seguridad de su carpa y lo llevan ante el Rey de los terrores.

15 El fuego se instala en su carpa y se esparce azufre sobre su morada.

16 Por debajo se secan sus raíces y por arriba se marchita su ramaje.

17 Su recuerdo desaparece de la tierra y se borra su nombre en la región.

18 Lo arrojan de la luz a las tinieblas y lo arrastran fuera del mundo.

19 No tiene estirpe ni posteridad en su pueblo, no quedan sobrevivientes donde él habitaba.

20 El Occidente se estremece por su destino y el Oriente es presa del horror.

21 Sí, tales son las moradas del injusto, este es el lugar del que no conoce a Dios.

JOB 19

1 Job respondió, diciendo:

2 ¿Hasta cuándo me va a afligir y me van a torturar con sus palabras?

3 Ya es la décima vez que me ultrajan, que me maltratan desvergonzadamente.

4 Aunque fuera verdad que cometí un error, mi error me concierne sólo a mí.

5 Ustedes se envalentonan contra mí y me imputan mi ignominia:

6 pero sepan que es Dios el que me agravia y que él me ha envuelto en su red.

7 Si grito: «¡Violencia!», no tengo respuesta; si pido auxilio, no se hace justicia.

8 El cercó mi camino y no puedo pasar; cubrió de tinieblas mi sendero.

9 Me ha despojado de mi honor y quitó la corona de mi cabeza.

10 Me demolió por completo, y ya me voy; arrancó, como un árbol, mi esperanza.

11 Encendió su indignación contra mí y me trató como a su enemigo.

12 Sus escuadrones llegaron en tropel, se abrieron camino hasta mí y acamparon alrededor de mi carpa.

13 Mis hermanos se alejaron de mí y soy un extraño para mis amigos.

14 Desaparecieron mis allegados y familiares, me olvidaron

15 los huéspedes de mi casa. Mis servidoras me consideran un extraño, me he convertido en un intruso para ellas.

16 Llamo a mi servidor, y no responde, aunque se lo pida por favor.

17 Mi mujer siente asco de mi aliento, soy repugnante para los hijos de mis entrañas.

18 Hasta los niños pequeños me desprecian: cuando me levanto, se burlan de mí.

19 Mis amigos íntimos me abominan, los que yo amaba se vuelven contra mí.

20 Los huesos se me pegan a la piel y se me desprenden los dientes de las envías.

21 ¡Apiádense, apiádense de mí, amigos míos, porque me ha herido la mano de Dios!

22 ¿Por qué ustedes me persiguen como Dios y no terminan de saciarse con mi carne?

23 ¡Ah, si se escribieran mis palabras y se las grabara en el bronce;

24 si con un punzón de hierro y plomo fueran esculpidas en la roca para siempre!

25 Porque yo sé que mi Redentor vive y que él, el último, se alzará sobre el polvo

26 Y después que me arranquen esta piel, yo, con mi propia carne, veré a Dios.

27 Sí, yo mismo lo veré, lo contemplarán mis ojos, no los de un extraño. ¡Mi corazón se deshace en mi pecho!

28 Si ustedes dicen: «¿Cómo lo perseguiremos y qué pretexto encontraremos para procesarlo?»,

29 teman que la espada los hiera a ustedes mismos, porque esas son culpas dignas de la espada: y entonces sabrán que hay un juez.

JOB 20

1 Sofar de Naamá respondió, diciendo:

2 Mis pensamientos me obligan a replicar, porque no puedo dominar mi excitación.

3 Tengo que oír reproches injuriosos, pero mi inteligencia me inspira una respuesta.

4 ¿No sabes acaso que desde siempre, desde que el hombre fue puesto sobre la tierra,

5 el júbilo de los malvados acaba pronto y la alegría del impío dura sólo un instante?

6 Aunque su altura se eleve hasta el cielo y llegue a tocar las nubes con la cabeza,

7 él perece para siempre, como sus excrementos, y sus conocidos preguntan: «¿Dónde está?».

8 Huye como un sueño, y nadie lo encuentra, desechado como una visión nocturna,

9 El ojo que lo miraba no lo ve más, el lugar que ocupaba lo pierde de vista.

10 Sus hijos indemnizan a los que él empobreció y sus propias manos restituyen las riquezas

11 El vigor juvenil que llenaba sus huesos yace con él en el polvo.

12 El mal era dulce a su boca y él lo disimulaba bajo su lengua;

13 lo saboreaba y no lo soltaba, lo retenía en medio de su paladar;

14 pero su comida se corrompe en las entrañas, es un veneno de víboras dentro de él.

15 Tiene que vomitar las riquezas que tragó, Dios se las arranca de su vientre.

16 ¡El mamaba veneno de serpientes y lo mata la lengua de la víbora!

17 Ya no ve más los arroyos de aceite ni los torrentes de miel y leche cuajada.

18 Devuelve las ganancias sin tragarlas, y no disfruta de lo que lucró con sus negocios,

19 porque oprimió y dejó sin amparo a los pobres, y usurpó casas que no había edificado.

20 Su voracidad no conocía descanso y nada escapaba a sus deseos;

21 nadie se libraba de su avidez, por eso no dura su prosperidad.

22 En el colmo de la abundancia, lo asalta la angustia, le sobrevienen toda clase de desgracias.

23 Mientras él llena su vientre, Dios descarga el ardor de su ira y hace llover el fuego de su enojo sobre él.

24 Si escapa del arma de hierro, lo traspasa el arco de bronce:

25 la flecha le sale por la espalda, y la punta fulgurante por el hígado. Lo invaden los terrores,

26 todas las tinieblas están reservadas para él, lo consume un fuego que nadie atiza y que devora lo que aún queda de su carpa.

27 Los cielos revelan su iniquidad y la tierra se levanta contra él.

28 Un diluvio se lleva su casa, una correntada, en el día de la ira.

29 Esta es la porción que Dios asigna al malvado, la herencia que le tiene destinada.

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Publicado el 23 agosto, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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