SALMOS 26-31

SALMO 26

1 De David.

Júzgame, Señor, porque he procedido con integridad. Yo he confiado en el Señor, sin desviarme jamás.

2 Examíname, Señor, y pruébame, sondea hasta lo más íntimo de mi ser;

3 porque tu amor está siempre ante mis ojos, y yo camino en tu verdad.

4 No me reúno con la gente falsa ni me doy con los hipócritas;

5 odio la compañía de los malhechores y no me uno a los malvados.

6 Por eso lavo mis manos en señal de inocencia y doy vueltas alrededor de tu altar,

7 proclamando tu alabanza en alta voz y narrando tus maravillas.

8 Yo amo la Casa donde habitas, el lugar donde reside tu gloria.

9 No me incluyas entre los pecadores ni entre los hombres sanguinarios:

10 ellos tienen las manos llenas de infamia, y su derecha está repleta de sobornos.

11 Yo, en cambio, procedo íntegramente: líbrame y concédeme tu gracia.

12 Mis pies están firmes sobre el camino llano, y en la asamblea bendeciré al Señor.

SALMO 27

1 De David.

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida,¿ante quién temblaré?

2 Cuando se alzaron contra mí los malvados para devorar mi carne, fueron ellos, mis adversarios y enemigos, los que tropezaron y cayeron.

3 Aunque acampe contra mí un ejército, mi corazón no temerá; aunque estalle una guerra contra mí, no perderé la confianza.

4 Una sola cosa he pedido al Señor, y esto es lo que quiero: vivir en la Casa del Señor todos los días de mi vida, para gozar de la dulzura del Señor y contemplar su Templo.

5 Sí, él me cobijará en su Tienda de campaña en el momento del peligro; me ocultará al amparo de su Carpa y me afirmará sobre una roca.

6 Por eso tengo erguida mi cabeza frente al enemigo que me hostiga; ofreceré en su Carpa sacrificios jubilosos, y cantaré himnos al Señor.

7 ¡Escucha, Señor, yo te invoco en alta voz, apiádate de mí y respóndeme!

8 Mi corazón sabe que dijiste: «Busquen mi rostro». Yo busco tu rostro, Señor,

9 no lo apartes de mí. No alejes con ira a tu servidor, tú, que eres mi ayuda; no me dejes ni me abandones,

mi Dios y mi salvador.

10 Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el Señor me recibirá.

11 Indícame, Señor, tu camino y guíame por un sendero llano,

12 No me entregues a la furia de mis adversarios, porque se levantan contra mí testigos falsos, hombres que respiran violencia.

13 Yo creo que contemplaré la bondad del Señoren la tierra de los vivientes.

14 Espera en el Señor y sé fuerte; ten valor y espera en el Señor.

SALMO 28

1 De David.

Yo te invoco, Señor; tú eres mi Roca, no te quedes callado, porque si no me respondes, seré como los que bajan al sepulcro.

2 Oye la voz de mi plegaria, cuando clamo hacia ti, cuando elevo mis manos hacia tu Santuario.

3 No me arrastres con los malvados ni con los que hacen el mal: con los que hablan de paz a su prójimo, mientras su corazón está lleno de maldad.

4 Trátalos conforme a sus acciones, como corresponde a su mala conducta; trátalos según la obra de sus manos, págales su merecido.

5 Ellos no valoran lo que hace el Señor ni la obra de sus manos: por eso él los derribará y no volverá a edificarlos.

6 Bendito sea el Señor, porque oyó la voz de mi plegaria;

7 el Señor es mi fuerza y mi escudo, mi corazón confía en él. Mi corazón se alegra porque recibí su ayuda: por eso le daré gracias con mi canto.

8 El Señor es la fuerza de su pueblo, el baluarte de salvación para su Ungido.

9 Salva a tu pueblo y bendice a tu herencia; apaciéntalos y sé su guía para siempre.

SALMO 29

1 Salmo de David.

¡Aclamen al Señor, hijos de Dios, aclamen al gloria y el poder del Señor!

2 ¡Aclamen la gloria del hombre del Señor, adórenlo al manifestarse su santidad!

3 ¡La voz del Señor sobre las aguas! El Dios de la gloria hace oír su trueno: el Señor está sobre las aguas torrenciales.

4 ¡La voz del Señor es potente, la voz del Señor es majestuosa!

5 La voz del Señor parte los cedros, el Señor parte los cedros del Líbano;

6 hace saltar al Líbano como a un novillo y al Sirión como a un toro salvaje.

7 La voz del Señor lanza llamas de fuego;

8 la voz del Señor hace temblar el desierto, el Señor hace temblar el desierto de Cades.

9 La voz del Señor retuerce las encinas, el Señor arrasa las selvas.

En su Templo, todos dicen: «¡Gloria!».

10 El Señor tiene su trono sobre las aguas celestiales, el Señor se sienta en su trono de Rey eterno.

11 El Señor fortalece a su pueblo, el Señor bendice a su pueblo con la paz.

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Publicado el 23 agosto, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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