GÉNESIS 38-40

GÉNESIS 38

Judá y Tamar

1 Por aquel tiempo, Judá se alejó de sus hermanos y entró en amistad con un hombre de Adulam llamado Jirá.

2 Allí conoció a la hija de un cananeo llamado Súa, y después de tomarla por esposa, se unió con ella.

3 Ella concibió y dio a luz un hijo, y él lo llamo Er.

4 Luego concibió nuevamente, y tuvo otro hijo, al que llamó Onán.

5 Después volvió a tener otro hijo, y le puso el nombre de Selá. Cuando ella dio a luz, estaba en Quezib.

6 Más tarde, Judá casó a Er, su hijo mayor, con una mujer llamada Tamar.

7 Er desagradó al Señor, y el Señor lo hizo morir.

8 Judá dijo entonces a Onán: «Unete a la viuda de Er, para cumplir con tus deberes de cuñado y asegurar una descendencia a tu hermano».

9 Pero Onán, sabiendo que la descendencia no le pertenecería, cada vez que se unía con ella, derramaba el semen en la tierra para evitar que hermano tuviera una descendencia.

10 Su manera de proceder desagradó al Señor, que lo hizo morir también a él.

11 Entonces Judá dijo a su nuera Tamar: «Vive como una viuda en la casa de tu padre, hasta que crezca mi hijo Selá», porque temía que este corriera la misma suerte que sus hermanos. Por eso Tamar se fue a vivir a la casa de su padre.

12 Mucho tiempo después, murió la esposa de Judá, la hija de Súa. Una vez concluido el duelo, Judá se dirigió hacia Timná en compañía de su amigo Jirá, el adulamita, porque allí esquilaban sus ovejas.

13 Tamar fue informada de que su suegro se dirigía hacia Timná, donde estaban esquilando su rebaño.

14 Y como veía que Selá ya era grande, y sin embargo, no se lo habían dado como esposo, se quitó su ropa de viuda, se cubrió con un velo para no ser reconocida, y se sentó a la entrada de Enaim, sobre el camino a Timná.

15 Como tenía la cara tapada, al verla, Judá pensó que era una prostituta.

16 Entonces se apartó del camino y fue hacia ella para decirle: «Deja que me acueste contigo», ignorando que se trataba de su nuera. Ella le respondió: «¿Qué me darás por acostarte conmigo?».

17 «Te enviaré un chivito de mi rebaño», le aseguró él. «De acuerdo, continuó ella, con tal que me dejes algo como prenda hasta que me lo envíes».

18 El le preguntó: «¿Qué debo dejarte?». «Tu sello con su cordón y el bastón que llevas en la mano», le respondió. El se los entregó y se acostó con ella, dejándola embarazada.

19 Inmediatamente, ella se retiró, se quitó el velo que la cubría, y volvió a ponerse su ropa de viuda.

20 Cuando Judá le envió el chivito por medio de su amigo, el adulamita, para rescatar la prenda que había quedado en manos de la mujer, este no pudo encontrarla.

21 Entonces preguntó a la gente del lugar: «¿Dónde está esa prostituta que se sentaba en Enaim, al borde del camino?». Ellos le respondieron: «Allí nunca hubo una prostituta».

22 El regresó y dijo a Judá: «No la pude encontrar. Además, la gente del lugar me aseguró que allí nunca hubo una prostituta».

23 Judá replicó: «Que se quede con todo, porque de lo contrario nos pondremos en ridículo. Yo cumplí mandándole el cabrito, y tú no la encontraste».

24 Unos tres meses más tarde, notificaron a Judá: «Tu nuera Tamar se ha prostituido, y en una de sus andanzas quedó embarazada». Entonces Judá exclamó: «Sáquenla afuera y quémenla viva».

25 Pero cuando la iban a sacar, ella mandó decir a su suegro: «Estas cosas pertenecen al hombre que me dejó embarazada. Averigua quién es el dueño de este sello, este cordón y ese bastón».

26 Al reconocerlos, Judá declaró: «Ella es más justa que yo, porque yo no le di a mi hijo Selá». Y no volvió a tener relaciones con ella.

Los hijos de Tamar

27 Llegado el momento del parto, resultó que en su seno había mellizos.

28 Mientras daba a luz, uno de ellos extendió su mano, y la partera le ató en ella un hilo escarlata, diciendo: «Este ha sido el primero, en salir».

29 Pero luego retiró su mano, y el otro salió antes. Entonces ella dijo: «¡Cómo te has abierto una brecha!». Por eso fue llamado Peres.

30 Después salió su hermano, con el hilo escarlata, y por eso lo llamaron Zéraj.

GÉNESIS 39

José, mayordomo de Putifar

1 Cuando José fue llevado a Egipto, Putifar –un egipcio que era funcionario del Faraón, capitán de guardias– lo compró a los ismaelitas que lo habían llevado allí.

2 Pero como el Señor estaba con José, la suerte lo favoreció, y quedó en la casa de su patrón, el egipcio.

3 Al ver que el Señor estaba con él y hacía prosperar todas las obras que realizaba,

4 su patrón lo miró con buenos ojos y lo nombró su mayordomo, poniéndolo al frente de su casa y confiándole la administración de todos sus bienes.

5 A partir del momento en que le encomendó el cuidado de su casa y de todas sus posesiones, el Señor bendijo la casa del egipcio, en atención a José. La bendición del Señor se extendía a todas sus posesiones, dentro y fuera de la casa.

6 Por eso dejó a cargo de José todo lo que poseía, y ya no se preocupó más de nada, fuera del alimento que comía.

José y la mujer de Putifar

    Como José era apuesto y de buena presencia,

7 después de un tiempo, la esposa de su patrón fijó sus ojos en él y le dijo: «Acuéstate conmigo».

8 Pero él se negó y respondió a la mujer: «Teniéndome a mí, mi patrón ya no piensa en los asuntos de su casa, porque me ha confiado todo lo que posee.

9 El mismo no ejerce más autoridad que yo en esta casa, y no me ha impuesto ninguna restricción, fuera del respeto que te es debido, ya que eres su esposa. ¿Cómo entonces voy a cometer un delito tan grave y a pecar contra Dios?».

10 Y por más que ella lo instigaba día tras día, él no accedió a acostarse con ella y a ser su amante.

11 Pero un día, José entró en la casa para cumplir con sus obligaciones, en el preciso momento en que todo el personal de servicio se encontraba ausente.

12 Entonces ella lo tomó de la ropa y le insistió: «Acuéstate conmigo». Pero él huyó, dejando su manto en las manos de la mujer, y se alejó de allí.

13 Cuando ella vio que José había dejado el manto entre sus manos y se había escapado,

14 llamó a sus servidores y les dijo: «¡Miren! Mi marido nos ha traído un hebreo, sólo para que se ría de nosotros. El intentó acostarse conmigo, pero yo grité lo más fuerte que pude.

15 Y cuando me oyó gritar pidiendo auxilio, dejó su manto a mi lado y se escapó».

El arresto de José

16 Ella guardó el manto de José hasta que regresó su marido,

17 y entonces le contó la misma historia: «El esclavo hebreo que nos trajiste se ha burlado de mí y pretendió violarme.

18 Pero cuando yo grité pidiendo auxilio, él dejó su manto a mi lado y se escapó».

19 Al oír las palabras de su mujer: «Tu esclavo me hizo esto y esto», su patrón se enfureció,

20 hizo detener a José, y lo puso en la cárcel donde estaban recluidos los prisioneros del rey. Así fue a parar a la cárcel.

21 Pero el Señor estaba con José y le mostró su bondad, haciendo que se ganara la simpatía del jefe de los carceleros.

22 Este confió a José todos los presos que había en la cárcel, y él dirigía todo lo que allí se hacía.

23 El jefe de los carceleros no vigilaba absolutamente nada de lo que había confiado a José, porque el Señor estaba con él y hacía prosperar todo lo que él realizaba.

GÉNESIS 40

Los sueños de los funcionarios del Faraón

1 Después de estos acontecimientos, el copero y el panadero del rey de Egipto ofendieron a su señor.

2 El Faraón se irritó contra sus dos funcionarios –el copero mayor y el panadero mayor–

3 y los hizo poner bajo custodia en la casa del capitán de guardias, en la misma cárcel donde estaba preso José.

4 El capitán de guardias encargó a José que se ocupara de servirlos, y así estuvieron arrestados durante un tiempo.

5 Una vez, mientras estaban presos en la cárcel, el copero y el panadero del rey de Egipto tuvieron un sueño en el transcurso de una misma noche, cada sueño con su significado propio.

6 A la mañana siguiente, cuando José fue a verlos, los encontró deprimidos.

7 «¿Por qué están hoy con la cara triste?», preguntó a los funcionarios del Faraón que estaban arrestados con él en la casa de su señor.

8 Ellos le respondieron: «Hemos tenido un sueño, y aquí no hay nadie que lo interprete». José les dijo: «La interpretación es obra de Dios; pero de todos modos cuéntenme lo que soñaron».

9 El copero relató su sueño a José. «Yo soñé, le dijo que delante de mí había una vid,

10 y en ella, tres sarmientos. Apenas la vid dio brotes, salieron sus flores y maduraron las uvas en los racimos.

11 La copa del faraón estaba en mi mano: yo tomé las uvas, las exprimí en esa copa, y la puse en la mano del Faraón».

12 José le dijo: «La interpretación es la siguiente: los tres racimos representan tres días,

13 Dentro de tres días, el Faraón te indultará, te restituirá a tu cargo, y tú pondrás la copa en su mano, como acostumbrabas a hacerlo antes, cuando eras su copero.

14 Y cuando mejore tu suerte, si todavía recuerdas que yo estuve aquí contigo, no dejes de hacerme este favor: háblale de mí al Faraón, y trata de sacarme de este lugar.

15 Porque yo fui traído por la fuerza del país de los hebreos, y aquí no hice nada para que me pusieran en la cárcel».

16 El panadero mayor, al ver con qué acierto había interpretado el sueño, dijo a José: «Yo, por mi parte, soñé que tenía sobre mi cabeza tres canastas de mimbre.

17 En la canasta más elevada, había de todos los productos de panadería que come el Faraón, y los pájaros comían de esa canasta que estaba encima de mi cabeza».

18 José le respondió: «La interpretación es la siguiente: las tres canastas representan tres días.

19 Dentro de tres días el Faraón te hará decapitar, te colgará de un poste, y los pájaros comerán tu carne».

20 Efectivamente, al tercer día se festejaba el cumpleaños del Faraón, y este agasajó con un banquete a todos sus servidores. Entonces reconsideró las causas del copero mayor y del panadero mayor en medio de sus servidores,

21 y restituyó en su cargo al copero mayor, de manera que este volvió a poner la copa en la mano del Faraón;

22 en cambio, mandó colgar al panadero mayor, conforme a la interpretación que les había dado José.

23 Sin embargo, el copero mayor ya no pensó más en José, sino que se olvidó de él.

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Publicado el 24 agosto, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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