ISAÍAS 31-35

ISAÍAS 31

1 ¡Ay de los que bajan a Egipto para pedir ayuda, y buscan apoyo en los caballos! Ellos confían en los carros, porque son numerosos, y en los jinetes, porque son muy fuertes, pero no miran el Santo de Israel ni consultan al Señor.

2 Sin embargo, él también es sabio: hace venir la desgracia y no revoca su palabra, se levanta contra la casa de los malvados y contra la ayuda de los malhechores.

3 Los egipcios son hombres y no dioses, sus caballos son carne y no espíritu. Cuando el Señor extienda su mano, tropezará el que ayuda, y caerá el que es ayudado, y todos juntos desaparecerán.

4 Porque así me ha hablado el Señor: Como gruñe el león o el cachorro de león sobre su presa, cuando se llama contra él a todos los pastores, sin dejarse intimidar por sus gritos ni amedrentarse por el tumulto, así el Señor de los ejércitos bajará a combatir sobre la montaña de Sión y su colina.

5 Como pájaros que revolotean, así el Señor de los ejércitos protegerá a Jerusalén: él protegerá, salvará, perdonará, librará.

6 ¡Vuelvan, israelitas, a aquel de quien se han apartado tanto!

7 Sí, en aquel día, cada uno rechazará sus ídolos de plata y sus ídolos de oro esos que ustedes se han fabricado con sus manos pecadoras.

8 Asiria caerá bajo una espada que no es de un hombre, una espada no humana la devorará: ella huirá delante de la espada y sus jóvenes irán a trabajos forzados.

9 Su roca huirá aterrorizada, y sus jefes, espantados. abandonarán el estandarte. –oráculo del Señor, que tiene su fuego en Sión y su horno en Jerusalén–.

ISAÍAS 32

1 Sí, un rey reinará conforme a la justicia y los príncipes gobernarán según el derecho.

2 Ellos serán como un refugio contra el viento, como un reparo contra la tormenta, como una corriente de agua en suelo árido, como la sombra de un peñasco en tierra reseca

3 No se obnubilarán los ojos de los que ven y los oídos de los que oyen estarán atentos;

4 el irreflexivo aprenderá a comprender y la lengua tartamuda hablará con soltura y claridad.

5 Ya no se llamará noble al necio ni se dará al sinvergüenza un título honorífico.

6 Porque el necio dice necedades y su corazón maquina el mal, para proceder con impiedad y proferir aberraciones contra el Señor para dejar al hambriento con el estómago vacío y privar de bebida al sediento.

7 En cuanto al sinvergüenza. usa malas artes, no planea más que infamias, para arruinar a los indigentes con engaños, cuando el pobre reclama su derecho.

8 El hombre noble, en cambio, piensa noblemente y se mantiene firme en su nobleza.

9 ¡De pie, mujeres indolentes, escuchen mi voz! ¡Presten oído a mi palabra, mujeres demasiado confiadas!

10 Dentro de un año y nos días, ustedes temblarán, mujeres confiadas, porque terminará la vendimia y no llegará la cosecha.

11 ¡Tiemblen, indolentes, estremézcanse, confiadas, desvístanse, desnúdense, cíñanse la cintura!

12 Laméntense por los campos, por los campos deliciosos, por las viñas fértiles,

13 por el suelo de mi pueblo, porque crecerán espinas y zarzas en todas las casas felices de la ciudad alegre.

14 Sí, la ciudadela ha quedado desierta y la ciudad tumultuosa, abandonada, Ofel y la Torre de guardia serán madrigueras para siempre, delicia de los asnos salvajes, pastizal para los rebaños…

15… hasta que sea infundido en nosotros un espíritu desde lo alto. Entonces el desierto será un vergel y el vergel parecerá un bosque.

16 En el desierto habitará el derecho y la justicia morará en el vergel.

17 La obra de la justicia será la paz, y el fruto de la justicia, la tranquilidad y la seguridad para siempre.

18 Mi pueblo habitará en un lugar de paz, en moradas seguras, en descansos tranquilos

19 –pero la selva caerá abatida y la ciudad será humillada por completo–.

20 ¡Felices ustedes, los que siembran junto al agua. los que dejan sueltos al buey y al asno!

ISAÍAS 33

1 ¡Ay de ti, devastador que no has sido devastado, traidor, a quien no han traicionado! Cuando termines de devastar, serás devastado, cuando acabes de traicionar, te traicionarán a ti.

2 Señor, ten piedad de nosotros, nosotros esperamos en ti. Sé nuestro brazo cada mañana y nuestra salvación en el tiempo de la angustia.

3 Al estruendo de tu voz, huyen los pueblos; cuando te alzas, se dispersan las naciones.

4 Como arrasa la oruga, se recoge el botín; se abalanzan sobre él, como una bandada de langostas.

5 El Señor es sublime porque habita en las alturas: él llena a Sión con el derecho y la justicia,

6 él será la seguridad de tus días. La sabiduría y la ciencia son la riqueza salvadora; el temor del Señor, ese es su tesoro.

7 La gente de Ariel grita por las calles, los mensajeros de paz lloran amargamente.

8 Los senderos están desolados, nadie transita por los caminos. Se ha roto la alianza, se rechaza a los testigos, no se tiene en cuenta a nadie.

9 La tierra está de duelo y desfallece, el Líbano pierde el color y se marchita, el Sarón se ha convertido en una estepa, el Basán y el Carmelo se deshojan.

10 «Ahora me levantaré, dice el Señor, ahora me erguiré. ahora me alzaré.

11 Ustedes han concebido hecho y darán a luz paja; mi soplo es un fuego que los va a devorar.

12 Los pueblos serán calcinados, como espinas cortadas, arderán en el fuego.

13 Los que están lejos, escuchen lo que hice; los que están cerca, reconozcan mi poder».

14 Están aterrados en Sión los pecadores, un temblor invade a los impíos: «¿Quién de nosotros habitará en una hoguera eterna?».

15 El que obra con justicia y que habla con rectitud, el que rehúsa una ganancia extorsionada, el que sacude sus manos para no retener el soborno, el que tapa sus oídos a las propuestas sanguinarias, el que cierra los ojos para no ver la maldad:

16 ese hombre habitará en las alturas, rocas fortificadas serán su baluarte, se le dará su pan y tendrá el agua asegurada.

17 Tus ojos verán a un rey en su hermosura, contemplarán un país que se extiende a lo lejos.

18 Tú evocarás lo que te horrorizaba: «¿Dónde está el que contaba, donde el que pesaba, dónde el que numeraba las torres?».

19 Ya no verás más a aquel pueblo brutal, aquel pueblo de lengua impenetrable, que tartamudea en un idioma incomprensible.

20 Mira a Sión, la ciudad de nuestras fiestas, que tus ojos vean a Jerusalén, morada tranquila, carpa que no será desplazada, cuyas estacas no serán arrancadas y cuyas cuerdas no se romperán.

21 Porque allí el Señor se muestra magnífico con nosotros, como un lugar de ríos, de canales anchurosos, por donde no circula ningún barco a remos ni atraviesa ningún navío poderoso.

23 ¡Se aflojan tus cordajes, ya no sostienen el mástil, ni se despliega el pabellón!

22 Porque el Señor es nuestro Juez, el Señor es nuestro Legislador, el Señor es nuestro Rey: él nos salvará.

23d Entonces se repartirán un inmenso botín, hasta los tullidos participarán del saqueo.

24 Ningún habitante dirá: «Me siento mal», y al pueblo que habita allí le será perdonada su culpa.

ISAÍAS 34

1 ¡Acérquense, naciones, para oír; pueblos, presten atención! ¡Escuche la tierra y todo lo que hay en ella, el mundo y todo lo que él produce!

2 Porque el Señor está irritado contra todas las naciones y enfurecido contra todos sus ejércitos: los ha consagrado al exterminio, los ha destinado a la matanza.

3 Sus víctimas son arrojadas fuera, de sus cadáveres sube el hedor, y con su sangre se disuelven las montañas.

4 Se diluye todo el ejército del cielo, los cielos son enrollados como un pliego, y todo su ejército se marchita como se marchita el follaje de la vid, como cae marchita la hija de la higuera.

5 Porque mi espada se abrevó en el cielo: miren cómo baja sobre Edom, sobre el pueblo que he condenado al juicio.

6 La espada del Señor está llena de sangre, impregnada de grasa, de la sangre de corderos y chivos, de la grasa de riñones de carneros. Porque el Señor tiene un sacrificio en Bosrá, una gran matanza en el país de Edom.

7 Caen los búfalos con los terneros cebados, los novillos con los toros: su tierra se abreva con sangre, su suelo se impregna de grasa.

8 Porque es un día de venganza para el Señor, un año de desquite para la causa de Sión.

9 Sus torrentes se transformarán en resina y su suelo en azufre; su tierra se convertirá en resina ardiente,

10 que no se extinguirá ni de día ni de noche: la humareda subirá incesantemente. Quedará desierta de generación en generación, nunca más pasará nadie por allí.

11 Se adueñarán de ella el pelícano y el erizo, la lechuza y el cuervo habitarán allí. Se extenderá sobre ella la plomada del caos y el nivel del vacío.

12 Los nobles no proclamarán más un rey y todos sus príncipes serán aniquilados.

13 En sus palacios crecerán zarzas, en sus fortalezas, ortigas y espinas; será una morada de chacales, una guarida de avestruces.

14 Las fieras del desierto se juntarán con las hienas, los sátiros se llamarán unos a otros. Allí también descansará Lilit y tendrá un lugar de reposo.

15 Allí anidará la serpiente y pondrá sus huevos, los incubará y los hará empollar; y allí también se reunirán los buitres, cada uno con su pareja.

16 Consulten el libro del Señor y lean: no falta ninguno de ellos, ni uno solo ha perdido su pareja, porque lo ha mandado la boca del Señor y su espíritu los ha congregado.

17 El mismo ha echado la suerte para ellos, su mano les asignó una parte con la cuerda: ellos la poseerán para siempre, habitará allí de generación en generación.

ISAÍAS 35

1 ¡Regocíjese el desierto y la tierra reseca, alégrese y florezca la estepa!

ISAIAS 35.1

2 ¡Sí, florezca como el narciso, que se alegre y prorrumpa en cantos de júbilo! Le ha sido dada la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo y del Sarón. Ellos verán la gloria del Señor, el esplendor de nuestro Dios.

3 Fortalezcan los brazos débiles, robustezcan las rodillas vacilantes;

ISAIAS 35.3

LECTURA DEL LIBRO DE ISAÍAS (35,4-7a):

4 digan a los que están desalentados: «¡Sean fuertes, no teman: ahí está su Dios! Llega la venganza, la represalia de Dios: él mismo viene a salvarlos!».

ISAIAS 35.4

5 Entonces se abrirán los ojos de los ciegos y se destaparán los oídos de los sordos;

Isaías-355

6 entonces el tullido saltará como un ciervo y la lengua de los mudos gritará de júbilo. Porque brotarán aguas en el desierto y torrentes en la estepa;

7 el páramo se convertirá en un estanque y la tierra sedienta en manantiales; la morada donde se recostaban los chacales será un paraje de caña y papiros.

8 Allí habrá una senda y un camino que se llamará «Camino santo». No lo recorrerá ningún impuro ni los necios vagarán por él;

9 no habrá allí ningún león ni penetrarán en él las fieras salvajes. Por allí caminarán los redimidos,

10 volverán los rescatados por el Señor; y entrarán en Sión con gritos de júbilo, coronados de una alegría perpetua: los acompañarán el gozo y la alegría, la tristeza y los gemidos se alejarán.

 ISAIAS 35.10

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Publicado el 25 agosto, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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