NEHEMÍAS 6-9

NEHEMÍAS 6

1 Cuando Sambalat, Tobías, Guésem, el árabe, y los demás enemigos nuestros supieron que yo había reconstruido las murallas y que no quedaba en ellas ninguna brecha –aunque hasta entonces no había colocado las hojas de las puertas–

2 Sambalat y Guésem mandaron a decirme: «Ven a entrevistarte con nosotros en Quefirím, en el valle de Onó». Pero, en realidad, lo que se proponían era hacerme el mal.

3 Entonces les envié unos mensajeros para decirles: «Tengo muchísimo trabajo, y no puedo bajar. ¿Por qué va a suspenderse la obra mientras yo la abandono por bajar a verlos?».

4 Cuatro veces me hicieron la misma invitación, y siempre les di la misma respuesta.

5 Por quinta vez, Sambalat me mandó a decir lo mismo por medio de su servidor, que traía en la mano una carta abierta.

6 En ella estaba escrito: «Se oye decir entre la gente –y lo confirma Gasmú– que tú y los judíos piensan sublevarse, y por eso reconstruyes las murallas. Según esos rumores, tú vas a ser su rey,

7 e incluso has establecido profetas para que proclamen en Jerusalén, refiriéndose a ti: «¡Hay un rey en Judá!». Y ahora el rey va a ser informado de todo esto. Ven, entonces, y pongámonos de acuerdo».

8 Yo le mandé a decir: «No ha sucedido nada de lo que tú dices, sino que son puras invenciones tuyas».

9 En realidad, lo que ellos querían eran intimidarnos, pensando: «Sus manos se cansarán de trabajar, y la obra no se realizará». ¡Y ahora, Señor, fortalece mis manos!

10 Entonces fui a la casa de Semaías, hijo de Delaías, hijo de Mehetabel, que se hallaba impedido, y él dijo: «Encontrémonos en la Casa de Dios, en el interior del Templo, y cerremos sus puertas; porque van a venir a matarte y esta es la noche en que vendrán a hacerlo».

11 Yo repliqué: «¿Va a huir un hombre como yo? ¿Y qué hombre de mi condición podría entrar en el Templo y permanecer con vida? ¡No entraré!».

12 Yo había reconocido, en efecto, que no era Dios el que lo había enviado: si había pronunciado esa profecía acerca de mí, era porque lo había enviado Tobías.

13 Lo habían sobornado para que yo me dejara intimidar y, obrando de esa manera, cometiera un pecado. Así me habrían infamado, para cubrirme de oprobio.

14 Acuérdate, Dios mío, de Tobías, por lo que hizo, y también de Noadías, la profetisa, y de todos los demás profetas que trataban de intimidarme.

15 Las murallas quedaron terminadas el día veinticinco de Elul, al cabo de cincuenta y dos días.

16 Cuando todos nuestros enemigos se enteraron, todas las naciones vecinas quedaron vivamente impresionadas; se sintieron muy humilladas a sus propios ojos y reconocieron que el trabajo había sido ejecutado gracias a nuestro Dios.

17 Aun en aquellos días, algunos notables de Judá se carteaban frecuentemente con Tobías,

18 porque estaban ligados a él por un juramento, ya que era yerno de Secanías, hijo de Ará, y su hijo Iojanán se había casado con la hija de Mesulam, hijo de Berequías.

19 Ellos hablaban bien de él en mi presencia y le transmitían mis palabras. Tobías, por su parte, enviaba cartas para intimidarme.

NEHEMÍAS 7

1 Cuando estuvieron reconstruidas las murallas y yo coloqué las hojas de las puertas, fueron instalados porteros, como así también cantores y levitas.

2 Puse al frente de Jerusalén a mi hermano Jananí, y designé a Ananías comandante de la ciudadela, porque era un hombre de confianza y temeroso de Dios, más que muchos otros.

3 Luego les dije: «Las puertas de Jerusalén no se abrirán hasta que comience a calentar el sol, y antes que se haya puesto, se las cerrará con barras. Además, los habitantes de Jerusalén montarán guardia, cada uno en su puesto, cada uno en frente de su casa. Lista de los primeros repatriados

4 La ciudad era amplia en todo sentido y espaciosa, pero la población era poco numerosa y no se reconstruían las casas.

5 Por eso mi Dios me inspiró reunir a los notables, a los magistrados y al pueblo, para hacer el registro genealógico. Busqué el registro de los que habían subido al comienzo y encontré escrito lo siguiente:

6 Estas son las personas de la provincia que volvieron de la cautividad y del exilio. Después de haber sido deportadas por Nabucodonosor, rey de Babilonia, volvieron a Jerusalén y a Judá, cada cual a su ciudad.

7 Llegaron con Zorobabel, Josué, Nehemías, Azarías, Raamías, Najamaní, Mardoqueo, Bilsán, Mispéret, Bigvai, Nejúm y Baaná. Lista de los hombres del pueblo de Israel:

8 los hijos de Parós: 2.172;

9 los hijos de Sefatías: 372;

10 los hijos de Araj: 652;

11 los hijos de Pajat Moab, es decir, los hijos de Josué y de Joab: 2.818

12 los hijos de Elam: 1.254;

13 los hijos de Zatú: 845;

14 los hijos de Sacai: 760;

15 los hijos de Binui: 648;

16 los hijos de Bebai: 628;

17 los hijos de Azgad: 2.322;

18 los hijos de Adonicam: 667;

19 los hijos de Bigvai: 2.067;

20 los hijos de Adín: 655;

21 los hijos de Ater, por parte de Ezequías: 98;

22 los hijos de Jasún: 328;

23 los hijos de Besai: 324;

24 los hijos de Jarif: 112;

25 los hijos de Gabaón: 95;

26 los hombres de Belén y Netofá: 188;

27 los hombres de Anatot: 128;

28 los hombres de Bet Azmávet: 42;

29 los hombres de Quiriat Iearím, Quefirá y Beerot: 743;

30 los hombres de Ramá y Gueba: 621;

31 los hombres de Micmás: 122;

32 los hombres de Betel y de Ai: 123;

33 los hombres de Nebo: 52;

34 los hijos del otro Elam: 1.254;

35 los hijos de Jarím: 320 ;

36 los hijos de Jericó: 345;

37 los hijos de Lod, Jadid y Onó: 721;

38 los hijos de Senaá: 3.930.

39 Sacerdotes: los hijos de Iedaías, de la casa de Josué: 973;

40 los hijos de Imer: 1.052;

41 los hijos de Pasjur: 1.247;

42 los hijos de Jarím: 1.017.

43 Levitas: Los hijos de Josué, es decir, de Cadmiel y de los hijos de Hodvá: 74.

44 Cantores: los hijos de Hodvá: 74

45 Porteros: los hijos de Salúm, los hijos de Ater, los hijos de Talmón; los hijos de Acub, los hijos de Jatitá, los hijos de Sobai: 138.

46 Empleados del Templo: los hijos de Sigá, los hijos de Jasufá, los hijos de Tabaot,

47 los hijos de Querós, los hijos de Sía, los hijos de Padón,

48 los hijos de Lebaná, los hijos de Jagabá, los hijos de Salmai,

49 los hijos de Janán, los hijos de Guidel, los hijos de Gajar,

50 los hijos de Reaías, los hijos de Resín, los hijos de Necodá,

51 los hijos de Gazán, los hijos de Uzá, los hijos de Paséaj,

52 los hijos de Besai, los hijos de los meunitas, los hijos de los nefisitas,

53 los hijos de Bacbuc, los hijos de Jacufá, los hijos de Jarjur,

54 los hijos de Baslit, los hijos de Mejidá, los hijos de Jarsá,

55 los hijos de Barcós, los hijos de Jacufá, los hijos de Jarjur,

56 los hijos de Nesíaj, los hijos de Jatifá,

57 hijos de los esclavos de Salomón: los hijos de Sotai, los hijos de Soféret, los hijos de Peridá,

58 los hijos de Iaalá, los hijos de Darcón, los hijos de Guidel,

59 los hijos de Sefatías, los hijos de Jatil, los hijos de Poquéret Ha Sebaim, los hijos de Amón.

60 Total de los empleados del Templo y de los hijos de los esclavos de Salomón: 392.

61 Provenientes de Tel Melaj, Tel Jarsá, Querub, Adón e Imer, que no pudieron probar si su familia y su raza eran de origen israelita:

62 los hijos de Delaías, los hijos de Tobías, los hijos de Necodá: 642.

63 Y entre los sacerdotes, los hijos de Jobaías, los hijos de Jacós, los hijos de Barzilai, que se había casado con una de las hijas de Barzilai, el Gaaladita, y adoptó el nombre de este.

64 Estos buscaron el registro de sus genealogías, pero no lo encontraron; por eso se los excluyó del sacerdocio como ilegítimos,

65 y el gobernador les prohibió comer de las ofrendas sagradas, hasta que un sacerdote consultara a Dios por medio del Urím y el Tumín.

66 Toda la asamblea comprendía 42.360 personas,

67 sin contar sus servidores y servidoras, que eran 7.337. Había también 245 cantores y cantoras.

68 Sus camellos eran 435 y sus asnos 6.720.

69 Algunos jefes de familia hicieron ofrendas voluntarias para la obra. El gobernador entregó al Tesoro 1.000 monedas de oro, 50 copas, 30 túnicas sacerdotales y 500 minas de plata.

70 Los jefes de familia entregaron al Tesoro de la obra 20.000 monedas de oro y 2.200 minas de plata.

71 Lo que entregó el resto del pueblo ascendió a 20.000 monedas de oro, 2.000 monedas de plata y 67 túnicas sacerdotales.

72 Los sacerdotes, los levitas, los porteros, los cantores, una parte del pueblo, los empleados del Templo y todo Israel se establecieron en sus ciudades. Al llegar el séptimo mes, los israelitas estaban establecidos en ellas.

LECTURA DEL LIBRO DE NEHEMÍAS (8,1-4a.5-6.7b-12):

NEHEMÍAS 8

1 Todo el pueblo se reunió como un solo hombre en la plaza que está ante la puerta del Agua. Entonces dijeron a Esdras, el escriba, que trajera el libro de la Ley de Moisés, que el Señor había dado a Israel.

2 El sacerdote Esdras trajo la Ley ante la Asamblea, compuesto por los hombres, las mujeres y por todos los que podían entender lo que se leía. Era el primer día del séptimo mes.

3 Luego, desde el alba hasta promediar el día, leyó el libro en la plaza que está ante la puerta del Agua, en presencia de los hombres, de las mujeres y de todos los que podían entender. Y todo el pueblo seguía con atención la lectura del libro de la Ley.

4 Esdras, el escriba, estaba de pie sobre una tarima de madera que habían hecho para esa ocasión. Junto a él, a su derecha, estaban Matitías, Semá, Anaías, Urías, Jilquías y Maaseías, y a su izquierda Pedaías, Misael, Malquías, Jasúm, Jasbadaná, Zacarías y Mesulam.

5 Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo –porque estaba más alto que todos– y cuando lo abrió, todo el pueblo se puso de pie.

6 Esdras bendijo al Señor, el Dios grande y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: «¡Amén! ¡Amén!». Luego se inclinaron y se postraron delante del Señor con el rostro en tierra.

7 Josué, Baní, Serebías, Iamín, Acub, Sabtai, Hodías, Maaseías, Quelitá, Azarías, Jozabad, Janán y Pelaías –los levitas– exponían la Ley al pueblo, que se mantenía en sus puestos.

8 Ellos leían el libro de la Ley de Dios, con claridad, e interpretando el sentido, de manera que se comprendió la lectura.

9 Entonces Nehemías, el gobernador, Esdras, el sacerdote escriba, y los levitas que instruían al pueblo, dijeron a todo el pueblo: «Este es un día consagrado al Señor, su Dios: no estén tristes ni lloren». Porque todo el pueblo lloraba al oír las palabras de la Ley.

10 Después añadió: «Ya pueden retirarse; coman bien, beban un buen vino y manden una porción al que no tiene nada preparado, porque este es un día consagrado a nuestro Señor. No estén tristes, porque la alegría en el Señor es la fortaleza de ustedes».

NEHEMIAS 8.1011 Y los levitas serenaban al pueblo, diciendo: «¡Tranquilícense! Este día es santo: no estén tristes».

12 Todo el pueblo se fue a comer y a beber, a repartir porciones y a hacer grandes festejos, porque habían comprendido las palabras que les habían enseñado. La celebración de la fiesta de las Chozas

13 El segundo día, los jefes de familia de todo el pueblo, los sacerdotes y los levitas se reunieron junto a Esdras, el escriba, para profundizar las palabras de la Ley.

14 Y en la Ley que el Señor había promulgado por medio de Moisés, encontraron escrito que los israelitas debían habitar en chozas durante la Fiesta del Séptimo mes,

15 y que debían anunciarlo y publicar la proclama por todas sus ciudades y por Jerusalén, en estos términos: «Salgan a la montaña y traigan ramas de olivo, de olivo silvestre, de mirto, de palmera y de árboles frondosos, para hacer chozas, como está escrito».

16 El pueblo fue a buscar ramas, y se hicieron chozas sobre sus techos, en sus patios y en los atrios de la Casa de Dios, en la plaza de la puerta del Agua y en la plaza de la puerta de Efraím.

17 Toda la asamblea de los que habían vuelto del cautiverio hicieron chozas y habitaron en ellas. Desde los días de Josué, hijo de Nun, hasta ese día, los israelitas no habían hecho nada igual. La alegría fue muy grande.

18 Día tras día, desde el primer día de la semana hasta el último, se leyó el libro de la Ley de Dios. Durante siete días se celebró la Fiesta, y el octavo día hubo una asamblea solemne, como está establecido.

NEHEMÍAS 9

1 El día veinticuatro de ese mes, los israelitas se reunieron para un ayuno, vestidos de sayales y cubiertos de polvo.

2 Los de la estirpe de Israel se separaron de todos los extranjeros y se presentaron para confesar sus pecados y las faltas de sus padres.

3 Una vez ubicados en sus puestos, durante una cuarta parte del día se leyó el libro de la Ley del Señor, su Dios, y durante otra cuarta parte, confesaron sus pecados y se postraron delante del Señor, su Dios.

4 Sobre la tribuna de los levitas se levantó Josué, junto con Binuí, Cadmiel, Sebanías, Buní, Serebías, Baní y Quenaní, y clamaron en alta voz al Señor, su Dios.

5 Luego los levitas Josué, Cadmiel, Baní, Jasbanías, Serebías, Hodías, Sebanías y Petajías dijeron: «¡Levántense, bendigan al Señor, su Dios, desde siempre y para siempre! Sea bendecido tu Nombre glorioso, que supera toda bendición y alabanza».

6 Y Esdras dijo: «¡Tú eres el Señor, sólo tú! Tú hiciste los cielos, lo más alto del cielo y todo su ejército, la tierra y todo lo hay en ella, los mares y todo lo que contienen, A todo eso le das vida. y el ejército del cielo se postra ente ti.

7 Tú, Señor, eres el Dios que elegiste a Abram, lo hiciste salir de Ur de los caldeos y le pusiste por nombre Abraham.

8 Al ver que su corazón te era fiel, concluiste con él la alianza, para darle el país de los cananeos, de los hititas, de los amorreos, de los perizitas, de los jebuseos y guirgasitas, y para dárselo a su descendencia. Y has cumplido tus palabras, porque eres justo.

9 Tú viste la miseria de nuestros padres en Egipto, oíste su clamor junto al Mar Rojo,

10 Hiciste signos y prodigios contra el Faraón, contra sus servidores y todo el pueblo de su país, porque sabías con qué arrogancia los habían tratado; así adquiriste un renombre que perdura hasta hoy.

11 Abriste ante ellos el mar, y ellos lo cruzaron sin mojarse los pies; pero a sus perseguidores los hundiste en el abismo, como una piedra en las aguas caudalosas.

12 Los guiaste de día con una columna de nube y de noche, con una columna de fuego, para iluminarles el camino que debían recorrer.

13 Tú bajaste a la montaña del Sinaí y hablaste con ellos desde el cielo; les diste normas justas y leyes fidedignas, preceptos y mandamientos excelentes.

14 Les hiciste conocer tu santo día sábado y les prescribiste mandamientos, preceptos y una Ley, por medio de Moisés, tu servidor.

15 Tú les diste pan del cielo para saciar su hambre, hiciste brotar agua de la roca para calmar su sed, y les mandaste ir a tomar posesión de la tierra que, con la mano en alto, habías jurado darles.

16 Pero nuestros padres se mostraron arrogantes, se obstinaron y desoyeron tus mandamientos.

17 Se negaron a obedecer, sin acordarse de las maravillas que habías hecho por ellos; se obstinaron, empecinándose en volver a su servidumbre en Egipto. Pero tú eres el Dios del perdón, compasivo y misericordioso, lento para enojarte y lleno de fidelidad; por eso, no los has abandonado.

18 Ellos se fabricaron un ternero de metal fundido, diciendo: «Aquí está tu Dios, el que te hizo salir de Egipto», y así cometieron un gran ultraje.

19 Pero aún entonces, por tu gran misericordia, no los abandonaste en el desierto: la columna de nube no se alejó de ellos de día, para guiarlos por el camino, no la columna de fuego durante la noche, para iluminarles el camino que debían recorrer.

20 Tú les diste tu buen espíritu, para que supieran discernir; no les quitaste el maná de la boca y les diste agua para calmar su sed.

21 Cuarenta años los sustentaste en el desierto y nunca les faltó nada: no se gastaron sus vestidos ni se les hincharon los pies.

22 Tú les entregaste reinos y pueblos, y se los repartiste como zona fronteriza: tomaron posesión del país de Sijón, rey de Jesbón, y del país de Og, rey de Basán.

23 Multiplicaste sus hijos como las estrellas del cielo, y los introdujiste en la tierra que habías prometido a sus padres en posesión.

24 Los hijos entraron y tomaron posesión del país, y tú sometiste ante ellos a los habitantes del país, los cananeos: los pusiste en sus manos, igual que a sus reyes y a los pueblos del país, para que ellos los trataran a su arbitrio.

25 Así conquistaron plazas fuertes y un suelo fértil; se adueñaron de casas llenas de toda clase de bienes, de cisternas excavadas, viñas y olivares y de árboles frutales en abundancia. Comieron hasta saciarse y engordaron, y por tu gran bondad, vivieron en medio de delicias.

26 Pero después fueron indóciles y se rebelaron contra ti: arrojaron tu Ley a sus espaldas, mataron a los profetas que los conminaban a volver a ti, y cometieron grandes ultrajes.

27 Tú los entregaste en manos de sus opresores, y ellos los oprimían. En el momento de la opresión, clamaban a ti; tú los escuchabas desde el cielo y, por tu gran misericordia, les mandabas salvadores que los salvaban de sus opresores.

28 Pero apenas se sentían tranquilos, volvían a hacer el mal delante de ti, y tú los abandonabas en manos de sus enemigos, que los oprimían; ellos volvían a invocarte y tú los oías desde el cielo: ¡cuántas veces los salvaste por tu misericordia!

29 Tú los conminabas a que volvieran a tu Ley, pero ellos se mostraron arrogantes y no obedecieron tus mandamientos; pecaron contra tus normas, las que el hombre debe cumplir para tener la vida; volvieron la espalda con rebeldía, se obstinaron y no obedecieron.

30 Tú fuiste paciente con ellos durante muchos años; les advertiste con tu espíritu, por medio de tus profetas; pero ellos no escucharon y tú los entregaste en manos de otros pueblos.

31 Sin embargo, por tu gran misericordia, no los has exterminado ni abandonado, porque eres un Dios compasivo y misericordioso.

32 Y ahora, Dios nuestro, Dios grande, poderoso y temible, que mantienes la alianza y la fidelidad, no menosprecies las tribulaciones que nos han sobrevenido a nosotros, a nuestros reyes y a nuestros jefes, a nuestros sacerdotes y profetas, a nuestros padres y a todo tu pueblo, desde los tiempos de los reyes de Asiria hasta el día de hoy.

33 Tú has sido justo en todo lo que nos ha sobrevenido, porque tú has obrado con fidelidad y nosotros cometimos el mal.

34 Sí, nuestros reyes, nuestros jefes, nuestros sacerdotes y nuestros padres no practicaron la ley, no hicieron caso de tus mandamientos ni de las advertencias que les habías hecho.

35 Durante su reinado, en medio de los grandes bienes que les concediste, y en la tierra espaciosa y fértil que les entregaste, ellos no te sirvieron ni se convirtieron de sus malas acciones.

36 Mira que hoy estamos esclavizados, sí, somos esclavos aquí, en el país que diste a nuestros padres, para que gozáramos de sus frutos y de sus bienes.

37 Sus abundantes productos son para los reyes que tú nos has impuesto a causa de nuestros pecados, y ellos disponen a su arbitrio de nuestras personas y nuestro ganado. ¡En qué opresión hemos caído!».

Anuncios

Publicado el 25 agosto, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: