ECLESIÁSTICO 32-37

ECLESIÁSTICO 32

1 ¿Te toca presidir la mesa? No te envanezcas: compórtate con los demás como uno de ellos y atiéndelos bien antes de sentarte.

2 Una vez cumplido todo tu oficio, ocupa tu puesto para alegrarte a causa de los comensales y verte coronado porque todo está en orden.

3 Habla, anciano, porque te corresponde hacerlo, pero con discreción y sin interrumpir la música.

4 Mientras se escucha, no te pongas a charlar ni te hagas el sabio fuera de tiempo

5 Sello de rubí en una alhaja de oro es un concierto musical mientras se bebe vino;

6 sello de esmeralda en un engaste de oro es la música melodiosa sobre la dulzura del vino.

7 Habla, joven, cuando sea necesario, pero dos veces a lo más, y si te preguntan.

8 Habla concisamente, di mucho en pocas palabras: sé como uno que sabe y sin embargo se calla.

9 En medio de los grandes, no pretendas igualarlos, y si otro habla, sé parco en tus palabras.

10 El relámpago brilla antes del trueno y el encanto precede al hombre modesto.

11 Levántate a tiempo, se seas el último en irte, ve derecho a tu casa, sin entretenerte por el camino.

12 Diviértete allí como más te guste, pero sin pecar con palabras arrogantes.

13 Y por todo eso, bendice a tu Creador, que te embriaga con sus bienes.

14 El que teme al Señor acepta ser instruido y los que lo buscan ardientemente alcanzarán su favor.

15 El que busca la Ley se saciará de ella, pero al que finge observarla le sirve de tropiezo.

16 Los que temen al Señor descubren lo que es recto y hacen brillar sus preceptos como una lámpara.

17 El hombre pecador no tolera ningún reproche y encuentra pretextos para hacer lo que quiere.

18 El hombre de consejo no descuida la reflexión; el impío y el arrogante proceden temerariamente.

19 No hagas nada sin el debido consejo y no te arrepentirás de tus acciones.

20 No vayas por un camino lleno de obstáculos y no tropezarás contra las piedras.

21 No te fíes del camino despejado

22 y cuídate hasta de tus hijos.

23 En todo lo que hagas, sé fiel a ti mismo, porque también eso es observar los mandamientos.

24 El que confía en la Ley presta atención a los mandamientos y el que confía en el Señor no sufrirá menoscabo.

ECLESIÁSTICO 33

1 El que teme al Señor no sufrirá ningún mal y en la prueba será librado una y otra vez.

2 Un hombre sabio nunca detesta la Ley, pero el que finge observarla es como un barco en la tempestad.

3 Un hombre inteligente confía en la Ley y la tiene tanta fe como a un oráculo divino.

4 Prepara lo que vas a decir, y así serás escuchado, resume lo que sabes, y luego responde.

5 Los sentimientos del necio son una rueda de carro y su conversación, como un eje que da vueltas.

6 Un amigo burlón es como un caballo en celo: relincha bajo cualquier jinete.

7 ¿Por qué un día es más importantes que otro, si a todos los días del año la luz les viene del sol?

8 Es la ciencia del Señor la que los hizo diferentes, y él diversificó los tiempos y las fiestas:

9 a unos días los exaltó y consagró, y a otros los computó entre los días ordinarios.

10 Todos los hombres provienen del suelo, y Adán fue creado de la tierra;

11 pero, en su gran sabiduría, el Señor los distinguió y los hizo marchar por caminos diversos:

12 a unos los bendijo y exaltó, los consagró y los acercó a él; a otros los maldijo y humilló, y los derribó de sus puestos.

13 Como está la arcilla en las manos del alfarero, que dispone de ella según su voluntad, así están los hombres en las manos de su Creador, y él les retribuirá según su decisión.

14 Frente al mal, está el bien y frente a la muerte, la vida: así, frente al hombre bueno, está el pecador.

15 Considera asimismo todas las obras del Altísimo: están de dos en dos, una frente a otra.

16 Yo, el último en llegar, me mantuve alerta como quien recoge detrás de los viñadores.

17 Por la bendición del Señor, he llegado a tiempo, y como un viñador, he llenado el lagar.

18 Sepan que no me fatigué para mí solamente, sino para todos los que buscan la instrucción.

19 Escúchenme, grandes del pueblo, y ustedes, jefes de la asamblea, préstenme atención.

20 Sea hijo o mujer, hermano o amigo, a nadie des autoridad sobre ti mientras vivas. Tampoco entregues tus bienes a otro, no sea que te arrepientas y los tengas que reclamar.

21 Mientras vivas y tengas aliento, no te dejes enajenar por nadie:

22 es mejor que tus hijos te pidan que tener tus ojos fijos en sus manos.

23 En todo lo que hagas, sé tú el que dirige, y no manches con nada tu reputación.

24 Cuando lleguen a su término los días de tu vida, a la hora de la muerte, reparte tu herencia.

25 Al asno el forraje, el bastón y la carga; al servidor el pan, la disciplina y el trabajo.

26 Obliga a trabajar a tu esclavo, y encontrarás descanso; déjalo desocupado, y buscará la libertad.

27 El yugo y las riendas doblegan la nuca, y para el servidor perverso, están la tortura y el tormento.

28 Fuérzalo a trabajar, para que no se quede ocioso, porque el ocio enseña muchas cosas malas.

29 Oblígalo a trabajar como le corresponde, y si no obedece, ata sus pies con cadenas.

30 Pero a nadie le exijas más de la cuenta, y no hagas nada sin justicia.

31 Si no tienes más que un servidor, considéralo como a ti mismo, porque lo has adquirido con sangre;

32 si no tienes más que un servidor, trátalo como a un hermano, porque lo necesitas tanto como a ti mismo.

33 Si tú lo maltratas y él termina por escaparse, ¿por qué camino lo irás a buscar?

ECLESIÁSTICO 34

1 Vanas y engañosas son las esperanzas del insensato, y los sueños dan alas a los necios.

2 Tratar de asir una sombra o correr detrás del viento es dar crédito a los sueños.

3 Las visiones de los sueños no son más que un espejismo: un rostro ante el reflejo de su propia imagen.

4 ¿Puede sacarse algo puro de lo impuro o de la mentira puede salir la verdad?

5 Adivinaciones, augurios y sueños son cosas vanas, puras fantasías, como las de una parturienta.

6 A no ser que los envíe el Altísimo en una visita, no les prestes ninguna atención.

7 Porque los sueños han extraviado a muchos que cayeron por esperar en ellos.

8 La Ley debe cumplirse sin falsedad, y la sabiduría expresada fielmente es perfecta.

9 El que ha viajado mucho sabe muchas cosas, y el hombre de experiencia habla inteligentemente.

10 El que no ha sido probado sabe pocas cosas, pero el que ha andado mucho adquiere gran habilidad.

11 Yo he visto muchas cosas en el curo de mis viajes, y sé mucho más de lo que podría expresar.

12 Muchas veces estuve en peligro de muerte, y gracias a todo eso escapé sano y salvo.

13 El espíritu de los que temen al Señor vivirá, porque han puesto su esperanza en aquel que los salva.

14 El que teme al Señor no se intimida por nada, y no se acobarda, porque él es su esperanza.

15 ¡Feliz el alma del que teme al Señor! ¿En quién se sostiene y cuál es su apoyo?

16 Los ojos del Señor miran a aquellos que lo aman: él es escudo poderoso y apoyo seguro, refugio contra el viento abrasador y el ardor del mediodías, salvaguardia contra el tropiezo y auxilio contra la caída.

17 El levanta el ánimo e ilumina los ojos, da salud, vida y bendición.

18 Ofrecer en sacrificio el fruto de la injusticia es presentar una ofrenda defectuosa, y los dones de los impíos no son aceptados.

19 El Altísimo no acepta las ofrendas de los impíos, y no es por el número de víctimas que perdona los pecados.

20 Como inmolar a un hijo ante los ojos de su padre, es presentar una víctima con bienes quitados a los pobres.

21 Un mendrugo de pan es la vida de los indigentes: el que los priva de él es un sanguinario.

22 Mata a su prójimo el que lo priva del sustento, derrama sangre el que retiene el salario del jornalero.

23 Si uno edifica y otro destruye, ¿qué ganan con eso sino fatigas?

24 Si uno suplica y otro maldice, ¿qué voz escuchará el Dueño de todo?

25 El que vuelve a toca a un muerte después de haberse lavado, ¿qué ha ganado con purificarse?

26 Así es el hombre que ayuda por sus pecados y luego vuelve a cometerlos ¿quién escuchará su plegaria y qué ha ganado con humillarse?

ECLESIÁSTICO 35

1 Observar la Ley es como presentar muchas ofrendas y ser fiel a los mandamientos es ofrecer un sacrificio de comunión;

2 devolver un favor es hacer una oblación de harina y hacer limosna es ofrecer un sacrifico de alabanza.

3 La manera de agradar al Señor es apartarse del mal, y apartarse de la injusticia es un sacrificio de expiación.

4 No te presentes ante el Señor con las manos vacías, porque todo esto lo prescriben los mandamientos.

5 Cuando la ofrenda del justo engrasa el altar, su fragancia llega a la presencia del Altísimo.

6 El sacrificio del justo es aceptado y su memorial no caerá en el olvido.

7 Glorifica al Señor con generosidad y no mezquines las primicias de tus manos.

8 Da siempre con el rostro radiante y consagra el diezmo con alegría.

9 Da al Altísimo según lo que él te dio, y con generosidad, conforme a tus recursos,

10 porque el Señor sabe retribuir y te dará siete veces más.

11 No pretendas sobornarlo con un don, porque no lo aceptaría, y no te apoyes en un sacrificio injusto.

12 Porque el Señor es juez y no hace distinción de personas:

13 no se muestra parcial contra el pobre y escucha la súplica del oprimido;

14 no desoye la plegaria del huérfano, ni a la viuda, cuando expone su queja.

15 ¿No corren las lágrimas por las mejillas de la viuda y su clamor no acusa al que las hace derramar?

16 El que rinde el culto que agrada al Señor, es aceptado, y su plegaria llega hasta las nubes.

17 La súplica del humilde atraviesa las nubes y mientras no llega a su destino, él no se consuela:

18 no desiste hasta que el Altísimo interviene, para juzgar a los justos y hacerles justicia.

19 El Señor no tardará y no tendrá paciencia con los impíos,

20 hasta quebrar el poderío de los despiadados y dar su merecido a las naciones;

21 hasta extirpar la multitud de los prepotentes y quebrar el cetro de los injustos;

22 hasta retribuir a cada hombre según sus acciones, remunerando las obras de los hombres según sus intenciones;

23 hasta juzgar la causa de su pueblo y alegrarlo con su misericordia.

24 ¡Qué hermosa es la misericordia en le momento de la aflicción, como las nubes de lluvia en tiempo de sequía!

ECLESIÁSTICO 36

1 Ten piedad de nosotros, Dueño soberano, Dios de todas las cosas, y mira, infunde tu temor a todas las naciones.

2 Levanta tu mano contra las naciones extranjeras y que ellas vean tu dominio.

3 Así como les manifestaste tu santidad al castigarnos, manifiéstanos también tu grandeza castigándolas a ellas;

4 y que ellas te reconozcan, como hemos reconocido nosotros que no hay otro Dios fuera de ti, Señor.

5 Renueva los signos y repite las maravillas, glorifica tu mano y tu brazo derecho.

6 Despierta tu furor y derrama tu ira, suprime al adversario y extermina al enemigo.

7 Apresura la hora y acuérdate del juramento, para que se narren tus hazañas.

8 Que el fugitivo sea devorado por el ardor del fuego, y que encuentren su perdición los que maltratan a tu pueblo.

9 Aplasta la cabeza de los jefes enemigos, que dicen: «¡No hay nadie fuera de nosotros!».

10 Congrega a todas las tribus de Jacob, y entrégales su herencia, como al comienzo.

11 Ten piedad, Señor, del pueblo que es llamado con tu Nombre, de Israel, a quien trataste como a un primogénito.

12 Ten compasión de Ciudad santa, de Jerusalén, el lugar de reposo.

13 Llena a Sión de alabanzas por tu triunfo, y a tu pueblo, cólmalo de tu gloria.

14 Da testimonio a favor de los que tú creaste en el principio, y cumple las profecías anunciadas en tu Nombre.

15 Dales la recompensa a los que te aguardan, y que se compruebe la veracidad de tus profetas.

16 Escucha, Señor, la oración de los que te suplican, conforme a la bendición de Aarón sobre tu pueblo,

17 para que todos los que viven en la tierra reconozcan que tú eres el Señor, el Dios eterno.

18 El estómago asimila toda clase de alimentos, pero hay unos mejores que otros.

19 El paladar distingue los manjares y el corazón inteligente descubre las mentiras.

20 Un corazón tortuoso provoca contrariedades, pero el hombre de experiencia le da su merecido.

21 Una mujer acepta cualquier marido, pero unas jóvenes son mejores que otras.

22 La hermosura de la mujer alegra el rostro y supera todos los deseos del hombre.

23 Si en sus labios hay bondad y dulzura, su marido ya no es más uno de tantos hombres.

24 El que adquiere una mujer tiene el comienzo de la fortuna, una ayuda adecuada a él y una columna donde apoyarse.

25 Donde no hay valla, la propiedad es saqueada, y donde no hay mujer, el hombre gime y va a la deriva.

26 ¿Quién puede fiarse de un salteador que va rápidamente de ciudad en ciudad?

27 Así sucede con el hombre sin nido, que se alberga donde lo sorprende la noche.

ECLESIÁSTICO 37

1 Todo amigo dice: «También yo soy tu amigo», pero hay amigos que lo son sólo de nombre.

2 ¿No entristece acaso hasta la muerte ver a un amigo querido transformarse en enemigo?

3 ¡Perversa inclinación! ¿De dónde te han hecho rodar para cubrir la tierra de falsedad?

4 ¡Un compañero comparte las alegrías del amigo y en el momento de la aflicción, se vuelve contra él!

5 ¡Otro sufre con el amigo para llenarse su vientre, y a la hora del combate, empuña el escudo!

6 Nunca te olvides de un buen amigo, y acuérdate de él cuando tengas riquezas.

7 Todo el que aconseja recomienda su consejo, pero hay quien aconseja pensando sólo en sí mismo.

8 Sé precavido con el que da consejos y averigua primero qué le hace falta, porque entonces aconsejará lo que le convenga a él; no sea que le dé lo mismo una cosa que otra

9 y te diga: «Vas por el buen camino», mientras se pone enfrente a ver qué te pasa.

10 No consultes al que te subestima, y al que tiene celos de ti, ocúltale tus designios.

11 No pidas consejo a una mujer sobre su rival, ni a un cobarde sobre la guerra, ni a un comerciante sobre un negocio, ni a un comprador sobre una venta, ni a un envidiosos sobre la gratitud, ni a un despiadado sobre un beneficio, ni a un perezoso sobre cualquier trabajo, ni al que trabaja por horas sobre la conclusión de una obra, ni a un servidor holgazán sobre un trabajo difícil: no cuentes con estos para ningún consejo.

12 Pero recurre asiduamente a un hombre piadoso, de quien te consta que cumple los mandamientos, capaz de sentir lo que tú mismo sientes, y que sufrirá contigo si das un traspié.

13 Déjate llevar por lo que te dicta el corazón, porque nadie te será más fiel que él:

14 el alma de un hombre suele advertir a menudo mejor que siete vigías apostados sobre una altura.

15 Y por encima de todo ruego al Altísimo, para que dirija tus pasos en la verdad.

16 Principio de toda obra es la conversación, y antes de toda acción, está el consejo.

17 Raíz de los pensamientos es el corazón, y él hace brotar cuatro ramas:

18 el bien y el mal, la vida y la muerte, y la que decide siempre en todo esto es la lengua.

19 Un hombre puede ser hábil para instruir a muchos y, sin embargo, ser inútil para sí mismo.

20 El que es sabio de labios para afuera, se hace odioso y acabará sin tener qué comer:

21 no se le ha concedido el favor del Señor, porque estaba desprovisto de toda sabiduría.

22 Si un hombre es sabio para sí mismo, los frutos de su inteligencia están en su boca y son dignos de fe.

23 Un hombre sabio instruye a su propio pueblo y los frutos de su inteligencia son dignos de fe.

24 Un hombre sabio es colmado de bendiciones y, al verlo, todos lo felicitan.

25 El hombre tiene sus días contados, pero los días de Israel son incontables.

26 Un hombre sabio se gana la confianza de su pueblo y su nombre sobrevive para siempre.

27 Hijo mío, para tu régimen de comida, pruébate a ti mismo: mira qué te hace mal y prívate de ello.

28 Porque no todo es conveniente para todos ni a todos les gusta lo mismo.

29 No seas insaciable de placeres ni te excedas en las comidas.

30 Porque el exceso en las comidas acarrea enfermedades y la glotonería provoca cólicos.

31 La glotonería causó la muerte de muchos, pero el que se cuida prolongará su vida.

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Publicado el 26 agosto, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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