ECLESIÁSTICO 21-26

ECLESIÁSTICO 21

1 ¿Has pecado, hijo mío? No lo vuelvas a hacer, y pide perdón por tus faltas pasadas.

2 Huye del pecado como de una serpiente, porque si te acercas, te morderá; sus dientes son dientes de león, que arrebatan la vida de los hombres.

3 Toda transgresión es como espada de dos filos: no hay remedio para su herida.

4 La violencia y la soberbia hacen perder las riquezas: así será arrasada la casa del orgulloso.

5 La oración del pobre va de su boca a los oídos del Señor, y la sentencia divina no se hace esperar.

6 El que odia la reprensión sigue las huella del pecador, pero el que teme al Señor se arrepiente de corazón.

7 Al charlatán se lo reconoce desde lejos, el hombre reflexivo le descubre sus deslices.

8 El que edifica su casa con dinero ajeno es como el que amontona piedras para el invierno.

9 Una banda de malhechores es como un montón de estopa, y su fin es la llama del fuego.

10 El camino de los pecadores está despejado de piedras, pero desemboca en lo profundo del Abismo.

11 El que observa la Ley domina sus inclinaciones, y el temor del Señor es la culminación de la sabiduría.

12 El que no es habilidoso no puede aprender, pero hay una habilidad que produce amargura.

13 La ciencia del sabio crece como una inundación y su consejo es como fuente de vida.

14 La mente del necio es como un vaso roto: no retiene ningún conocimiento.

15 Si un hombre instruido oye una palabra sabia, la aprueba y le añade algo de lo suyo; si la oye un alocado, le desagrada, y la echa detrás de sus espaldas.

16 La conversación del necio es como una carga para el viajero, pero los labios del inteligente causan deleite.

17 La opinión del prudente es requerida en la asamblea, y todos reflexionan sobre sus palabras.

18 Como una casa derruida es la sabiduría para el necio, y la ciencia del insensato es una serie de incoherencias.

19 La instrucción es para el tonto como un cepo en los pies y como esposas en su mano derecha.

20 El necio se ríe a carcajadas, pero el hombre sagaz sonríe apenas y sin estrépito.

21 La instrucción es para el prudente como un adorno de oro y como un brazalete en el brazo derecho.

22 El pie del necio entra rápido en la casa, pero el hombre experimentado se acerca con vergüenza.

23 El necio curiosea la casa desde la puerta, pero el bien educado se queda afuera.

24 Es falta de educación escuchar junto a la puerta: al prudente se le caería la cara de vergüenza.

25 Los labios de los charlatanes hablan sólo de oídas, pero los prudentes pesan bien sus palabras.

26 Los necios hablan siempre sin pensar; los sabios piensan, y luego hablan.

27 Cuando el impío maldice al adversario, se maldice a sí mismo.

28 El chismoso se mancha a sí mismo, y es detestado por lo que lo rodean.

ECLESIÁSTICO 22

1 El perezoso se parece a una piedra ensuciada: todos silban despectivamente por su deshonra.

2 El perezoso se parece a un montón de excrementos: el que los levanta se sacude las manos.

3 La vergüenza de un padre es tener un hijo mal educado, y si es una hija, viene al mundo para su desgracia.

4 La hija prudente tendrá como herencia un marido, pero la desvergonzada será la tristeza de su padre.

5 La hija insolente avergüenza al padre y al marido, y es despreciada por los dos.

6 Música en un duelo son las palabras inoportunas, pero el castigo y la disciplina son sabiduría en todo tiempo.

7 Los hijos que llevan una vida honesta y tienen con qué alimentarse ocultan el origen humilde sus padres.

8 Los hijos jactanciosos y mal educados deshonran el noble origen de su familia.

9 Enseñar a un necio es reparar una vasija rota o despertar a alguien de un sueño profundo.

10 Razonar con un necio es razonar con un somnoliento: al final dirá: «¿De qué se trata?».

11 Llora por un muerto, porque ha perdido la luz; llora por un necio, porque ha perdido la inteligencia: llora serenamente por un muerto, porque él reposa; la vida del necio, en cambio, es peor que la muerte.

12 El duelo por un muerto dura siete días; por el necio y el impío, todos los días de su vida.

13 No hables demasiado con un insensato ni vayas con el que no tiene inteligencia; cuídate de él, para no tener molestias y no salpicarte cuando él se sacuda; apártate de él: estarás tranquilo y su estupidez no te fastidiará.

14 ¿Qué cosa es más pesada que el plomo, y cómo llamarlo sino «necio»?

15 La arena, la sal y una masa de hierro pesan menos que un hombre sin inteligencia.

16 Construcción trabada con vigas de madera no se desmorona por un terremoto: así, un corazón afirmado en una convicción madura no se acobardará llegado el momento.

17 Un corazón apoyado en una reflexión inteligente es como el estuco que adorna un muro bien pulido.

18 Una empalizada puesta sobre una altura no puede resistir los embates del viento: así, un corazón acobardado por ideas necias es incapaz de resistir el miedo.

19 El que lastima un ojo, hace brotar las lágrimas; el que lastima el corazón, hace aparecer los sentimientos.

20 El que tira una piedra a los pájaros, los espanta; el que afrenta a un amigo, rompe la amistad.

21 Si has sacado la espada contra un amigo, no desesperes: es posible volver atrás;

22 si has abierto la boca contra un amigo, no te inquietes: es posible la reconciliación. Pero ante la afrenta, el orgullo, la revelación de un secreto y el golpe traicionero, ante esas cosas, huirá cualquier amigo.

23 Gánate la confianza de tu prójimo en su pobreza, para saciarte con él en su prosperidad; permanece con él en el momento de la aflicción y, si él hereda, compartirás su herencia.

24 Antes del fuego, hay en el horno vapor y humo: así preceden los insultos a la sangre derramada.

25 No me avergonzaré de proteger a un amigo ni me ocultaré de su presencia;

26 y si por su culpa me sucede algún mal, todo el que se entere se cuidará de él.

27 ¡Quién le pusiera a mi boca un centinela y a mis labios un sello de discreción, para que yo no caiga a causa de ellos y mi lengua no me lleve a la ruina!

ECLESIÁSTICO 23

1 ¡Señor, Padre y Dueño de mi vida, no me abandones al capricho de mis labios ni me dejes caer por culpa de ellos!

2 ¿Quién aplicará el látigo a mi pensamiento, y a mi corazón, la disciplina de la sabiduría, para que no se perdonen mis errores ni se pasen por alto mis pecados?

3 Así no se multiplicarán mis errores ni se sobreabundarán mis pecados, ni caeré ante mis adversarios, ni mi enemigo se burlará de mí.

4 Señor. Padre y Dios de mi vida, no me des unos ojos altaneros

5 y aparta de mí los malos deseos.

6 ¡Que la sensualidad y la lujuria no me dominen, no me entregues a las pasiones vergonzosas!

7 Escuchen, hijos, cómo se educa la lengua: el que observe esto no caerá en el lazo.

8 El pecador se enreda en sus propias palabras, el maldiciente y el soberbio caen a causa de ellas.

9 No acostumbres tu boca a jurar ni te habitúes a pronunciar el nombre del Santo.

10 Así como el servidor vigilado constantemente nunca se libra de algún golpe, así el que jura y pronuncia el Nombre en todo momento no quedará limpio de pecado.

11 El que jura constantemente está lleno de iniquidad y el flagelo no se apartará de su casa. Si falta a su juramento, incurre en pecado; si lo menosprecia, peca doblemente; si juró en vano, no tendrá justificación y su casa se llenará de desgracias.

12 Hay un lenguaje comparable a la muerte: ¡que no se lo encuentre en la herencia de Jacob! Los hombres buenos están alejados de todas esas cosas: ¡que ellos no se revuelquen en los pecados!

13 No acostumbres tu boca a decir groserías, porque al decirlas se peca con la palabra.

14 Acuérdate de tu padre y de tu madre, cuando te sientes en medio de los grandes, no sea que los olvides en presencia de ellos y te comportes como un necio. Porque entonces preferirías no haber nacido y maldecirías el día de tu nacimiento.

15 Un hombre habituado a las palabras injuriosas no podrá ser corregido en toda su vida.

16 Dos clases de hombres multiplican los pecados y una tercera atrae la ira:

17 una pasión encendida como el fuego ardiente no cesará hasta que el fuego lo abrase; para el lujurioso toda comida es dulce, y no se calmará hasta que haya muerto.

18 El hombre que peca contra su propio lecho dice en su corazón: «¿Quién me ve? La oscuridad me rodea y los muros me cubren nadie me ve: ¿qué puedo temer? El Altísimo no se acordará de mis pecados».

19 Lo que él teme son los ojos de los hombres, y no sabe que los ojos del Señor son diez mil veces más luminosos que el sol, que observan todos los caminos de los hombres y penetran en los rincones más ocultos.

20 Antes de ser creadas, todas las cosas le eran conocidas, y lo son asimismo una vez acabadas.

21 Ese hombre será castigo en las plazas de la ciudad, será apresado donde menos lo esperaba.

22 Así también, la mujer que abandona a su marido y le da un heredero nacido de un extraño.

23 Porque, primero, ha desobedecido la Ley del Señor; segundo, ha faltado contra su marido; tercero, se ha prostituido con su adulterio, teniendo hijos con un hombre extraño

24 Ella será llevada a la asamblea y el castigo recaerá sobre sus hijos.

25 Sus hijos no echarán raíces y sus ramas no producirán fruto.

26 Ella dejará su recuerdo para una maldición y su infamia no se borrará.

27 Así sabrán los que vengan después que no hay nada mejor que el temor del Señor ni nada más dulce que obedecer sus mandamientos.

ECLESIÁSTICO 24

1 La sabiduría hace el elogio de sí misma y se gloría en medio de su pueblo,

2 abra la boca en al asamblea del Altísimo y se gloría delante de su Poder:

3 «Yo salí de la boca del Altísimo y cubrí la tierra como una neblina.

4 Levanté mi carpa en las alturas, y mi trono estaba en una columna de nube.

5 Yo sola recorrí el circuito del cielo y anduve por la profundidad de los abismos.

6 Sobre las olas del mar y sobre toda la tierra, sobre todo pueblo y nación, ejercí mi dominio.

7 Entre todos ellos busqué un lugar de reposo, me pregunté en qué herencia podría residir.

8 Entonces, el Creador de todas las cosas me dio una orden, el que me creó me hizo instalar mi carpa, él me dijo: «Levanta tu carpa en Jacob y fija tu herencia en Israel».

9 El me creó antes de los siglos, desde el principio, y por todos los siglos no dejaré de existir.

10 Ante él, ejercí el ministerio en la Morada santa, y así me he establecido en Sión;

11 él me hizo reposar asimismo en la Ciudad predilecta, y en Jerusalén se ejerce mi autoridad.

12 Yo eché raíces en un Pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su herencia.

13 Crecí como un cedro en el Líbano y como un ciprés en los montes del Hermón;

14 crecí como una palmera en Engadí y como los rosales en Jericó; como un hermoso olivo en el valle, y como los rosales en Jericó; como un hermosos olivo en el valle, y como un plátano, me elevé hacia lo alto.

15 Yo exhalé perfume como el cinamomo, como el aspálato fragante y la mirra selecta, como el gálbano, la uña aromática y el estacte, y como el humo del incienso en la Morada.

16 Extendí mis ramas como un terebinto, y ellas son ramas de gloria y de gracia.

17 Yo, como una vid, hice germinar la gracia, y mis flores son un fruto de gloria y de riqueza.

18 [Yo soy la madre del amor hermoso, del temor, de la ciencia y de la santa esperanza. Yo, que permanezco para siempre, soy dada a todos mis hijos, a los que han sido elegidos por Dios.]

19 ¡Vengan a mí, los que me desean, y sáciense de mis productos!

20 Porque mi recuerdo es más dulce que la miel y mi herencia, más dulce que un panal.

21 Los que me coman, tendrán hambre todavía, los que me beban, tendrán más sed.

22 El que me obedezca, no se avergonzará, y los que me sirvan, no pecarán».

23 Todo esto es el libro de la Alianza del Dios Altísimo, la Ley que nos prescribió Moisés como herencia para las asambleas de Jacob.

24 [No dejen de buscar su fuerza en el Señor; permanezcan unidos a él, para que él los fortalezca. El Señor todopoderoso es el único Dios y, fuera de él, no hay otro salvador.]

25 Ella hace desbordar la Sabiduría como el Pisón y como el Tigris en los días de los primero frutos;

26 inunda de inteligencia como el Eufrates y como el Jordán en los tiempos de la cosecha;

27 prodiga la instrucción como el Nilo, como el Guijón en los días de la vendimia.

28 El primero no terminó de conocerla y el último ni siquiera la vislumbra.

29 Porque su pensamiento es más vasto que el océano y su designio, más profundo que el gran Abismo.

30 En cuanto a mí, como un canal que brota de un río, como una acequia, salí a un jardín

31 y dije: «Regaré mi huerta y empaparé mis canteros». ¡De pronto, mi canal se convirtió en un río, y mi río se transformó en un mar!

32 Aún haré brillar la instrucción como la aurora e irradiaré su luz lo más lejos posible;

33 aún derramaré la enseñanza como una profecía y la dejaré para las generaciones futuras.

34 Porque yo no he trabajado sólo para mí, sino para todos los que buscan la sabiduría.

ECLESIÁSTICO 25

1 Con tres cosas me adorno y me presento embellecida delante del Señor y de los hombres: la concordia entre hermanos, la amistad entre vecinos y una mujer y un marido que se llevan bien.

2 Pero hay tres clases de gente que aborrezco y que me irritan por su manera de vivir: un pobre soberbio, un rico mentiroso y un viejo adúltero que ha perdido el juicio.

3 Si no has ahorrado en la juventud, ¿cómo vas a encontrar algo en tu vejez?

4 ¡Qué bello adorno para las canas es saber juzgar y para los ancianos, ser hombres de consejo!

5 ¡Qué hermosa es la sabiduría de los ancianos, la reflexión y el consejo en la gente respetable!

6 Corona de los ancianos es una rica experiencia, y su orgullo, el temor del Señor.

7 Hay nueve cosas imaginables, que considero felices, y la décima, también las voy a mencionar: un hombre que está contento de sus hijos y uno que ve en vida la caída de sus enemigos.

8 ¡Feliz el que vive con una esposa inteligente, el que no ha incurrido en falta con su lengua y el que no ha servido a un patrón indigno de él!

9 ¡Feliz el que ha encontrado la prudencia y el que la expone ante un auditorio atento!

10 ¡Qué grande es aquel que encontró la sabiduría! Pero nadie aventaja al que teme al Señor:

11 el temor del Señor supera a todos lo demás, y el que lo posee ¿a quién se puede comparar?

12 El temor del Señor es el comienzo de su amor, y es por la fe que uno empieza a unirse a él.

13 ¡Cualquier herida, menos la del corazón! ¡Cualquier maldad, menos la de una mujer!

14 ¡Cualquier desgracia, menos la causada por el odio! ¡Cualquier venganza, menos la de un enemigo!

15 No hay peor veneno que el de la serpiente, ni peor furia que la de la mujer.

16 Preferiría habitar con un león o un dragón antes que vivir con una mala mujer.

17 La maldad de una mujer desfigura su semblante y vuelve su rostro huraño como un oso.

18 Su marido se va a sentar en medio de sus vecinos y no puede reprimir sus amargos gemidos.

19 Toda maldad es pequeña comparada con la de la mujer: ¡que caiga sobre ella la suerte del pecador!

20 Cuesta arenosa para los pies de un anciano es la mujer charlatana para un esposo apacible.

21 No te dejes cautivar por los encantos de una mujer ni te apasiones por ella.

22 Estallido de enojo, infamia y una gran vergüenza esperan al hombre que es mantenido por su mujer.

23 Corazón abatido, rostro sombrío y pena del alma es una mala mujer. Manos inertes y rodillas paralizadas es la mujer que no hace feliz al marido.

24 Por una mujer tuvo comienzo el pecado, y a causa de ella, todos morimos.

25 No dejes correr el agua ni des libertad a una mala mujer.

26 Si no camina como tú le indicas, arráncala de tu propia carne.

ECLESIÁSTICO 26

1 ¡Feliz el marido de una buena esposa: se duplicará el número de sus días!

2 La mujer hacendosa es la alegría de su marido y él vivirá en paz hasta el último de sus días.

3 Una buena esposa es una gran fortuna, reservada en suerte a los que temen al Señor:

4 sea rico o pobre, su corazón será dichosos y su rostro estará radiante en todo momento.

5 Hay tres cosas que me inspiran temor, y por la cuarta imploro misericordia: ciudad dividida, multitud amotinada y falsa acusación son más penosas que la muerte.

6 Pero pesadumbre y duelo es la mujer celosa de su rival, y en todo está presente el flagelo de la lengua.

7 Un yugo mal ajustado es una mala mujer: tratar de sujetarla es agarrar un escorpión.

8 Una mujer bebedora provoca indignación: ella no podrá ocultar si ignominia.

9 en el descaro de la mirada y en sus pupilas se reconoce la procacidad de una mujer.

10 Redobla la guardia ante una joven atrevida, no sea que descubra una ocasión se aproveche.

11 Cuídate de las miradas provocativas y no te sorprendas si te incitan al mal.

12 Ella abre la boca como un viajero sediento y bebe toda el agua que se le ofrece; se sienta ante cualquier estaca y abre su aljaba a todas las flechas.

13 La gracia de una mujer deleita a su marido y su buen juicio lo llena de vigor.

14 Una mujer discreta es un don del Señor y no tiene precio la esposa bien educada.

15 Una mujer pudorosa es la mayor de las gracias y no hay escala para medir a la que es dueña de sí misma.

16 Como el sol que se eleva por las alturas del Señor, así es el encanto de la buena esposa es una casa ordenada.

17 Como una lámpara que brilla sobre el candelabro sagrado, así es la belleza del rostro sobre un cuerpo esbelto.

18 Columnas de oro sobre un zócalo de plata son las piernas hermosas sobres talones firmes.

28 Hay dos cosas que me entristecen y por una tercera se enciende mi enojo: un guerrero sumido en la indigencia, los hombres inteligentes tratados con desprecio y el que vuelve de la justicia al pecado: a este, el Señor lo destina a la espada.

29 Difícilmente un comerciante se libra de incurrir en falta, y un negociante no estará exento de pecado.

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Publicado el 28 agosto, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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