PRIMER LIBRO DE LAS CRONICAS 17-21

PRIMER LIBRO DE LAS CRONICAS 17

1 Cuando David se estableció en su casa, dijo al profeta Natán: «Mira, yo habito en una casa de cedro, mientras el Arca de la Alianza del Señor está bajo una tienda de campaña».

2 Natán respondió a David: «Puedes hacer todo lo que tienes pensado, porque el Señor está contigo».

3 Pero aquella misma noche, la palabra del Señor llegó a Natán en estos términos:

4 «Ve a decirle a mi servidor David: Así habla el Señor: No eres tú el que me edificará la casa para que yo la habite.

5 Porque desde el día en que hice subir a Israel hasta el día de hoy, nunca habité en una casa, sino que anduve de carpa en carpa y de morada en morada.

6 Y mientras iba caminando entre todo Israel, ¿acaso dije a uno solo de sus Jueces, a los que mandé apacentar a mi pueblo: «Por qué no me han edificado una casa de cedro»?

7 Y ahora, esto es lo que le dirás a mi servidor David: Así habla el Señor de los ejércitos: Yo te saqué del campo de pastoreo, de detrás del rebaño, para que fueras el jefe de mi pueblo Israel.

8 Estuve contigo dondequiera que fuiste y exterminé a todos tus enemigos delante de ti. Yo haré que tu nombre sea tan grande como el de los grandes de la tierra.

9 Fijaré un lugar para mi pueblo Israel y lo plantaré para que tenga allí su morada. Ya no será perturbado, y los malhechores no seguirán devorándolo como antes.

10 Desde el día en que constituí Jueces sobre mi pueblo Israel, yo he sometido a todos tus enemigos. Y ahora te anuncio que el Señor te edificará una casa.

11 Sí, cuando llegues al término de tus días y te vayas con tus padres, yo elevaré después de ti a uno de tus descendientes, a uno de entre tus hijos, y afianzaré su realeza.

12 El me edificará una Casa y yo afianzaré su trono para siempre.

13 Yo seré un padre para él, y él será para mí un hijo. Y jamás retiraré de él mi fidelidad, como se la retiré a aquel que te precedió.

14 Lo estableceré en mi Casa y en mi reino para siempre, y su trono será estable eternamente».

15 Natán comunicó a David todas estas palabras y toda esta visión.

16 Entonces el rey David fue a sentarse delante del Señor y exclamó: «¿Quién soy yo, Señor Dios, y qué es mi casa para que me hayas hecho llegar hasta aquí?

17 Y como esto te pareció demasiado poco, Dios mío, también has hecho una promesa acerca de la casa de tu servidor, para un futuro lejano. ¡Tú me has mirado como a un hombre de alto rango, Señor Dios!

18 ¿Qué más podría decirte David sobre el honor que le has dispensado, si tú ya conoces a tu servidor?

19 Por amor a tu servidor y conforme a tu designio, Señor, tú has realizado toda esta gran obra, dando así a conocer tu inmensa grandeza.

20 Sí, Señor, no hay nadie como tú, ni hay Dios fuera de ti, por todo lo que hemos escuchado con nuestros propios oídos.

21 ¿Y hay sobre la tierra una sola nación como tu pueblo Israel, ese pueblo a quien el mismo Dios fue a rescatar para sí, a fin de hacerse un nombre grande y temible, expulsando a naciones enteras ante el pueblo que rescataste de Egipto?

22 Tú has hecho que tu pueblo Israel fuera tu Pueblo para siempre, y tú, Señor, eres su Dios.

23 Y ahora, Señor, que se mantenga firme eternamente la palabra que has pronunciado acerca de tu servidor y de su casa, y obra conforme a lo que has dicho.

24 Que se mantenga firme, y que tu Nombre sea engrandecido para siempre. Que se diga: “¡El Señor de los ejércitos es el Dios de Israel, es Dios para Israel!”. Y que la casa de David, tu servidor, esté bien afianzada delante de ti.

25 Porque tú mismo, Dios mío, le has revelado a tu servidor que le edificarás una casa; por eso tu servidor se ha atrevido a dirigirte esta plegaria.

26 Y ahora tú, Señor, que eres Dios, le has prometido estos bienes a tu servidor.

27 Por eso, dígnate bendecir la casa de tu servidor, para que ella permanezca siempre en tu presencia; porque lo que tú has bendecido, Señor, queda bendito para siempre».

PRIMER LIBRO DE LAS CRONICAS 18

1 Después de esto, David derrotó a los filisteos y los sometió, despojándolos de Gat y sus poblados.

2 También derrotó a los moabitas, y estos pasaron a ser vasallos de David, sometidos a tributo.

3 David derrotó a Hadadézer, rey de Sobá, cuando este iba establecer su dominio sobre el río Eufrates.

4 Capturó mil carros, siete mil soldados de caballería y veinte mil hombres de a pie, y mutiló todos los caballos de los carros de guerra, reservándose sólo cien.

5 Los arameos de Damasco acudieron en auxilio de Hadadézer, pero David derrotó a veintidós mil de esos arameos.

6 Luego puso gobernadores en Aram de Damasco, y los arameos pasaron a ser vasallos de David, sometidos a tributo. El Señor daba la victoria a David en todas sus campañas.

7 David se apoderó de los escudos de oro que llevaban los oficiales de Hadadézer, y se los llevó a Jerusalén.

8 De Tibjat y de Cun, ciudades de Hadadézer, David trajo una enorme cantidad de bronce, con el que Salomón hizo el Mar de bronce, las columnas y los utensilios de bronce.

9 Cuando Tou, rey de Jamat, oyó que David había derrotado a todo el ejército de Hadadézer, rey de Sobá,

10 le envió a su hijo Hadoram para saludarlo y felicitarlo por haber hecho la guerra y derrotado a Hadadézer, ya que este era su rival. Además, le envió toda clase de objetos de plata, oro y bronce,

11 y David consagró también esos objetos, como lo había hecho con la plata y el oro que había traído de todas las naciones: de Edom, de Moab, de los amonitas, de los filisteos y de Amalec.

12 Abisai, hijo de Seruiá, derrotó a dieciocho mil edomitas en el valle de la Sal.

13 Luego puso gobernadores en Edom y todos los edomitas pasaron a ser vasallos de David. El Señor daba la victoria a David en todas sus campañas.

14 David reinó sobre todo Israel, y administraba el derecho y la justicia a todo su pueblo.

15 Joab, hijo de Seruiá, era el comandante del ejército; Josafat, hijo de Ajilud, el heraldo;

16 Sadoc, hijo de Ajitub, y Ajimélec, hijo de Abiatar, eran sacerdotes; Sausá, el secretario;

17 Benaías, hijo de Iehoiadá, comandaba a los queretos y peleteos; y los hijos de David eran los principales al lado del rey.

PRIMER LIBRO DE LAS CRONICAS 19

1 Después de esto, murió Najás, el rey de los amonitas, y reinó su hijo en lugar de él.

2 David dijo: «Voy a comportarme lealmente con Janún, hijo de Najás, porque su padre ha sido leal conmigo». Entonces envió a unos mensajeros para presentarle sus condolencias por la muerte de su padre. Pero cuando los servidores de David llegaron al país de los amonitas para darle el pésame a Janún,

3 los jefes de los amonitas dijeron a Janún: «¿Crees que David te hace llegar sus condolencias para honrar a tu padre? ¿No será que sus servidores han venido como espías, para sembrar la agitación y explorar el país?».

4 Entonces Janún hizo detener a los servidores de David, los rapó, les cortó la ropa a la altura de las caderas y los despidió.

5 Apenas lo pusieron al tanto de lo sucedido con aquellos hombres, David ordenó que fueran a recibirlos, porque estaban muy avergonzados. Y el rey les mandó a decir: «Quédense en Jericó hasta que les crezca la barba, y después vengan».

6 Cuando los amonitas se dieron cuenta de que se habían enemistado con David, Janún y los amonitas enviaron mil talentos de plata para contratar carros de guerra y caballería en Aram Naharaim, en Aram de Maacá y en Sobá.

7 Así contrataron treinta y dos mil carros de guerra y al rey de Maacá con sus tropas, que fueron a acampar frente a Madabá, mientras los amonitas se concentraban fuera de sus ciudades y acudían al combate.

8 David, al enterarse, envió a Joab con todo el ejército y con sus guerreros.

9 Los amonitas salieron y formaron en orden de batalla, pero los reyes que habían venido se mantuvieron aparte, en campo abierto.

10 Cuando Joab vio que había dos frentes de batalla, uno delante de él y otro detrás, seleccionó a lo más escogido de Israel y los alineó frente a los arameos,

11 dejando el resto de la tropa a las órdenes de su hermano Abisai. Estos tomaron posiciones frente a los amonitas,

12 y Joab dijo: «Si los arameos son más fuertes que yo, tú vendrás en mi ayuda; y si los amonitas son más fuertes que tú, yo iré a auxiliarte.

13 ¡Animo! ¡Luchemos valerosamente por nuestro pueblo y por las ciudades de nuestro Dios! ¡Y que el Señor haga lo que le parezca bien!».

14 Luego Joab avanzó con sus tropas para enfrentarse con los arameos y estos huyeron delante de él.

15 Cuando los amonitas vieron que los arameos habían huido, también ellos huyeron delante de Abisai, el hermano de Joab, y entraron en la ciudad, Joab, por su parte, se volvió a Jerusalén.

16 Los arameos, al ver que habían sido vencidos por Israel, enviaron mensajeros para movilizar a los arameos del otro lado del Río. Sofác, el jefe del ejército de Hadadézer, estaba al frente de ellos.

17 Cuando informaron de esto a David, él concentró a todo Israel, cruzó el Jordán, llegó adonde ellos estaban y tomó posiciones contra ellos. David se dispuso en orden de batalla frente a los arameos, y estos entraron en combate.

18 Los arameos huyeron delante de Israel, y David mató a siete mil soldados de caballería y cuarenta mil hombres de a pie. También dio muerte a Sofác, el jefe del ejército.

19 Cuando los que estaban al servicio de Hadadézer vieron que Israel los había derrotado, hicieron las paces con David y le quedaron sometidos. En adelante, los arameos no quisieron prestar más ayuda a los amonitas.

PRIMER LIBRO DE LAS CRONICAS 20

1 Al comenzar el año, en la época en que los reyes salen de campaña, Joab condujo al grueso del ejército y arrasó el país de los amonitas. Luego puso sitio a Rabá, mientras David permanecía en Jerusalén. Cuando Joab expugnó y destruyó a Rabá,

2 David tomó la corona de la cabeza del dios Milcóm y comprobó que pesaba un talento de oro. La corona tenía una piedra preciosa, que fue colocada sobre la frente de David. El se llevó también de la ciudad un enorme botín.

3 En cuanto a la población, la hizo salir de la ciudad y la obligó a trabajar con sierras, con picos de hierro y hachas. Lo mismo hizo con todas las ciudades de los amonitas. Luego David y todo el ejército se volvieron a Jerusalén.

4 Después de esto, se entabló un combate contra los filisteos en Guézer. Fue entonces cuando Sibecai, el jusatita, mató a Sipai, uno de los descendientes de los refaím, y los filisteos fueron sometidos.

5 Luego hubo otro combate contra los filisteos, y Eljanán, hijo de Jaír, mató a Lajmí, hermano de Goliat, el de Gat. El asta de su lanza era gruesa como el palo grande de un telar.

6 También hubo un combate en Gat. Allí había un hombre de enorme estatura, que tenía seis dedos en cada mano y seis en cada pie, veinticuatro en total. También él era descendiente de Rafá.

7 Y como desafiaba a Israel, lo mató Jonatán, hijo de Simeá, hermano de David.

8 Estos hombres eran descendientes de Rafá, en Gat, y fueron abatidos por la mano de David y de sus servidores.

PRIMER LIBRO DE LAS CRONICAS 21

1 Satán se alzó contra Israel e instigó a David a hacer un censo de Israel.

2 David dijo a Joab y a los jefes del pueblo: «Vayan a hacer el recuento de Israel, desde Berseba hasta Dan, y tráiganme el resultado para que sepa cuántos son».

3 Joab respondió: «¡Que el Señor multiplique a su pueblo cien veces más! Pero, rey y señor mío, ¿no son todos ellos tus servidores? ¿Por qué entonces mi señor hace esto? ¿Por qué cargar con una culpa a Israel?».

4 Sin embargo, la orden del rey prevaleció sobre el parecer de Joab, y este salió a recorrer todo Israel. Luego volvió a Jerusalén

5 y presentó a David las cifras del censo de la población: en todo Israel había 1.100.000 hombres aptos para el servicio militar, y en Judá, 470.000.

6 Pero Joab no incluyó en el censo ni a Leví ni a Benjamín, porque consideraba abominable la orden del rey.

7 Dios vio esto con malos ojos y castigó a Israel.

8 Entonces David dijo a Dios: «He cometido un grave pecado al obrar de esta manera. Dígnate ahora borrar la falta de tu servidor, porque me he comportado como un necio».

9 El Señor dirigió su palabra a Gad, el vidente de David, en estos términos:

10 «Ve a decir a David: Así habla el Señor: Te propongo tres cosas. Elige una, y yo la llevaré a cabo».

11 Gad se presentó a David y le dijo: «Así habla el Señor: Tienes que elegir,

12 o bien tres años de hambre; o bien tres meses de derrotas ante tus enemigos, bajo los golpes de espada de tus adversarios; o bien tres días en que la espada del Señor y la peste asolarán el país y el Angel del Señor hará estragos en todo el territorio de Israel. Ahora mira bien qué debo responder al que me envió».

13 David dijo a Gad: «¡Estoy en un grave aprieto! Prefiero caer en manos del Señor, porque es muy grande su misericordia, antes que caer en manos de los hombres».

14 Entonces el Señor envió la peste a Israel, y cayeron setenta mil hombres de Israel.

15 Dios mandó un Angel a Jerusalén para exterminarla; pero cuando la estaba exterminando, el Señor miró y se arrepintió del mal que le infligía, y dijo al Angel exterminador: «¡Basta ya! ¡Retira tu mano!». El Angel del Señor estaba junto a la era de Ornán, el jebuseo.

16 David alzó los ojos, y vio al Angel del Señor erguido entre la tierra y el cielo, con su espada desenvainada en la mano, apuntando hacia Jerusalén. David y los ancianos, vestidos de sayales, cayeron con el rostro en tierra,

17 y David dijo a Dios: «¿No he sido yo el que ordenó hacer el recuento del pueblo? ¿No he sido yo el que ha pecado y ha obrado mal? Pero estos, las ovejas, ¿qué han hecho? ¡Señor, Dios mío, descarga tu mano sobre mí y sobre la casa de mi padre, pero no castigues a tu pueblo!».

18 El Angel del Señor ordenó a Gad que dijera a David: «Que David suba a erigir un altar al Señor en la era de Ornán, el jebuseo».

19 David subió, conforme a la palabra que había dicho Gad en nombre del Señor.

20 Ornán, que estaba trillando el trigo, al darse vuelta, había visto al Angel, y los cuatro hijos que estaban con él se habían escondido.

21 David llegó adonde estaba Ornán. Este dirigió una mirada y, al ver a David, salió de la era y se postró delante de él con el rostro en tierra.

22 David dijo entonces a Ornán: «Cédeme el terreno de la era para edificar en él un altar al Señor; entrégamelo por su valor real, y así cesará la plaga que azota a mi pueblo».

23 Ornán respondió a David: «Tómala, y que mi señor el rey haga con ella lo que mejor le parezca. Te doy los bueyes para los holocaustos, los trillos para que sirvan de leña y el trigo para la oblación. Yo te entrego todo esto».

24 Pero el rey David dijo a Ornán: «¡De ninguna manera! La compraré por su precio real en plata, porque no voy a tomar para el Señor lo que te pertenece, ni voy a ofrecer un holocausto que no cuesta nada».

25 Así David entregó a Ornán por ese terreno la suma de seiscientos siclos de oro.

26 Allí edificó David un altar al Señor, y ofreció holocaustos y sacrificios de comunión. Invocó al Señor, y él le respondió enviando fuego del cielo sobre el altar del holocausto.

27 Y el Señor ordenó al Angel que volviera a enfundar su espada.

28 En aquel tiempo, al ver que el Señor le había respondido en la era de Ornán, el jebuseo, David ofreció sacrificios allí.

29 La Morada del Señor, que Moisés había hecho en el desierto, y el altar de los holocaustos estaban entonces en el lugar alto de Gabaón.

30 Pero David no había podido presentarse allí para consultar a Dios, porque la espada del Angel del Señor lo había llenado de terror.

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Publicado el 28 agosto, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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