SALMOS 40-45

SALMO 40

Proclamación de los beneficios recibidos
40:2 Esperé confiadamente en el Señor:
él se inclinó hacia mí
y escuchó mi clamor.

SALMO 40.140:3 Me sacó de la fosa infernal,
del barro cenagoso;
afianzó mis pies sobre la roca
y afirmó mis pasos.
40:4 Puso en mi boca un canto nuevo,
un himno a nuestro Dios.
Muchos, al ver esto, temerán
y confiarán en el Señor.
40:5 ¡Feliz el que pone en el Señor
toda su confianza,
y no se vuelve hacia los rebeldes
que se extravían tras la mentira!
40:6 ¡Cuántas maravillas has realizado,
Señor, Dios mío!
Por tus designios en favor nuestro,
nadie se te puede comparar.
Quisiera anunciarlos y proclamarlos,
pero son innumerables.

La verdadera acción de gracias
40:7 Tú no quisiste víctima ni oblación;
pero me diste un oído atento;
no pediste holocaustos ni sacrificios,
40:8 entonces dije: “Aquí estoy.
40:9 En el libro de la Ley está escrito
lo que tengo que hacer:
yo amo, Dios mío, tu voluntad,
y tu ley está en mi corazón”.
40:10 Proclamé gozosamente tu justicia
en la gran asamblea;
no, no mantuve cerrados mis labios,
tú lo sabes, Señor.
40:11 No escondí tu justicia dentro de mí,
proclamé tu fidelidad y tu salvación,
y no oculté a la gran asamblea
tu amor y tu fidelidad.

Súplica en un momento de peligro
40:12 Y tú, Señor, no te niegues
a tener compasión de mí;
que tu amor y tu fidelidad
me protejan sin cesar.
40:13 Porque estoy rodeado de tantos males,
que es imposible contarlos.
Las culpas me tienen atrapado
y ya no alcanzo a ver:
son más que los cabellos de mi cabeza,
y me faltan las fuerzas.
40:14 Líbrame, Señor, por favor;
Señor, ven pronto a socorrerme.
40:15 Que se avergüencen y sean humillados
los que quieren acabar con mi vida.
Que retrocedan confundidos
los que desean mi ruina;
40:16 queden pasmados de vergüenza
los que se ríen de mí.
40:17 Que se alegren y se regocijen en ti
todos los que te buscan,
y digan siempre los que desean tu victoria:
“¡Qué grande es el Señor!”
40:18 Yo soy pobre y miserable,
pero el Señor piensa en mí;
tú eres mi ayuda y mi libertador,
¡no tardes, Dios mío!

SALMO 41

Dichoso quien socorre al indefenso
41:
1 Del maestro de coro. Salmo de David.
41:2 Feliz el que se ocupa del débil y del pobre:
el Señor lo librará en el momento del peligro.
41:3 El Señor lo protegerá y le dará larga vida,
lo hará dichoso en la tierra
y no lo entregará a la avidez de sus enemigos.
41:4 El Señor lo sostendrá en su lecho de dolor
y le devolverá la salud.
41:5 Yo dije: “Ten piedad de mí, Señor,
sáname, porque pequé contra ti”.
41:6 Mis enemigos sólo me auguran desgracias:
“¿Cuándo se morirá y desaparecerá su nombre?”
41:7 Si alguien me visita, habla con falsedad,
recoge malas noticias y las divulga al salir.
41:8 Mis adversarios se juntan
para murmurar contra mí,
y me culpan de los males que padezco, diciendo:
41:9 “Una enfermedad incurable ha caído sobre él;
ese que está postrado no volverá a levantarse”.
41:10 Hasta mi amigo más íntimo, en quien yo confiaba,
el que comió mi pan, se puso contra mí.
41:11 Pero tú, Señor, ten piedad de mí;
levántame y les daré su merecido.
41:12 En esto reconozco que tú me amas,
en que mi enemigo no canta victoria sobre mí.
41:13 Tú me sostuviste a causa de mi integridad,
y me mantienes para siempre en tu presencia.
41:14 ¡Bendito sea el Señor, el Dios de Israel,
desde siempre y para siempre!
¡Amén! ¡Amén!

SALMO 42

Tengo sed de Dios, del Dios vivo
42:
1 Del maestro de coro. Poema de los hijos de Coré.

La amargura del destierro
42:2 Como la cierva sedienta
busca las corrientes de agua,
así mi alma suspira
por ti, mi Dios.
42:3 Mi alma tiene sed de Dios,
del Dios viviente:
¿Cuándo iré a contemplar
el rostro de Dios?
42:4 Las lágrimas son mi único pan
de día y de noche,
mientras me preguntan sin cesar:
“¿Dónde está tu Dios?”
42:5 Al recordar el pasado,
me dejo llevar por la nostalgia:
¡cómo iba en medio de la multitud
y la guiaba hacia la Casa de Dios,
entre cantos de alegría y alabanza,
en el júbilo de la fiesta!
42:6 ¿Por qué te deprimes, alma mía?
¿Por qué te inquietas?
Espera en Dios, y yo volveré a darle gracias,
a él, que es mi salvador y mi Dios.
42:7 Mi alma está deprimida:
por eso me acuerdo de ti,
desde la tierra del Jordán y el Hermón,
desde el monte Misar.
42:8 Un abismo llama a otro abismo,
con el estruendo de tus cataratas;
tus torrentes y tus olas
pasaron sobre mí.
42:9 De día, el Señor me dará su gracia;
y de noche, cantaré mi alabanza
al Dios de mi vida.
42:10 Diré a mi Dios:
“Mi Roca, ¿por qué me has olvidado?
¿Por qué tendré que estar triste,
oprimido por mi enemigo?”
42:11 Mis huesos se quebrantan
por la burla de mis adversarios;
mientras me preguntan sin cesar:
“¿Dónde está tu Dios?”
42:12 ¿Por qué te deprimes, alma mía?
¿Por qué te inquietas?
Espera en Dios, y yo volveré a darle gracias,
a él, que es mi salvador y mi Dios.

SALMO 43

Envía, Señor, tu luz y tu verdad
43:
1 Júzgame, Señor,
y defiende mi causa
contra la gente sin piedad;
líbrame del hombre falso y perverso.
43:2 Si tú eres mi Dios y mi fortaleza,
¿por qué me rechazas?
¿Por qué tendré que estar triste,
oprimido por mi enemigo?
43:3 Envíame tu luz y tu verdad:
que ellas me encaminen
y me guíen a tu santa Montaña,
hasta el lugar donde habitas.
43:4 Y llegaré al altar de Dios,
el Dios que es la alegría de mi vida;
y te daré gracias con la cítara,
Señor, Dios mío.
43:5 ¿Por qué te deprimes, alma mía?
¿Por qué te inquietas?
Espera en Dios, y yo volveré a darle gracias,
a él, que es mi salvador y mi Dios.

SALMO 44

Levántate, Señor, en nuestra ayuda
44:
1 Del maestro de coro. De los hijos de Coré. Poema.

Evocación de la obra de Dios
44:2 Señor, nuestros padres nos contaron,
y por eso llegó a nuestros oídos,
la obra que hiciste antiguamente,
44:3 con tu propia mano, cuando ellos vivían.
Tú expulsaste a las naciones
para plantarlos a ellos;
y para hacerlos crecer,
destruiste a los pueblos.
44:4 No ocuparon la tierra con su espada
ni su brazo les obtuvo la victoria:
fue tu mano derecha y tu brazo,
fue la luz de tu rostro, porque los amabas.
44:5 Eras tú, mi Rey y mi Dios,
el que decidía las victorias de Jacob:
44:6 con tu auxilio embestimos al enemigo
y en tu Nombre aplastamos al agresor.
44:7 Porque yo no confiaba en mi arco
ni mi espada me dio la victoria:
44:8 tú nos salvaste de nuestros enemigos
y confundiste a nuestros adversarios.
44:9 El Señor ha sido siempre nuestro orgullo:
damos gracias a tu Nombre eternamente. Pausa

Queja por la actitud desconcertante de Dios
44:10 Pero ahora nos rechazaste y humillaste:
dejaste de salir con nuestro ejército,
44:11 nos hiciste retroceder ante el enemigo
y nuestros adversarios nos saquearon.
44:12 Nos entregaste como ovejas al matadero
y nos dispersaste entre las naciones;
44:13 vendiste a tu pueblo por nada,
no sacaste gran provecho de su venta.
44:14 Nos expusiste a la burla de nuestros vecinos,
a la risa y al escarnio de los que nos rodean;
44:15 hiciste proverbial nuestra desgracia
y los pueblos nos hacen gestos de sarcasmo.
44:16 Mi oprobio está siempre ante mí
y mi rostro se cubre de vergüenza,
44:17 por los gritos de desprecio y los insultos,
por el enemigo sediento de venganza.

Confesión de inocencia
44:18 ¡Y todo esto nos ha sobrevenido
sin que nos hayamos olvidado de ti,
sin que hayamos traicionado tu alianza!
44:19 Nuestro corazón no se volvió atrás
ni nuestros pasos se desviaron de tu senda,
44:20 como para que nos aplastaras
en un lugar desierto
y nos cubrieras de tinieblas.
44:21 Si hubiéramos olvidado el nombre
de nuestro Dios
y recurrido a un dios extraño,
44:22 el Señor lo habría advertido,
porque él conoce los secretos más profundos.

Súplica por la restauración del Pueblo
44:23 Por tu causa nos dan muerte sin cesar
y nos tratan como a ovejas que van al matadero.
44:24 ¡Despierta, Señor! ¿Por qué duermes?
¡Levántate, no nos rechaces para siempre!
44:25 ¿Por qué ocultas tu rostro
y te olvidas de nuestra desgracia y opresión?
44:26 Estamos hundidos en el polvo,
nuestro cuerpo está pegado a la tierra.
44:27 ¡Levántate, ven a socorrernos;
líbranos por tu misericordia!

SALMO 45

Has cautivado al rey con tu hermosura
45:
1 Del maestro de coro. Según la melodía de “Los lirios”. De los hijos de Coré. Poema. Canto de amor.

Elogio del rey
45:2 Me brota del corazón un hermoso poema,
yo dedico mis versos al rey:
mi lengua es como la pluma
de un hábil escribiente.
45:3 Tú eres hermoso,
el más hermoso de los hombres;
la gracia se derramó sobre tus labios,
porque el Señor te ha bendecido para siempre.
45:4 Cíñete, guerrero, la espada a la cintura;
45:5 con gloria y majestad, avanza triunfalmente;
cabalga en defensa de la verdad y de los pobres.
Tu mano hace justicia y tu derecha, proezas;
45:6 tus flechas son punzantes,
se te rinden los pueblos
y caen desfallecidos los rivales del rey.
45:7 Tu trono, como el de Dios,
permanece para siempre;
el cetro de tu realeza es un cetro justiciero:
45:8 tú amas la justicia y odias la iniquidad.
Por eso el Señor, tu Dios, prefiriéndote a tus iguales,
te consagró con el óleo de la alegría:
45:9 tus vestiduras exhalan
perfume de mirra, áloe y acacia.
Las arpas te alegran desde los palacios de marfil;
45:10 una hija de reyes está de pie a tu derecha:
es la reina, adornada con tus joyas
y con oro de Ofir.

La esposa del rey
45:11 ¡Escucha, hija mía, mira y presta atención!
Olvida tu pueblo y tu casa paterna,
45:12 y el rey se prendará de tu hermosura.
Él es tu señor: inclínate ante él;
45:13 la ciudad de Tiro vendrá con regalos
y los grandes del pueblo buscarán tu favor.
45:14 Embellecida con corales engarzados en oro
45:15 y vestida de brocado, es llevada hasta el rey.
Las vírgenes van detrás, sus compañeras la guían;
45:16 con gozo y alegría entran al palacio real.
45:17 Tus hijos ocuparán el lugar de tus padres,
y los pondrás como príncipes por toda la tierra.
45:18 Yo haré célebre tu nombre
por todas las generaciones:
por eso, los pueblos te alabarán eternamente.

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Publicado el 28 agosto, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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