LUCAS 6,1-5

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (6,1-5): facebook pq

LUCAS 6

1 Un sábado, en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas entre las manos, las comían.

2 Algunos fariseos les dijeron: «¿Por qué ustedes hacen lo que no está permitido en sábado?».

3 Jesús les respondió: «¿Ni siquiera han leído lo que hizo David cuando él y sus compañeros tuvieron hambre,

4 cómo entró en la Casa de Dios y, tomando los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes, comió él y dio de comer a sus compañeros?».

5 Después les dijo: «El hijo del hombre es dueño del sábado».

sabado empieza  con s de sonreir

COMENTARIO:

SAN AGUSTÍN (343_430) obispo de Hipona, doctor de la Iglesia

“Acuérdate del sábado para santificarlo.” (Ex 20,8)

Ahora que estamos en el tiempo de la gracia que nos ha sido revelada, la observancia del sábado, antiguamente simbolizada por el reposo de un solo día, ha sido abolida para los fieles. En efecto, en este tiempo de gracia, el cristiano observa un sábado perpetuo si hace todas las obras buenas con la esperanza del reposo futuro y no se gloría de sus obras como si fueran un bien propio y no un don recibido.

Así, recibiendo y comprendiendo el sacramento del bautismo como un sábado, es decir, como el reposo del Señor en el sepulcro (cf Rm 6,4) el cristiano reposa de sus obras antiguas para caminar, desde ahora en una vida nueva, reconociendo que Dios obra en él. Dios es quien, a la vez, actúa y reposa, reconociendo a su criatura la actividad que le es propia y también el gozo de un reposo perenne en Dios.

Dios ni se cansó al crear el mundo, ni ha recobrado sus fuerzas después de la creación, sino que ha querido invitarnos con estas palabras de la Escritura: “Dios descansó el día séptimo…”(Gen 2,2) a desear su reposo dándonos el precepto de santificar este día. (cf Ex 20,8)

San Francisco de Sales, obispo
Carta: Descanso y libertad verdaderos.
Carta a la Baronesa de Chantal, 14-10-1604
«El Hijo del hombre es Señor del Sábado» (Lc 6,5).

… Os explicaré lo que es el espíritu de libertad. Todo hombre es libre respecto a actos que sean pecado mortal, sino apega a ellos su afecto: y esta es una libertad absolutamente necesaria para su salvación; pero no hablo de ella ahora.

La libertad de la que yo hablo es la de los hijos amados. Y ¿cuál es? Es una liberación del corazón cristiano de todas las cosas, para poder seguir la voluntad de Dios reconocida.

… Pedimos a Dios, ante todo, que su Nombre sea santificado, que venga su Reino, que se haga su voluntad en la tierra como en el cielo. Todo esto no es otra cosa sino libertad de espíritu porque, con tal que el nombre de Dios sea santificado, que su Majestad reine en nosotros, que se haga su voluntad, el espíritu ya no se preocupa de otra cosa.

El corazón que posee esta libertad, no pierde su alegría por ninguna privación, ni se entristece quien tiene su corazón desapegado de todo. No digo que a veces no sea así pero suele durarle poco.

Los efectos de esta libertad son: una gran suavidad de espíritu, gran dulzura y condescendencia a todo lo que no es pecado o peligro de pecado; es ese humor dulce y que se pliega a todo acto de virtud y caridad.

Por ejemplo, un alma aficionada con mucho apego a los ejercicios de meditación, si se la interrumpe, la veréis dejarlos apenada, con apresuramiento y asombro.

La que tiene la verdadera libertad, saldrá con un rostro sereno y de buena gana irá donde quiera el importuno que la ha molestado, pues para ella es lo mismo servir a Dios meditando, que servirle soportando al prójimo; en uno u otro caso ve la voluntad de Dios, pero en este momento lo necesario es aguantar al prójimo.

La ocasión de ejercer esta libertad se encuentra en cada cosa que sucede contra nuestra inclinación, pues quien no está apegado a sus inclinaciones no se impacienta cuando se las contrarían.

DESCANSO

San Elredo de Rievaulx, monje cisterciense
Obras: Libertad y caridad
El Espejo de la caridad, I, 19.29; PL 195, 522-530.
«El Hijo del hombre es señor del sábado» (Lc 6,5).

Cada uno de los días de la creación es grande, pero ninguno puede compararse al séptimo; porque no es la creación de uno u otro elemento natural que se propone a nuestra contemplación, sino el descanso del mismo Dios y la perfección de todas las criaturas. Porque leemos: «Y concluyó Dios para el día séptimo todo el trabajo que había hecho; y descansó el día séptimo de todo el trabajo que había hecho» (Gn 2,2). ¡Grande es este día, insondable su reposo, magnífico este sábado! ¡Ah, si tú lo pudieras comprender! Este día no viene marcado por el recorrido del sol visible, no comienza cuando éste se levanta, ni se acaba cuando se pone; no tiene ni mañana ni atardecer (cf Gn 1,5)…

Escuchemos al que nos invita al descanso: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11,28). Es la preparación del sábado. En cuanto al mismo sábado escuchemos además: «Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso» (v. 29). Éste es el reposo, la quietud, el verdadero sábado.

Porque este yugo no pesa sino que une; esta carga tiene alas, no peso. Este yugo es la caridad, la carga es el amor fraterno. Aquí es donde se encuentra el descanso, donde se celebra el sábado, donde uno se libera de la esclavitud… Y si, por casualidad, nuestra debilidad deja escapar alguna falta, la fiesta de este sábado no se interrumpe, porque «la caridad cubre una multitud de pecados» (1Pe 4,8).

San Macario de Egipto, monje
Homilía: Entrar en el descanso
Homilías espirituales, 35 [Pseudo-Macario]
«El Hijo del hombre es señor del sábado» (Lc 6,5).

En la Ley dada por Moisés, que era tan sólo una sombra de lo que había de venir (Col 2,17), Dios daba a todos la orden de descansar y no hacer ningún trabajo en día de sábado. Pero ello no era más que un símbolo y una sombra del verdadero sábado, lo cual se concedió al alma del Señor… En efecto, el Señor llama al hombre al descanso diciéndole: «Venid todos los que estáis cansados y agobiados que yo os haré descansar (Mt 11,28). Y a todas las almas que confían en él y se le acercan les da el descanso liberándolas de los pensamientos penosos, agobiantes e impuros. Entonces estas dejan completamente de darse al mal y celebran un auténtico sábado, delicioso y santo, una fiesta del Espíritu, con un gozo y alegría inexpresables. Dan a Dios un culto puro, agradable y que procede de un corazón puro. Éste es el sábado verdadero y santo.

También nosotros pues, supliquemos a Dios que nos haga entrar en este descanso, que nos veamos libres de pensamientos vergonzosos, malos y vanos, a fin que podamos servir a Dios con corazón puro y celebrar la fiesta del Espíritu Santo. Dichosos los que entran en este descanso.

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Publicado el 5 septiembre, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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