MATEO 12, 1-8

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (12, 1-8): facebook pq

1 En aquel tiempo, Jesús atravesaba unos sembrados y era un día sábado. Como sus discípulos sintieron hambre, comenzaron a arrancar y a comer las espigas.

2 Al ver esto, los fariseos le dijeron: «Mira que tus discípulos hacen lo que no está permitido en sábado».

3 Pero él les respondió: «¿No han leído lo que hizo David, cuando él y sus compañeros tuvieron hambre,

4 cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la ofrenda, que no les estaba permitido comer ni a él ni a sus compañeros, sino solamente a los sacerdotes?

5 ¿Y no han leído también en la Ley, que los sacerdotes, en el Templo, violan el descanso del sábado, sin incurrir en falta?

6 Ahora bien, yo les digo que aquí hay alguien más grande que el Templo.

MATEO 12.6

7 Si hubieran comprendido lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios, no condenarían a los inocentes.

8 Porque el Hijo del hombre es dueño del sábado.

 

San Macario de Egipto, monje
Homilía: El verdadero y santo sábado
Homilía 35 (atribuida)
«El Hijo del hombre es señor del sábado» (Mt 12,8)

En la ley, dada por Moisés… que no era más que una sombra, Dios ordenaba a todos el reposo y no efectuar ningún trabajo en sábado. Pero este sábado no era más que una imagen y una sombra (He 8,5) del auténtico sábado que concede el Señor al alma. En efecto, el alma que ha sido hallada digna del auténtico sábado deja de entregarse a sus preocupaciones vergonzosas y feas y descansa. Celebra el verdadero sábado y goza del auténtico reposo, liberada de todas las obras de las tinieblas… Saborea el reposo eterno y el gozo del Señor.

Antiguamente estaba prescrito que incluso los animales, privados de razón tenían que reposar el día del sábado. El buey no tenía que llevar el yugo ni el asno cargarse con peso, porque incluso los animales debían de reposar de sus trabajos pesados. Viviendo entre nosotros, el Señor nos trajo el reposo del alma que estaba oprimida bajo el peso del pecado y que realizaba obras de injusticia por causa del pecado, sometida a amos crueles. El Señor la descargó del peso insoportable de las ideas vanas y viles, la libera del yugo amargo de las obras de injusticia y le concede el reposo.

En efecto, el Señor llama al hombre al descanso diciéndole: “venid todos los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré” (Mt 11,28). Y todas las almas que confían en él y se le acercan… celebran un sábado verdadero, delicioso y santo, una fiesta del Espíritu, con un gozo y una alegría indecibles. Le devuelven a Dios un culto puro que le gusta, procediendo de un corazón puro. Este es el verdadero y santo sábado.

Elredo de Rielvaux, monje
Escritos: Los dos sábados
El Espejo de la caridad, III, 3,4
Observar el sábado

En un principio debemos usar nuestras energías practicando buenas obras para, seguidamente, reposar en la paz de nuestra conciencia… Es la celebración gozosa de un primer sábado en el que reposamos de las obras serviles del mundo… y en el que ya no transportamos el peso de las pasiones.

Pero se puede abandonar la celda íntima donde se celebra este primer sábado y reencontrar la posada del corazón, allí donde hay costumbre de «alegrarse con los que gozan, llorar con los que lloran» (Rm 12,15), «ser débil con los débiles, arder con los que se escandalizan» (2Cor 11,29). Allí el alma se sentirá unida a la de todos los hermanos por el cemento de la caridad; allí no se es turbado por el aguijón de la envidia, quemado por el fuego de la cólera, herido por las flechas de la sospecha; allí se nos libera de las mordeduras devoradoras de la tristeza.

Si se atrae a todos los hombres en el jirón pacificado de su espíritu, donde todos se sienten abrazados, ardientes por un dulce afecto y donde no forma con ellos más que «un solo corazón y una sola alma» (Hch 4,32), entonces, saboreando esta maravillosa dulzura, enseguida el tumulto de las codicias se acalla, el alboroto de las pasiones se pacifica, y en el interior se produce un total desprendimiento de todas las cosas nocivas, un reposo gozoso y pacífico en la dulzura del amor fraterno. En la quietud de este segundo sábado, la caridad fraterna no deja ya que subsista ningún vicio… Impregnado de la pacífica dulzura de este sábado, David estalló en un cántico de júbilo: «Ved qué dulzura, qué delicia, convivir los hermanos unidos» (Sal 132,1).

Epístola de Bernabé: Un nuevo templo
nn. 15-16
«Aquí hay uno que es mayor que el Templo» (Mt 12,6)

Pasando a otro punto, también acerca del sábado, les dice: “Vuestros novilunios y vuestros sábados no los aguanto”. (Is 1,13). Mirad cómo dice: No me son aceptos vuestros sábados de ahora, sino el que yo he hecho, aquél en que, haciendo descansar todas las cosas, haré el principio de un día octavo, es decir, el principio de otro mundo. Por eso justamente nosotros celebramos también el día octavo con regocijo, por ser día en que Jesús resucitó de entre los muertos y, después de manifestado, subió a los cielos. Quiero también hablaros acerca del templo, cómo extraviados los miserables confiaron en el edificio y no en su Dios que los creo,… Examinemos si existe un templo de Dios: Existe, ciertamente, allí donde Él mismo dice que lo ha de hacer y perfeccionar. Está, efectivamente, escrito: Y será, cumplida la semana, que se edificará el templo de Dios gloriosamente en el nombre del Señor.

Constato, pues, que existe un templo. ¿Cómo se edificará en el nombre del Señor? Aprendedlo. Antes de creer nosotros en Dios, la morada de nuestro corazón era corruptible y flaca, como templo verdaderamente edificado a mano, pues estaba llena de idolatría y era casa de demonios, porque no hacíamos sino cuanto era contrario a Dios. Mas se edificará en el nombre del Señor. Atended a que el templo del Señor se edifique gloriosamente. ¿De qué manera? Aprendedlo. Después de recibido el perdón de los pecados, y por nuestra esperanza en el Nombre, fuimos hechos nuevos, creados otra vez desde el principio. Por lo cual, Dios habita verdaderamente en nosotros, en la morada de nuestro corazón.

Orígenes, presbítero
Homilía: Dios trabaja siempre en este mundo
Hom. sobre el Libro de los Números, n. 23 : SC 29
«El Hijo del hombre es dueño del sábado» (Mt 8,12)

No vemos que las palabras del Génesis: “el sábado Dios descansó de sus obras” se hayan cumplido en este séptimo día de la creación, ni tampoco se cumplan hoy. Vemos a Dios trabajando siempre. No hay sábado en el que Dios deje de trabajar, ningún día en el que “no salga su sol sobre buenos y malos y caiga la lluvia sobre justos e injustos”, donde “no crezca la hierba sobre las montañas y las plantas estén al servicio de los hombres”…, donde no haga “nacer y morir”.

Así, el Señor responde a los que lo acusaban de trabajar y de curar en sábado: “mi Padre está trabajando ahora, y yo también trabajo” Mostraba así que, en este mundo, no hay sábado en que Dios deje de velar por el mundo y por el destino del género humano… En su sabiduría creadora no deja de ejercer sobre sus criaturas su providencia y su benevolencia “hasta el fin del mundo”. Pues el verdadero sábado donde Dios descansará de todos sus trabajos, será el mundo futuro, cuando “dolor, tristeza y gemidos desaparecerán”, y Dios lo será “todo en todos”.

Afraates el sabio, obispo
Demostraciones: El sábado es hacer lo que Dios quiere
Demostración n° 13, 1.3.9
«Un tiempo de descanso, el séptimo día, está reservado para el pueblo de Dios» (He 4,9)

El sábado no ha sido establecido como una prueba para el discernimiento entre la vida y la muerte, entre la justicia y el pecado, así como otros preceptos mediante los cuales «el hombre encuentra la vida» (Lv 18,5) o la muerte, si no los observa. No, el sábado, en su tiempo, ha sido dado al pueblo en vistas al descanso; con los hombres, los animales debían cesar el trabajo (Ex 23,12)…

Si el sábado no había sido creado para el descanso de todo ser que realiza un trabajo corporal, las criaturas que no trabajan habrían debido, desde su origen, también, observar el sábado para estar justificadas. Por el contrario,
vemos el sol avanzar, sin descanso,
la luna recorrer su órbita,
las estrellas proseguir su carrera,
los vientos soplar,
las nubes moverse por el cielo,
las aves volar,
los arroyos manar las fuentes,
las olas agitarse,
los relámpagos caer e iluminar la creación,
el trueno estallar violentamente a su tiempo,
los árboles dar sus frutos,
y cada criatura crecer y fortalecerse.
No vemos en verdad ningún ser descansar el sábado, salvo los hombres y los animales de carga que están sujetos a la ley del trabajo.

A ninguno de los justos del Antiguo Testamento, el sábado les fue dado para que encontraran la vida… Pero la fidelidad al sábado estaba prescrita para que descansaran servidores, esclavas, mercenarios, extranjeros, animales de carga, con el fin de que pudieran restablecerse del trabajo abrumador. Ya que Dios ha cuidado de toda su creación, tanto de animales de carga como de animales feroces, de las aves como de los animales silvestres. Escucha ahora cuál es el sábado que Dios quiere. Isaías dijo: «He aquí mi descanso: hacer descansar al que está cansado» (28,12)… Nosotros por lo tanto, guardemos fielmente el sábado de Dios; haciendo lo que complace a su corazón. Así entraremos en el sábado del gran descanso, donde cielo y tierra reposarán, donde toda criatura se recrea.

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Publicado el 5 septiembre, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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