MATEO 6, 19-23

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (6, 19-23): facebook pq

19 No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los consumen, y los ladrones perforan las paredes y los roban.

20 Acumulen, en cambio, tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que los consuma, ni ladrones que perforen y roben.

21 Allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón.

22 La lámpara del cuerpo es el ojo. Si el ojo está sano, todo el cuerpo estará iluminado.

23 Pero si el ojo está enfermo, todo el cuerpo estará en tinieblas. Si la luz que hay en ti se oscurece, ¡cuánta oscuridad habrá!

MATEO 6.21

San Basilio (hacia 330-379), monje y obispo de Cesarea de Capadocia, doctor de la Iglesia
Homilía sobre la caridad: PG 31, 266-267; 275
«No os hagáis tesoros en la tierra»

¿Por qué tanto atormentarte y tanto esfuerzo para poner tu riqueza a salvo detrás de la argamasa y ladrillos? «Más vale buen nombre que muchas riquezas» (Pr. 22,1). Amas el dinero por la consideración que te procura. Sueñas que serás considerado mucho más si puedes ser llamado el padre, el protector de millares de niños, que si guardas millares de piezas de oro en tus sacos. Quieras que no un día tendrás que abandonar tu dinero; por el contrario, la gloria de todo el bien que habrás hecho podrás llevártela contigo al presentarte ante el soberano Señor, cuando todo un pueblo, apresurándose a defenderte ante el común juez, te llamará con los nombres de aquellos que dirán que les has alimentado, les has asistido, has sido bueno con ellos. Cuán agradecido estarás, feliz y orgulloso del honor que te hacen: no eres tú quien debe ir a importunarles a su puerta, son los otros que se presentan ante la tuya.
Pero en este momento te entristeces, no se te puede decir nada, huyes los encuentros por miedo a tener que dejar algo de lo que tan celosamente guardas. Y no sabes decir otra cosa: «No tengo nada, no os daré nada porque soy pobre». En realidad eres pobre, pobre de todo: pobre de amor, pobre de bondad, pobre de confianza en Dios, pobre de esperanza eterna.

La pobreza no viene por la disminución de las riquezas, sino por la multiplicación de los deseos

San Vicente de Paúl (1581-1660), presbítero, fundador de la Congregación
de la Misión y las Hijas de la Caridad
Conferencia sobre la indiferencia, 16 de mayo 1659
«Allí donde está tu tesoro, allí está tu corazón»

¿Dónde está el corazón del amante? En la cosa que ama: por consiguiente, allí donde está nuestro amor, allí es donde nuestro corazón permanece cautivo. No puede salir de allí, no puede elevarse más alto, no puede ir ni a derecha ni a izquierda; vedle parado. Allí donde está el tesoro del avaro, allí tiene su corazón; allí donde está nuestro corazón, éste es nuestro tesoro.
¡Y qué! Una nonada, una imaginación, una palabra seca que alguien nos ha dicho, una falta de acogida gratuita, un pequeño rechazo, el solo pensamiento de que alguien no cuenta con nosotros…¡todo esto nos hiere y nos indispone hasta el punto de no poder curar! El amor propio ataca a estas heridas imaginarias, no sabemos salir de ellas, estamos siempre metidos en ellas y ¿por qué? Porque estamos cautivos de esta pasión. ¿Qué es lo que nos hace cautivos? ¿Estamos en «la libertad de los hijos de Dios»? (Rm 8,21) ¿O estamos atados a los bienes, a las comodidades, a los honores?
Oh Salvador, nos habéis abierto la puerta de la libertad, enseñadnos a encontrarla. Hacednos conocer la importancia de esta sinceridad, haced que recurramos a vos para llegar a ella. Iluminadnos, mi Salvador, para ver a qué cosas estamos atados, y metednos, por favor en la libertad de los hijos de Dios.

Allí donde está tu tesoro, allí está tu corazón

 

San Cesareo de Arlés (470-543), monje y obispo
Sermón 32, 1-3; SC 243
“Donde está tu tesoro, allí también está tu corazón”

Dios acepta nuestras ofrendas de dinero y se complace en los dones que les hacemos a los pobres, pero con esta condición: que todo pecador, cuando le ofrece a Dios su dinero, le ofrezca al mismo tiempo su alma… Cuando el Señor dijo: “Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios” (Mc 12,17), es como decir: “como devolvéis al César su imagen sobre la moneda de plata, le devolvéis también a Dios la imagen de Dios” (cf Gn 1,26)…
Por eso, como ya dijimos, cuando le damos dinero a los pobres, le ofrecemos nuestra alma a Dios con el fin de que allí dónde está nuestro tesoro, allí también pueda estar nuestro corazón. En efecto, ¿por qué Dios nos pide dar dinero? Seguramente porque sabe que particularmente nos gusta y que pensamos en eso sin cesar; y que allí dónde está nuestro dinero, allí también está nuestro corazón.
Por eso Dios nos exhorta a tener tesoros en el cielo dando a los pobres; para que nuestro corazón siga allí donde ya enviamos nuestro tesoro y donde, cuando el sacerdote dice: “Levantemos el corazón”, pudiéramos responder con una conciencia tranquila: “Lo tenemos levantado hacia el Señor”.

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San Ambrosio (c. 340-397), obispo de Milán y doctor de la Iglesia
Sobre Nabaot, 58
“No acumuléis tesoros en la tierra… acumulad mejor tesoros en el cielo”

Tú que escondes tu tesoro en la tierra (Mt 25,25) eres su esclavo y no su dueño.
Cristo dice: “Donde está tu tesoro allí está tu corazón.” (Mt 6,21) Con el tesoro has enterrado también tu corazón. Más vale vender tu tesoro y comprar la salvación. Vendes un mineral y adquieres el reino de Dios, vendes el campo y adquieres para ti vida eterna.
Diciendo esto, estoy diciendo la verdad porque me apoyo en la palabra misma de aquel que es la Verdad: “Si quieres ser perfecto, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres. Así tendrás un tesoro en los cielos.” (Mt 19,21) No te entristezcas con estas palabras, por miedo que te dirijan a ti las mismas palabras que al joven rico: “Os aseguro que es más difícil que un rico entre en el reino de los cielos.” (Mt 19,23) Aún más, si tú lees esta frase, considera que la muerte te puede arrancar tus bienes, que la violencia de un poderoso te los puede quitar. A fin de cuentas, no te habrás preocupado más que por bienes minúsculos en lugar de grandes riquezas. No son más que tesoros de dinero en lugar de tesoros de gracia. Por el mismo hecho son corruptibles en lugar de eternos.

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Publicado el 5 septiembre, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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