JUAN 6, 41-51

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (6, 41-51):

41 Los judíos murmuraban de él, porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo».

42 Y decían: «¿Acaso este no es Jesús, el hijo de José? Nosotros conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo puede decir ahora: «Yo he bajado del cielo»?

43 Jesús tomó la palabra y les dijo: «No murmuren entre ustedes.

44 Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día.

45 Está escrito en el libro de los Profetas: “Todos serán instruidos por Dios”. Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí.

46 Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre.

47 Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna.

COMENTARIO:

El hombre realmente es libre para elegir. No está condicionado en su toma de decisiones, en su libertad, y en la responsabilidad de sus acciones por sus “conexiones neuronales”, como algunos dicen. Es libre para buscar la Verdad. En esa búsqueda, grandes filósofos y científicos, y desde el estudio de la mente en psiquiatría,  -no necesariamente teólogos-, han concluido que no es que crean en Dios, sencillamente que Dios existe. ¿No eran creíbles personas como Santa Teresa de Jesús o San Agustín en sus vidas?. Ellos decían que era posible una relación con Dios. Es verdad que no creemos aquello que no conocemos y para ello Dios envía a su Hijo, y tenemos el regalo de su vida, y las Sagradas Escrituras que la documentan. Ese CREER está al alcance de ti y de mi, no es necesario ser santo para conocer a Jesús, aunque todos podamos llegar a ser santos. Dios nos espera a cada uno en el silencio del corazón, dentro de nosotros mismos, para liberarnos de las ataduras de lo terreno, para hablarnos desde el Amor, para que sintamos su presencia, y abramos los ojos a otra Vida que puede empezar ya, en este minuto, ahora…si despertamos a Él y disfrutamos de esa Luz nueva en nuestros días.

48 Yo soy el pan de Vida.

JUAN 6.48

COMENTARIO:

En el amor, el amado habita en la vida de la amada y la amada en la vida del amado, en su corazón, en su mente. El sentimiento es el de querer poder traspasar a esa persona, estar en su ser, ir más allá de lo físico. Jesús quiere habitar en nuestra vida, y quiere que nosotros conozcamos la suya, la “habitemos” también. Cuando una madre, le dice a su hijo, te quiero, ¡te comería!, consigue en ese sentimiento de amor darle un beso, y ahí se tiene que conformar. Cuando Dios nos dice “Te quiero”, su amor no se queda en un beso, se quiere fundir con nosotros, con nuestra alma, con nuestro ser, con toda nuestra materia, y lo consigue hacer, … se funde con nosotros, nos traspasa, nos llega a cada célula, por medio del alimento de su Cuerpo, lo llegamos a comer… Un Amor así que no conoce barreras, solo tiene el límite de la libertad humana, que decide si quiere conocer, descubrir y vivir algo que no es imaginable, que está ahí aunque no podamos entenderlo, aunque nos sintamos quizá muy pequeños para ser merecedores de ese milagro. Está ahí, y ya está. Tu decides si quieres fundirte en el Amor con mayúsculas, ir a una aventura sin fin y sin fecha de caducidad, donde sentirás en la medida que te entregues, porque Él ya se ha entregado por completo, sin límite, para ti.

49 Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron.

50 Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera.

COMENTARIO:

A veces pasa que la novia quiere al novio, y resulta que tiene que querer a la familia y los amigos del novio, y no los quiere tanto, … Dios nos pide, cuando lo queremos a Él que queramos también a “la familia y los amigos del novio”, que en este caso son todos nuestros hermanos; todos somos hijos de Dios,… y a veces resulta un esfuerzo que solo por amor a Él y viendo a Dios en las personas que nos rodean, es posible. El amor lo puede todo. Dios nos da el pan que todo lo puede. No nos deja que muramos en vida… Nos da el alimento que nos sostiene, y nos promete, si lo “conocemos”, si lo seguimos, si lo amamos -en Él y en los demás-, si verdaderamente creemos, no solo que no nos va a dejar “morir en vida”, sino que vamos a seguir viviendo siempre en el amor a Él. La palabra SIEMPRE, en este caso, es preciosa para un cristiano.

51 Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo».

JUAN 6.48

PADRES DE LA IGLESIA

San Efrén de Nísibe

LA CRUZ DE CRISTO, SALVACIÓN DEL GÉNERO HUMANO

Nuestro Señor fue conculcado por la muerte, pero él, a su vez, conculcó la muerte, pasando por ella como si fuera un camino. Se sometió a la muerte y la soportó deliberadamente para acabar con la obstinada muerte. En efecto, nuestro Señor salió cargado con su cruz, como deseaba la muerte; pero desde la cruz gritó, llamando a los muertos a la resurrección, en contra de lo que la muerte deseaba.

La muerte le mató gracias al cuerpo que tenía; pero él, con las mismas armas, triunfó sobre la muerte. La divinidad se ocultó bajo los velos de la humanidad; sólo así pudo acercarse a la muerte, y la muerte le mató, pero él, a su vez, acabó con la muerte. La muerte destruyó la vida natural, pero luego fue destruida, a su vez, por la vida sobrenatural.

La muerte, en efecto, no hubiera podido devorarle si él no hubiera tenido un cuerpo, ni el abismo hubiera podido tragarle si él no hubiera estado revestido de carne; por ello quiso el Señor descender al seno de una virgen para poder ser arrebatado en su ser carnal hasta el reino de la muerte. Así, una vez que hubo asumido el cuerpo, penetró en el reino de la muerte, destruyó sus riquezas y desbarató sus tesoros.
Porque la muerte llegó hasta Eva, la madre de todos los vivientes. Eva era la viña, pero la muerte abrió una brecha en su cerco, valiéndose de las mismas manos de Eva; y Eva gustó el fruto de la muerte, por lo cual la que era madre de todos los vivientes se convirtió en fuente de muerte para todos ellos.

Pero luego apareció María, la nueva vid que reemplaza a la antigua; en ella habitó Cristo, la nueva Vida. La muerte, según su costumbre, fue en busca de su alimento y no advirtió que, en el fruto mortal, estaba escondida la Vida, destructora de la muerte; por ello mordió sin temor el fruto, pero entonces liberó a la vida, y a muchos juntamente con ella.

El admirable hijo del carpintero llevó su cruz a las moradas de la muerte, que todo lo devoraban, y condujo así a todo el género humano a la mansión de la vida. Y la humanidad entera, que a causa de un árbol había sido precipitada en el abismo inferior, por otro árbol, el de la cruz, alcanzó la mansión de la vida. En el árbol, pues, en que había sido injertado un esqueje de muerte amarga, se injertó luego otro de vida feliz, para que confesemos que Cristo es Señor de toda la creación.

¡A ti la gloria, a ti que con tu cruz elevaste como un puente sobre la misma muerte, para que las almas pudieran pasar por él desde la región de la muerte a la región de la vida!

¡A ti la gloria, a ti que asumiste un cuerpo mortal e hiciste de él fuente de vida para todos los mortales!

Tú vives para siempre; los que te dieron muerte se comportaron como los agricultores: enterraron la vida en el sepulcro, como el grano de trigo se entierra en el surco, para que luego brotara y resucitara llevando consigo a otros muchos.

Venid, hagamos de nuestro amor una ofrenda grande y universal; elevemos cánticos y oraciones en honor de aquel que, en la cruz, se ofreció a Dios como holocausto para enriquecernos a todos.

COMENTARIO:

Jesús propone asumir el paso de la vida humana con un total compromiso. El alimento, que es indispensable para vivir, es utilizado como metáfora para hacer ver que más allá de la dimensión humana de cada persona hay otra dimensión que requiere también ser alimentada. El ser humano, llamado a trascenderse a sí mismo, tiene que esforzarse también continuamente para que su ciclo de vida no se quede sólo en lo material.

POEMA

El pan
el más sencillo lenguaje,
el alimento más fraterno.

Que se llame pan,
arroz, maná o mijo
de todos los tiempos y todos los lugares,

El pan,
que une a los hombres del modo más fundamental
y por el que hacen la guerra,

El pan,
lo que me resulta más familiar
y también lo más necesario.

Dar un trozo de pan
al que quiero amar,
es ya darse a uno mismo.

Recibir del cielo
mi pan de cada día
es levantar los ojos más allá de mí mismo.

Pan hecho de mil granos de trigo,
que a cambio de uno solo caído en tierra
se da cien veces a sí mismo.

Pan,
símbolo universal
de lo que se puede compartir.

Pan,
palabra silenciosa
del gesto de amistad.

Pan,
dado por el Amado
a aquel le ha traicionado.

Pan,
con el que el propio Dios
ha querido identificarse.

Pan,
que, cogido por las manos de Dios,
ha salvado a la humanidad.

Pan,
hecho de mil granos molidos,
amasado con todas nuestras heridas.

Pan,
en quien cada cual puede reconocerse
en su propia carne rota.

Pan,
sin el que ninguno de nosotros
podría sobrevivir.

Todos
tenemos hambre de pan,
pero de mucho más aún.

El mundo
corre en todas direcciones
para ganarse el pan.

Hay hombres
que están dispuestos a cualquier cosa
por un mendrugo de pan.

En ciertas prisiones,
una miga de pan
valía su peso en oro.

Tirado a veces a la basura,
escandaliza los ojos demasiado grandes
de pequeños niños hambrientos.

Pan
no sirve de nada atesorarlo en el granero,
porque mañana se pudrirá u otro lo cogerá.

Pan
que Dios ha hecho llover del cielo,
pero que no se podía conservar de un día para otro.

Pan
que manos de tantas mujeres
han trenzado a lo largo de los siglos.

Pan
que por todo el mundo,
como una cadena invisible, ha amasado la humanidad.

Una monja

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Publicado el 6 septiembre, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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