MARCOS 6, 30-34

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (6,30-34):

DIOS QUIERE LA VIDA

30 Los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.

31 El les dijo: «Vengan conmigo a un lugar solitario, para que descansen un poco». Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer.

MARCOS 6.31

32 Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto.

33 Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos.

34 Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.

MARCOS 6.34

COMENTARIO:

Dios es el Pastor de la humanidad. Esto significa que Dios quiere para nosotros la vida, quiere guiarnos a buenos pastos, donde podamos alimentarnos y reposar; no quiere que nos perdamos y que muramos, sino que lleguemos a la meta de nuestro camino, que es precisamente la plenitud de la vida. Es lo que desea cada padre y cada madre para sus propios hijos: el bien, la felicidad, la realización. En el Evangelio de hoy Jesús se presenta como Pastor de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Su mirada sobre la gente es una mirada por así decirlo “pastoral”. (Benedicto XVI, ANGELUS 22 de Julio de 2012).

dios-quiere-transformar-tu-vida

COMENTARIO:

Al Señor le importa nuestro descanso. Cuáles son nuestros cansancios y peocupaciones?? Sabemos descansar en Jésus? Es la oración un descanso en nuestra jornada, un momento de reposo en el Corazón de Cristo???.

El cansancio físico, el cansancio vital, el cansancio espiritual solo se sanan descansando en el Señor y experimentando la Misericordia de un Dios que no se cansa de salir a buscarnos como el Pastor que va tras la oveja perdida. El Señor es mi pastor, nada me falta!!!

Isaac el Sirio (siglo VII), monje cercano a Mossoul, santo de la Iglesia ortodoxa

Discursos ascéticos 1ª serie, n°60
“Sintió piedad de ellos”

No llames a Dios simplemente justo. Porque no tiene relación lo que haces, con la justicia que él manifiesta. Si David le llama justo y recto (Sal. 32,5), su Hijo nos reveló que era mucho más bueno y dulce: “es bueno para malos e impíos” (Lc 6,35)… ¿Dónde está la justicia de Dios? ¿No está en que “mientras éramos pecadores, Cristo murió por nosotros “? (Rm 5,8) Y si Dios se muestra compasivo aquí bajo, creemos que lo es desde toda eternidad.
Alejemos de nosotros este pensamiento injusto de que Dios no se compadece. El ser cercano a Dios no cambia como cambian los seres que mueren…; nada falta ni se añade a aquel que tiene, así como pasa con las criaturas. Pero esta compasión que Dios tiene desde el comienzo, la tendrá siempre, por toda la eternidad… Como dice el bienaventurado Cirilo en su comentario del Génesis, venera a Dios por amor, y no a causa de este nombre severo de justicia, que se puso sobre él.
Ámalo como deberías amarlo: no por la recompensa que te dará, sino por lo que hemos recibido de él, por este mundo que creó con el fin de ofrecérnoslo. ¿Quién podrá devolverle algo a cambio de lo que hizo por nosotros? De nuestras obras, qué podríamos devolverle? ¿Al principio, quién lo persuadió para crearnos? ¿Y quién suplica por nosotros, cuando faltamos a su reconocimiento? ¡Qué admirable es la compasión de Dios! ¡Qué maravilla la gracia de Dios nuestro creador!… ¿Quién puede contar su gloria?.

San Cesáreo de Arlés (470-543), monje y obispo
Sermón Morin 26, 2-5; PLS IV*, 297-299

“Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos”

La auténtica misericordia que está en los cielos (Sal 35,6) es Cristo, Nuestro Señor. ¡Cuán suave y qué buena es la misericordia que, sin que nadie la buscase, ha bajado del cielo y se ha abajado para levantarnos a nosotros!…
Cristo nos ha prometido estar con nosotros hasta el fin del mundo, como él mismo nos lo dice en el evangelio: “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el final de este mundo.” (Mt 28,20) Hermanos, ved su bondad; está ya a la derecha del Padre y quiere seguir viviendo con nosotros en la tierra. Con nosotros quiere pasar hambre y sed, quiere sufrir con nosotros, padecer exilio con nosotros, incluso no rechaza estar prisionero y morir con nosotros (Mt 25,35ss)… Mirad qué amor nos tiene; en su inefable ternura quiere sufrir en nosotros todos estos males.
Sí, la auténtica misericordia venida del cielo, Nuestro Señor Jesucristo, te creó de la nada, te buscó cuando andabas perdido, te ha rescatado cuando fuiste vendido… Todavía ahora, Cristo se digna incorporarse cada día a la humanidad. Desgraciadamente, no todos los hombres le abren la puerta de su corazón.

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Publicado el 6 septiembre, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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