MARCOS 8, 22-26

LECTURA DEL SANTO EVANGEIO SEGÚN SAN MARCOS (8,22-26):

22 Cuando llegaron a Betsaida, le trajeron a un ciego y le rogaban que lo tocara.

23 El tomó al ciego de la mano y lo condujo a las afueras del pueblo. Después de ponerle saliva en los ojos e imponerle las manos, Jesús le preguntó: «¿Ves algo?».

24 El ciego, que comenzaba a ver, le respondió: «Veo hombres, como si fueran árboles que caminan».

25 Jesús le puso nuevamente las manos sobre los ojos, y el hombre recuperó la vista. Así quedó curado y veía todo con claridad.

26 Jesús lo mandó a su casa, diciéndole: «Ni siquiera entres en el pueblo».

salsipuedes

San Juan de Ávila, Audi filia, cap. 98
“Tomando al ciego de la mano, le sacó fuera del pueblo” (Mc 8, 23)

…Dice San Juan (Ap 18, 4) que oyó otra voz del cielo que dijo: Salid de ella, pueblo mío, no seáis participantes en sus delitos, y no recibáis de sus plagas. Porque llegado han sus pecados hasta el cielo, y acordádose ha el Señor de las maldades de ella.

Y aunque sea cosa muy provechosa al que es bueno huir aún corporalmente la compañía del malo, y para el que es principiante en la bondad le es casi necesario, si no quiere perderse, mas este salir de en medio de Babilonia, que aquí Dios manda, entiéndese, como dice San Agustín, de «salir con el corazón de entre los malos, amando lo que aborrecen, y aborreciendo lo que aman». Porque mirando lo corporal, en una misma ciudad y en una misma casa están juntas Jerusalén y Babilonia, cuanto al cuerpo; mas si miramos los corazones, muy apartados están; y en uno es conocida Jerusalén, ciudad de Dios, y en otro Babilonia, ciudad de los malos.

Olvidad, pues, vuestro pueblo, y salid al pueblo de Cristo, sabiendo que no podéis comenzar vida nueva, si no salís con dolor de la vieja. Acordaos de lo que dice San Pablo (He 13,12), que para santificar Jesús a su pueblo por su sangre, padeció muerte fuera de la puerta de Jerusalén. Y pues así es, salgamos a El fuera de los reales, imitándole en su deshonra. Esto dice San Pablo, amonestándonos que por esto Cristo padeció fuera de la ciudad, para darnos a entender que si le queremos seguir, hemos de salir de esta ciudad que hemos dicho, que es congregación de los que a sí mismos mal se aman. Porque bien pudiera Cristo curar al ciego dentro de Bethsaida; mas quiso sacarlo de ella, y así darle vista (Mc 8,23), para darnos a entender que fuera de la vida común, que siguen los muchos, hemos de ser curados de Cristo, siguiendo el camino estrecho, por el cual dice la misma Verdad que andan pocos (Mt 7,14).

No os engañe nadie; no quiere Cristo a los que quieren cumplir con Él y con el mundo…

Santa Gertrudis de Helfta, Ejercicios espirituales, n. 6 : SC 127
“¿Ves algo? (Mc 8, 23)”

“Entonces lo verás, y quedarás radiante“ (Is 60,5)
¿Cuál será mi felicidad, Dios mío, cuál será mi alegría, cuál será mi júbilo, cuando me descubras la belleza de tu divinidad y cuando mi alma te vea cara a cara?… Entonces, alma mía, “verás y estarás en la abundancia, tu corazón se admirará y se dilatará, cuando recibas multitud de riquezas”, de delicias, y la magnificencia de la gloria “de este mar” inmenso de la Trinidad, digna para siempre de adoración; cuando “recibas la fuerza de las naciones” que “el Rey de reyes y el Señor de los señores” (Is 60,5; 1Tm 6,15), por la fuerza de su brazo, ha librado de la mano del enemigo; cuando te cubras de inmensa misericordia y caridad divina …

Entonces la copa de la visión te será presentada y te embriagarás (Sal. 22,5 tipos de Vulg) – es la copa embriagadora y sublime de la gloria del rostro divino. Beberás “del torrente de las delicias” (Sal. 35,9) de Dios cuando la misma fuente de la luz te colme eternamente de su plenitud. Entonces verás los cielos totalmente llenos de la gloria del Dios que los habita, y este Astro virginal que, después de Dios, ilumina todo el cielo de su luz purísima [María], y las obras admirables de los dedos de Dios [los santos: Gn 2,7] y “estas estrellas de la mañana” que siempre están ante el rostro de Dios con tanta alegría y que lo sirven [los ángeles: Jb 38,7; Tb 12,15].

Dios de mi corazón y mi herencia elegida (Sal. 72,26), por desgracia, ¿cuánto tiempo todavía mi alma se verá privada de la presencia de tu rostro tan dulce?… Por gracia, hazme ir rápidamente hacia ti, Dios “fuente de vida” (Sal 36,10), con el fin de que en ti tenga la vida eterna para siempre. Rápidamente “muéstrame tu rostro” (Sal 30,17) con el fin de que felizmente te vea cara a cara. Rápido, sí, rápidamente, muéstrateme tú mismo, con el fin de que me regocije en ti, en la dicha, eternamente.

Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, III, q. 86, a. 5
¿Desaparecen todas las secuelas del pecado después de perdonada la culpa mortal?

Objeciones:
Por las que parece que desaparecen todas las secuelas del pecado después de perdonada la culpa mortal.

1. Dice San Agustín en su libro De Poenitentia: Nunca curó el Señor a alguien sin liberarlo completamente. Curó totalmente a un hombre en día de sábado porque libró su cuerpo de toda enfermedad, y su alma, de todo contagio. Pero las secuelas del pecado pertenecen a la enfermedad del pecado. Luego no parece posible que, perdonada la culpa, permanezcan aún las secuelas del pecado.

2. Dice Dionisio en IV De Div. Nom. que el bien es más eficaz que el mal, ya que el mal no actúa más que en virtud del bien. Ahora bien, el hombre, al pecar, contrae toda la infección del pecado. Luego, con mayor razón, la penitencia le librará de todas las secuelas del pecado.

3. Las obras de Dios son más eficaces que las obras de los hombres. Pero el ejercicio de las buenas obras del hombre hace desaparecer las secuelas del pecado contrario. Luego mucho más desaparecerán con la remisión de la culpa, que es obra de Dios.

Contra esto:
Se lee en Mc 8,22ss. que el ciego curado por el Señor, primeramente, recibió una vista imperfecta, y así dijo: Veo a los hombres como árboles que andan; y después fue curado perfectamente, de tal manera que veía con claridad todas las cosas. Ahora bien, la curación del ciego significa la liberación del pecador. Luego después de la primera remisión de la culpa, por la que al pecador se le restituye la visión espiritual, permanecen todavía en él algunas secuelas del pecado pasado.

Respondo:
El pecado mortal con su conversión desordenada a los bienes creados, produce en el alma una cierta disposición e, incluso, un hábito si se repite muchas veces. Como se acaba de decir (a. 4 ad 1), la culpa del pecado mortal se perdona en cuanto que por la virtud de la gracia desaparece la aversión de la mente a Dios. Pero, eliminado cuanto se refiere a la aversión, puede permanecer todavía lo que se refiere a la conversión desordenada, ya que ésta puede existir sin aquélla, como antes se ha dicho (a. 4 ad 1). Y, por eso, nada impide que, eliminada la culpa, permanezcan las disposiciones causadas por los actos precedentes, que se llaman secuelas del pecado.

Permanecen, sin embargo, debilitadas y disminuidas, de tal manera que no dominen al hombre. Permanecen, efectivamente, en forma de disposición, y no en forma de hábito, como también permanece en el bautismo el fermento de pecado.

A las objeciones: Soluciones

1. Dios cura al hombre por entero perfectamente: unas veces, de manera súbita, como hizo con la suegra de San Pedro, a quien devolvió la salud perfectamente, de tal forma que levantándose le servía, como se dice en Lc 4,39; otras veces, lo hace de forma gradual, como se dice del ciego, a quien devolvió la vista, en Mc 8,25. Pues así también, en el orden espiritual, algunas veces convierte el corazón de un hombre con tanta conmoción que instantáneamente consigue la perfecta cura espiritual, no sólo con la remisión de la culpa, sino también con la eliminación de todas las secuelas del pecado, como sucedió con la Magdalena, según Lc 7,47ss. Otras veces, sin embargo, primero perdona la culpa a través de la gracia operante, y después, por la gracia cooperante, va gradualmente quitando las secuelas del pecado.

2. También el pecado, a veces, produce instantáneamente una débil disposición, como la causada con un solo acto, pero otras veces más fuerte, causada por muchos actos.

3. Con un solo acto no desaparecen todas las secuelas del pecado, porque, como se dice en Praedicamentis: El perverso, reconducido a prácticas mejores, irá aprovechando poco a poco y mejorará. Pero, insistiendo en el ejercicio, llegará a ser bueno con una virtud adquirida. Sin embargo, esto lo conseguirá mucho más fácilmente la gracia divina, ya con uno, ya con muchos actos.

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Publicado el 6 septiembre, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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