MARCOS 9, 30-37

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (9,30-37): facebook pq

30 Al salir de allí atravesaron la Galilea; Jesús no quería que nadie lo supiera,

31 porque enseñaba y les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará».

32 Pero los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas.

33 Llegaron a Cafarnaúm y, una vez que estuvieron en la casa, les preguntó: «¿De qué hablaban en el camino?».

34 Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande.

35 Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: «El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos».

MARCOS 9.35

36 Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo:

37 «El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha enviado».

CUANDO MIRES A LOS NIÑOS

COMENTARIO del Evangelio por SAN GREGORIO NACIANCENO (330-390), obispo y doctor de la Iglesia. Homilía para la fiesta de Pascua; PG 36, 624.

“Seamos el último de todos y el servidor de todos”

Respóndeles a aquellos que dudan de los estigmas de la Pasión en el cuerpo de Cristo y a quienes se plantean la cuestión: “¿quién es este rey de gloria?” (Sal 23,8), que es Cristo “fuerte y poderoso” (ibid), en todo lo que hizo y continúa haciendo…

¿Es acaso pequeño por el hecho de que se hizo humilde por ti? ¿Es despreciable por ser el Buen Pastor que ofrecía su vida por su rebaño, que vino para buscar la oveja descarriada, y que una vez la encontró, se la puso sobre sus hombros que habían llevado por ella la cruz, y la devolvió a la vida de arriba, y la puso entre las ovejas fieles que se quedaron al redil? (Jn 10,11; Lc 15,4)

¿Lo menosprecias por el hecho de que encendió una lámpara, su propia carne, y que barrió su casa, purificando el mundo del pecado, para buscar la moneda de plata perdida, perdiendo la belleza de su efigie real por su Pasión? (Lc 15,8s; Mc 12,16)…

¿Acaso lo consideras inferior porque se ciñe un delantal para lavar los pies de sus discípulos, mostrándoles que el medio más seguro para ascender, es descender? (Jn 13,4s)

¿Te quejas a Dios porque Cristo desciende, inclinando su alma hacia la tierra, con el fin de levantar con Él a los que caen bajo el peso del pecado? (Mt 11,28)

¿Le reprochas por haber comido con publicanos y pecadores para su salvación? (Mt 9,10)

¿Cómo acusar a un médico que estudia los sufrimientos y las heridas de los enfermos para aportarles la curación?

ORGULLO NO ENGORDA

COMENTARIO:
San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte) y doctor de la Iglesia
Sermón para la consagración de un obispo, Guelferbytanus n°32; PLS 2, 637
El obispo, como todo cristiano, “servidor de todos”

Aquel que gobierna al pueblo debe entender ante todo que él es el servidor de todos. No debe desdeñar su servicio… ya que el Señor de los Señores (1Tim 6,15) nunca desdeñó ponerse a nuestro servicio.
Esta impureza de la carne que se vislumbra entre los discípulos de Cristo como un deseo de grandeza; el humo del orgullo que les nublaba la vista. De hecho, podemos leer: “Una disputa surge entre ellos para saber quién era el más grande” (Lucas 22,24). Pero el Señor sanador estaba ahí; él reprimió sus ínfulas… Él les mostró el ejemplo de humildad en un niño… Porque el orgullo es un gran mal, el primer mal, el origen de todo pecado…
Por ello el apóstol Pablo recomienda, entre otras virtudes de los responsables de la Iglesia, la humildad (1Timoteo 3,6)… Cuando el Señor hablaba del ejemplo del niñ￱o: “El que quiera ser el más grande entre vosotros, que sea vuestro servidor” (Mateo 20,26)… Les hablo como obispo y mis advertencias me dan miedo a mí mismo… Cristo vino a la tierra “no para ser servido, sino para servir, y dar su vida para saldar la deuda de una multitud” (Marcos 10,45). Así fue como él sirvi￳ó, así es el tipo de servidor que nos ordena ser. Él dio su vida, él nos redimió. ¿Quién entre nosotros puede redimir a alguien más? Nos redimió de la muerte con su muerte, con su sangre. A nosotros que estábamos dispersos por la tierra, él nos levantó con su humildad. Pero nosotros también debemos poner de nuestra parte para sus miembros, porque nosotros fuimos hechos sus miembros. Él es la cabeza, nosotros el cuerpo (Efesios 1,22). Y el apó￳stol Juan nos exhorta a imitarlo: “Cristo dio su vida por nosotros; nosotros también debemos dar nuestra vida por nuestros hermanos” (1Juan 3,16).

ORGULLO Y FE

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Publicado el 6 septiembre, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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