MATEO 10, 24-33

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (10,24-33) facebook pq

24 El discípulo no es más que el maestro ni el servidor más que su dueño.

25 Al discípulo le basta ser como su maestro y al servidor como su dueño. Si al dueño de casa lo llamaron Belzebul, ¡cuánto más a los de su casa!

26 No les teman. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido.

27 Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas.

28 No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena.

29 ¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el cielo.

30 Ustedes tienen contados todos sus cabellos.

31 No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros.

32 Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo los reconoceré ante mi Padre que está en el cielo.

33 Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres.

MATEO 10.24-33

COMENTARIO:

Los discípulos no se preparan para tomar el lugar de un predecesor y establecer jerarquías entre los que más saben y los que menos. La preparación de los discípulos está encaminada al servicio misionero de la Palabra, al servicio del pueblo, a la relación filial con el Padre. Nosotros sentimos que muchas veces se presentan algunos con intención de ocupar el lugar del Maestro. Pero este puesto no está disponible porque Él aún lo ocupa.

El Maestro resucitado sigue enseñando a sus discípulos por medio del Espíritu. Continúa enviando a sus discípulos para ser misioneros abiertos a todas las gentes, y a todas sus culturas. Los sigue formando en la escucha atenta de su Palabra en la Biblia y en la vida.

MAESTRO Y ALUMNO

San Patricio (hacia el 385-hacia el 461), monje misionero y obispo
Confesión § 43-47
«Eso que escucháis en el oído, proclamadlo desde los tejados»

No he comenzado este trabajo por mi propia cuenta, sino que es Cristo Señor quien me ha ordenado venir a pasar, junto a los irlandeses paganos, el resto de mis días, si el Señor lo quiere y si me preserva de todo mal camino… Mas, yo no tengo la confianza puesta en mí mismo «mientras vivo en este cuerpo de muerte» (2P 1,13; Rm 7,24)… Yo no he llevado una vida perfecta como otros fieles, pero lo confieso ante mi Señor y no me avergüenzo en su presencia, porque no miento: desde mi juventud que le conocí, el amor de Dios ha crecido en mí, igual que el temor, y hasta el presente, por la gracia del Señor, «he mantenido la fe» (2Tm 4,7).

El que quiera, pues, que se ría de mi y que me insulte; yo no me voy a callar ni esconderé «los signos y las maravillas» (Dn 6,27) que el Señor, que conoce todas las cosas, me ha mostrado muchos años antes de que se cumplieran. Por ello siempre debería dar gracias a Dios, que tan a menudo ha perdonado mi insensatez y mi negligencia, y también por no haberse irritado contra mí, que he sido dado como obispo a los fieles, ni una sola vez. El Señor «ha tenido piedad» de mí «en bien de millares y millares de hombres» (Ex 20,6), porque él veía que yo estaba disponible… En efecto, eran muchos los que se oponían a esta misión; incluso hablaban entre ellos y a espaldas mías, diciendo: «¿Por qué se mete ese en una empresa peligrosa y en un país extranjero que no conoce a Dios?» Y no era por malicia que se expresaban así; yo mismo soy testigo de ello: era a causa de ser yo tan rudo que no podían comprender el porqué había sido nombrado obispo. Y a mí mismo no me ha sido fácil reconocer la gracia que estaba en mí. Ahora, todo esto está claro para mí.

Ahora, pues, simplemente expongo a mis hermanos y a mis compañeros de servicio que han creído en mí, porque «predico y continuo predicando» (2C 13,2) con el fin de fortalecer y confirmar vuestra fe. Ojalá podáis también vosotros ambicionar fines más elevados y llevar a cabo obras más excelentes. Esa será mi gloria, porque «un hijo sabio es la gloria de su padre» (Pr 10,1).

San Ambrosio (hacia 340-397), obispo de Milán y doctor de la Iglesia
Homilía 20 sobre el salmo 118; CSEL 62, 467s
Manifestarse a favor de Cristo delante de los hombres

Cada día puedes dar testimonio de Cristo. Estabas tentado por el espíritu de impureza; pero… has creído mejor no ensuciar la castidad del espíritu y del cuerpo: entonces, tú eres mártir, testigo de Cristo… Estabas tentado por el espíritu de orgullo; pero viendo al pobre e indigente, te ha movido un tierna compasión, y has preferido la humildad a la arrogancia; tú eres testigo de Cristo. Mejor aún: no has dado testimonio con tu palabra sino con tu acción.
¿Cuál es el testimonio más seguro? «Todo aquel que confiesa que Jesucristo ha venido en carne» (1Jn 4,2) y que observa los preceptos del Evangelio… ¡Cuántos son cada día esos mártires de Cristo, escondidos, que confiesan al Señor Jesús!
El apóstol Pablo ha conocido esta clase de martirio y da un testimonio de fe a Cristo cuando dice: «El objeto de nuestro orgullo es el testimonio de nuestra conciencia» (2Co 1,12) Porque ¡cuántos son los que han confesado la fe exteriormente pero la han negado interiormente!… Sé, pues, fiel y valiente en las persecuciones interiores para, así, triunfar en la exteriores. Igualmente ocurre con las persecuciones de dentro, las hay «de reyes y de gobernantes», jueces de un poder temible. Un ejemplo de ello lo tienes en las tentaciones del Señor.

Carta de la Iglesia de Esmirna sobre el martirio de San Policarpo (69-155),
obispo (trad. cf breviario 23/02)
“No temáis a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma”

Por tanto, no le sujetaron con los clavos, sino que lo ataron. Ligadas las manos a la espalda como si fuera una víctima insigne seleccionada de entre el numeroso rebaño para el sacrificio, como ofrenda agradable a Dios, mirando al cielo, Policarpo dijo:
“Señor, Dios todopoderoso, Padre de nuestro amado y bendito Jesucristo, Hijo tuyo, por quien te hemos conocido; Dios de los ángeles, de los arcángeles, de toda criatura y de todos los justos que viven en tu presencia: te bendigo, porque en este día y en esta hora me has concedido ser contado entre el número de tus mártires, participar del cáliz de Cristo y, por el Espíritu Santo, ser destinado a la resurrección de la vida eterna en la incorruptibilidad del alma y del cuerpo. ¡Ojalá que sea yo también contado entre el número de tus santos como un sacrificio enjundioso y agradable, tal como lo dispusiste de antemano, me lo diste a conocer y ahora lo cumples, oh Dios veraz e ignorante de la mentira! Por esto te alabo, te bendigo y te glorifico en todas las cosas por medio de tu Hijo amado Jesucristo, eterno y celestial Pontífice. Por él a ti, en unión con él mismo y el Espíritu Santo, sea la gloria ahora y en el futuro, por los siglos de los siglos. Amén”

Tomás de Celano (hacia 1190-hacia 1260), biógrafo de San Francisco y de
Santa Clara
Primera vida de S. Francisco de Asís, 58
“Ni un pajarito cae en tierra sin que lo sepa vuestro Padre…No temáis!”

Llegado a una gran manada de pájaros, el bienaventurado Francisco se dio cuenta que le esperaban. Les dirigió su saludo habitual, se admiraba de que no se escaparan como de costumbre, les dijo que debían de escuchar la Palabra de Dios y les rogó humildemente de estar atentos. Les dijo, entre otras cosas: “Pajaritos, hermanos míos, tenéis motivo de alabar y amar a vuestro creador. El os ha dado las plumas de vestido, las alas para volar, y todo lo que necesitáis para vivir. De entre todas las criaturas de Dios, vosotros tenéis la mayor suerte. Os ha dado el aire y su pureza como vuestro espacio vital. No habéis sembrado ni segado, os da vuestro alimento y vuestro cobijo sin que os tengáis que inquietar por ello.” A estas palabras, según el mismo santo y sus compañeros, los pájaros expresaron a su manera una inmensa alegría: alargaban sus cuellos, desplegando sus alas, abriendo el pico y mirando con toda atención. El Santo se paseaba entre ellos, rozando con su túnica sus cabezas y sus cuerpos.
Finalmente, los bendijo trazando sobre ellos la señal de la cruz y permitiéndoles que se fueran volando. El siguió el camino con sus compañeros y, exultante de alegría, dio gracias a Dios que es reconocido y venerado por todas las criaturas.
Francisco no era un simple pero tenía la gracia de la simplicidad. Se acusaba entonces de no haber predicado antes a los pájaros ya que escuchaban con tanta atención y respeto la Palabra de Dios. A partir de este día no dejaba de exhortar a todos los pájaros, a todos los animales, a los mismos reptiles y hasta a las criaturas insensibles, a alabar y amar al Creador.

Odas de Salomón
Texto cristiano hebraico de principios del siglo II, N° 5
“No tengáis miedo… permaneced sin temor”

Te doy gracias, Oh Dios,
porque te amo.
Oh, Altísimo, no me desampares,
pues tu eres mi esperanza:
Libremente he recibido de ti la Gracia,
y por eso viviré.
Mis perseguidores vendrán
y no podrán encontrarme:
Una nube de oscuridad caerá sobre sus ojos;
y una espesa penumbra los oscurecerá,
No tendrán luz para verme,
y no podrán atraparme…
Han ideado un plan contra mí
pero se volverá contra ellos,
han concebido un proyecto malvado
pero no tendrán éxito.
Pues el Señor es mi esperanza,
y no tendré miedo,
el Señor es mi salvación,
no temeré.
Él es como una guirnalda (de luz) sobre mi cabeza
y no temblaré.
Incluso si todo se sacude a mi alrededor,
yo permaneceré firme;
Y aunque todas las cosas visibles perezcan,
yo no moriré, porque el Señor está conmigo
y yo estoy con Él.
Aleluya..

EL AMOR DE DIOS ME QUITA TODO TEMOR

COMENTARIO:

El temor ha sido desterrado por Cristo. “No hay temor en el amor “ dice san Juan, sino que el amor perfecto expulsa al temor. Pues el temor tiene que ver con el castigo, y quien teme no ha alcanzado la perfección en el amor. Nosotros amamos porque “Él nos amó primero” (1 Jn 4, 18-19). Cuando el corazón está unido al querer de Dios, lo que Dios quiere da paz, y es lo que nos aparta de Él lo que desasosiega. Dicho de otro modo, para quien ha acogido el amor de Cristo, la voluntad de Dios coincide con la felicidad. O la felicidad coincide con la voluntad de Dios. Cristo ha venido para espantar al temor, para darnos la libertad.

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Publicado el 6 septiembre, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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