MATEO 10, 7-15

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (10,7-15): facebook pq

7 Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca.

8 Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente.

9 No lleven encima oro ni plata, ni monedas,

10 ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón; porque el que trabaja merece su sustento.

11 Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, busquen a alguna persona respetable y permanezcan en su casa hasta el momento de partir.

12 Al entrar en la casa, salúdenla invocando la paz sobre ella.

13 Si esa casa lo merece, que la paz descienda sobre ella; pero si es indigna, que esa paz vuelva a ustedes.

14 Y si no los reciben ni quieren escuchar sus palabras, al irse de esa casa o de esa ciudad, sacudan hasta el polvo de sus pies.

15 Les aseguro que, en el día del Juicio, Sodoma y Gomorra serán tratadas menos rigurosamente que esa ciudad.

MATEO 10.8

San Agustín, de consensu evangelistarum, 2, 30

O porque añadiendo el Señor, según San Mateo: “Porque el que trabaja merece que le sustenten” (Mt 10,10), nos manifiesta claramente, por qué no quería que ellos poseyeran o llevasen nada consigo; no porque la vida no tenga sus necesidades, sino porque de este modo los creyentes a quienes anunciasen el Evangelio habrían de proveerlos de lo necesario. De aquí se deduce, que el Señor no dice en este precepto que no deben los evangelistas vivir de otro modo que de lo que les den aquellos a quienes anuncian el Evangelio, sino que les da poder de obrar así, como teniendo derecho a ello; y por esto el Apóstol, aunque pareciendo contravenir al precepto, vivió del trabajo de sus manos. Suele preguntarse cómo han referido San Mateo y San Lucas que el Señor dijo a sus discípulos no llevasen ni báculo, cuando San Marcos dice: “Y les mandó que nada se llevasen para el camino, sino el solo báculo”. Y bien, debemos entender que es en un sentido en el que San Marcos habla del báculo que se debe llevar, y en otro en el que hablan San Mateo y San Lucas del que no se debe llevar. Pudo, pues, decir el Señor de un modo abreviado: “No llevéis con vosotros nada de lo necesario, ni el báculo, o sólo el báculo” (Mt 10,10), para que por ni el báculo se entienda ni la cosa más mínima, y por sólo el báculo que por el poder recibido del Señor, simbolizado en el báculo, no les faltaría nada ni aun de lo que no llevaban consigo. Ambas cosas, pues, dijo el Señor; pero como ningún evangelista ha referido las dos a la vez, se piensa que el que dice que lleven el báculo en un sentido, contradice al que refiere que no lleven ni el báculo en otro sentido. Mas dada ya la razón de esto, queda resuelta la duda. Así, cuando San Mateo dice que no deben llevar calzado, quiere evitar el cuidado que les daría llevarle por el temor de que les faltase si no le llevaban. Lo mismo debe entenderse de las dos túnicas, a fin de que no tenga que cuidarse el apóstol más que de la que lleva puesta, y no de la otra, a la cual se le da derecho. Por esto San Marcos, diciendo que calcen sandalias, advierte que debe darse a este calzado una significación mística, puesto que, no dejando cubierto al pie por arriba ni por debajo desnudo, da a entender que no deben ocultar el Evangelio, ni apoyarse en las comodidades terrenas. Y por lo que hace a no tener ni llevar dos túnicas, ¿qué otra cosa les advierte, sino que deben andar sencillamente y no con doblez? Y si alguno piensa que el Señor no ha podido hablar en sentido propio y figurado a la vez en un mismo discurso, que examine los demás discursos suyos y verá que piensa así temerariamente y por ignorancia.

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Liturgias Eucarísticas de San Juan Crisóstomo y de San Basilio : Gran letanía de la
paz y la comunión
«Que la paz descienda sobre vuestras casas»

Diácono: En paz, roguemos al Señor.

Coro: Señor, ten piedad

Diácono:
Por la paz que es don de lo alto y
por la salvación de nuestras almas, roguemos al Señor.
Por la paz del mundo entero, por la prosperidad de las santas Iglesias de Dios, y
por la unión de todos, roguemos al Señor.
Por este santo templo, y
por los que a él vienen con fe, piedad y temor de Dios, roguemos al Señor.
Por nuestro santo Padre el Papa (Nombre),
por nuestro Metropolita (Nombre),
por nuestro Obispo (Nombre),
por el colegio de presbíteros,
por los diáconos que sirven en Cristo,
por todo el clero y el pueblo, roguemos al Señor.
Por las autoridades y gobernantes de nuestro país, roguemos al Señor.
Por nuestro pueblo,
por esta ciudad,
por todas las ciudades y comarcas, y
por los fieles que en ellas habitan, roguemos al Señor.
Por un clima favorable,
por la abundancia de los frutos de la tierra, y
por los tiempos pacíficos, roguemos al Señor.
Por los que viajan,
por los enfermos,
por los oprimidos y cautivos, y por su salvación, roguemos al Señor.
Para vernos libres de toda desgracia, castigo, peligro y angustia, roguemos al
Señor.
Ayúdanos, sálvanos, ten piedad de nosotros, oh Dios, y protégenos con tu
gracia.
Haciendo memoria de nuestra santísima Señora, la inmaculada, bendita y gloriosa
Madre de Dios y siempre Virgen María, y de todos los santos, encomendémonos a
nosotros mismos, y los unos a los otros y nuestra vida entera a Cristo Dios.

Coro:A Ti, Señor.

San Buenaventura
Vida de San Francisco: El Señor os dé la paz.
Leyenda mayor, cap. 3 (Traducción: Jesús Larrínaga, o.f.m. (BAC 399) Madrid, 1998, 7ª edición (reimpresión), págs. 377-500.)
«Por los caminos proclamad que el Reino de los cielos está cerca» (cf. Mt 10,7)

En cierta ocasión asistía devotamente a una misa que se celebraba en memoria de los apóstoles, se leyó aquel evangelio en que Cristo, al enviar a sus discípulos a predicar, les traza la forma evangélica de vida que habían de observar, esto es, que no posean oro o plata, ni tengan dinero en los cintos, que no lleven alforja para el camino, ni usen dos túnicas ni calzado, ni se provean tampoco de bastón.

Francisco, tan pronto como oyó estas palabras y comprendió su alcance, el enamorado de la pobreza evangélica se esforzó por grabarlas en su memoria, y lleno de indecible alegría exclamó: “Esto es lo que quiero, esto lo que de todo corazón ansío”. Y al momento se quita el calzado de sus pies, arroja el bastón, detesta la alforja y el dinero y, contento con una sola y corta túnica, se desprende la correa, y en su lugar se ciñe con una cuerda, poniendo toda su solicitud en llevar a cabo lo que había oído y en ajustarse completamente a la forma de vida apostólica.

Desde entonces, el varón de Dios, fiel a la inspiración divina, comenzó a plasmar en sí la perfección evangélica y a invitar a los demás a penitencia. Sus palabras no eran vacías ni objeto de risa, sino llenas de la fuerza del Espíritu Santo, calaban muy hondo en el corazón, de modo que los oyentes se sentían profundamente impresionados. Al comienzo de todas sus predicaciones saludaba al pueblo, anunciándole la paz con estas palabras: “¡El Señor os dé la paz!” Tal saludo lo aprendió por revelación divina, como él mismo lo confesó más tarde… Así, pues, tan pronto como llegó a oídos de muchos la noticia de la verdad, tanto de la sencilla doctrina como de la vida del varón de Dios, algunos hombres, impresionados con su ejemplo, comenzaron a animarse a hacer penitencia, y, abandonadas todas las cosas, se unieron a él, acomodándose a su vestido y vida.

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Publicado el 6 septiembre, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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