MATEO 1, 1-16. 18-23

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (1,1-16.18-23): facebook pq

1 Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham:

2 Abraham fue padre de Isaac; Isaac, padre de Jacob; Jacob, padre de Judá y de sus hermanos.

3 Judá fue padre de Fares y de Zará, y la madre de estos fue Tamar. Fares fue padre de Aram;

4 Aram, padre de Aminadab; Aminadab, padre de Naasón; Naasón, padre de Salmón.

5 Salmón fue padre de Booz, y la madre de este fue Rahab. Booz fue padre de Obed, y la madre de este fue Rut. Obed fue padre de Jesé;

6 Jesé, padre del rey David. David fue padre de Salomón, y la madre de este fue la que había sido mujer de Urías.

7 Salomón fue padre de Roboam; Roboam, padre de Abías; Abías, padre de Asá;

8 Asá, padre de Josafat; Josafat, padre de Joram; Joram, padre de Ozías.

9 Ozías fue padre de Joatam; Joatam, padre de Acaz; Acaz, padre de Ezequías;

10 Ezequías, padre de Manasés. Manasés fue padre de Josías;

11 Josías, padre de Jeconías y de sus hermanos, durante el destierro en Babilonia.

12 Después del destierro en Babilonia: Jeconías fue padre de Salatiel; Salatiel, padre de Zorobabel;

13 Zorobabel, padre de Abiud; Abiud, padre de Eliacim; Eliacim, padre de Azor.

14 Azor fue padre de Sadoc; Sadoc, padre de Aquim; Aquim, padre de Eliud;

15 Eliud, padre de Eleazar; Eleazar, padre de Matán; Matán, padre de Jacob.

16 Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado CRISTO.

17 El total de las generaciones es, por lo tanto: desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David hasta el destierro en Babilonia, catorce generaciones; desde el destierro en Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.

18 Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no han vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo.

19 José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.

20 Mientras pensaba en esto, el Angel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo.

21 Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados».

MATEO 1.21

22 Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta:

23 “La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel”, que traducido significa: «Dios con nosotros».

GENEALOGIA DE CRISTO

HOMILÍA

RUPERTO DE DEUTZ, Libro de la santísima Trinidad y sus obras (Lib 33: 4-5 CCL CM 23, 1784-1786)

Éste es el libro de la genealogía selecta

Ábranos ahora él mismo el libro de su genealogía, para que nos sea dado ver cuál es y por qué razón se escribió dicha genealogía, y a qué se debe el enunciado de «Libro de la genealogía». En el Génesis leemos: Este es el libro de la genealogía de Adán. Cuando el Señor creó al hombre, lo hizo a su propia imagen, varón y hembra los creó, los bendijo y los llamó Hombre al crearlos. Este —dice—es el libro de la genealogía de Adán, libro terreno, libro de una genealogía terrena, de una genealogía escrita en la tierra, según aquello: Los que se apartan de ti serán inscritos en el polvo. Y efectivamente, el hombre se había apartado de Dios, y, al apartarse, mereció ser inscrito en el polvo, pues Dios le había dicho: Hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella te sacaron; pues eres polvo y al polvo volverás.

En cambio, el hombre Cristo Jesús, rey noble, rey grande, hombre celestial, hombre nuevo, si nació y se nos ha dado como rey ha sido para escribir el nombre de sus súbditos en el libro de la vida, para inscribir el nombre de sus ciudadanos en el registro del cielo. Por consiguiente, éste es el libro de la genealogía selecta, de la genealogía cristiana escrita en el cielo, libro ampliamente distinto de la genealogía de Adán, pues en éste aparece indiscriminada la genealogía de los hijos de los hombres y la de los hijos de Dios.

En cambio, este libro sólo da cabida a la genealogía de los hijos de Dios, hermanos y coherederos de Jesucristo. De no ser así, ¿cuál sería la razón de prolongar la serie genealógica hasta José, que no engendró a Jesucristo? Por eso el santo evangelista —cual convenía a la dignidad evangélica— se preocupó menos de la genealogía de Jesucristo según la carne, que afectaba a unos pocos y que por sí sola no les bastaba para la salvación, centrando su atención en la genealogía de la gracia, que afectaba o era susceptible de afectar a una muchedumbre y que por sí sola les bastaba para la salvación. Apoyando esto con su autoridad, aquel de cuyo árbol genealógico se trata, al decirle una mujer levantando la voz de entre el gentío: ¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron!, replicó, rectificando esta alabanza imperfecta en sus motivaciones: Mejor: ¡Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen!

Esto es lo que hizo, oh Cristo, aquel dichoso vientre que te llevó, pues dio crédito a la palabra de Dios, creyó al ángel que le anunciaba la omnipotencia de Dios, y dio una temprana prueba de su fe diciendo: Hágase en mí según tu palabra. Esto es lo que hizo Abrahán, quien, teniendo una esposa que era estéril, dio fe a Dios que le decía: Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia. Y apoyado en esta fe y seguro del premio prometido, emprendió aquella su inacabable peregrinación. Por eso también él es dichoso con el testimonio de la alabanza evangélica, alabanza que ha quedado esculpida aquí al comienzo del libro:…de Jesucristo, hijo de Abrahán.

Por lo que a David se refiere, había sido rey, y se le había hecho una promesa real, diciendo: A uno de tu linaje pondré sobre tu trono. Más aún: con sus gestas había prefigurado los misterios del reino de Cristo, su Hijo, y los cantó de palabra. Toda la Iglesia canta sus palabras, y, cantándolas, celebra el reino de Cristo. Así, por ejemplo, en aquel rey que fue David, habla este rey, que es Cristo: Yo mismo he sido establecido rey por él en Sión, su monte santo, para proclamar el decreto del Señor.

Con razón, pues, aquí, en el árbol genealógico, el evangelista ha dado la precedencia al rey, padre del Rey, sobre el otro padre que la Escritura presenta como padre únicamente de la descendencia, es decir, del hombre, diciendo: Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán.

Fresco de la Theotokos “La Raíz de Jesé”, representación iconográfica de los antepasados de Cristo, en el monasterio de Vatopedi (Monte Athos)

COMENTARIO:

BEATO GUERRICO DE IGNY (c. 1080-1157), abad cisterciense 2º sermón para la Natividad de María

«María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo»

Hoy, celebramos el nacimiento de la bienaventurada Virgen María de quien ha nacido el  que es la vida de todos. Hoy ha nacido la Virgen de quien ha querido nacer el que es la salvación de todos, a fin de dar a aquellos que nacieran para morir, poder renacer a la vida. Hoy ha nacido nuestra nueva madre, la que ha aniquilado la maldición de Eva, nuestra primera madre; así, por ella, heredamos ahora la bendición los que por nuestra primera madre, nacimos bajo a maldición. Sí, ella es verdaderamente una madre nueva, la que ha rejuvenecido a los hijos envejecidos, la que ha curado el mal de un envejecimiento hereditario, así como todas las demás formas de envejecimiento que se les habían añadido. Sí, ella es una nueva madre, ella que, permaneciendo virgen ha dado a luz un prodigio tan nuevo, ella que ha dado la vida a aquel que ha creado el mundo. […]

¡Qué novedad más maravillosa es esta virginidad fecunda! Pero todavía más maravillosa la novedad del fruto que ella da al mundo. […] ¿Te preguntas cómo una virgen ha dado a luz al Salvador? Pues igual que la flor de la viña propaga su perfume. Mucho tiempo antes del nacimiento de María, el Espíritu que había de habitarla… dice en su nombre: «Igual que la viña, yo he producido un dulce olor» (Si 24,17 Vulg.) […] Así como la flor no se altera por el hecho de propagar su perfume, así tampoco la pureza de María por haber dado fruto: el Salvador. […]

Y para ti también, si guardas la castidad a la perfección, no tan sólo «tu carne florecerá de nuevo» (Sal 27,7) sino más aún, una santidad que viene de Dios se desarrollará sobre todo tu ser. Tu mirada ya no será desordenada ni extraviada, sino embellecida por el pudor […]; toda tu persona estará adornada con las flores de la gracia de la pureza.

CUANDO VEAS UNA ESTRELLA FUGAZ

PADRES DE LA IGLESIA:

SAN BERNARDO (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia 
Homilías sobre las palabras del Evangelio:”El ángel fue enviado”, n° 2, 17

“María, de la cuál nació Jesús, llamado Cristo”

“El nombre de la Virgen era María” (Lc 1,27). Este nombre significa: “ESTRELLA DEL MAR”, y le encaja admirablemente a la Virgen madre. Nada es más justo que compararla con una estrella que da sus rayos sin alterarse, como Ella que da a luz a su hijo sin detrimento de su cuerpo virgen. Es ciertamente esta “noble estrella nacida de Jacob” (Núm 24,17), cuyo esplendor ilumina el mundo entero, que brilla en los cielos y penetra hasta los infiernos… Verdaderamente Ella es esta bella y admirable estrella, que se levanta por encima del mar inmenso, resplandeciendo de méritos, alumbrando por su ejemplo.

Todos vosotros, quienquiera que seáis, quienquiera que estéis hoy en alta mar, sacudidos por la tormenta y la tempestad, lejos de tierra firme, poned los ojos en la luz de esta estrella, para evitar el naufragio. ¡Si los vientos de la tentación se levantan, si ves acercarse el escollo de la prueba, mira la estrella, invoca a María!

Si eres sacudido por los vacíos del orgullo, de la ambición, de la maledicencia o de los celos, levanta la mirada hacia la estrella, invoca a María…

Si te abruma la grandeza de tus pecados, humillado por la vergüenza de tu conciencia, espantado por el temor del juicio, si estás a punto de zozobrar en el precipicio de la tristeza y la desesperación, piensa en María. ¡En el peligro, la angustia, la duda, piensa en María, invoca a María!

Qué su nombre jamás abandone tus labios ni tu corazón… Siguiéndola, no te extraviarás; rogándole, no desesperarás; pensando en ella, te alejarás del falso camino. Si te tiene de la mano, no zozobrarás; si te protege, nada temerás; bajo su amparo, ignorarás el cansancio; bajo su protección, llegarás hasta el fin. Y comprenderás por tu propia experiencia cuán justas son estas palabras: “El nombre de la Virgen era María”.

ESTRELLA FUGAZ

SAN JUAN DAMASCENO (hacia 675-749), monje, teólogo, doctor de la Iglesia

Homilía sobre la Natividad de la Virgen María, 1-2
Un madre digna del que la creó
¡Venid, naciones todas; venid, hombres de cualquier raza, de cualquier lengua, de cualquier edad, de cualquier dignidad! ¡Venid con alegría, festejemos la natividad de la que es la alegría del mundo entero! Si incluso los paganos honran el aniversario de su rey… ¿qué deberíamos hacer nosotros para honrar el de la Madre de Dios, por quien toda la humanidad ha sido transformada, por quien el dolor de Eva, nuestra primera madre, ha sido cambiado en gozo? En efecto, Eva escuchó la sentencia de Dios: «Parirás hijos con dolor» (Gn 3,16); y María: «Alégrate, llena de gracia… es Señor está contigo» (Lc 1,28)…
Que toda la creación esté de fiesta y cante el santo nacimiento de una santa mujer, porque de ella nace un tesoro imperecedero… Por ella la Palabra creadora de Dios se ha unido a la creación entera, y festejamos el fin de la esterilidad humana, el fin de la enfermedad que nos privaba de poseer el bien… La naturaleza ha cedido paso a la gracia… Tal como la Virgen Madre de Dios debía nacer de Ana, la estéril, también la naturaleza quedó sin dar fruto hasta que la gracia trajo el suyo. Era preciso que abriera el seno de su madre aquella que debía dar a luz al «primogénito de toda criatura» en quien «todo subsiste» (Col 1,15.17).
¡Joaquín y Ana, dichosa pareja! Toda la creación os es deudora; por medio de vosotros ha ofrecido al Creador el mejor de sus dones: una madre digna de veneración, la única madre digna del que la creó.“

SAN  PEDRO DAMIÁN (1007-1072), ermitaño, después cardenal benedictino de la Iglesia Católica y reformador del siglo XI, doctor de la iglesia

Oración después de la comunión

«La Virgen María que ha traído al mundo la esperanza y la aurora de salvación»

¿Quién es ésta, dice el Espíritu sobre María, que despunta como el alba, hermosa como la luna, refulgente como el sol?» (Ct 6,10)…
«Ella surge como la aurora». En el esplendor del mediodía, nuestro primer padre fue hecho a imagen y semejanza de su creador (Gn1,26). ¿Qué más glorioso para la creatura que parecerse al Creador? Le ha dado la imagen eterna; la semejanza era necesaria: es necesario que el hombre sea similar a su Creador. Sin embargo rechazó el honor de este privilegio…, estaba destinado a la muerte, con toda su descendencia, en las tinieblas. Las tinieblas cubrían toda la tierra, hasta que vino la Virgen. Nadie nos podía sacar de las tinieblas, nadie las podía disipar…
Pero con la Virgen surge la Aurora: María anuncia la luz verdadera; por su Natividad hace brillar la más resplandeciente mañana. Es la estrella del mañana…
Es la Aurora que sigue – o bien de la cual nace – el sol de justicia (Ml 3,20), que es el único que la sobrepasa en esplendor…
«A ti, Señor, el día» donde Adán ha sido creado; «a ti la noche» (Sal. 73,16) donde fue expulsado de la luz. Eres Tú el que ha creado la Aurora, es decir a la Virgen María, y al Sol, este Sol de justicia que se ha levantado de su seno virginal.
Como la Aurora anuncia el final de la noche y marca el inicio del día, así la Virgen disipó la noche sin fin. Y día tras día, proporciona a la tierra al que ha germinado de su Virginidad.

TU ESTRELLA POEMA

ALGÚN DÍA

Algún día soñarás…
que la vida esta llena
de pequeñas cosas,
descubrirás
que las que hoy pasas por alto
son la realidad.
Algún día verás…
que esos detalles son
los que te hacen, reir, soñar y amar.
Llegará el día y despertarás,
sentirás esa realidad,
la de las cosas
que hoy no parecen importar,
las que te hacen amar, reir y soñar.
Mira a tu alrededor,
todo tiene un sentido…
el de las pequeñas cosas…
el que a veces olvidamos…
el que vemos y no percibimos…
el que nos hace sentirnos vivos.
No hay nada más hermoso,
que mirar alrededor
y comprobar como
esas pequeñas cosas
son las que importan…
son las que nos hacen amar, soñar y reir.
TU ESTRELLA

El nacimiento de la Virgen es una obra del pintor Bartolomé Esteban Murillo, realizada originalmente en 1660 para la capilla de la Concepción de la Catedral de Santa María de la Sede de Sevilla. Actualmente se encuentra en el Museo del Louvre de París.

El nacimiento de la Virgen es una obra del pintor Bartolomé Esteban Murillo, realizada originalmente en 1660 para la capilla de la Concepción de la Catedral de Santa María de la Sede de Sevilla. Actualmente se encuentra en el Museo del Louvre de París.

Entre las numerosas obras que escribió Lope de Vega (1562-1635) se conservan varios poemas dedicados a la Natividad de la Virgen María. El actual breviario español recoge uno como himno de laudes (Hoy nace una clara estrella) y otro como himno de vísperas (Canten hoy, pues nacéis Vos). Exponemos aquí una selección de 7 poesías que este genial autor dedicó a la fiesta del nacimiento de la Virgen María.

1. Canten hoy, pues nacéis Vos
los ángeles, gran Señora
y ensáyense desde ahora
para cuando nazca Dios.Canten hoy pues a ver vienen
nacida su Reina bella,
que el fruto que esperan della
es por quien la gracia tienen.
Digan Señora de Vos
que habéis de ser su Señora,
y ensáyense desde ahora
para cuando nazca Dios…Pues de aquí a catorce años,
que en hora buena cumpláis
verán el bien que nos dais,
remedio de tantos daños.
Canten y digan por Vos,
que desde hoy tienen Señora
y ensáyense desde ahora
para cuando nazca Dios.

2. Hoy nace una clara estrella,
tan divina y celestial, que,
con ser estrella, es tal,
que el mismo Sol nace de ella.

De Ana y de Joaquín,
oriente de aquella
estrella divina,
sale su luz clara y digna
de ser pura eternamente:

El alba más clara y bella
no le puede ser igual, que,
con ser estrella, es tal,
que el mismo Sol nace de ella.

No le iguala lumbre alguna
de cuantas bordan el cielo,
porque es el humilde suelo
de sus pies la blanca luna:

Nace en el suelo tan bella
y con luz tan celestial, que,
con ser estrella, es tal,
que el mismo Sol nace de ella

3. Nace el alba María
y el sol tras ella,
desterrando la noche
de nuestras penas.

Nace el alba clara,
la noche pisa,
del cielo la risa
su paz declara;
el tiempo se para
por solo vella,
desterrando la noche
de nuestras penas.

Para ser señora
del cielo, levanta
esta niña santa
su luz aurora;
él canta, ella llora
divinas perlas,
desterrando la noche
de nuestras penas.

Aquella luz pura
del Sol procede,
porque cuanto puede
le da hermosura;
el alba segura
que viene cerca,
desterrando la noche
de nuestras penas.
4. Si en brazos de Dios nacéis
¿quien sois?, Niña soberana,
que para casa tan pobre
parecéis muy rica Infanta.

Tres veces catorce dicen
los deudos de vuestra casa,
que son las generaciones
de vuestra sangre preclara.

La primera es de Profetas
y divinos Patriarcas,
desde Abraham a David,
de quien seréis torre y arpa.

De Reyes es la segunda,
desde David a que salgan
de Babilonia a Sión
y vuelvan a honrar el arca.

Desde este tiempo hasta el día
en que Cristo de Vos nazca,
otra que es de Sacerdotes,
de quien Vos seréis la vara.

Torre y arca y vara sois
en tan ilustre prosapia,
supuesto que para esposo
un carpintero os señalan.

Debe de ser que Dios quiere
que hecha carne su Palabra,
viva en casa donde vea
labrar maderos y tablas.

O porque si sois, Señora,
arca en que el mundo se salva,
como divino escultor
os halle el hombre en su casa.

5. Cielos y tierra se alegran
cuando nacéis, Virgen santa,
por su Hija el Padre eterno,
por quien se goza y se agrada.

El Hijo, viendo a su Madre
tan buena, que de llamarla,
su madre, no se desprecie
ni de entrar en sus entrañas.

El Espíritu divino
de ver la Esposa que ama,
de suerte que ya comienza
a cubrirla con sus alas.

Los Ángeles por su Reina,
los cielos por su luz clara,
el sol por su hermosa frente,
y la luna por sus plantas.

Los hombres por su remedio
porque hasta vuestra mañana,
no podía el sol salir,
y en oscura noche estaban.

Según esto vos nacéis
para ser vara en las aguas,
torre fuerte en los peligros,
y en el diluvio arco y arca.

Pues vengáis a vuestra aldea,
María llena de gracia,
muchas veces en buen hora,
día que nacéis con tantas.

Conoced vuestros pastores,
que todos os dan las almas,
mientras os da el cielo estrellas,
para mantillas y fajas.

6. Hoy Ana parió a María
y anoche se vio arrebol,
sin duda tendremos Sol
pues amanece tal día.

Arreboles de esperanzas
ayer vio en el cielo el suelo
y hoy sale el Alba del Cielo
con rayos de confianzas,

pues siendo el Alba María
y Ana el divino arrebol,
no puede tardar el Sol
estando tan claro el día.
7. Despierta Gil -¿Es de día?
el Alba ha salido ya
-Buenos días, claro está,
pues ha nacido María.

De la tierra te levanta
mira que sale la Aurora,
que el cielo y la tierra dora
con su pura y virgen planta.
¿No despiertas? -Ya querría.
-Mira la luz que te da:
-Buenos días, claro está
pues ha nacido María.

Huye la noche cruel
del pecado temerosa
la luz desta Niña hermosa
que hoy nace al mundo sin él;
recuerda, pues, ¡qué porfía!
¿Pues hay luz? -Vístete ya:
-Buenos días, claro está
pues ha nacido María.

Está diciendo su lumbre
que el Sol que los hombres salva
ha de venir tras el Alba
por aquella misma cumbre.
¿y duermes tu? A ver el día:
-Buenos días, claro está
pues ha nacido María.

Ghilardino. Nacimiento de la Virgen María

Ghilardino. Nacimiento de la Virgen María

Hay una tradición que cuenta que los padres de la Virgen llevaban mucho tiempo sin concebir hijos, pero que la concepción de la Virgen, como la de Jesús fue inmaculada, con el fin de mantener la pureza de la Virgen, se produjo sin la lujuria que lleva consigo el acto sexual, sino que fue abrazándose en la Puerta Dorada de Jerusalem (un abrazo que podemos contemplar como idea en la pintura de la parte inferior), tras ese abrazo Santa Ana quedaría embarazada dando a luz nueve meses más tarde a la Virgen María. Según la tradición el nacimiento de la Virgen se produjo en Jerusalem. Como vemos la fantasía llega a sus extremos en episodios como el que acabamos de contar.

Pero es un tema muy representado y como tal debemos contarlo, normalmente se representa la escena en el interior de una casa, donde un grupo de mujeres asiste a Santa Ana que acaba de dar a luz a una niña.

La festividad, de gran tradición en ambientes católicos, se celebra el día 8 de Septiembre.

Iglesia de santa Ana en Jerusalén (lugar del nacimiento de la Virgen María)

VER EL BLOG DEL PADRE EDUARDO

Iglesia de santa Ana en Jerusalén (lugar del nacimiento de la Virgen María)

Normalmente, solo celebramos la fiesta de la muerte de los Santos; es decir, su tránsito a la vida eterna; su triunfo definitivo sobre la enfermedad, el pecado y la muerte; su nacimiento a la vida en plenitud en el cielo. Solo lo hacemos en los casos de Jesús (25 de diciembre), María (8 de septiembre) y Juan Bautista (24 de junio), de los que también celebramos su muerte: Jesús el Viernes Santo, María el 15 de agosto y Juan Bautista el 29 de agosto.

Por tanto, hoy es la fiesta de la natividad o del nacimiento de la Virgen María. El martirologio romano la presenta así: “Fiesta de la Natividad de la bienaventurada Virgen María, de la estirpe de Abrahán, nacida de la tribu de Judá y de la progenie del rey David, de la cual nació el Hijo de Dios, hecho hombre por obra del Espíritu Santo, para liberar a la humanidad de la antigua servidumbre del pecado”.

En Jerusalén se conserva la basílica gótica de santa Ana, construida sobre el lugar donde, según una antigua tradición, vivieron Joaquín y Ana, y nació María. En la foto de arriba se ve la foto de la fachada.

Hay que reconocer que en la ciudad de Seforis, en Galilea, hay otra iglesia construida sobre la casa que otra tradición afirma que es el lugar del nacimiento de la Virgen María. Pero hoy hablaremos de la de Jerusalén.

Está situada junto a la piscina de Bethesda (la piscina probática junto a la cual Jesús curó a un paralítico), muy cerca de donde comienza el Vía Crucis por las calles de la vieja Jerusalén.

En la cripta hay restos arqueológicos de casas del s. I. Sobre ella se construyó un templo bizantino, destruido por los persas, otro románico, destruido por los musulmanes y el actual gótico, que se salvó a la caída del reino cruzado porque Saladino la transformó en una “madraza” (escuela donde se estudia la ley de islámica). Lo recuerda una lápida de mármol con una inscripción en árabe, colocada sobre la puerta principal.

Desde el s. XIX pertenece a los “padre blancos” o miembros de la “sociedad de las misiones de África” y se usa para el culto cristiano. Es famosa por su buena sonoridad y allí se dan muchos conciertos de música sacra durante el año.

Puerta de ingreso al templo.

Vista del presbiterio y del ábside.

Cúpula del crucero.

Imagen de santa Ana con la Virgen niña, situada en la nave lateral izquierda, cerca de la puerta.

Vista de la cripta.

Pinturas de la cripta, que representan el nacimiento de Jesús en Belén.

Jardines del patio, con un monumento al fundador de los Padres Blancos.

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Publicado el 6 septiembre, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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