MATEO 20, 20-28

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (20,20-28): facebook pq

20 Entonces la madre de los hijos de Zebedeo se acercó a Jesús, junto con sus hijos, y se postró ante él para pedirle algo.

21 «¿Qué quieres?», le preguntó Jesús. Ella le dijo: «Manda que mis dos hijos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda».

22 «No saben lo que piden», respondió Jesús. «¿Pueden beber el cáliz que yo beberé?». «Podemos», le respondieron.

23 «Está bien, les dijo Jesús, ustedes beberán mi cáliz. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes se los ha destinado mi Padre».

24 Al oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos.

25 Pero Jesús los llamó y les dijo: «Ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad.

26 Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes;

MATEO+20.26

San Juan Crisóstomo (hacia 345-407), presbítero de Antioquía más tarde obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia
Homilía sobre Mateo, nº 65

Beber de su cáliz para sentarse a su derecha

Por mediación de su madre, los hijos del Zebedeo, en presencia de sus compañeros apremian a Cristo, diciéndole: “Ordena que se sienten uno a tu derecha y el otro a tu izquierda” (cf Mt 10, 35)… Cristo se apresura a hacerles dar cuenta de sus ilusiones, y les dice que deben estar prestos a sufrir injurias, persecuciones e incluso la misma muerte: “No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo voy a beber?” Que nadie se sorprenda de ver a los apóstoles en unas disposiciones tan imperfectas. Espera que se cumpla el misterio de la cruz, que la fuerza del Espíritu les haya sido comunicada. Si quieres ver la fuerza de su alma, mírales más tarde, y les verás superiores a todas las debilidades humanas. Cristo no esconde sus pequeñeces, para que percibas mejor qué llegaran a ser ya que la fuerza de la gracia les va a transformar…

“No sabéis lo que pedís”. No sabéis cuan grande es este honor y cuan prodigioso. ¿Sentaros a mi derecha? Esto sobrepasa incluso a las potestades angélicas. “¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?” Me estáis hablando de tronos y diademas insignificantes; yo os hablo de luchas y sufrimientos. No es ahora que voy a recibir mi realeza; no ha llegado todavía la hora de la gloria. Para mí y los míos es el momento de la violencia, del combate, del peligro.

Fíjate bien y verás como no les pregunta directamente: “¿Estáis a punto para derramar vuestra sangre?” Para animarlos les propone de compartir su mismo cáliz, de vivir en comunión con él… Más tarde verás a este mismo san Juan, que de momento busca el primer puesto, ceder siempre el primer puesto a san Pedro… En lo que se refiere a Jaime, su apostolado ha sido corto. Ardiente de fervor, menospreciando completamente los intereses puramente humanos, por su celo ha merecido ser, de entre los apóstoles, el primero en sufrir el martirio (Hech 12, 2).

mateo 20.22

San Gregorio Magno (v. 540-604), papa y doctor de la Iglesia
Homilías sobre los Evangelios, n° 35
Beberéis mi copa

Hermanos míos, ya que celebramos hoy la fiesta de un mártir, debemos sentirnos interpelados por la forma de paciencia que practicó. Porque si nos esforzamos, con la ayuda del Señor, a guardar esta virtud, no dejaremos de obtener la palma del martirio, aunque vivíamos en la paz de la Iglesia.El caso es que hay dos tipos de martirio: uno que consiste en una disposición del espíritu, el otro que junta esta disposición del espíritu con los actos exteriores. Por eso podemos ser mártires aunque no muramos ejecutados por la espada del verdugo.
Morir de la mano de los perseguidores, es el martirio en acto, en su forma visible; soportar los insultos, amando al que nos odia, es el martirio en el espíritu, en su forma escondida.
Que hubiera dos tipos de martirios, el uno escondido, el otro público, el que es la Verdad lo atestigua pidiendo a los hijos del Zebedeo: “¿Podéis beber el cáliz que voy a beber?”, replicaron: “podemos”, el Señor responde en seguida: “Mi cáliz, lo beberéis en efecto”. ¿Qué debemos entender por este cáliz, si no los sufrimientos de la Pasión, sobre los que dice en otro lugar: “Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz”? (Mt 26,39) Los hijos del Zebedeo, a saber a Santiago y Juan, no murieron mártires, y sin embargo se les dijo a ellos que beberían el cáliz. En efecto, aunque Juan no murió mártir, sin embargo, los sufrimientos que no pasó en su cuerpo, los probó en su espíritu. Hay que concluir pues, de este ejemplo, que nosotros también podemos ser mártires sin pasar por la espada, si conservamos la paciencia en nuestra alma..

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Publicado el 6 septiembre, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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