MARCOS 9, 38-43. 45. 47-48

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (9,38-43. 45. 47-48): facebook pq

38 Juan le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre, y tratamos de impedírselo porque no es de los nuestros».

39 Pero Jesús les dijo: «No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí.

40 Y el que no está contra nosotros, está con nosotros.

MARCOS 9.40

41 Les aseguro que no quedará sin recompensa el que les dé de beber un vaso de agua por el hecho de que ustedes pertenecen a Cristo.

42 Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que tienen fe, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar.

43 Si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtala, porque más te vale entrar en la Vida manco, que ir con tus dos manos a la Gehena, al fuego inextinguible.

45 Y si tu pie es para ti ocasión de pecado, córtalo, porque más te vale entrar lisiado en la Vida, que ser arrojado con tus dos pies a la Gehena.

47 Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, arráncalo, porque más te vale entrar con un solo ojo en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos a la Gehena,

48 donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.

MARCOS 9, 44

49 Porque cada uno será salado por el fuego.

50 La sal es una cosa excelente, pero si se vuelve insípida, ¿con qué la volverán a salar? Que haya sal en ustedes mismos y vivan en paz unos con otros».

PERO SI LA SAL SE VUELVE INSIPIDA

 

Francisco, papa

Catequesis, Audiencia general, 12-06-2013

Hoy desearía detenerme brevemente en otro de los términos con los que el Concilio Vaticano II definió a la Iglesia: “Pueblo de Dios” (cf. const. dogm. Lumen gentium, 9; CCE, 782).

¿Qué quiere decir ser “Pueblo de Dios”? Ante todo quiere decir que Dios no pertenece en modo propio a pueblo alguno; porque es Él quien nos llama, nos convoca, nos invita a formar parte de su pueblo, y esta invitación está dirigida a todos, sin distinción, porque la misericordia de Dios “quiere que todos se salven” (1 Tm 2, 4).

A los Apóstoles y a nosotros Jesús no nos dice que formemos un grupo exclusivo, un grupo de élite. Jesús dice: id y haced discípulos a todos los pueblos (cf. Mt 28, 19). San Pablo afirma que en el pueblo de Dios, en la Iglesia, “no hay judío y griego… porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gal 3, 28). Desearía decir también a quien se siente lejano de Dios y de la Iglesia, a quien es temeroso o indiferente, a quien piensa que ya no puede cambiar: el Señor te llama también a ti a formar parte de su pueblo y lo hace con gran respeto y amor. Él nos invita a formar parte de este pueblo, pueblo de Dios.

¿Cómo se llega a ser miembros de este pueblo? No es a través del nacimiento físico, sino de un nuevo nacimiento. En el Evangelio, Jesús dice a Nicodemo que es necesario nacer de lo alto, del agua y del Espíritu para entrar en el reino de Dios (cf. Jn 3, 3-5). Somos introducidos en este pueblo a través del Bautismo, a través de la fe en Cristo, don de Dios que se debe alimentar y hacer crecer en toda nuestra vida. Preguntémonos: ¿cómo hago crecer la fe que recibí en mi Bautismo? ¿Cómo hago crecer esta fe que yo recibí y que el pueblo de Dios posee?

Benedicto XVI, papa

Ángelus, 30-09-2012

El Evangelio de [ hoy ] presenta uno de esos episodios de la vida de Cristo que, incluso percibiéndolos, por decirlo así, en passant, contienen un significado profundo (cf. Mc 9, 38-40). Se trata del hecho de que alguien, que no era de los seguidores de Jesús, había expulsado demonios en su nombre. El apóstol Juan, joven y celoso como era, quería impedirlo, pero Jesús no lo permite; es más, aprovecha la ocasión para enseñar a sus discípulos que Dios puede obrar cosas buenas y hasta prodigiosas incluso fuera de su círculo, y que se puede colaborar con la causa del reino de Dios de diversos modos… San Agustín escribe al respecto: «Como en la católica —es decir, en la Iglesia— se puede encontrar aquello que no es católico, así fuera de la católica puede haber algo de católico» (Agustín, Sobre el bautismo contra los donatistas: pl 43, VII, 39, 77). Por ello, los miembros de la Iglesia no deben experimentar celos, sino alegrarse si alguien externo a la comunidad obra el bien en nombre de Cristo, siempre que lo haga con recta intención y con respeto. Incluso en el seno de la Iglesia misma, puede suceder, a veces, que cueste esfuerzo valorar y apreciar, con espíritu de profunda comunión, las cosas buenas realizadas por las diversas realidades eclesiales. En cambio, todos y siempre debemos ser capaces de apreciarnos y estimarnos recíprocamente, alabando al Señor por la «fantasía» infinita con la que obra en la Iglesia y en el mundo.

Queridos amigos, por intercesión de María santísima, oremos a fin de que sepamos alegrarnos por cada gesto e iniciativa de bien, sin envidias y celos, y usar sabiamente los bienes terrenos en la continua búsqueda de los bienes eternos.

Juan Pablo II, papa

Homilía, 27-09-2003

[…] 4. “El que no está contra nosotros, está a favor nuestro” (Mc 9, 40). Así dice Jesús en el pasaje evangélico de este domingo, haciéndose eco de la primera lectura, que presenta a Moisés en actitud de profunda libertad interior, motivada por la confianza en Dios (cf. Nm 11, 29).

[Esta Palabra nos invita] a no ceder a juicios del momento y a visiones vinculadas a intereses contingentes. Firmemente arraigados en la verdad, no dudemos en dialogar con todos los hombres de buena voluntad. [Para dialogar debemos ser] interiormente libres, siendo conscientes de que el Espíritu Santo “sopla donde quiere” (cf.Jn 3, 8), guiando de diferentes modos el camino de la historia de la salvación.

P.D.: El texto fue modificado, para aplicarlo a cada cristiano

Discurso, a los representantes de las religiones no cristianas, Tokio, 24-02-1981

[…] Son verdaderas las palabras de la Biblia: la Sabiduría de Dios circundaba la bóveda celeste y caminaba por el seno de las profundidades. Sobre las olas del mar y sobre toda la tierra y sobre todo pueblo y nación tenía dominio (cf. Eclo 24, 5-10), “siendo sus delicias los hijos de los hombres” (Prov 8, 31). Por eso los cristianos se sienten obligados de un modo especial a aplicar las palabras de Jesús cuando dijo: “El que no está contra nosotros está con nosotros” (Mc 9, 40; cf. Lc 9, 50).

4. Es cierto, en muchas cosas estáis ya con nosotros. Pero nosotros, los cristianos, hemos de decir también que nuestra fe es Jesucristo, es a Jesucristo a quien proclamamos. Incluso hemos de decir más, repitiendo las palabras de San Pablo: “Nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado” (I Cor 2, 2), Jesucristo que ha resucitado también para la salvación y la felicidad de toda la humanidad (cf. 1 Cor 15, 20). Por eso, nosotros llevamos su nombre y su alegre mensaje a todos los pueblos y, a la vez que honramos sinceramente sus culturas y tradiciones, los invitamos respetuosamente a escucharle y a abrirle sus corazones. Al entablar el diálogo, nuestro objetivo es dar testimonio del amor de Cristo, o, en términos concretos, “fomentar la unidad y la caridad entre los hombres y, aún más, entre los pueblos, considera aquí, ante todo, aquello que es común a los hombres y conduce a la mutua solidaridad” (cf. Nostra aetate, 1). El mensaje de Cristo que proclama la Iglesia está centrado en el amor al hombre: éste es el gran precepto de Cristo, la plenitud de la perfección. Por “hombre” entendemos todo aquel que está a nuestro lado, la persona individual formada en el corazón de su madre.

5. En nuestro compromiso por el hombre, nosotros los cristianos estamos deseosos y dispuestos a colaborar con vosotros en favor de la dignidad del hombre, de sus derechos innatos, de la sacralidad de su vida incluso en el seno materno, de su libertad y autodeterminación a nivel individual y social, de su elevación moral y la primacía de su dimensión espiritual. Como hombres religiosos, hemos de dedicar una particular atención al fortalecimiento de las relaciones sociales cordiales y adoptar un estilo de vida marcado por la sobriedad personal y el sincero respeto de la belleza del mundo en que vivimos. Esta es nuestra tarea hoy, más que nunca, cuando la humanidad se enfrenta con la creciente amenaza de ideologías materialistas y de formas de industrialización que pueden despojar al hombre de su dignidad… La Iglesia se hace, a través del diálogo, más católica cada vez —más universal—, lo cual está en consonancia con su naturaleza y su misión de proclamar y dar testimonio del amor de Cristo hacia todos los seres humanos.

6. Me gustaría decir más, pero el lenguaje humano es a veces demasiado limitado y difícil. Sé, sin embargo, que vosotros comprendéis el corazón. Y la aspiración de nuestros corazones apunta en la misma dirección. Por eso os digo: Que el Espíritu y el amor de Cristo esté con todos vosotros.

San Juan de la Cruz, Subida al Monte Carmelo, 3, 45

[…] Para que la doctrina pegue su fuerza, dos disposiciones ha de haber: una del que predica y otra del que oye; porque ordinariamente es el provecho como hay la disposición de parte del que enseña.

Que por eso se dice que, cual es el maestro, tal suele ser el discípulo. Porque, cuando en los Actos de los Apóstoles aquellos siete hijos de aquel príncipe de los sacerdotes de los judíos acostumbraban a conjurar los demonios con la misma forma que san Pablo, se embraveció el demonio contra ellos, diciendo: A Jesús confieso yo y a Pablo conozco; pero vosotros ¿quién sois? (Ac 19,15) y, embistiendo en ellos, los desnudó y llagó. Lo cual no fue sino porque ellos no tenían la disposición que convenía, y no porque Cristo no quisiese que en su nombre no lo hiciesen; porque una vez hallaron los Apóstoles a uno que no era discípulo echando un demonio en nombre de Cristo, y se lo estorbaron, y el Señor se lo reprehendió, (diciendo): No se lo estorbéis, porque ninguno podré decir mal de mí en breve espacio si en mi nombre hubiese hecho alguna virtud (Mc 9,38).

Pero tiene ojeriza con los que, enseñando ellos la ley de Dios, no la guardan, y predicando ellos buen espíritu, no le tienen. Que por eso dice por san Pablo (Rm 2,21): Tú enseñas a otros, y no te enseñas a ti. Tú que predicas qué no hurten, hurtas. Y por David (Ps 49,16-17) dice el Espíritu Santo: Al pecador dijo Dios: ¿Por qué hablas tú mis justicias y tomas mi ley con tu boca, y tú has aborrecido la disciplina y echado mis palabras a las espaldas? En lo cual se da a entender que tampoco les dará espíritu para que hagan fruto.

Juliana de Norwich (1342- 1416), reclusa inglesa
Revelaciones del amor divino, cap. 35-36
Frente a la misericordia de Dios, reconocer plenamente nuestro pecado

Dios mismo es justicia por excelencia. Todas sus obras son justas, ordenadas desde toda la eternidad por su gran potencia, sabiduría y bondad. De la misma manera que lo ajustó todo lo mejor posible, trabaja sin cesar y conduce cada cosa a su fin… La misericordia es la obra de la bondad de Dios; continuará actuando tanto tiempo como se le permita al pecado atormentar a las almas justas. Cuando este permiso sea retirado… todo se establecerá en la justicia, para quedar establecido allí eternamente. Dios permite que caigamos. Pero con su poder y su sabiduría, nos guarda. Por su misericordia y su gracia, nos eleva a una alegría infinitamente más
grande. Así quiere ser conocido y amado en la justicia y en la misericordia, ahora y para siempre…
Yo, no haré nada más que pecar. Pero mi pecado no impedirá a Dios obrar. La contemplación de su obra, es alegría celeste para el alma temerosa, que desea siempre cumplir amorosamente la voluntad de Dios con la ayuda de la gracia. Esta obra comenzará aquí abajo. Será gloriosa para Dios y de gran ventaja para todos aquellos que le aman en la tierra. Cuando lleguemos al cielo, seremos testigos de una alegría maravillosa.
Esta obra perdurará hasta el último día. La gloria y la santidad que emanarán de esto subsistirán en el cielo, delante de Dios y todos sus santos, para siempre… Esta será la mayor alegría: ver que Dios mismo es el autor.
El hombre, él, no es más que pecador. Me parecía que nuestro Señor me decía: “¡Ve pues! ¿No tienes allí ocasión para humillarte? ¿No tienes allí ocasión para mar? ¿No tienes allí ocasión para conocerte a ti mismo? ¿No tienes allí ocasión para regocijarte en mí? Entonces, por amor a mí, regocíjate en mí. Nada puede gustarme más”.

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Publicado el 9 septiembre, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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