LUCAS 12, 54-59

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (12,54-59):

54 Dijo también a la multitud: «Cuando ven que una nube se levanta en occidente, ustedes dicen en seguida que va a llover, y así sucede.

55 Y cuando sopla viento del sur, dicen que hará calor, y así sucede.

56 ¡Hipócritas! Ustedes saben discernir el aspecto de la tierra y del cielo; ¿cómo entonces no saben discernir el tiempo presente?

57 ¿Por qué no juzgan ustedes mismos lo que es justo?

58 Cuando vas con tu adversario a presentarte ante el magistrado, trata de llegar a un acuerdo con él en el camino, no sea que el adversario te lleve ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y este te ponga en la cárcel.

59 Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo».

MEJOR QUE EL HOMBRE QUE SABE LO QUE ES JUSTO ES EL HOMBRE QUE AMA LO JUSTO

San Agustín, obispo
Sermón: Ahora es el tiempo de la fe.
Sermón 109 : PL 38, 636
«¿Cómo no sabéis interpretar el tiempo presente?» (Lc 12,56).

Acabamos de escuchar el evangelio en el que Jesús critica a aquellos que saben reconocer el aspecto del cielo, pero no han sido capaces de descubrir el tiempo en el que era urgente creer en el Reino de los cielos. Es a los judíos a quienes se dirige, pero esta palabra llega hasta nosotros. Ahora bien, el mismo Señor Jesucristo comenzó así su predicación: «Convertíos porque está cerca el Reino de los cielos» (Mt 4,17). Juan Bautista, su precursor, había comenzado de la misma manera: «Convertíos porque está cerca el Reino de los cielos» (Mt 3,2). Y ahora el Señor los censura porque no quieren convertirse siendo así que el Reino de los cielos está cerca…

Pertenece a Dios saber cuando vendrá el fin del mundo: sea cuando sea, ahora es el tiempo de la fe… Para cada uno de nosotros el tiempo está cerca, porque somos mortales. Caminamos entre peligros. Si fuéramos de cristal, temeríamos menos.

¿Hay algo más frágil que un recipiente de cristal? Sin embargo lo conservamos y dura siglos, tememos que caiga, pero no la vejez ni la fiebre. Somos, pues, más frágiles y más débiles, y esta fragilidad cada día nos hace temer todo los accidentes que constantemente acechan la vida de los hombres. Y si no son accidentes, es la vida que hace su curso. El hombre evita los enfrentamientos; ¿puede evitar la última hora? Evita lo que viene del exterior; ¿puede echar fuera de sí lo que nace dentro de él? A veces cualquier enfermedad le coge de repente. En fin, el hombre habrá podido ir salvando escollos toda su vida, cuando al fin le llegue la vejez, ya no hay prórroga.

SI MAÑANA FUERA EL FIN DEL MUNDO ¿QUE HARIAS HOY?

San Juan Pablo II, papa
Carta: Los signos de los tiempos.
Carta Apostólica «Novo Millennio Ineunte» n. 33.
«Saber juzgar lo que es justo» (cf. Lc 12,57).

¿No es acaso un «signo de los tiempos» el que hoy, a pesar de los vastos procesos de secularización, se detecte una difusa exigencia de espiritualidad, que en gran parte se manifiesta precisamente en una renovada necesidad de orar? También las otras religiones, ya presentes extensamente en los territorios de antigua cristianización, ofrecen sus propias respuestas a esta necesidad, y lo hacen a veces de manera atractiva. Nosotros, que tenemos la gracia de creer en Cristo, revelador del Padre y Salvador del mundo, debemos enseñar a qué grado de interiorización nos puede llevar la relación con él.

La gran tradición mística de la Iglesia, tanto en Oriente como en Occidente, puede enseñar mucho a este respecto. Muestra cómo la oración puede avanzar, como verdadero y propio diálogo de amor, hasta hacer que la persona humana sea poseída totalmente por el divino Amado, sensible al impulso del Espíritu y abandonada filialmente en el corazón del Padre. Entonces se realiza la experiencia viva de la promesa de Cristo: «El que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él» (Jn 14,21)…

Sí, queridos hermanos y hermanas, nuestras comunidades cristianas tienen que llegar a ser auténticas «escuelas de oración», donde el encuentro con Cristo no se exprese solamente en petición de ayuda, sino también en acción de gracias, alabanza, adoración, contemplación, escucha y viveza de afecto hasta el «arrebato del corazón». Una oración intensa, pues, que sin embargo no aparta del compromiso en la historia: abriendo el corazón al amor de Dios, lo abre también al amor de los hermanos, y nos hace capaces de construir la historia según el designio de Dios.

 

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Publicado el 18 septiembre, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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