LUCAS 14, 7-11

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (14,7-11):

7 Y al notar cómo los invitados buscaban los primeros puestos, les dijo esta parábola:

8 «Si te invitan a un banquete de bodas, no te coloques en el primer lugar, porque puede suceder que haya sido invitada otra persona más importante que tú,

9 y cuando llegue el que los invitó a los dos, tenga que decirte: “Déjale el sitio”, y así, lleno de vergüenza, tengas que ponerte en el último lugar.

10 Al contrario, cuando te inviten, ve a colocarte en el último sitio, de manera que cuando llegue el que te invitó, te diga: “Amigo, acércate más”, y así quedarás bien delante de todos los invitados.

11 Porque todo el que ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado».

LUCAS 14.11

Elredo de Rievaulx
Sermón: Sobre la verdadera humildad
«El que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido» (Lc 14,11)
Edit C.H. Talbot, SSOC vol 1, 78-80

Realmente, hermanos, no puede subsistir en nosotros la humildad si no se nutre de un saludable temor, ni la obediencia si no la hace amable el espíritu de piedad, ni la justicia si no está imbuida de la ciencia espiritual, ni la paciencia si no es sostenida por el espíritu de fortaleza, ni la misericordia si no va alimentada por el don de consejo, ni la pureza de corazón si no es conservada por la inteligencia de las realidades celestes, ni la caridad si no es vivificada por la sabiduría.

Todas estas virtudes se encuentran, y plenamente, en Cristo, en el que el bien no se halla parcialmente, sino en toda su plenitud. En su nacimiento resplandece la humildad, al despojarse de su rango y tomar la condición de esclavo, pasando por uno de tantos; en la sumisión a sus padres, la obediencia, cuando, dando de mano a sus intereses, bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Y en su doctrina fue respetuoso de la justicia, diciendo: Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

En la pasión dio pruebas de paciencia, pues ofreció su espalda a los que lo flagelaban, las mejillas a los salivazos, la cabeza a las espinas, la mano a la caña. Y, sin embargo, en todas estas situaciones —como dice el profeta— no gritará, no clamará, no voceará por las calles, pues como un cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Experimentaron ciertamente su misericordia los ciegos a quienes devolvió la vista, los leprosos que quedaron limpios, los muertos a quienes resucitó y, sobre todo, la adúltera a quien absolvió, la mujer pecadora a la que acogió, el paralítico cuyos pecados perdonó.

Y como no hay mayor prueba de caridad que amar a los enemigos, hacer el bien a los que nos odian e interceder por los que nos calumnian, podemos sopesar el amor de Cristo por aquellas palabras con que, a punto ya de morir, oró por sus verdugos, diciendo: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.

Por tanto, hermanos, habiendo el Espíritu Santo infundido su temor en nuestros corazones, para que mediante su asidua meditación —como una rumia del alimento de salvación— se vigorice interiormente nuestra humildad, procuremos revestirlo exteriormente con una conducta honesta, tratando de quedar bien no sólo ante los hombres.

LA PERSONA HUMILDE ES AQUELLA QUE IMITA A CRISTO

LOS DOCE GRADOS DE HUMILDAD POR

SAN BERNARDO DE CLARAVAL:

I. Abstenerse por temor de Dios en todo momento de cualquier pecado.

II. No amar la propia voluntad.

III. Someterse a los superiores con toda obediencia.

IV. Abrazar por obediencia y pacientemente las cosas ásperas y duras.

V. Confesar sus pecados.

VI. Juzgarse indigno e inútil para todo.

VII. Reconocerse como el más despreciable de todos.

VIII. No salirse de la norma común del monasterio.

IX. Esperar a ser preguntado para hablar.

X. No ser de risa fácil.

XI. Expresarse con parquedad y juiciosamente sin levantar la voz.

XII. Mostrar siempre humildad en el corazón y en el cuerpo, con los ojos clavados en tierra

 

PARA SER GRANDE Y TOCAS EL CIELO HAY QUE EMPEZAR SIENDO PEQUEÑO Y DESDE EL SUELO

Bernardo
Sobre el Cantar de los Cantares: Primicia de la sabiduría es el temor del Señor
«Vete a sentarte en el último puesto» (Lc 14,10)
Sermón 37, 5-7: Opera omnia, Edit. Cister. t. 2, 1958, 12-14
Opera omnia, Edit Ci

Si estamos bajo el dominio de la ignorancia de Dios, ¿cómo vamos a esperar en aquel a quien ignoramos? Y si no nos conocemos a nosotros mismos, ¿cómo podremos ser humildes, pensando ser algo, cuando en realidad no somos nada? Y sabemos que ni los soberbios ni los desesperanzados tendrán parte o comunión en la herencia de los santos.

Considera, pues, ahora conmigo con cuánto cuidado y solicitud debemos desterrar de nosotros estos dos tipos de ignorancia, el primero de los cuales es el origen de todo pecado, y el segundo, de su consumación; cómo, por el contrario, los dos conocimientos opuestos —de Dios y de nosotros mismos— son respectivamente el principio y la perfección de la sabiduría; uno el temor del Señor y el otro la caridad.

Porque, así como el principio de la sabiduría es temer al Señor, así el principio de todo pecado es la soberbia; y como el amor de Dios se atribuye a sí mismo la perfección de la sabiduría, así la desesperación reclama para sí la consumación de toda malicia. Y así como de tu propio conocimiento nace en ti el temor de Dios, y del conocimiento de Dios se origina el amor al mismo, así, contrariamente, de tu personal desconocimiento surge la soberbia, y de la ignorancia de Dios procede la desesperación. Así, pues, la ignorancia de ti mismo te acarrea la soberbia, pues engañado por una mentalidad ciega y falaz, te crees mejor de lo que en realidad eres. Precisamente en esto consiste la soberbia, aquí está la raíz de todo pecado: en considerarte a tus ojos mejor de lo que eres ante Dios, mejor de lo que eres en realidad.

No existe, pues, peligro alguno, por más que te humilles, por más que te consideres menos de lo que eres, es decir, menos de lo que la Verdad te valora. Es, en cambio, un gran mal y un peligro horrendo si te crees superior, por poco que sea, a lo que en realidad eres, o si en tu apreciación te prefieres aunque sólo sea a uno de los que tal vez la Verdad juzga igual o superior a ti. Un ejemplo aclarará la idea: si pretendes pasar por una puerta cuyo dintel es excesivamente bajo, en nada te perjudicará por más que te inclines; te perjudicará, en cambio, si te yergues aun cuando no sea más que un dedo sobre la altura de la puerta, de suerte que te arrearás un coscorrón y te romperás la cabeza. Así ocurre a nivel espiritual: no hay que temer en absoluto una humillación por grande que sea, pero hemos de tener un gran horror y temor al más mínimo movimiento de temeraria presunción. Por lo tanto, oh hombre, no te atrevas a compararte con los que son superiores o inferiores a ti, no te compares con algunos ni siquiera con uno solo. Porque ¿qué sabes tú, oh hombre, si aquel uno, a quien consideras como el más vil y miserable de todos, qué sabes —insisto— si, merced a un cambio operado por la diestra del Altísimo, no llegará a ser mejor que tú y que otros en sí, o si lo es ya en Dios?

Por eso el Señor quiso que eligiéramos no un puesto mediano ni el penúltimo, ni siquiera uno de los últimos, sino que dijo. Vete a sentarte en el último puesto, de modo que sólo tú seas el último de todos los comensales, y no te prefieras, ni aun oses compararte, a ninguno.

 humildad-san-agustin

HUMILDAD EXCELENCIA DEL ALMA

Humildad es semilla difícil de sembrar,.
Que precisa de un terreno fértil para madurar,
Liberar al alma de lo superfluo,
Sin ego sin pretensiones.
Un corazón virtuoso,
Aceptar nuestra naturaleza y limitaciones.
Sin pretender ser lo que no somos,
Viviendo con total autenticidad,
Sin pregonar nuestros logros,
O el magnífico corazón que poseemos;
Pero sin olvidar nuestro valor.
Aceptando a los demás como lo que son, por lo que son.
“Esencia Divida, chispa creadora de Dios en nosotros”.
Reconocer nuestros errores y enmendarlos,
Apreciar el valor de los demás,
No somos dueños de la verdad.
Hasta los niños tienen mucho que enseñarnos,
Si nos permitimos la oportunidad de escucharlos.
Aprender de los demás,
Abriendo el corazón para escuchar las verdades del alma,
Sin luchas de egos,
Solo dejándonos ser como en realidad somos,
“Creaciones maravillosas de Dios”.
El alma carece de ego, no pretende ser,
Porque simplemente ya es,
Potenciar nuestras virtudes como la sencillez,
Autenticidad, honestidad, perseverancia.
Y la humildad entre otras más es muy loable.
En el proceso de aprendizaje que nuestra alma experimenta,
La humildad como la excelencia del alma,
Requiere de un proceso de introspección exhaustivo y profundo
Que conlleva confrontarnos con nosotros mismos,
Y con las verdades intrínsecas del alma.
Recorrer un largo camino,
Un profundo aprendizaje que se desarrolla,
En los lugares más inhóspitos del alma
Liberándonos del ego, la prepotencia, la soberbia, el resentimiento
Y todo aquello que impida al alma evolucionar.
Buscando ser humildes de corazón,
Una proeza para alcanzar pero no imposible de conseguir

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Publicado el 18 septiembre, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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