LUCAS 14,12-14

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (14,12-14): facebook pq

12 Después dijo al que lo había invitado: «Cuando des un almuerzo o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez, y así tengas tu recompensa.

13 Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos.

14 ¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos!».

LUCAS 14.13

San Gregorio Nacianceno
Sermones: Ayudar a los que necesitan
Sermón sobre el amor a los pobres, PG 35, 858

Dios, emocionado por el gran desamparo del hombre, le dio la Ley y los profetas, después de haberle dado la ley no escrita de la naturaleza (cf Rm 1,26); finalmente, él mismo se entregó para la vida del mundo. Nos entregó a los apóstoles, evangelistas, doctores, pastores, curaciones, prodigios. Nos devolvió a la vida, destruyó a la muerte, triunfó sobre el que nos había vencido, nos dio la Alianza prefigurativa, la Alianza de verdad, los carismas del Espíritu Santo, el misterio de la salvación nueva…

Dios nos colma de bienes espirituales, si queremos recibirlos: no vaciles en ayudar a los que lo necesitan. Da sobre todo al que te pide, y hasta antes de que te pida, dando incansablemente limosna de la doctrina espiritual… A falta de estos dones, proponle por lo menos servicios más modestos: dale de comer, ofrécele viejos vestidos, abastécele de medicinas, venda sus heridas, pregúntale por sus dificultades, enséñale la paciencia. Acércate sin temor. Ningún peligro te hará daño ni te contagiarás de sus enfermedades… Apóyate en la fe; que la caridad triunfe ante tus reticencias… No engañes a tus hermanos, no permanezcas sordo a sus llamadas, no los evites. Sois miembros de un mismo cuerpo (1Co 12,12s), aunque esté quebrantado por la maldad; igual que a Dios, “a ti se encomienda el pobre” (Sal. 9,35 Vulg).

POBRE DE ESPIRITU

Santa Teresa del Niño Jesús
Manuscrito autobiográfico: amar a los menos amables
C. 28 r°-v°

He observado (y es muy natural) que las hermanas más santas son también las más queridas. Se busca su conversación, se les hacen favores sin que los pidan… Por el contrario, a las almas imperfectas no se las busca; se las trata, ciertamente, conforme a las reglas de la educación religiosa; pero, por miedo a decirles alguna palabra menos delicada, se evita su compañía…

Y ésta es la conclusión que yo saco: en la recreación y en la licencia, debo buscar la compañía de las hermanas que peor me caen y desempeñar con esas almas heridas el oficio de buen samaritano.

Una palabra, una sonrisa amable, bastan muchas veces para alegrar a un alma triste. Pero no quiero en modo alguno practicar la caridad con este fin, pues sé muy bien que pronto cedería al desaliento: una palabra dicha con la mejor intención puede ser interpretada completamente al revés.

Por eso, para no perder el tiempo, quiero ser amable con todas (y especialmente con las hermanas menos amables) por agradar a Jesús y seguir el consejo que él da en el Evangelio, poco más o menos en estos términos: “Cuando des un banquete, no invites a tus parientes ni a tus amigos, porque corresponderán invitándote y así quedarás pagado. Invita a pobres, cojos, paralíticos; dichoso tú, porque no pueden pagarte: tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará”.

¿Y qué banquete puede ofrecer una carmelita a sus hermanas sino un banquete espiritual compuesto de caridad atenta y gozosa?

Yo no conozco ningún otro, y quiero imitar a san Pablo, que se alegraba con los que estaban alegres. Es cierto que también lloraba con los tristes, y que las lágrimas han de aparecer también algunas veces en el banquete que yo quiero servir; pero siempre intentaré que al final esas lágrimas se conviertan en alegría, pues el Señor ama a los que dan con alegría.

PERDONAR SONRISA

San Bruno de Segni
Comentarios: una boda que se celebra cada día
Sobre el evangelio de Lucas, n. 1,14: PL 165, 406-407

El Señor fue invitado a un banquete de boda. Observando a los invitados… les contó esta parábola, que incluso tomada en su sentido literal, es muy útil y necesaria a todos los que desean ser tenidos en consideración por los demás o tienen miedo de ser tenidos en poco…

Pero, como esta historia es una parábola, encierra en si un significado que rebasa su sentido literal. Miremos, pues, de qué boda se trata y quiénes son los invitados a la boda. Esta boda se realiza cada día en la Iglesia. Cada día el Señor celebra sus bodas, porque cada día él se une a las almas fieles en su bautismo o en su traspaso de este mundo al reino de los cielos. Y nosotros, los que hemos recibido la fe en Jesucristo y el sello del bautismo, estamos invitados a sus bodas. Una mesa está preparada para nosotros, de la cual dice la Escritura: “Preparas una mesa ante mí enfrente de mis enemigos.” (Sal 22,5) Encontramos en la mesa los panes de la propiciación, el ternero cebado, el Cordero que quita los pecados del mundo. En esta mesa se nos ofrece el pan vivo bajado del cielo y el cáliz de la Alianza Nueva. Aquí se nos presentan los evangelios y las cartas de los apóstoles, los libros de Moisés y de los profetas que son como manjares llenos de todas las delicias.

¿Qué más podríamos desear? ¿Por qué escogeríamos los primeros sitios? Sea cual fuera el sitio que ocupemos, tenemos de todo en abundancia y no nos falta nada.

APREDER A SER PEQUEÑO ES LA BASE DE LA HUMILDAD

Beato Charles de Foucauld
Retiros : Aprender la humildad
Tierra Santa, Cuaresma 1898

[Cristo:] Ved [mi] servicio y entrega a los hombres, y examinad cual debe ser el vuestro. Fijaos en esta humildad para el bien del hombre, y aprended a abajaros para hacerle bien…, a haceros pequeños para ganar a los otros, a no temer el descender, a perder vuestros derechos cuando se trata de hacer el bien, a no creer que, por el hecho de abajaros, os es imposible hacer el bien. Al contrario, abajándoos, me imitáis; abajándoos, empleáis, por amor a los hombres, el medio que he usado yo mismo; abajándoos, camináis por mi camino, por consiguiente, en la verdad; y entonces se está en el mejor lugar para obtener la vida, y para darla a los demás… Por mi encarnación me pongo en la misma hilera de las criaturas, por el bautismo… en el rango de los pecadores: anonadamiento, humildad. Abajaos siempre, humillaos siempre.

Que los que son los primeros se consideren siempre, por humildad y disposición de espíritu, en el ultimo lugar, con sentimiento de abajamiento y de servicio. Amor a los hombres, humildad, último lugar, en último lugar mientras la voluntad divina no os llame a ocupar otro, porque entonces es preciso obedecer. La obediencia es antes que todo, es la conformidad con la voluntad de Dios. Si os encontráis en el primer lugar, sentíos en el último lugar, por humildad; ocupadlo con espíritu de servicio, diciéndoos a vosotros mismos que sólo lo ocupáis para servir a los otros y llevarlos a la salvación.

P. Stefano de Fiores
Conferencia: el don de sí
Simposio Teológico-Pastoral del XLVIII Congreso Eucarístico Internacional

Antropología del don
La encíclica Ecclesia de Eucharistia se inserta en el contexto programático del tercer milenio, el cual se preocupa “por el ‘ser’ más que por el ‘hacer’” (NMI 15), ya que presenta a María en la lógica del don de sí, del cual es cumbre la Eucaristía.

Ya de por sí cada ser humano, creado a imagen de Dios, refleja en sí la naturaleza de un ser relacionado con Dios uno y trino, de manera que “no puede encontrarse a sí mismo de una manera plena si no es a través de un “don sincero de sí” (GS 24). La experiencia nos hace ver cómo cada historia individual se integra constantemente en las “demás historias”, hasta hacer surgir nuevas asociaciones o unidades complejas. Sin embargo, paradójicamente estas unidades se constituyen mediante una actitud de acogida del otro, que llega a la plena disponibilidad y al don de sí.

La tendencia actual es la de superar la idea del don como un intercambio interesado que requiere una respuesta, así como constatamos en las costumbres de varias sociedades antiguas estudiadas por Marcel Gauss. Las situaciones humanas son más complejas y ofrecen ejemplos de un don verdaderamente gratuito y sin posibilidad de devolución. El mismo Aristóteles había observado la asimetría del don de la vida de parte del progenitor, de manera que todos los servicios que el hijo le brindará no son comparables con el don recibido. Jesús, además, rompe el círculo del trueque invitando a sus discípulos al don desinteresado, sin cálculos secretos para recibir una devolución o una recompensa:

“Tú en cambio, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los inválidos, a los cojos y a los ciegos. ¡Qué suerte para tí si ellos no pueden compensarte!” (Lc 14,13-14).

Tomás de Aquino fundamenta la posibilidad del don gratuito en el amor agápico que no exige ninguna compensación, ya que busca el bien del otro. Se puede concluir con J. Derrida y criticando a M. Gauss que se debe distinguir el don del intercambio, ya que el don en sí no es nunca un intercambio: es un donar sin reciprocidad y sin regreso, un movimiento absolutamente no circular y de pura abertura.

Exactamente en este contexto se inserta la Eucaristía, la cual exige una cultura del don de sí y nos ayuda a realizarlo. Jesús alcanza lo máximo del don de sí en su Pasión: se dio a sí mismo (Gal 1,4; 1Tm 2,6), dio su vida (Mc 10,45), dio su cuerpo (Mt 26,26). Es más, Él mismo es el don por excelencia que brota del amor del Padre: “Dios amó tanto al mundo que le dio a su Hijo Único” (Jn 3,16). A su vez, Jesús ofrece muchos dones a los hombres: su Palabra (Jn 17,7.14), el Pan de Vida (Jn 6,35.51), la paz (Jn 14,27), a su Madre (Jn 19,26-27). En especial Él ofrece dos dones preciosísimos: “dona el Espíritu sin medida (Jn 3, 34) y “la vida eterna” (Jn 10,28). Según la encíclica Ecclesia de Eucharistia, la Eucaristía no es “un don entre muchos otros, aunque muy valioso, sino que es el don por excelencia, ya que es el don de sí” (EE 11).

Juan Pablo II se fundamenta sobre la convicción de que “no podemos olvidar a María” porque ella tiene “una relación profunda” con el Santísimo Sacramento (EE 53): el “binomio de María y la Eucaristía” es inseparable (EE 57). El Papa sigue una doble pista: la pista histórica y la pista litúrgica. En la primera, María sobresale como ejemplo antropológico de fe eucarística de mucho alcance; en la segunda, ella se convierte en una presencia viva dentro de la celebración litúrgica.

* Siglas: EE = Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia
* Conferencia completa aquí:
vatican.va

Lectura orante del Evangelio: Lucas 14,1.7-14
“Déjate amar” (Beata Isabel de la Trinidad).

‘Cuando te conviden a una boda, vete a sentarte en el último puesto’. Encontrar nuestro sitio, ponernos en verdad, habitar nuestra interioridad, vivir el momento presente, querer aquí y ahora nuestra vida…, ahí es nada. Jesús viene en nuestra ayuda y nos hace una propuesta sorprendente, a contracorriente: El último puesto. Nada de pretensiones de grandeza. El último puesto es la alternativa de Jesús a la violencia y a la injusticia. El último puesto. ¡Qué bien se ama desde ahí! ¡Qué libertad para servir! ¡Qué capacidad para vivir cada día como quien estrena la vida! ¡Qué oportunidad para mirar a los demás de otra manera! El último puesto. Jesús nos invita a la boda y nos dice que nos sentemos en el último puesto. Ven, Espíritu Santo, viento fuerte, colócanos en ese último puesto que nos ofrece Jesús.

‘Para que cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba’. ¡Qué alegría! Nuestra nada no queda oculta a la mirada de Jesús. ¡Con qué dulzura nos dice: amigo, sube! Jesús, que se hizo el último de todos, nos da la mano para subir a una dignidad que embellece y no humilla a los que están siempre más abajo. Amigo, sube, es la música de Jesús que recorre la tierra. Amigo, sube, son las palabras que hoy podemos decir a los que están junto a nosotros, sin envidias ni celos destructivos. Amigo, sube es la propuesta liberadora de Jesús para una humanidad nueva. Todos levantados por Jesús, todos creciendo juntos (somos cuando los demás son), dándonos valor unos a otros. Amigo, sube… Gracias, Jesús.

‘Todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido’. El egoísmo es mentira, el orgullo ocasiona sufrimiento a nosotros y a los demás, la pretensión de tener la razón nos hace perder los perfumes más hermosos de la vida. La humildad es otra cosa; es aceptación de lo que somos, capacidad para apreciar a los demás, libertad frente a los halagos y las críticas, silencio frente a tanta mentira, distanciamiento de la corrupción. La humildad es andar en verdad; en ese terreno florece la oración, la amistad, el diálogo, la tolerancia, el encuentro y el compromiso. Humildes no son los que reprimen y esconden los dones, ni los que se inventan virtudes; humildes son los que con mirada lúcida se atreven a reconocer la grandeza de los que están abajo. Jesús, solo tú sabes mirar nuestro corazón.

‘Cuando des un banquete invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos: dichoso tú porque no pueden pagarte, te pagarán cuando resuciten los justos’. Dichoso: Esto suena a audacia del Espíritu, a fiesta de la gratuidad. Dichoso si invitas a los pobres: Esto es entrar en la dinámica del Reino. ¡Cómo revoluciona Jesús nuestros esquemas! Fascina o escandaliza. Al amar tanto la vida, dice y hace cosas como éstas: Dichoso tú si invitas a los ciegos. Así muestra al Padre, así desvela lo que hace el Espíritu en nosotros. Dichoso tú: bienaventuranza desbordante, porque el gozo compartido con los últimos es nuestra verdadera identidad, lo que más llevamos de Jesús. Nuestra fe en ti, Señor Jesús, nos hace movernos en esa dirección.

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Publicado el 18 septiembre, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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