LUCAS 21, 29-33

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (21,29-33):

29 Y Jesús les hizo esta comparación: «Miren lo que sucede con la higuera o con cualquier otro árbol.

30 Cuando comienza a echar brotes, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano.

31 Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el Reino de Dios está cerca.

32 Les aseguro que no pasará esta generación hasta que se cumpla todo esto.

33 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

LUCAS 21.33

Catena Aurea: comentarios de los Padres de la Iglesia por versículos

San Gregorio, in evang. hom. 1

29-31. En cuanto a que el mundo deba ser destruido y despreciado, manifiesta su oportuna comparación cuando dice: “Mirad la higuera y todos los árboles: cuando ya producen de sí el fruto, entendéis que está cerca el estío…” Como diciendo: Así como se conoce que está próximo el verano por el fruto del árbol, así se conocerá la proximidad del Reino de Dios por la destrucción del mundo. En esto se manifiesta que la ruina es el fruto del mundo. Para esto produce; porque así como alimenta a todos con sus semillas, así los consumirá con sus mortandades. Se compara el Reino de Dios con el verano, porque entonces han pasado las nieblas de nuestras riquezas y empiezan a brillar con gran claridad los días del sol eterno.

32. Todo lo predicho recibe el sello de la mayor certidumbre cuando añade: “En verdad os digo que…”

33. “El cielo y la tierra pasarán…” Como diciendo: Todo aquello que para nosotros es durable no lo es eternamente sin mudanza; y todo lo que parece pasar conmigo será fijo y permanente; porque mi palabra que pasa expresa sentencias inmutables y permanentes.

San Ambrosio

29-33. San Mateo, pues, sólo habló de la higuera, pero San Lucas habla de todos los árboles. Mas la higuera tiene doble significación: o cuando se enternecen las cosas duras, o cuando complacen los pecados. Y así, cuando los frutos reverdecen en todos los árboles y la higuera aparece fecunda, esto es, cuando toda lengua confiese al Señor y le haya confesado el pueblo judío, debemos esperar la venida del Señor, porque entonces se cogerán los frutos de su resurrección, como en tiempo de verano. O cuando el hombre pecador se vista del orgullo veleidoso y pasajero de la sinagoga, como los árboles de sus hojas, debemos deducir que se aproxima el juicio. Porque Dios se apresura a premiar la fe y a concluir con el pecado.

San Agustín, ad Hesychium epist 80

31. Y cuando dice: “Cuando veáis que suceden estas cosas”, ¿qué podremos entender sino aquellas de que ya hemos hecho mención? Entre ellas se encuentra lo siguiente: “Y entonces verán al Hijo del hombre que viene” (Lc 24,33). Por tanto, cuando se vea esto no habrá llegado ya el Reino de Dios, sino que estará cerca. ¿Y acaso debe decirse que no todas las cosas ya mencionadas deben comprenderse en estas palabras: “Cuando veáis que esto sucede”, sino algunas de ellas, a excepción de lo que se ha dicho, “y entonces verán al Hijo del hombre”? San Mateo ha declarado que no debía exceptuarse nada, diciendo: “Así, vosotros, también cuando viereis todas estas cosas” entre las que se comprende la venida del Hijo de Dios, de modo que entendamos que ahora se verifica en sus miembros como en nubes, o en la Iglesia como en una grande nube.

LUCAS 21,32-33

San Eusebio

29-33. Así como en esta vida el sol (cuando después del invierno vuelve la primavera) fomenta y vivifica con el calor de sus rayos las semillas ocultas en la tierra, transformándolas en su primera forma, de modo que al brotar toman su antigua forma y producen infinitas plantas de variado color, así la gloriosa venida del unigénito de Dios, iluminando al nuevo siglo con sus rayos vivificadores, hará nacer a la luz las semillas sepultadas largo tiempo en el mundo, esto es, las que dormían bajo el polvo de la tierra, produciendo cuerpos mejores que antes; y vencida la muerte, reinará después la vida del siglo nuevo.

También llama así a la generación nueva de la Iglesia santa, manifestando que habrá de durar el pueblo de los fieles hasta el tiempo en que habrá de ver todas estas cosas y contemplará con sus propios ojos el cumplimiento de las palabras del Salvador.

Tito

31. Cerca está el Reino de Dios porque cuando sucede esto todavía no ha llegado el último fin de las cosas; pero ya se prepara, porque la venida del Señor eliminando todos los principados y potestades preparará el Reino de Dios.

Beda

32. Recomienda mucho lo que anuncia de esta manera; y (si es permitido decirlo) estas palabras, “En verdad os digo” son un juramento, porque “amén” quiere decir verdad. Por tanto es la Verdad quien dice: En verdad os digo; y aunque no se expresara así, no puede mentir de ningún modo. Llama generación a todo el género humano, o en especial la raza de los judíos.

33. El cielo que pasará no es el etéreo de las estrellas, sino el aire del que toman el nombre las aves del cielo. Pero si la tierra ha de pasar, ¿cómo dice el Eclesiastés: “Mi tierra subsiste eternamente?” (Ecle 1,4). Pero por una clara razón, el cielo y la tierra pasarán en cuanto a la forma que ahora tienen, pero en cuanto a la esencia subsistirán siempre.

Teofilactus

33. Como les había predicho perturbaciones, guerras y trastornos, tanto de los elementos como de las demás cosas, para que no se sospechase que la misma cristiandad habría de perecer añade: “El cielo y la tierra pasarán; pero mis palabras no pasarán”; como diciendo: y si se conmueven todas las cosas, mi fe no faltará; en lo cual da a entender que la Iglesia será preferida a toda criatura, porque la criatura sufrirá alteración y la Iglesia de los fieles y las predicaciones del Evangelio subsistirán.

Homilías, comentarios, meditaciones desde la Tradición de la Iglesia

San Ireneo, Tratado contra las herejías, libro 4, cap. 24, n. 3

Ireneo refuta con textos de la Escritura a algunos herejes que, mal interpretando la Escritura afirmaban que Dios perecerá junto con el cielo y la tierra (v. 33a)

1.1.4. Mala interpretación de los sectarios

3,1. Sin embargo, esos malvados dicen: “Si el cielo es el trono de Dios y la tierra su escabel, y si él ha dicho que los cielos y la tierra pasarán (Lc 21,33), entonces, cuando éstos perezcan, por fuerza perecerá el Dios que sobre ellos se sienta. Por tanto no es el Dios sobre todas las cosas”.

En primer lugar, no saben lo que trono y escabel significan; ni saben lo que Dios es, sino que lo imaginan como un hombre sentado y limitado por ellos, no como el que todo lo contiene. También ignoran el significado de cielo y tierra. Pablo, en cambio, lo sabía: “Pasa la apariencia de este mundo” (1Co 7,31). David resuelve su problema: “Al principio fundaste la tierra, Señor. El cielo y la tierra son obra de tus manos. Ellos pasarán, pero tú permaneces. Todos envejecen como su ropa, los cambiarás como un vestido, porque cambiarán. En cambio tú eres el mismo y tus años no transcurrirán. Los hijos de tus siervos tendrán donde habitar, y su linaje será por siempre firme” (Ps 102,26-29). De este modo mostró claramente qué es lo que perecerá y quién dura para siempre: Dios con sus siervos. Lo mismo Isaías: “Levantad los ojos al cielo y mirad abajo la tierra; porque el cielo se disipará como el humo y la tierra se usará como un vestido. Sus habitantes morirán como ellos, pero mi salvación durará eternamente y mi justicia no se extinguirá” (Is 51,6).

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Publicado el 19 septiembre, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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