LUCAS 1,67-79

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (1,67-79): facebook pq

67 Entonces Zacarías, su padre, quedó lleno del Espíritu Santo y dijo proféticamente:

68 «Bendito sea el Señor, el Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su Pueblo,

69 y nos ha dado un poderoso Salvador en la casa de David, su servidor,

70 como lo había anunciado mucho tiempo antes, por boca de sus santos profetas,

71 para salvarnos de nuestros enemigos y de las manos de todos los que nos odian.

72 Así tuvo misericordia de nuestros padres y se acordó de su santa Alianza,

73 del juramento que hizo a nuestro padre Abraham

74 de concedernos que, libres de temor, arrancados de las manos de nuestros enemigos,

75 lo sirvamos en santidad y justicia, bajo su mirada, durante toda nuestra vida.

76 Y tú, niño, serás llamado Profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor preparando sus caminos,

77 para hacer conocer a su Pueblo la salvación mediante el perdón de los pecados;

78 gracias a la misericordiosa ternura de nuestro Dios, que nos traerá del cielo la visita del Sol naciente,

LUCAS 1.78

79 para iluminar a los que están en las tinieblas y en la sombra de la muerte, y guiar nuestros pasos por el camino de la paz».

El Benedíctus o Cántico de Zacarías es la oración que recitó San Zacarías al recuperar el habla al nacer su hijo, San Juan Bautista. Se había quedado mudo, tal y como relatan los Evangelios, por dudar de la palabra de Dios, transmitida a través del arcángel Gabriel, en la que le anunciaba que iba a tener un hijo al que pondría por nombre Juan.

Padre Juan Alarcón Cámara S.J

El Cántico de Zacarías comienza alabando a Dios por lo que ha hecho en favor de Israel; cambiando su tónica anuncia el futuro papel de Juan Bautista, para finalmente anunciar el papel de Jesús en la historia. El llamado “Benedictus” canta la proclamación del carácter mesiánico de Jesús, de su ser ungido por el Espíritu de Dios para la liberación de su pueblo. De nuevo aparece la fidelidad de Dios a la promesa. Es la fidelidad a la alianza que hace con el ser humano, donde el primer comprometido es Él.

El evangelio nos invita a ser parte de este coro histórico–salvífico, reconociendo la presencia de Dios en la humanidad. Ejemplo de este reconocimiento es Juan. Este aparece como el profeta del Altísimo que tendrá la misión de ir delante del Señor y preparar los caminos para el acontecimiento del reino que traerá justicia, misericordia, liberación y paz. Será la predicación de la reconciliación y el cambio de mentalidad exigido al pueblo, la obertura a la salvación de Dios. Se hace fundamental en estos tiempos que todos los creyentes formemos un coro integral que sea la voz que nos lleve a la verdadera paz con justicia.

De los sermones de S.Agustín:

“Despiértate: Dios se ha hecho hombre por ti. Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz. Por ti precisamente, Dios se ha hecho hombre.
Hubieses muerto para siempre, si él no hubiera nacido en el tiempo. Nunca te hubieses visto libre de la carne del pecado, si él no hubiera aceptado la semejanza de la carne del pecado. Una inacabable miseria se hubiera apoderado ti, si no se hubiera llevado a cabo esta misericordia. Nunca hubieras vuelto a la vida, si él no hubiera venido al encuentro de tu muerte. Te hubieras derrumbado, si no te hubiera ayudado. Hubieras perecido, si él no hubiera venido. Celebremos con alegría el advenimiento de nuestra salvación y redención. Celebremos el día afortunado en el que quien era el inmenso y eterno día, que procedía del inmenso y eterno día, descendió hasta este día nuestro tan breve y temporal.”

Hoy es el día….hoy viene a nuestro encuentro el Dios de la vida que se hace hombre, uno de los nuestros…
¡Qué gran noche la de hoy!

El Dios todopoderoso y eterno toma nuestra carne frágil y mortal naciendo en las periferias del mundo, en la sencillez y humildad…

¡¡Gran noche, familia! ¡Feliz Natividad!!

 

Orígenes (hacia 185-253), presbítero y teólogo
Homilías sobre San Lucas, nº 4, 4-6
«Estaba yo en las entrañas maternas y el Señor me llamó»

El nacimiento de Juan Bautista está lleno de milagros. Un arcángel anunció la venida de nuestro Señor y Salvador Jesucristo; igualmente un arcángel anunció el nacimiento de Juan (Lc, 1,13) y dijo: «Se llenará de Espíritu Santo ya en el vientre materno.» El pueblo judío no supo ver que nuestro Señor hiciera «milagros y prodigios» y curara sus enfermedades, pero Juan exulta de gozo cuando todavía está en el seno materno. No lo pudieron impedir y, al llegar la madre de Jesús, el niño intentó salir ya del seno de Isabel: «En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, dijo Isabel, la criatura saltó de alegría en mi vientre» (Lc 1,44). Todavía en el seno de su madre Juan recibió ya el Espíritu Santo…
La Escritura dice seguidamente que «convertirá muchos israelitas al Señor, su Dios» (Lc 1,16). Juan convirtió a «muchos»; el Señor, no a muchos, sino a todos. Esta es su obra: llevar todos los hombres a Dios Padre…
Yo pienso que el misterio de Juan se realiza todavía hoy en el mundo. Cualquiera que está destinado a creer en Jesucristo, es preciso que antes el espíritu y el poder de Juan vengan a su alma a «preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto» (Lc 1,17) y, «allanar los caminos, enderezar los senderos» (Lc 3,5) de las asperezas del corazón. No es solamente en aquel tiempo que «los caminos fueron allanados y enderezados los senderos» sino que todavía hoy el espíritu y la fuerza de Juan preceden la venida del Señor y Salvador. ¡Oh grandeza del misterio del Señor y de su designio sobre el mundo!

San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia Sermón para la fiesta del nacimiento de San Juan Bautista
“¿Qué va a ser este niño?”

¡Oh maravilla, el nacimiento del mensajero precede a Aquel sin el cual no habría nacido nunca! Él es la voz y Jesús el Verbo… La palabra nace primero en el espíritu, luego suscita la voz que la pronuncia; la voz se expresa por los labios y da a conocer la palabra a los oyentes. Así Cristo ha permanecido en el Padre, por quien Juan, su mensajero, fue creado como toda criatura. Pero Juan sale del vientre de su madre y por él Cristo fue anunciado a todo el mundo. Éste era el Verbo, desde el principio, antes que existiera el mundo; aquel fue la voz que precede al Verbo. El Verbo nace del pensamiento, la voz sale del silencio.

Cuando da a luz a Cristo,
María cree,
mientras que antes de engendrar Juan,
Zacarías se queda mudo.
Juan nace de una anciana estéril;
Cristo, de una jovencita virgen.
El Verbo prolifera en el corazón de quien lo piensa;
la voz expira en el oído de quien la escucha.

Puede que éste sea el sentido de la palabra de Juan: “El debe ser cada vez más importante; yo, en cambio, menos.” (Jn 3,30) Porque los oráculos proféticos, pronunciados antes de Cristo como una voz antes del verbo, se siguen hasta que llega Juan en quien cesan las figuras precedentes. Luego, la gracia del evangelio y el anuncio manifiesto del reino de los cielos no conocerá fin y fructificará y crecerá en el mundo entero. Ciertamente, de Juan dice la misma Verdad: “Entre los nacidos de mujer no hay otro más grande que Juan Bautista.”(Mt 11,11).

 

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Publicado el 6 diciembre, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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