MATEO 5, 20-26

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (5, 20-26): facebook pq

20 Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.

21 Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: “No matarás”, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal.

22 Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, merece la Gehena de fuego.

23 Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti,

24 deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

MATEO 5.24

25 Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso.

26 Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.

PERDONATE

San Cesáreo de Arles (470-543), monje y obispo
«Ves primero a reconciliarte con tu hermano»

Sabéis bien lo que vamos a decir a Dios en la oración antes de la comunión:
«Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden». Preparaos interiormente a perdonar porque estas palabras son las que vais a encontrar en la oración. ¿Cómo las vais a decir? ¿Quizás no las diréis? Esta es, finalmente, mi pregunta: ¿diréis esas palabras, sí o no? Aborreces a tu hermano y dices: «Perdónanos como nosotros perdonamos». Es que evito decir esas palabras, dirás. Entonces ¿rezas tú? Poned atención, hermanos. Dentro de poco vais a orar; ¡perdonad de todo corazón!
¿Quieres poner un proceso contra tu enemigo? Pon primero en proceso tu corazón. Di a tu corazón: «deja de odiar»… Pero, si tú no quieres perdonar, tu alma se entristece cuando le dices: «deja de odiar». Pues, respóndele: « ¿Por qué te acongojas, alma mía, por qué te me turbas? Espera en Dios» (Sl 41,6). Te sientes incómodo, suspiras, tu mal te hace daño, no consigues deshacerte del odio.
Espera en Dios, es el médico. Por ti estuvo suspendido de la cruz sin vengarse. Y tú, buscas la venganza porque ése es el motivo de tu rencor. Mira a tu Dios en la cruz: sufre por ti, para que su sangre sea tu remedio. ¿Quieres vengarte? Mira a Cristo suspendido, escucha su oración: «Padre, perdónales porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34).

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San Cesáreo de Arlés (470-543), monje y obispo
Sermones al pueblo, n° 25; SC 243
“Ve primero a reconciliarte con tu hermano”

Hay una misericordia en el cielo la cual se alcanza por la misericordia sobre esta tierra… Y hay dos tipos de limosna: una buena, la otra mejor. Una que consiste en ofrecer un trozo de pan a los pobres; la otra perdonar en seguida a tu hermano que pecó contra ti. Con la ayuda del Señor, apresurémonos a practicar estos dos tipos de limosna para poder recibir el perdón eterno y la verdadera misericordia de Cristo. Porque Él mismo dijo: “Si perdonáis, vuestro Padre os perdonará también vuestros pecados; si no perdonáis, vuestro Padre no os perdonará tampoco vuestros pecados” (Mt 6, 14s).
Y el Espíritu Santo exclama en otro lugar: “¿El hombre guarda su cólera hacia el hombre y busca cerca de Dios un remedio? ¿No tiene misericordia por un hombre, su semejante, y le pide a Dios misericordia?”(Cf Si 28,3s)… Apresurémonos, mientras podamos y vivamos, tengamos estos dos tipos de limosna y démosela a otros. Así el día del juicio podremos decir con toda seguridad: “Danos, Señor, porque dimos”.

PEDIR PERDON

San Agustín de Hipona, Obispo
Sermón: Perdón desde el fondo del corazón
Ve y reconcíliate con tu hermano
Sermón, 211, 5-6: SC 116, 169

Hermanos, que no haya desavenencias entre vosotros en estos días santos de Cuaresma. …Tal vez, en el pensamiento os decís: «Quiero hacer las paces, pero es el hermano que me ha ofendido…y no quiere pedir perdón.» ¿Qué hacer entonces?… Hace falta que se interpongan entre vosotros unos terceros, amigos de la paz… En cuanto a ti, sé pronto para perdonar, totalmente dispuesto a perdonarle su falta desde el fondo del corazón. Si estás del todo dispuesto a perdonarle la falta, de hecho, ya le has perdonado.

Aun te falta orar: ora por él para que te pida perdón porque sabes que no es bueno para él no hacerlo… Di al Señor: Tú sabes que yo no he ofendido al hermano…y le perjudica haberme ofendido; en cuanto a mí, te pido de corazón que le perdones.»

Esto es lo que tenéis que hacer para vivir en paz con vuestros hermanos…, para celebrar la Pascua con serenidad y vivir la Pasión de aquel que no debía nada a nadie y que, no obstante, ha pagado la deuda por todos, Nuestro Señor Jesucristo que no ha ofendido a nadie y, por así decirlo, ha sido ofendido por todo el mundo. No ha pedido castigo sino que ha prometido recompensas… A él mismo le hacemos testigo en nuestro corazón: si hemos ofendido a alguien, vamos a pedir perdón; si alguien nos ha ofendido, estamos dispuestos a perdonar y a orar por nuestros enemigos.

PERDONAR

San Francisco de Sales, Obispo
Tratado: No desprecies las palabras de Cristo
«Deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano» (Mt 5,26)
Del Amor de Dios, Libro VIII, Cáp. 8 y 9. V, 84-85

«Dijo Jesús a sus discípulos: ‘Si no sois mejores que los letrados y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos. Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mimo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano…’» Mt 5, 20-26

Las palabras con las cuales nuestro Señor nos exhorta a tender y a pretender la perfección, son tan fuertes y apremiantes que nadie puede ignorar la obligación que tenemos de seguir ese designio…

Ahí está la diferencia entre mandamiento y consejo,

  • que el mandamiento nos obliga bajo pena de pecado y
  • el consejo nos invita sin pena de pecado.

Sin embargo creo que es un gran pecado el despreciar la tendencia a la perfección cristiana y más aún, despreciar la llamada que nos hace nuestro Señor…

Es una irreverencia contra Él, que con tanto amor y suavidad nos invita a la perfección, cuando le decimos: «no quiero ser santo, ni perfecto, ni tener en cuenta tus delicadezas, ni seguir los consejos que me das para mi progreso…» Hacer profesión de no querer seguir los consejos es algo que no se puede hacer sin despreciar al mismo tiempo al que los da.

Aunque hay consejos que no se pueden y no se deben practicar por cada cristiano particular, sin embargo no olvidemos que estamos todos obligados a amarlos, ya que todos son buenos.

Y testimoniamos que amamos todos los consejos cuando cumplimos devotamente los que nos corresponden… Dios ha dado muchos para que podemos observar alguno de ellos y no pasa día en que no tengamos ocasión…

Alegrémonos cuando veamos personas que emprenden el seguimiento de algún consejo… ya que la caridad nos obliga a amar no solamente lo que es bueno para nosotros, sino también lo que es bueno para el prójimo.

PERFECCION

Tomás de Kempis
Obra: Imitación de Cristo,

Con dos alas se levanta el hombre de lo terreno, que son:

  • simplicidad y
  • pureza.

La simplicidad está en la intención y en la pureza del afecto. La simplicidad busca a Dios, la pureza lo encuentra y lo gusta. Ninguna obra buena te resultará difícil si estás interiormente libre de todo afecto desordenado. Si tú sólo quieres lo que Dios quiere y lo que es útil a tu prójimo, entonces gozarás de libertad interior.

Si tu corazón es recto, toda criatura será como un espejo de vida y un libro lleno de santas instrucciones. No existe criatura tan insignificante y tan deleznable que no refleje de alguna manera la bondad de Dios. Si poseyeras suficiente inocencia y pureza, verías todo sin obstáculos. Un corazón puro penetra cielo y tierra. Cada uno juzga de las cosas exteriores según lo que alberga en su corazón. Si hay alegría alguna en el mundo, la posee el corazón puro.

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Publicado el 14 febrero, 2016 en Sin categoría y etiquetado en , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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