JUAN 7,1-2.10.25-30

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (7,1-2.10.25-30):

1 Después de esto, Jesús recorría la Galilea; no quería transitar por Judea porque los judíos intentaban matarlo.

2 Se acercaba la fiesta judía de las Chozas,

10 Sin embargo, cuando sus hermanos subieron para la fiesta, también él subió, pero en secreto, sin hacerse ver.

25 Algunos de Jerusalén decían: «¿No es este aquel a quien querían matar?

26 ¡Y miren como habla abiertamente y nadie le dice nada! ¿Habrán reconocido las autoridades que es verdaderamente el Mesías?

27 Pero nosotros sabemos de dónde es este; en cambio, cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde es».

28 Entonces Jesús, que enseñaba en el Templo, exclamó: «¿Así que ustedes me conocen y saben de dónde soy? Sin embargo, yo no vine por mi propia cuenta; pero el que me envió dice la verdad, y ustedes no lo conocen.

29 Yo sí lo conozco, porque vengo de él y es él el que me envió».

30 Entonces quisieron detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él, porque todavía no había llegado su hora.

JUAN 7,1-2.10.25-30 ADONDE TE ESCONDISTE AMADO

San Juan de la Cruz (1542-1591), carmelita descalzo, doctor de la Iglesia Cántico espiritual, estrofa 1
“Intentaban agarrarlo, pero nadie le pudo echar mano”

¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ido.

Es como si dijera: Verbo, Esposo mío, muéstrame el lugar donde estás escondido. En lo cual le pide la manifestación de su divina esencia; porque el lugar donde está escondido el Hijo de Dios es, como dice san Juan (1, 18), el seno del Padre, que es la esencia divina, la cual es ajena de todo ojo mortal y escondida de todo humano entendimiento; que por eso Isaías (45, 15), hablando con Dios, dijo: Verdaderamente tú eres un Dios escondido. De donde es de notar que, por grandes comunicaciones y presencias, y altas y subidas noticias de Dios que un alma en esta vida tenga, no es aquello esencialmente Dios, ni tiene que ver con él, porque todavía, a la verdad, le está al alma escondido, y por eso siempre le conviene al alma sobre todas esas grandezas tenerle por escondido y buscarle escondido, diciendo: ¿Adónde te escondiste? Porque ni la alta comunicación ni presencia sensible es cierto testimonio de su graciosa presencia, ni la sequedad y carencia de todo eso en el alma, lo es de su ausencia en ella. Por lo cual el profeta Job (9, 11) dice: “Si viniere a mí no le veré, y si se fuere no le entenderé”.
En lo cual se ha de entender que, si el alma sintiere gran comunicación o sentimiento o noticia espiritual, no por eso se ha de persuadir a que aquello que siente es poseer o ver clara y esencialmente a Dios, o que aquello sea tener más a Dios o estar más en Dios, aunque más ello sea; y que si todas esas comunicaciones sensibles y espirituales faltaren, quedando ella en sequedad, tiniebla y desamparo, no por eso ha de pensar que la falta Dios más así que así,…El intento principal del alma en este verso no es sólo pedir la devoción afectiva y sensible, en que no hay certeza ni claridad de la posesión del Esposo en esta vida, sino principalmente la clara presencia y visión de su esencia en que desea estar certificada y satisfecha en la otra.

San Agustín (354-430), obispo de Hipona (Norte de África) y doctor de la Iglesia
Sermón sobre el evangelio de Juan, n° 31, 3-4; CCL 36, 294-295
Me conocéis y no me conocéis

Gritaba, pues, Jesús mientras enseñaba en el templo: Me conocéis y sabéis de dónde soy; mas no he venido por mí mismo, pero es veraz quien me envió, al que vosotros no conocéis. Esto es decir: “Me conocéis y no me conocéis”; esto es decir: Sabéis de dónde soy y no sabéis de dónde soy. Sabéis de dónde soy, Jesús de Nazaret, a cuyos padres también conocéis. De hecho, en este asunto se ocultaba sólo el parto virginal… respecto a Jesús conocían por entero todo lo que se refiere al hombre: su rostro era conocido, su patria era conocida, su ascendencia era conocida, se sabía donde nació. Con razón, pues, según la carne y la efigie humana que llevaba, dijo: “Me conocéis y sabéis de dónde soy. En cambio, según la divinidad, dijo: “Mas no he venido por mí mismo, pero es veraz quien me envió, al que vosotros no conocéis; pero, para conocerlo, creed en quien me envió, y lo conoceréis. En efecto, nadie ha visto nunca a Dios, sino que el Unigénito Hijo que está en el seno del Padre, ése mismo lo explicó con todo detalle; y: Al Padre no lo conoce sino el Hijo y a quien el Hijo quiera revelarlo” (Lc 10,22)…
Yo lo conozco. Preguntadme, pues, para que lo conozcáis… Porque procedo de él, y él mismo me envió. Magníficamente ha manifestado una y otra cosa. Afirma “procedo de él” porque, en cuanto Hijo, procede del Padre y cualquier cosa que es el Hijo procede de aquel cuyo Hijo es. Por eso llamamos “Dios de Dios” al Señor Jesús, y al Padre no lo llamamos “Dios de Dios”, sino sólo “Dios”; y llamamos al Señor Jesús “Luz de Luz”, y al Padre no lo llamamos “Luz de Luz”, sino sólo “Luz”. A esto, pues, se refiere lo que dijo: Procedo de él.

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Publicado el 5 marzo, 2016 en Sin categoría y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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