LUCAS 24, 1-12

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (24, 1-12):

1 El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado.

2 Ellas encontraron removida la piedra del sepulcro

3 y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.

4 Mientras estaban desconcertadas a causa de esto, se les aparecieron dos hombres con vestiduras deslumbrantes.

5 Como las mujeres, llenas de temor, no se atrevían a levantar la vista del suelo, ellos les preguntaron: «¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?

LUCAS 24.5

6 No está aquí, ha resucitado. Recuerden lo que él les decía cuando aún estaba en Galilea:

7 «Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de los pecadores, que sea crucificado y que resucite al tercer día».

8 Y las mujeres recordaron sus palabras.

9 Cuando regresaron del sepulcro, refirieron esto a los Once y a todos los demás.

10 Eran María Magdalena, Juana y María, la madre de Santiago, y las demás mujeres que las acompañaban. Ellas contaron todo a los Apóstoles,

11 pero a ellos les pareció que deliraban y no les creyeron.

12 Pedro, sin embargo, se levantó y corrió hacia el sepulcro, y al asomarse, no vio más que las sábanas. Entonces regresó lleno de admiración por que había sucedido.

LA TUMBA ESTA VACIA JESUS RESUCITO

Una homilía del siglo V, atribuida a Eusebio el Galicano
Homilía 12ª; CCL 101, 145
«Tú iluminas esta noche santa con la gloria de la resurrección del Señor»
(Colecta)

«¡Alégrese el cielo, goce la tierra!» (cf SL 95,11). Este día ha brillado para nosotros con el resplandor del sepulcro más que si resplandeciera con el sol. ¡Qué los infiernos aclamen porque a partir de ahora tienen una salida; qué se gocen porque para ellos hoy es el día de la visita; qué exulten porque después de siglos y siglos han visto una luz que no conocían, y en la oscuridad de su profunda noche, por fin, han respirado! Oh luz bella que se ha visto clarear desde la cima del cielo blanqueado…, has revestido de su súbita claridad «a los que vivían en tinieblas y sombras de muerte »(Lc 1,79). Porque al descender Cristo a los infiernos, su eterna noche ha resplandecido inmediatamente y han cesado los lamentos de los afligidos; las ataduras de los condenados se han roto y caído; los espíritus malignos se han sobrecogido de estupor, como abatidos por un trueno.

LUCAS 24.5

San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
Homilía segunda para la Noche Santa; PL 2, 549-552; Sermón Morin guelferbytanus 5
La noche que nos libera del sueño de la muerte

Hermanos, vigilemos porque esta noche Cristo ha permanecido en el sepulcro. En esta noche aconteció la resurrección de su carne. En la cruz fue objeto de burlas y mofas. Hoy, los cielos y la tierra la adoran. Esta noche ya forma parte de nuestro domingo. Era necesario que Cristo resucitase durante la noche porque su resurrección ha iluminado las tinieblas…Así como nuestra fe en la resurrección de Cristo ahuyenta todo sueño, así, esta noche iluminada por nuestra vigilia se llena de luz. Nos hace estar vigilantes con la Iglesia extendida por toda la tierra, para no ser sorprendidos en la noche (cf Mc 13,33).

En muchos pueblos reunidos en nombre de Cristo por esta fiesta tan solemne en todas partes, el sol ya se ha puesto pero el día no declina. Las claridades del cielo han dejado lugar a las claridades de la tierra… Aquel que nos dio la gloria de su nombre (Sal 28,2) ha iluminado también esta noche. Aquel a quien decimos “tú iluminas nuestras tinieblas”(Sal 18,19) extiende su claridad en nuestra corazones. Así como nuestros ojos contemplan, deslumbrados, la luz de estas antorchas brillantes, así nuestro espíritu iluminado nos hace contemplar la luz de esta noche esta santa noche donde el Señor ha comenzado en su propia carne la vida que no conoce ni sueño ni muerte!

LUCAS 24.5-6

Vincent Ryan
Cuaresma-Semana Santa
Paulinas.Madrid-1986.Págs. 111ss.

El sábado santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y muerte, y se abstiene del sacrificio de la misa, permaneciendo por ello desnudo el altar hasta que, después de la solemne vigilia o de la expectación nocturna de la resurrección, pueda alegrarse con gozos pascuales, de cuya abundancia va a vivir durante cincuenta días.

Esta nota introductoria del misal explica el espíritu del día. No debemos dar paso a una alegría anticipada, porque la celebración pascual todavía no ha comenzado. Es un día de serena expectación, de preparación orante para la resurrección. Permanece todavía el dolor, aunque no tenga la misma intensidad del día anterior. Los cristianos de los primeros siglos ayunaban tan estrictamente como el viernes santo, porque éste era el tiempo en que Cristo, el esposo, les había sido quitado (Mt 2,19-21).

Si podemos pasar este día en oración y recogida espera, nuestro tiempo será empleado del modo más idóneo. Esto es lo que nos sugiere la hermosa homilía elegida para el oficio de lecturas de hoy:

Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio y una gran soledad. Un gran silencio porque el Rey duerme. La tierra está temerosa y sobrecogida, porque Dios se ha dormido en la carne y ha despertado a los que dormían desde antiguo’.

El primer sábado santo todo parecía perdido. Los discípulos, pequeño grupo de hombres pusilánimes, habían huido en desbandada, rotas sus esperanzas. Solamente María conservó la fe y quedó esperando la resurrección de su Hijo. Por esto todos los sábados del año la Iglesia conmemora a la Virgen María y tiene una misa votiva y oficio en su honor.

Una nota de serenidad, incluso de gozosa expectación, impregna la liturgia del sábado santo. Cristo ha muerto, pero su muerte es como un sueño del que despertará en la mañana de pascua.

Los salmos elegidos para la liturgia de las horas rezuman confianza y expectación. Parece como si el mismo Cristo los estuviese recitando. El salmo 4 contiene este versículo: “En paz me acuesto y en seguida me duermo”, que se aplica a Cristo en la tumba esperando confiadamente la resurrección. También en el salmo 15 tenemos una maravillosa expresión de esperanza: “No me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha”.

La lectura de la Biblia (Heb 4,1-13) nos habla del descanso sabático preparado para el pueblo de Dios después de las fatigas de esta vida. De ella se desprende esta conclusión: “Un tiempo de descanso queda todavía para el pueblo de Dios, pues el que entra en su descanso descansa él también de sus tareas, como Dios de las suyas”.

En la homilía de la que hemos citado antes algo hay un diálogo entre Cristo y Adán. Cristo entra en la morada de los muertos y despierta a Adán, diciendo: “Levántate de entre los muertos, pues yo soy la vida de los muertos. Levántate, obra de mis manos; levántate, imagen mía, creado a mi semejanza. Levántate, salgamos de aquí, porque tú en mí y yo en ti formamos una sola e indivisible persona”.

Todos participamos del misterio del sábado santo; san Pablo nos lo recuerda: “Fuimos, pues, sepultados juntamente con él por el bautismo en la muerte, para que, como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros caminemos en nueva vida” (Rom 6,4). En la Iglesia primitiva, el simbolismo del bautismo como sepultura con Cristo resultaba mucho más claro que en tiempos más recientes. Los catecúmenos adultos descendían realmente a la pila bautismal, que, en su aspecto, no era muy diferente de una tumba. Descendían a las aguas, como signo de muerte y sepultura, y salían significando la resurrección.

Nuestra participación en la sepultura de Cristo se expresa en las oraciones finales de la liturgia de las horas. Así se expresa la petición final de laudes: “Cristo, Hijo de Dios vivo, que has querido que por el bautismo fuéramos sepultados contigo en la muerte, haz que, siguiéndote a ti, caminemos también nosotros en una vida nueva”. En la oración final rogamos: “Te pedimos que concedas a todos tus fieles, sepultados con Cristo por el bautismo, resucitar también con él a la vida eterna”.

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Publicado el 13 marzo, 2016 en Sin categoría y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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