MARCOS 16,9-15

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (16,9-15):

9 Jesús, que había resucitado a la mañana del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, aquella de quien había echado siete demonios.

10 Ella fue a contarlo a los que siempre lo habían acompañado, que estaban afligidos y lloraban.

11 Cuando la oyeron decir que Jesús estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron.

12 Después, se mostró con otro aspecto a dos de ellos, que iban caminando hacia un poblado.

13 Y ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero tampoco les creyeron.

14 En seguida, se apareció a los Once, mientras estaban comiendo, y les reprochó su incredulidad y su obstinación porque no habían creído a quienes lo habían visto resucitado.

15 Entonces les dijo: «Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación.

MARCOS 16.15

San Juan de la Cruz (1542-1591), carmelita descalzo, doctor de la Iglesia
Subida del Monte Carmelo, 3, 31
«Les echó en cara su incredulidad»

Así, donde más señales y testimonios concurren, menos merecimiento hay en creer… Y así, estas maravillas nunca Dios las obra, sino cuando meramente son necesarias para creer; que, por eso, porque sus discípulos no careciesen de mérito si tomaran experiencia de su resurrección, antes que se les mostrase, hizo muchas cosas para que sin verle le creyesen.
Porque a María Magdalena (Mt. 28, 1-8) primero le mostró vacío el sepulcro y después que se lo dijesen los ángeles -porque la fe es por el oído, como dice san Pablo (Rm. 10, 17)-y oyéndolo, lo creyese primero que lo viese. Y aunque le vio fue como hombre común, para acabarla de instruir, en la creencia que le faltaba con el calor de su presencia (Jn 20, 11-18).
Y a los discípulos primero se lo envió a decir con las mujeres, después fueron a ver el sepulcro (Mt 28, 7-8; Jn 20, 1-10). Y a los que iban a Emaús primero les inflamó el corazón en fe que le viesen, yendo él disimulado con ellos (Lc 24, 15); y, finalmente, después los reprehendió a todos (Mc 16, 14) porque no habían creído a los que les habían dicho su resurrección; y a Santo Tomás porque quiso tomar experiencia en sus llagas, cuando le dijo que eran «bienaventurados los que no viéndole le creían» (Jn 20, 29).

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Publicado el 15 marzo, 2016 en Sin categoría y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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