JUAN 12, 44-50

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (12, 44-50):

44 Jesús exclamó: «El que cree en mí, en realidad no cree en mí, sino en aquel que me envió.

45 Y el que me ve, ve al que me envió.

46 Yo soy la luz, y he venido al mundo para que todo el que crea en mí no permanezca en las tinieblas.

JUAN 12.40

47 Al que escucha mis palabras y no las cumple, yo no lo juzgo, porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvarlo.

48 El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he anunciado es la que lo juzgará en el último día.

49 Porque yo no hablé por mí mismo: el Padre que me ha enviado me ordenó lo que debía decir y anunciar;

50 y yo sé que su mandato es Vida eterna. Las palabras que digo, las digo como el Padre me lo ordenó».

JUAN 12.46

San Anselmo (1033-1109), benedictino, arzobispo de Canterbury, doctor de la Iglesia. Meditaciones
«Yo he venido al mundo para que el que cree en mí no quede en las tinieblas»

Oh mi buen Maestro, Jesucristo, estaba yo sin ningún auxilio, no pedía nada, y ni tan sólo pensaba en ello, y tu luz me ha iluminado durante la noche… Tú has alejado de mi el peso que me hundía, tú has repelido a los que me asaltaban, tú me has llamado con un nombre nuevo (Ap 2,17), tomado del tuyo, el nombre de cristiano. Yo estaba ya sin fuerzas, tú me has levantado. Me has dicho: «Confianza, Yo te he rescatado, Yo que he dado mi vida por ti. Si quieres unirte a mi, te liberarás del mal y del abismo en el que estás metido, y te conduciré a mi Reino…»

Si, Señor, ¡tú lo has hecho todo por mí! Yo estaba en las tinieblas y no sabía nada…, yo bajaba al abismo de la injusticia, estaba caído en la miseria del tiempo para caer más bajo todavía. Y en la hora en que me encontraba sin ayuda ninguna, tú me has iluminado. Sin que ni siquiera te lo pidiera, me has iluminado. En tu luz he visto lo que eran los otros y lo que yo mismo soy…; tú me has dado la confianza en mi salvación, tú, que has dado tu vida por mí… Lo reconozco, oh Cristo, me debo del todo a tu amor.

Yo soy la luz

Lansperge el Cartujo (1489-1539), religioso, teólogo
Yo, que soy la luz, he venido para que el que crea no permanezca en
tinieblas

La humildad con la cual Cristo “se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo” (Flp. 2,7) es para nosotros luz. Luz para que no aceptemos la gloria del mundo, Él, que prefirió nacer en un establo más que en un palacio y sufrir una muerte vergonzosa sobre una cruz. Gracias a esta humildad podemos saber cuán detestable es el pecado de un ser que ha sido modelado (Gn 2,7), un pobre hombre hecho de la nada, cuando se enorgullece, se vanagloria y no quiere obedecer, mientras que vemos al Dios infinito humillado, despreciado y abandonado de los hombres.
La dulzura con la cual soportó el hambre, la sed, el frío, los insultos, los golpes y las heridas es también para nosotros luz, cuando “como un cordero fue llevado al matadero y como una oveja ante el esquilador no abrió la boca” (Is 53,7). Gracias a esta dulzura, en efecto, vemos qué inútil es la cólera, lo mismo que la amenaza; aceptemos entonces el sufrimiento y no sirvamos a Cristo por rutina.
Gracias a ella, aprendemos a conocer todo lo que se nos pide: llorar nuestros pecados con sumisión y silencio, y aguantar pacientemente el sufrimiento cuando se presenta. Porque Cristo aguantó sus tormentos con tanta dulzura y paciencia, no por sus pecados, sino por los de otro. Por tanto, queridos hermanos, reflexionemos sobre todas las virtudes que Cristo nos enseñó en su vida ejemplar y que nos recomienda en sus exhortaciones y que nos da la fuerza para imitarlas con la ayuda de su gracia.

San Agustín (354-430), Obispo de Hipona (África del Norte) y doctor de la Iglesia.
La Trinidad, I, 13, 30-31
«El que me ve a mí, ve al que me ha enviado»

Aquel que llamó a Jesús “maestro bueno”, y le pidió consejo para llegar a la vida eterna, recibió esta respuesta: “¿por qué me preguntas sobre lo que es bueno?”. “Nadie es bueno salvo el mismo Dios” (Mc 10, 17-18)… Sí, si me tomas en mi condición divina, soy bueno, pero si me aceptas sólo en la condición humana en que me ves ahora, ¿por qué me preguntas sobre lo que es bueno si tu eres de aquellos que solamente «verán al que traspasaron»?(Jn 19,37; Za 12,10) esta visión será para ellos su desgracia, este será su castigo.
Hay, en efecto, una visión en la que contemplaremos la esencia inmutable de Dios, invisible a los ojos humanos, y esta visión que se ha prometido sólo a los santos es la visión que el apóstol Pablo llama un cara a cara (1 Cor 13:12), de esta visión del apóstol Juan dice: «Nosotros seremos semejantes a Dios, porque le veremos tal cual es» (1 Jn 3:2) y el salmista: «Sólo he pedido una cosa al Señor: contemplar la dulzura del Señor (Sal 26,4). El Señor mismo dice: “Yo lo amaré y me manifestaré a él» (Jn 14:21). Es por esta visión por la que purificamos nuestros corazones en la fe, a fin de ser del número de estos «puros de corazón que verán a Dios» (Mt 5,8). Entonces esta visión, únicamente, es nuestro mayor bien, y para lograrla tenemos el deber de hacer todo lo que hacemos bien hecho.

JUAN 12.46 B

San Agustín (354-430), Obispo de Hipona (África del Norte) y doctor de la Iglesia.
(Tratado 54,4 sobre el Evangelio de San Juan)
“Yo he venido al mundo como Luz. Cristo, Palabra del Padre, es la Luz del mundo que condena a los que viven las tinieblas de la incredulidad. Amad a Cristo y desead la Luz que es Cristo.”

«No les dijo: “Vosotros sois la luz, habéis venido al mundo para que quien crea en vosotros no permanezca en las tinieblas”. Yo os aseguro que no leeréis esto en ningún lugar. Candelas son todos los Santos. Pero la Luz aquella que les da la luz no puede separarse de sí misma, porque es inconmutable. Creemos, pues, a las candelas encendidas, como son los profetas y los apóstoles, pero de tal modo les damos fe, que no creemos en la misma candela iluminada, sino que por medio de ella creemos en aquella Luz que las ilumina, para que nosotros seamos también iluminados, no por ellas, sino con ellas, por aquella Luz de quien ellas reciben la suya.

«Y al decir que vino “para que todo aquel que crea en Mí no permanezca en tinieblas”, claramente manifiesta que a todos encontró envueltos en las tinieblas; pero para que no permanezcan en las tinieblas en que fueron hallados deben creer en la Luz que vino al mundo, porque por Ella fue hecho el mundo»

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Publicado el 24 marzo, 2016 en Sin categoría y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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