JUAN 14,1-6

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (14,1-6):

1 «No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí.

JUAN 14.1

2 En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, se lo habría dicho a ustedes. Yo voy a prepararles un lugar.

3 Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes.

JUAN 14.3

4 Ya conocen el camino del lugar adonde voy».

5 Tomás le dijo: «Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?».

6 Jesús le respondió: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí.

JUAN 14.6

San Rafael Arnaiz Barón (1911-1938), monje trapense español
Escritos espirituales, 12/04/1938
«Donde yo estoy, también estaréis vosotros»

¡Ah! si el mundo supiera lo que es amar un poco a Dios, también amaría al prójimo. Al amar a Jesús, al amar a Cristo, también forzosamente se ama lo que Él ama. ¿Acaso no murió Jesús de amor por los hombres? Pues al transformar nuestro corazón en el de Cristo, también sentimos y notamos sus efectos… Y el más grande de todos es el amor… el amor a la voluntad del Padre, el amor a todo el mundo, que sufre, que padece… Es el padre, el hermano lejano, sea inglés, japonés o trapense; el amor a María… En fin. ¿Quién podrá comprender el Corazón de Cristo? Nadie, pero chispitas de ese Corazón hay quien las tiene…, muy ocultas…, muy en silencio, sin que el mundo se entere.
Jesús mío, qué bueno eres. Tú lo haces todo maravillosamente bien. Tú me enseñas el camino; Tú me enseñas el fin. El camino es la dulce Cruz…, es el sacrificio, la renuncia, a veces la batalla sangrienta que se resuelve en lágrimas en el Calvario, o en el Huerto de los Olivos; el camino, Señor, es ser el último, el enfermo, el pobre oblato trapense que a veces sufre junto a tu Cruz. Pero no importa; al contrario…, la suavidad del dolor sólo se goza sufriendo humildemente por Tí. Las lágrimas junto a tu Cruz, son un bálsamo en esta vida de continua renuncia y sacrificio; y los sacrificios y renuncias son agradables y fáciles, cuando anima en el alma la caridad, la fe y la esperanza. He aquí cómo Tú transformas las espinas en rosas.
Mas ¿y el fin?… El fin eres Tú, y nada más que Tú… El fin es la eterna posesión de Ti allá en el cielo con Jesús, con María, con todos los ángeles y santos. Pero eso será allá en el cielo. Y para animar a los flacos, a los débiles y pusilánimes como yo, a veces te muestras al corazón y le dices…, ¿qué buscas? ¿qué quieres? ¿a quién llamas?… Toma, mira lo que soy… Yo soy la Verdad y la Vida.
Y entonces derramas en el alma delicias que el mundo ignora y no comprende. Entonces, Señor, llenas el alma de tus siervos de dulzuras inefables que se rumian en silencio, que apenas el hombre se atreve a explicar… Jesús mío, cuánto te quiero, a pesar de lo que soy…, y cuanto peor soy y más miserable, más te quiero…, y te querré siempre y me agarraré a Ti y no te soltaré, y… no sé lo que iba a decir.

JUAN 14.6

Santo Tomás de Aquino (1225-1274), teólogo dominico, doctor de la Iglesia
“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”

Cristo es al mismo tiempo el camino y el término: el camino en función de su humanidad, el término en función de su divinidad. Así pues, según es hombre dice: “Yo soy el Camino” y según es Dios añade: “la Verdad y la Vida”. Estas dos palabras dicen muy claramente el término de este camino, porque el término de este camino, es el fin del deseo humano… Cristo es el camino para llegar al conocimiento de la verdad, puesto que él mismo es la verdad: “Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad” (Sal 85,11). Y Cristo es el camino para llegar a la vida, puesto que él mismo es la vida: “Me enseñarás el sendero de la vida” (Sal 15,11)… Si buscas por donde pasar, agárrate a Cristo, puesto que él mismo es el camino: “Es el camino, síguele” (Is 30,21). Y san Agustín comenta: “Camina siguiendo al hombre y llegarás a Dios”. Porque es mejor cojear a lo largo del camino que andar a grandes pasos fuera del camino. El que cojea durante el camino, aunque no adelante mucho, se acerca al término; pero el que anda fuera de camino, cuanto más valientemente corre, tanto más se aleja del término.
Si buscas a dónde ir, únete a Cristo, porque Él en persona es la verdad a la cual deseamos llegar: “Es la verdad que mi boca medita” (Pr 8,7). Si buscas dónde permanecer, únete a Cristo porque él en persona es la vida: “El que me encuentre encontrará la vida” (Pr 8,35).

CAMINO PREOCUPAR LLEGAR

San Buenaventura (1221-1274), franciscano, doctor de la iglesia
El itinerario de la mente hacia Dios, VII, 1-2,4,6 (cf. breviario)
«Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida»

Acerquémonos apresuradamente a nuestro Redentor Jesús. Unámonos a la asamblea de los santos, a la reunión de los justos. Nos acercamos a nuestros hermanos, a los que nos instruyeron en la fe… El Señor será la luz de todos y esta «luz verdadera que alumbra a todo hombre» ((Jn 1,9) brillará para todos. Iremos a donde Nuestro Señor Jesucristo ha preparado una morada para sus siervos para que donde él está estemos también nosotros. Ésta es su voluntad… Nos comunica su deseo: «Volveré y os llevaré conmigo, para que podáis estar donde voy a estar yo.» (Jn 14,2-3)…

Nos ha mostrado el lugar y el camino cuando dice: «Vosotros ya sabéis el camino para ir adonde yo voy.» (Jn 14,4) El lugar es estar junto al Padre; el camino es Cristo, como él mismo dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí.» (Jn 14,6) Entremos en este camino, unámonos a la verdad, sigamos la vida. El camino es el que nos conduce, la verdad la que nos asegura, la vida es que se nos da él mismo. Y para que comprendamos bien lo que él quiere, añade más adelante: «Padre, yo deseo que todos estos que tú me has dado puedan estar conmigo donde esté yo, para que contemplen la gloria que me has dado, porque tú me amaste antes de la creación del mundo.» (Jn 17,24)

Te seguimos, Señor Jesús. Pero, para que te sigamos ¡llámanos porque sin ti, nadie llega hasta ti! Tú eres el camino, la verdad y la vida. Tú eres nuestro auxilio, nuestra fe, nuestra recompensa. ¡Acoge a los que te pertenecen, tú que eres el camino; fortifícalos, tú que eres la verdad; vivifícalos, tú que eres la vida!

EL CAMINO MAS LARGO ES QUEDARSE PARADO

Beato Ogerio de Lucedio, Sermón 6, sobre las palabras del Señor en la última cena (56: PL 184, 904-905)
Apareceré para juzgar, y os aposentaré en aquellas estancias a fin de que allí estéis conmigo para siempre

Vosotros reinaréis conmigo en la vida eterna, donde hay muchas estancias, es decir, multitud de grados de gloria, pues allí uno es el resplandor del sol, otro el de la luna y otro el de las estrellas. La casa de Dios Padre es esta: su predestinación y presciencia. En esta casa, cada uno de los elegidos dispone de su propia estancia, de acuerdo con el denario consignado, que es el mismo para todos: este denario indica la duración de la vida en la eternidad, duración única para todos, sin diferencia alguna.

O también: la casa de mi Padre es el templo de Dios, el reino de Dios, esto es, los hombres justos, entre los cuales existen múltiples diferencias. Y éstas son las estancias de la misma casa, es decir, aquellos grados de gloria que están preparados en la predestinación, como dice el Apóstol: El nos eligió antes de crear el mundo por la predestinación; pero dichos grados de gloria hay que esperarlos activamente. Por eso dice el Apóstol: A los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó. Palabras que sintonizan con aquellas del Señor: Si no, os lo habría dicho, y me voy a prepararos sitio. Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros.

El sentido es éste: En la casa de mi Padre son diversos los premios de los méritos. Pero como allí los puestos son asignados por la predestinación, no es necesario que yo prepare estas estancias. Y como todavía no son una realidad, por eso añade: Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Que es como si dijera: En la casa de mi Padre tenéis un puesto por la predestinación; pero me voy al Padre y os los prepararé con el concurso de vuestras obras. En la casa de mi Padre tenéis una eterna morada, sólo que ya no podéis tomar posesión de ella si no es a través de un trabajo personal a fondo. En la casa de mi padre disponéis de estancias en función únicamente de la gracia y el don de Dios, pero quiero que las tengáis en adelante también por mí.

Me alejo de vosotros según la divinidad, y os prepararé, según la humanidad, aquella inefable bienaventuranza que preparé para vosotros desde la creación del mundo según la divinidad. No podéis en modo alguno disfrutar de aquellos inefables gozos de vida perenne, si antes no soy despojado de la carne y nuevamente revestido de la misma carne. Subiré al cielo y os enviaré el Espíritu Santo, que os enseñe a manifestar con las obras vuestro reconocimiento, de modo que recibáis también con el concurso de vuestros méritos aquel reino de la felicidad eterna, al cual estáis predestinados.

Diariamente prepara el Señor Jesús a sus fieles un sitio, al recordar a su Padre que su carne padeció por la salvación del género humano; y así, el lugar que por su divinidad nos había preparado, nos lo otorga ahora por su humanidad. Cada vez que hacemos una obra buena: ayunando, orando, leyendo, meditando, llorando por nuestros pecados o por el deseo de ver a Cristo, visitando al enfermo, dando de comer al hambriento, u otras obras buenas que sería largo enumerar, día a día se nos va preparando aquella feliz mansión en el cielo, por aquel que dijo: Sin mí no podéis hacer nada. Pero sólo entonces nos introducirá en aquellas dichosísimas moradas, si cuando viniere a dar a cada uno según sus obras, hallare que hemos vivido en su fe y en su amor. Es exactamente lo que dice: Volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Que es como si dijera: apareceré para juzgar, y os aposentaré en aquellas estancias, a fin de que allí estéis conmigo para siempre. ¡Oh inmensa, oh dichosa felicidad, vivir con Cristo!

JUAN 14.6

San Ambrosio de Milán, Tratado sobre el bien de la muerte (Cap 12, 52-55: CSEL 32, 747-750)
El lugar: junto al Padre; el camino: Cristo

Caminemos intrépidamente hacia nuestro Redentor, Jesus; caminemos intrépidamente hacia aquella asamblea de los santos, hacia aquella reunión de los justos. Pues nos encaminaremos al encuentro con nuestros padres, al encuentro con los preceptores de nuestra fe: y si tal vez no podemos exhibir obras, que la fe venga en ayuda nuestra y la heredad nos defienda. Porque el Señor será la luz de todos; y aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre resplandecerá sobre todos. Nos encaminaremos allí donde el Señor Jesús preparó estancias para sus humildes siervos, para que donde él esté estemos también nosotros. Tal fue su voluntad. Cuáles sean esas estancias, óyeselo decir a él mismo: En casa de mi Padre hay muchas estancias. Y ¿cuál es su voluntad? Volveré —dice— y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros.

Pero me objetarás que hablaba únicamente a los discípulos, que sólo a ellos les prometió las muchas estancias. Entonces, ¿es que sólo las preparaba para los Once? ¿Y cómo se cumplirá aquello de que vendrán de todas partes y se sentarán en el reino de Dios? ¿Es que podemos dudar de la eficacia de la voluntad divina? Pero, en Cristo, querer y hacer son una misma cosa. Seguidamente les señaló el camino, les indicó el sitio, diciendo: Y donde yo voy, ya sabéis el camino. El lugar: junto al Padre; el camino: Cristo, como él mismo dijo: Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí.

Adentrémonos por este CAMINO,
mantengamos la VERDAD,
vayamos tras la VIDA.

Es CAMINO que conduce,
VERDAD que confirma,
VIDA que se entrega.

Y para que conozcamos sus verdaderos planes, al final del discurso añade: Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo, donde yo estoy y contemplen mi gloria. Padre: esta repetición es confirmatoria, lo mismo que aquello: ¡Abrahán, Abrahán! Y en otro lugar: Yo, yo era quien por mi cuenta borraba tus crímenes. Bellamente pide aquí lo que antes había prometido. Y este primero prometer y luego pedir, y no a la inversa, primero pedir y luego prometer, es un prometer como árbitro del don, consciente de su propio poder; pide al Padre como intérprete de la piedad. Prometió primero, para que conozcas su poder; luego pidió, para que caigas en la cuenta de su piedad. No pidió primero y luego prometió, para que no pareciera que prometía lo que previamente había impetrado, más bien que otorgaba lo que antes había prometido. Ni consideres superfluo que pidiera, pues de esta manera te expresa su comunión con la voluntad del Padre, lo cual es una prueba de unidad, no un aumento de poder.

Te seguimos, Señor Jesús; pero llámanos para que podamos seguirte, ya que sin ti nadie puede subir. Porque tú eres el camino, la verdad, la vida, la posibilidad, la fe, el premio. Recibe a los tuyos como el camino, confírmalos como la verdad, vivifícalos como la vida.

JUAN 14.6

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Publicado el 27 marzo, 2016 en Sin categoría y etiquetado en , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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