JUAN 15, 9-17

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (15,9-11) -(15,9-17): facebook pq facebook pq

9 Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor.

JUAN 15.9

10 Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor. como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

11 Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.

JUAN 15.11

12 Este es mi mandamiento: Amense los unos a los otros, como yo los he amado.

JUAN 15.12

13 No hay amor más grande que dar la vida por los amigos.

JUAN 15.13

14 Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando.

15 Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.

16 No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá.

JUAN 15.16

17 Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros.

JUAN 15.17

San Agustín de Hipona, Tratado 82 sobre el evangelio de san Juan (1-4: CCL 36, 532-534)
Amamos a Cristo en la medida en que guardamos sus mandamientos

En este discurso a los discípulos, el Salvador vuelve insistentemente sobre el tema de la gracia que nos salva, diciendo: Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos. Y si con esto recibe gloria Dios Padre, con que demos fruto abundante y así seamos discípulos suyos, no lo adjudiquemos a nuestra propia gloria, como si hubiera de atribuirse a nuestra capacidad lo que hemos realizado. Suya es esta gracia y a él -no a nosotros- le corresponde la gloria. Por eso, habiendo dicho en otro lugar: Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras, para que no se creyeran los autores de tales obras buenas, añadió a renglón seguido: y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos. Con esto recibe gloria el Padre, con que demos fruto abundante y así seamos discípulos suyos Y ¿quién nos hace discípulos sino aquel cuya misericordia nos ha prevenido? Somos, pues, obra suya. Dios nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las obras buenas.

Como el Padre me ha amado -dice-, así os he amado yo, permaneced en mi amor. Aquí está el origen de todas nuestras buenas obras. Pues, ¿cómo podrían ser nuestras, sino por la fe activa en la práctica del amor? Y ¿cómo podríamos nosotros amar, si no hubiéramos sido amados primero? Lo dijo clarísimamente el mismo evangelista en su carta: Nosotros amemos a Dios, porque él nos amó primero. El Padre ciertamente nos ama también a nosotros, pero en sí mismo; porque con esto recibe gloria el Padre, con que demos fruto en la vid, esto es, en el Hijo, y así seamos discípulos suyos

Permaneced -dice-, en mi amor. ¿Cómo permaneceremos? Escucha lo que sigue: Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor. ¿Es el amor el que hace guardar los mandamientos o es la guarda de los mandamientos la que hace el amor? ¿Pero es que puede dudarse de que es el amor el que precede? El que no ama no tiene razón suficiente para observar los mandamientos. Por eso, lo que sigue: Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, muestra no dónde se genera el amor, sino cómo se manifiesta. Es como si dijera: No penséis permanecer en mi amor, si no guardáis mis mandamientos; pues si no los guardáis, no permaneceréis. Es decir, en esto se manifestará que permanecéis en mi amor, si guardáis mis mandamientos. Para que nadie se llame a engaño, diciendo que le ama, si no guarda mis mandamientos. Pues amamos a Cristo en la medida en que guardamos sus mandamientos; si somos remisos en la guarda de los mandamientos, lo seremos asimismo en el amor. Por consiguiente, no guardemos primero sus mandamientos para que nos ame; pero si no nos ama, no podemos guardar sus mandamientos. Ésta es la gracia patente a los humildes, latente en los soberbios.

JUAN 15.13 AMIGOS

San Cirilo de Alejandría, Comentario sobre el evangelio de san Juan (Lib 10: PG 74, 379.382-383.390-391)
Yo os he elegido, no vosotros a mí

Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Con estas palabras explica el Señor con más claridad lo dicho anteriormente, esto es, que los discípulos disfruten en sí mismos de su mismo gozo. A los que quieran seguirme —dice—, les mando esto, y les enseño a hacerlo y a sentirlo en lo íntimo de su alma: que tengan un amor recíproco tan profundo como el que yo les he demostrado y he practicado previamente. Cuán generosa sea la medida del amor de Cristo, él mismo lo ha indicado al decir que nadie tiene un amor más grande que el que va hasta dar la vida por los amigos.

Además, enseña a sus discípulos que para salvar a los hombres no hay que arredrarse ante la lucha, sino aceptar con intrépida fortaleza el sufrir hasta la misma muerte. Hasta ese extremo límite llegó el gran amor de nuestro Salvador. Hablar de este modo, es simplemente incitar a sus discípulos a una intrepidez sobrenatural y vigorosa y al más alto grado de amor fraterno; es crear en ellos un ánimo generoso y poseído por el amor, elevarlos a una caridad invicta e invencible, pronta a dar todo lo que a Dios pluguiere. Pablo demostró tener este temple, cuando dijo: Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. Y añadía: ¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?: ¿la aflicción?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada? ¿Oyes cómo no hay nada que pueda separarnos del amor de Cristo? Y si apacentar el rebaño y los corderos de Cristo es amarle a él, ¿cómo no va a ser evidente de toda evidencia que el apóstol, predicador de la salvación a quien no conoce a Dios, deberá ser superior a la muerte y a las persecuciones y considerar una nonada cualquiera dificultad?

No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido; y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. Revestíos de mutuo amor, discípulos míos. Vosotros mismos debéis gustar estas cosas llevándolas a la práctica, y hacer unos por otros con ferventísimo deseo y esforzado ánimo, todo cuanto primeramente he hecho yo con vosotros.

Yo os he elegido, no vosotros a mí. Con inaudita bondad y gran generosidad me he revelado a vosotros que no me conocíais, y os he conducido a una tan grande constancia y firmeza de ánimo, para que podáis caminar y progresar siempre hacia lo mejor y dar fruto para Dios; os he dado una confianza tan grande, de modo que todo lo que pidáis en mi nombre, estad seguros que lo recibiréis. Por eso, si seguís las huellas que os he señalado con mis palabras y con mi manera de actuar, si estáis llenos de aquel espíritu que conviene a los verdaderos y legítimos discípulos, no debéis contemporizar esperando que alguien venga por sí mismo a la fe y al culto de Dios, sino que debéis ofreceros como guías a los que todavía no conocen a Dios y están en el error, o aún no han espontáneamente aceptado la predicación de la salvación.

Conviene que vosotros los exhortéis con calor a profundizar, mediante una plena comprensión, el verdadero conocimiento de Dios, aunque se irrite el ánimo de los oyentes, persistiendo en la incredulidad. De este modo, también ellos acabarán haciendo como vosotros, esto es, avanzarán por el buen camino y, progresando en el bien, volverán a producir en Dios frutos vitales y duraderos. De manera que sus plegarias, gratas y aceptas a Dios, conseguirán lo que piden, si lo piden en mi nombre.

JUAN 15,12-13

Tertuliano (c. 155-c. 220), teólogo
De praescriptione, 20-21; CCL 1, 201-203)
“…os he dado a conocer todo lo que he oído del Padre.”

Cristo escogió entre sus discípulos a aquellos que acercó más estrechamente a sí mismo para enviarlos a todos los pueblos. Uno de ellos se excluyó de su número. Por esto, encomendó a los otros once, en el momento de su retorno al Padre después de su resurrección, de ir a predicar a todos los pueblos y bautizarlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (Mt 28,19).

Al instante, los apóstoles –cuyo nombre significa ‘enviados’—escogieron a Matías en el lugar de Judas, según la profecía contenida en un salmo de David. (Sal 108,8) Recibieron, por la fuerza del Espíritu prometido, el don de obrar prodigios y el don de lenguas. Primero en Judea dieron testimonio de la fe en Cristo Jesús y constituyeron las comunidades. De ahí partieron hacia el mundo entero para anunciar entre las naciones la misma doctrina y la misma fe…

¿Cuál fue la predicación de los apóstoles? ¿Qué les reveló Cristo? Yo diría que no hay que intentar saberlo por otro camino que por el de las mismas comunidades que los apóstoles fundaron personalmente, anunciándoles tanto de viva voz como por escrito la fe en Jesucristo. Si esto es verdad, no hay que dudar que toda doctrina que concuerda con las comunidades apostólicas, madres y fuentes de la fe, se debe considerar como verdadera porque contiene lo que las comunidades recibieron de los apóstoles, los apóstoles de Cristo y Cristo de Dios.

JUAN 15.13, 17

Vida de San Francisco de Asís llamada «anónimo de Perusa» (siglo 13) § 97
«Permaneced en mi amor»

Desde el día de su conversión hasta el día de su muerte, el bienaventurado Francisco ha tratado siempre duramente a su cuerpo. Pero su principal y suprema preocupación ha sido poseer y conservar siempre, tanto en el interior como en el exterior, su gozo espiritual. Afirmaba que si el servidor a Dios se esforzaba en poseer y conservar el gozo espiritual interior y exterior que procede de la pureza de corazón, los demonios no podrían hacerle ningún mal, forzados a reconocer:“Puesto que este servidor de Dios conserva su gozo tanto en la tribulación como en la prosperidad, no podemos encontrar ningún resquicio por donde dañar su alma.”
Un día, riñó a uno de sus compañeros que parecía estar triste y con el rostro apenado: “¿Por qué manifiestas así la tristeza y el dolor que sientes de tus pecados? Es un asunto entre Dios y tú. Pídele que te dé, por su bondad, el gozo de la salvación (salmo 50,14). Delante de mí y delante de los demás, procura presentarte siempre gozoso, porque no es bueno que un servidor de Dios aparezca delante de los hermanos o de los otros hombres con un rostro triste y enfurruñado.

Entrégale a Dios tu tristeza y dolor

San Gregorio Magno (v. 540-604), Papa y doctor de la Iglesia
Homilías sobre los Evangelios, n° 27; PL 76, 1204
«Este es mi mandamiento: amaos los unos a los otros como yo os he amado»

Todas las palabras sagradas del Evangelio están repletas de mandamientos del Señor. ¿Entonces, por qué, el Señor dijo que el amor era su mandato? “Este es mi mandamiento: amamos los unos a los otros.” Resulta que todos los mandamientos surgen del amor, que todos los preceptos son sólo uno, y cuyo único fundamento es la caridad. Las ramas de un árbol brotan de la misma raíz: así todas las virtudes nacen sólo de la caridad. La rama de una buena obra, no permanece vigorosa, si separa de la raíz de la caridad. Por lo tanto, los mandamientos del Señor son numerosos, y al mismo tiempo son uno – múltiple por la diversidad de las obras, uno en la raíz del amor.
¿Cómo mantener este amor? El mismo Señor nos lo da a entender: en la mayoría de los preceptos de su Evangelio, ordena a sus amigos que se amen en Él, y que amen a sus enemigos por Él. El que ama a su amigo en Dios y su enemigo por Dios, posee la verdadera caridad.
Hay personas que aman a sus familiares, pero sólo movidos por sentimientos de afecto que surgen del parentesco natural… Las palabras sagradas del Evangelio no hacen a estos hombres ningún reproche. Pero lo que espontáneamente se le da a la naturaleza es una cosa, y aquello que se da por caridad en obediencia es otra.
Las personas a las que me he referido, aman sin duda a su prójimo… pero según la carne y no según el Espíritu… Diciendo: “Este es mi mandamiento: amaos los unos a los otros”, el Señor, inmediatamente ha añadido: “Como yo os he amado.” Estas palabras significan claramente: “amar por la misma razón que Yo os he amado”.

CARIDAD

San Clemente de Roma, papa del año 90 a 100 aproximadamente
Primera epístola a los Corintios, 49 (trad. breviario, martes II ordinario)
«Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros como yo os he amado»

El que posee el amor de Cristo que cumpla sus mandamientos. ¿Quién será capaz de explicar debidamente el vinculo que el amor divino establece? (Col 3,14) ¿Quién podrá dar cuenta de la grandeza de su hermosura? El amor nos eleva hasta unas alturas inefables. El amor nos une a Dios, el amor cubre la multitud de los pecados (1P 4,8), el amor lo aguanta todo, lo soporta todo con paciencia; nada sórdido ni altanero hay en él; el amor no admite divisiones, no promueve discordias, sino que lo hace todo en la concordia; en el amor hallan su perfección todos los elegidos de Dios, y sin él nada es grato a Dios. En el amor nos acogió el Señor: por su amor hacia nosotros, nuestro Señor Jesucristo, cumpliendo la voluntad del Padre, dio su sangre por nosotros, su carne por nuestra carne, su vida por nuestras vidas.
Ya veis, amados hermanos, cuán grande y admirable es el amor y cómo es inenarrable su perfección. Nadie es capaz de practicarlo adecuadamente, si Dios no le otorga este don. Oremos, por tanto, e imploremos la misericordia divina, para que sepamos practicar sin tacha el amor, libres de toda parcialidad humana. Todas las generaciones anteriores, desde Adán hasta nuestros días, han pasado; pero los que por gracia de Dios han sido perfectos en el amor obtienen el lugar destinado a los justos y se manifestarán el día de la visita del reino de Cristo…
Dichosos nosotros, amados hermanos, si cumplimos los mandatos del Señor en la concordia del amor, porque este amor nos obtendrá el perdón de los pecados.

Juan 15-12

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Publicado el 1 abril, 2016 en Sin categoría y etiquetado en , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. paz para toda la tierra lesdeseo com mucho amor

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  1. Pingback: JUAN 13-15 |

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