JUAN 16, 20-23

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (16, 20-23):  facebook pq

20 Les aseguro que ustedes van a llorar y se van a lamentar; el mundo, en cambio, se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo.

21 La mujer, cuando va a dar a luz, siente angustia porque le llegó la hora; pero cuando nace el niño, se olvida de su dolor, por la alegría que siente al ver que ha venido un hombre al mundo.

22 También ustedes ahora están tristes, pero yo los volveré a ver, y tendrán una alegría que nadie les podrá quitar.

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San Juan Crisóstomo (v. 345-407), sacerdote de Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia
Homilía 1 sobre la 1ª carta a los Tesalonicenses
«Ahora estáis tristes, pero volveré…, y vuestra alegría, nadie os la quitará»

“Habéis llegado a ser imitadores del divino Maestro”, dijo Pablo. ¿Cómo es esto? “Acogiendo la Palabra en las pruebas, con la alegría del Espíritu Santo” (1Tm 1,6). No solamente en las pruebas sino en medio de las pruebas entre incontables sufrimientos. Se puede ver en los Hechos de los Apóstoles. Vemos cómo surgió la persecución contra ellos, cómo sus enemigos los denunciaron a los magistrados y soliviantaron la ciudad. Estaban en la prueba, y no se puede decir que permanecieron fieles con tristeza, lamentándose; No, ellos estaban muy alegres.
Los Apóstoles les habían dado el ejemplo: “estaban contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Cristo” (Hch. 5,41 ).
¡Es realmente admirable! Ya es mucho, sufrir la prueba con paciencia; pero con alegría, es mostrarse superior a la naturaleza humana y no tener más, por así decirlo, que un cuerpo impasible. Pero, ¿cómo han sido imitadores de Cristo? En aquello que Él mismo sufrió sin quejarse, con alegría; porque voluntariamente aceptó las pruebas. Por nosotros se anonadó, escupido en la frente, agonizando en la Cruz, apeló a su gloria: “Padre, dijo, glorifícame” (Jn 17,5).

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San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia
Homilías sobre el Cantar de los Cantares, nº 37
“Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría”

“Al ir iban llorando, llevando la semilla” ¿Van a llorar siempre? Ciertamente no: “Al volver vuelven cantando, trayendo sus gavillas” (Sal 125,8). Y tendrán razón de alegrarse porque traerán gavillas de gloria. Pero, mediréis, eso no llegará hasta el último día, cuando la resurrección, y la espera es muy larga. No perdáis el ánimo, no cedáis a estos infantilismos. Esperando, recibiréis “las primicias del Espíritu” (2Co 1,22), suficientes para sembrar desde hoy en el gozo. Sembrad en justicia, dice el Señor, y cosecharéis la esperanza de la vida. Ya no os envía al último día, en el que todo os será dado realmente y ya no sólo en esperanza. Os habla del
presente. Ciertamente, nuestro gozo será grande, nuestra alegría infinita, cuando empezará la verdadera vida. Pero la esperanza de un gozo tan grande no se puede dar sin gozo ya desde ahora.

no te rindas

San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte) y doctor de la Iglesia
Sermón 171, sobre la carta a los Filipenses (trad. breviario 26/05)
«Vuestra alegría, nadie os la quitará»

“Estad siempre alegres en el Señor; dejádmelo decir: estad alegres” (Fl. 4,4) El apóstol nos manda alegrarnos, pero en el Señor, no en el mundo. Pues, como afirma la Escritura: «El que quiere ser amigo del mundo se hace enemigo de Dios» (Jc 4,4). Pues del mismo modo que un hombre no puede servir a dos señores (Mt 6,24), tampoco puede alegrarse en el mundo y en el Señor. Que el gozo en el Señor sea el triunfador, mientras se extingue el gozo del mundo. El gozo en el Señor siempre debe ir creciendo… No afirmamos esto como si no debiéramos alegrarnos mientras estamos en este mundo, sino en el sentido de que debemos alegrarnos en el Señor también cuando estamos en este mundo.
Pero alguno puede decir: «Estoy en el mundo, por tanto, si me alegro, me alegro allí donde estoy.» ¿Pero es que por estar en el mundo no estás en el Señor? Escuchad al apóstol Pablo… que afirma de Dios, Señor y Creador nuestro: «En él vivimos, nos movemos y existimos.»(Hch. 17,28). El que está en todas partes ¿en dónde no está? ¿Acaso no nos exhortaba precisamente a esto? «El Señor está cerca; nada os preocupe» (Fl. 4, 5-6).
Gran cosa es ésta: el mismo que asciende sobre todos los cielos está cercano a quienes se encuentran en la tierra. ¿Quién es éste, lejano y próximo, sino aquel que por su benignidad se ha hecho próximo a nosotros?

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Publicado el 10 abril, 2016 en Sin categoría y etiquetado en , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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