JUAN 17, 1-11a

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (17, 1-11a): facebook pq

1 Después de hablar así, Jesús levantó los ojos al cielo, diciendo: «Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo para que el Hijo te glorifique a ti,

2 ya que le diste autoridad sobre todos los hombres, para que él diera Vida eterna a todos los que tú les has dado.

3 Esta es la Vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu Enviado, Jesucristo.

juan-17-1-3

4 Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste.

5 Ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía contigo antes que el mundo existiera.

6 Manifesté tu Nombre a los que separaste del mundo para confiármelos. Eran tuyos y me los diste, y ellos fueron fieles a tu palabra.

7 Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti,

8 porque les comuniqué las palabras que tú me diste: ellos han reconocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me enviaste.

9 Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque son tuyos.

10 Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío, y en ellos he sido glorificado.

11 Ya no estoy más en el mundo, pero ellos están en él; y yo vuelvo a ti. Padre santo, cuida en tu Nombre a aquellos que me diste, para que sean uno, como nosotros.

JUAN 17-9

San Juan Crisóstomo, Homilías sobre el nuevo Testamento (PG 51, 34-35)
La cruz es voluntad del Padre, gloria del Hijo, gozo del Espíritu Santo

Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo. Llama gloria a la cruz. Y ¿cómo es que aquí la rehúye y allí la urge? Y que la gloria sea la cruz, escucha cómo lo atestigua el evangelista cuando dice: Todavía no se había dado el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido glorificado. El sentido de estas palabras es el siguiente: Todavía no se había dado la gracia, porque aún no se había extinguido el odio de Dios hacia los hombres, puesto que todavía Cristo no había subido a la cruz. La cruz extinguió el odio de Dios hacia los hombres, reconcilió a Dios con los hombres, hizo de la tierra un cielo, mezcló a los hombres con los ángeles, destruyó la fortísima ciudadela de la muerte, debilitó el poderío del diablo, liberó a la tierra del error, fundó iglesias.

La cruz es voluntad del Padre, gloria del Hijo, gozo del Espíritu Santo, orgullo de Pablo: Dios me libre —dice— gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo. La cruz es más brillante que el sol, más espléndida que sus rayos: pues cuando aquél se oscurece, ésta resplandece; y si se oscurece el sol, no es porque se le quite de en medio, sino porque es anulado por el esplendor de la cruz. La cruz rasgó el protocolo que nos condenaba, inutilizó la cárcel de la muerte; la cruz es indicio de la divina caridad. Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él.

La cruz abrió el paraíso, introdujo en él al ladrón, y, al género humano que estaba destinado a la perdición y que no era ni siquiera digno de la tierra, lo condujo al reino de los cielos. Siendo tantos los bienes que nos vinieron y nos vienen por el beneficio de la cruz, ¿cómo es que no quiere ser crucificado? Pero, por favor, ¿quién ha dicho semejante cosa? Si es que no quería, ¿quién le obligaba a ello? ¿Quién le forzó a ello? ¿Para qué envió por delante a los profetas anunciando que había de ser crucificado, si realmente no iba a ser crucificado y no quería sufrir esta ignominia? ¿Por qué llama cáliz a la cruz, si en verdad no quería ser crucificado? Porque esto es propio del que manifiesta los grandes deseos que tenía de padecer. Pues así como el cáliz es agradable para los que tienen sed, así lo es para él el ser crucificado. Por eso decía: He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros; y no lo decía porque sí, sino porque el día siguiente había de padecer el suplicio de la cruz.

Ahora bien, ¿por qué el mismo que llama a la cruz gloria y reprende al discípulo porque intenta disuadirlo del camino de la cruz, que se muestra como el buen pastor desde el momento que se deja matar por sus ovejas, que dice desear la cruz y encaminarse libremente a ella, por qué —repito— ruega que esto no suceda?

San Agustín, obispo
Sermón sobre el evangelio de san Juan
Serm. n. 104-105
«Padre, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique» (Jn 17,1)

Hay gente que piensa que el Hijo ha sido glorificado por el Padre en aquello que no le ahorró, ya que lo entregó por todos nosotros (Rm 8,32). ¡Pero si ha sido glorificado en su Pasión, cuánto más en su resurrección! En su Pasión, su humildad aparece más que su esplendor…

Con el fin de que “el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús ” (1Tm 2,5) sea glorificado en su resurrección, primero ha sido humillado en su Pasión… Ningún cristiano duda de eso: es evidente que el Hijo ha sido glorificado según la forma de esclavo, que el Padre lo resucitó e hizo sentar a su derecha (Fl. 2,7; Hch. 2,34).

Pero el Señor no dice solo: “Padre, glorifica a tu Hijo”, añade: “para que tu Hijo te glorifique”. Preguntamos, y con razón, cómo el Hijo glorificó al Padre… En efecto, la gloria del Padre, en sí misma, no puede crecer ni disminuir. Era menor, sin embargo, cerca de los hombres cuando Dios se manifestó “en Judea” y “sus siervos alababan el nombre del Señor de la salida del sol hasta su ocaso” (Sal. 75,2; 112,1-3). Esto se produjo por el Evangelio de Cristo que hizo conocer a las naciones al Padre por el Hijo: así el Hijo glorificó al Padre.

Si el Hijo sólo hubiera muerto y no hubiera resucitado, no habría sido glorificado ni por el Padre ni el Padre por él. Ahora, glorificado por el Padre en su resurrección, él glorifica al Padre por la predicación de su resurrección. Esto aparece en el mismo orden de las palabras: “Padre, glorifica a tu Hijo para que tu Hijo te glorifique”, como si dijera: “Resucítame, para que por mí, tú seas conocido en todo el universo”… Desde entonces, Dios es glorificado cuando la predicación hace que lo conozcan los hombres y cuando aceptado por la fe de los que creen en él.

San Cirilo de Alejandría, obispo y doctor de la Iglesia
Comentario al Evangelio de Juan
n. 11,7 : PG 74, 497-499
«He manifestado tu nombre a los que me diste de en medio del mundo» (Jn 17,6)

El Hijo ha dado a conocer el Nombre del Padre no tan sólo revelándolo y dándonos una enseñanza exacta sobre su divinidad –porque todo esto ya se había proclamado, a través de la Escritura inspirada, antes de la venida del Hijo- sino también enseñando que no solamente es verdadero Dios, sino también verdadero Padre, y calificado verdaderamente así al tener en sí mismo y engendrando fuera de sí mismo a su Hijo, coeterno con su naturaleza.

El nombre de Padre es propiamente más adecuado a Dios que el nombre de Dios: éste es un nombre de dignidad, aquél significa una propiedad substancial. Porque decir Dios es decir el Señor del universo. Pero el que le da el nombre de Padre precisa la propiedad de la persona: quiere decir que es él el que engendra. Que el nombre de Padre es más propio y más adecuado que el de Dios, el mismo Hijo nos lo enseña por el uso que hace de él. No dijo a veces; «yo y Dios» sino: «Yo y el Padre somos uno» (Jn 10,30). Y dijo también: «Es el Hijo a quien el Padre, Dios, ha sellado con su sello» (Jn 6, 27).

Pero cuando dijo a sus discípulos que bautizaran a todas las naciones, dijo expresamente que se hiciera, no en el nombre de Dios, sino en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

San Francisco de Asís
Carta a los fieles

“¡Oh, cuán glorioso y santo y grande, tener en los cielos un Padre! ¡Oh, cuán santo, tener un esposo consolador, bello y admirable! ¡Oh, cuán santo y cuán caro tener tal hermano y tal hijo, placentero, humilde, pacífico, dulce, amable y sobre todas las cosas deseable, el que dió su vida por sus ovejas (cf Jn 10, 15) y oró al Padre por nosotros diciendo: Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado (Jn 17, 11). Padre, todos los que me diste en el mundo, eran tuyos y me los diste (Jn 17, 6).

Y las palabras que me diste, les di; y ellos las recibieron y conocieron verdaderamente, que salí de ti y creyeron qe tú me enviaste (Jn 17, 8); ruego por ellos y no por el mundo (cf Jn 17, 9); bendícelos y santifícalos (Jn 17, 17) Y por ellos me santifico a mí mismo, para que sean santificados en (Jn 17, 19) la unidad, coma también nosotros (Jn 17, 11) lo somos. Y quiero, Padre, que donde yo estoy también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria (Jn 17, 24) en tu reino (Mt 20, 21).

Mientras que a aquel, que tanto ha aguantado por nosotros, tantos bienes ha traido y traerá en el futuro, toda criatura que hay en los cielos, en la tierra, en el mar y en los abismos, dé en retorno alabanza, gloria, honor y bendición (cf Apoc 5, 13), porque él es fuerza y fortaleza nuestra, el que es sólo bueno, sólo altísimo, sólo omnipotente, admirable, glorioso y sólo santo, laudable y bendito por infinitos siglos de los siglos. Amén.

DIVINIDAD PLATON

San Justino filósofo y mártir
Diálogo con Trifón
2-4, 7-8 : PG 6, 478-482; 491
«Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo» (Jn 17,3)

Mi alma ansiaba conocer lo que es propio y principio de la filosofía… El conocimiento inteligente de las cosas inmateriales me cautivaba por completo. La contemplación de las ideas daba alas a mi pensamiento. Durante algún tiempo me creía ser un sabio, y tan estúpido era que esperaba ver a Dios dentro de nada, ya que éste es el fin de la filosofía de Platón. En este estado espiritual…me acercaba a un lugar aislado donde creía encontrarme solo cuando me di cuenta que un anciano me seguía los pasos…

¿Qué es lo que te ha conducido hasta aquí?– me preguntó.
–Me gusta este paseo-…es muy adecuado para la meditación filosófica….
¿Es, pues, en la filosofía que se encuentra la felicidad?– me preguntó.
–Ciertamente, le contesté, y sólo en ella
… ¿A qué llamas tu Dios?
–Lo que siempre es idéntico a sí mismo y que da el ser a todo lo que existe, esto es Dios. –¿Cómo pueden los filósofos hacerse una idea justa de lo que es Dios si no lo conocen, no lo han visto jamás ni lo han oído?
Yo respondí:
La divinidad no es visible a nuestros ojos como los demás seres, sólo se accede a él por medio de la inteligencia, como dice Platón. Estoy de acuerdo con él.

-Hace mucho tiempo, dijo el anciano, hubo hombres mucho más antiguos que estos pretendidos filósofos, hombres felices, justos, amigos de Dios. Hablaban bajo la inspiración del Espíritu de Dios y presagiaron un futuro, realizado ahora. Se llaman profetas. Ellos han visto la verdad y la han anunciado a los hombres… Los que leen sus profecías pueden, si tienen la fe, sacar mucho provecho…Eran testigos fieles de la verdad… Han glorificado al creador del universo, Dios y Padre y han anunciado al que él envió, Cristo su Hijo… Y tú, antes que nada, pide para que se te abran las puertas de la verdad, ya que nadie puede ver ni comprender si Dios o su enviado, Cristo, no se lo da a comprender….

Ya no le vi más. Pero, de repente, un fuego se encendió en mi alma. Quedé prendado del amor a los profetas, a aquellos hombres amigos de Cristo.

Reflexionando sobre las palabras del anciano, reconocí que ésta era la filosofía única, provechosa y segura.

El resplandor de Dios es la luz de vida y de conciencia que revela la divinidad

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Publicado el 1 mayo, 2016 en Sin categoría y etiquetado en , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. PORQUE SOMOS HECHURA SUYA… POR TAL DEVEMOS DE IMITARLO PARA CON ESTO CADA VEZ SER COMO EL YA QUE PARA ESTO NOS LLAMO NUESTRO PADRE CELESTIAL; ASI QUE SEAMOS LUZ PARA QUE VEAN NUESTRO COMPORTAMIENTO Y GLORIFIQUEN HA CRISTO NUESTRO REY PRONTO AHUXILIO PARA CON EL PADRE DEL CIELO Y DE LA TIERRA SI AMEN!!!

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