JUAN 21, 15-19

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (21, 15-19): facebook pq

15 Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?». El le respondió: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis corderos».

16 Le volvió a decir por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». El le respondió: «Sí, Señor, saber que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas».

17 Le preguntó por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas.

JUAN 21.17

18 Te aseguro que cuando eras joven tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras».

19 De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: «Sígueme».

ME AMAS

Juan Manuel de Prada (escritor, crítico literario y articulista español)

FUENTE: ADICIONES

Cuando Benedicto XVI explica “Pedro, ¿me amas?”

AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 24 de mayo de 2006

En griego existen dos verbos que designan la acción de amar: filéo, que expresa el amor de la amistad, tierno y entregado, pero no totalizador; y agapáo, que significa amar sin reservas, con una donación completa e incondicional a la persona amada. El evangelista Juan, cuando refiere el episodio de la aparición de Jesús resucitado a Pedro a orillas del lago Tiberíades, emplea ambos de un modo muy significativo y dilucidador. Podemos imaginarnos ese episodio como el encuentro de dos viejos amigos conscientes de la herida que se ha abierto en su relación, pero dispuestos a restañarla sinceramente, dispuestos a recibir y dar perdón, para que esa herida no ensombrezca el futuro de su amistad. Pedro sabe que, apenas unos días antes, cuando su amigo más lo necesitaba, lo ha traicionado por cobardía o por mero instinto de supervivencia, negándolo hasta tres veces después de prometerle lealtad absoluta. Y Jesús, por su parte, sabe que esa traición ha sido consecuencia de la debilidad de su amigo, consecuencia pues de la propia naturaleza humana; y sabe también que su amigo está avergonzado y mohíno por su falta de coraje. Entonces Jesús, dispuesto a olvidar ese desliz, le pregunta a bocajarro: «¿Me amas?».

El evangelista escribe agapâs-me; esto es: «¿Me amas con un amor completo e incondicional?». Es como si Jesús demandara a Pedro un amor superior al que hasta entonces le ha profesado, un amor que excluya las debilidades y que proclame una adhesión entusiasta, acérrima, tal vez sobrehumana. Nada hubiese resultado más sencillo para Pedro que responder agapô-se («te amo incondicionalmente»), satisfaciendo esa demanda de amor absoluto que Jesús le lanza; pero, consciente de sus limitaciones, consciente de que lo ha traicionado y de que en el futuro tal vez vuelva a hacerlo (aunque, desde luego, nada más alejado de su propósito), Pedro le responde con pudorosa y escueta humildad: Kyrie, filô-se; esto es: «Señor, te quiero al modo humano, con mis limitaciones». Podemos imaginar que la respuesta de Pedro por un segundo defraudaría a Jesús: ha ofrecido a su amigo su perdón sincero y algo más que su perdón, a cambio de que nunca más le vuelva a fallar; pero su amigo no desea defraudarlo con esperanzas vanas, no desea que Jesús le atribuya virtudes sobrehumanas. Entonces Jesús insiste y vuelve a usar el verbo agapáo: «¿Me amas más que éstos?», refiriéndose a los discípulos que se hallan junto a Pedro a orillas del lago. Esta segunda pregunta de Jesús debió de incorporar un matiz perentorio, incluso exasperado, algo así como: «Oye, te estoy preguntando que si me amas a muerte, no me vengas con medias tintas». Pedro sin duda captó ese tono requirente, tal vez incluso enojado de Jesús; y algo debió de temblar dentro de él, tal vez el miedo a decepcionar a su amigo; y no parece improbable que su respuesta tuviese un tono compungido, desfalleciente, lastimado, temeroso de recibir una reprimenda. Pero así y todo volvió a emplear el verbo filéo: «Señor, te quiero a mi pobre y defectuosa manera, con todas mis fragilidades a cuestas».

Entonces Jesús vuelve a interpelarlo por tercera vez, como tres habían sido las veces que su amigo lo había negado, en la noche amarga; pero, para sorpresa de Pedro, que ya estaría esperando un chaparrón de maldiciones e invectivas, Jesús emplea ahora el mismo verbo al que Pedro se había aferrado antes: Fileis-me? Es un momento de gran fuerza conmovedora, porque Jesús se da cuenta de que no puede exigirle a su amigo algo que no está en la frágil naturaleza humana; y, olvidándose de esa exigencia sobrehumana, se adapta, se amolda a la debilidad de Pedro, a la frágil condición humana, porque entiende que en su amor renqueante que tropieza y cae y sin embargo se vuelve a levantar dispuesto a proseguir sin titubeos su camino puede haber un ímpetu, una alegría de andar superior incluso a la de un amor que se cree vacunado contra todos los tropiezos. Entonces Pedro, gratificado por el perdón de su amigo que lo acepta como es, que lo abraza también en el tropiezo y en la caída, afirma con alivio, con decisión, con alborozo: «Sabes que te quiero» (filô-se).

Y fueron amigos para siempre. Tal vez porque el amor más exigente e incondicional es el que brindamos a quien no nos viene con demasiadas condiciones y exigencias.

SI QUIERES CONOCER A UNA PERSONA

San Agustín de Hipona, Sermón Güelferbitano 16 (2-3: PLS 2, 580-581)
Interrogando a Pedro, el Señor nos interroga a todos

Cuando oyes decir al Señor: «Pedro, ¿me amas?», considera esta pregunta como un espejo y mira de verte reflejado en él. Y para que sepáis que Pedro era figura de la Iglesia, recordad aquel texto del Evangelio: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos. Las recibe un solo hombre. Y cuáles sean estas llaves del reino de los cielos, lo explicó el mismo Cristo: Lo que atareis en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desatareis en la tierra, quedará desatado en el cielo. Si sólo a Pedro se le dijo, sólo Pedro lo hizo; murió Pedro y se fue: ¿quién ata?, ¿quién desata? Me atreveré a decirlo: estas llaves las tenemos también nosotros. Pero ¿qué es lo que digo? ¿Que nosotros atamos?, ¿que nosotros desatamos? Atáis también vosotros, desatáis también vosotros. Porque es atado quien se separa de vuestra comunidad, y, al separarse de vuestra comunidad, queda atado por vosotros. Y cuando se reconcilia, es desatado por vosotros, porque también vosotros rogáis a Dios por él.

Todos efectivamente amamos a Cristo, somos miembros suyos; y cuando él confía su grey a los pastores, todo el colegio de los pastores pasa a formar parte del cuerpo del único pastor. Y para que comprendáis cómo todo el colegio de pastores se integra en el cuerpo del único pastor, pensad: ciertamente Pedro es pastor y plenamente pastor; pastor es Pablo y pastor en el sentido pleno de la palabra; Juan es pastor, Santiago es pastor, Andrés es pastor, y los demás apóstoles son realmente pastores. Entonces, ¿cómo se veríficará aquello de: Habrá un solo rebaño, un solo pastor?

Ahora bien, si es cierto aquello de que habrá un solo rebaño, un solo pastor, es que todo el inmenso número de pastores se reduce al cuerpo del único pastor. Pero en él estáis también vosotros, pues sois miembros suyos.

Estos son los miembros que oprimía aquel Saulo, primero perseguidor, luego predicador, echando amenazas de muerte, difiriendo la fe. Una sola palabra dio al traste con todo su furor. ¿Qué palabra? Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? ¿Qué podía hacer al que estaba sentado en el cielo?, ¿qué daño podrían hacerle las amenazas?, ¿qué daño podrían hacerle los gritos? Nada de esto podría ya afectarle, y sin embargo clamaba: ¿por qué me persigues? Cuando decía: ¿por qué me persigues? declaraba que nosotros somos miembros suyos. Así pues, el amor de Cristo, a quien amamos en vosotros; el amor de Cristo, a quien también vosotros amáis en nosotros nos conducirá, entre tentaciones, fatigas, sudores, miserias y gemidos, allí donde no hay fatiga alguna, ni miseria, ni gemidos, ni suspiros, ni molestia; donde nadie nace, ni muere; donde nadie teme las iras del poderoso, porque se adhiere al rostro del Todopoderoso.

Échale una mirada al espejo

Beato Charles de Foucauld (1858-1916), ermitaño y misionero en el Sahara, Carta del 15-07-1916
“Perdónale”

El amor consiste no en sentir que se ama, sino en querer amar: cuando se quiere amar, se ama; cuando se quiere amar por encima de todo, se ama por encima de todo. Si ocurre que se cae en un tentación, es que el amor es demasiado débil, no es que no haya amor: hay que llorar como san Pedro, arrepentirse como san Pedro, humillarse como él, como él decir también tres veces: “Yo os amo, os amo, vos sabéis que a pesar de mis debilidades y pecados, os amo” (Jn 21,15s).

En cuanto al amor que Jesús nos tiene, nos lo ha probado suficientemente como para que creamos en él sin sentirlo: sentir que le amamos y que nos ama, sería el cielo; el cielo no es, salvo raros momentos y raras excepciones, para aquí abajo.

Recordemos con frecuencia la doble historia de las gracias que Dios nos hizo personalmente desde nuestro nacimiento y el de nuestras infidelidades; encontraremos… allí el motivo para perdernos en una confianza ilimitada en su amor. Nos ama porque es bueno, no porque nosotros somos buenos; ¿Acaso las madres no aman a sus hijos descarriados? Así encontraremos cómo profundizar en la humildad y la desconfianza en nosotros mismos. Procuremos redimir un poco nuestros pecados por el amor al prójimo, por el bien hecho al prójimo. La caridad hacia el prójimo, los esfuerzos por hacer el bien a otros son un remedio excelente que hay que utilizar ante las tentaciones: es pasar de la simple defensa al contraataque.

Anuncios

Publicado el 3 mayo, 2016 en Sin categoría y etiquetado en , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Pingback: JUAN 19-21 |

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: