MATEO 7, 6.12-14

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (7, 6.12-14): facebook pq

6 No den las cosas sagradas a los perros, ni arrojen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes para destrozarlos.

12 Todos los que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas.

MATEO 7.12

Trata a los demás como te gustaría ser tratado

Trata a los demás como te gustaría ser tratado

13 Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí.

14 Pero es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran.

MATEO 7.13-14

San Vicente de Paúl (1581-1660), presbítero, fundador de comunidades religiosas
Conferencia del 30/5/1659
«Tratad a los demás como queréis que ellos os traten»

¿Cuál es el primer fruto de la caridad? ¿Qué es lo primero que hace un corazón animado por ella? ¿Qué es lo que sale de él diferenciándolo de un hombre faltado de la misma? Es hacer a cada uno lo que razonablemente quisiéramos que nos hicieran a nosotros; en eso consiste lo que distingue la caridad. ¿Es verdad que hago a mi prójimo lo mismo que deseo de él? ¡Ah! es un gran examen que debemos hacernos…
Fijémonos en el Hijo de Dios: ¡qué corazón más lleno de caridad, que llama de amor! Jesús mío, dinos un poco, por favor, ¿qué es lo que os ha hecho bajar del cielo para venir a sufrir la maldición de la tierra, tantas persecuciones y tormentos como habéis recibido? Oh Salvador, fuente de amor, humillado hasta ser uno de nosotros, hasta recibir un infame suplicio ¿quién ha amado al prójimo como vos mismo? Habéis venido a exponeros a todas nuestras miserias, a tomar la condición de pecador, a llevar una vida dolorosa y a sufrir una vergonzosa muerte por nosotros. ¿Hay otro amor semejante al vuestro?… Sólo Nuestro Señor puede estar enamorado así de las criaturas hasta dejar el trono de su Padre y venir a tomar un cuerpo sujeto a los sufrimientos. ¿Y por qué? Para infundirnos, siguiendo su ejemplo y su palabra, la caridad para con el prójimo… Oh amigos míos, si tuviéramos un poco de este amor ¿nos quedaríamos con los brazos cruzados?… ¡Oh no! la caridad no puede quedarse ociosa; nos empuja a la salvación y a la consolación de los otros.

MATEO 7.14

Orígenes (v. 185-253), sacerdote y teólogo
Homilías sobre el Éxodo, n°5, 3 (trad. Biblioteca de Patrística. Ed. Ciudad Nueva, tomo 17)
«Se ha estrechado, el camino que conduce a la vida»

Veamos ahora qué se dice a continuación a Moisés, qué camino se le manda elegir… Quizá tú pensarás que el camino que Dios muestra es un camino llano y fácil, sin ninguna dificultad ni esfuerzo: no, es una subida, y una subida tortuosa.
No es un camino descendente el que conduce a las virtudes, se trata de una ascensión, una angosta y difícil ascensión. Escucha al Señor cuando dice en el Evangelio: “El camino que conduce a la vida es estrecho y angosto.” Observa, pues, qué consonancia hay entre el Evangelio y la Ley… ¿Acaso no es verdad que hasta los ciegos pueden ver claramente que la Ley y el Evangelio han sido escritos por uno y el mismo Espíritu?.
El camino por el que marchan es, por tanto, una subida tortuosa…; Muestra que tanto en las obras como en la fe hay mucha dificultad y mucho esfuerzo. En efecto, a los que quieren obrar según Dios se les oponen muchas tentaciones, muchos estorbos. Así, te encontrarás en la fe con muchas cosas tortuosas, muchas preguntas, muchas objeciones de los herejes… Escucha lo que dice el Faraón al ver estas cosas: “Estos se equivocan.” Para el Faraón, el que sigue a Dios se equivoca, porque, como ya hemos dicho, el camino de la sabiduría es tortuoso, tiene muchas curvas, muchas dificultades y muchas angosturas. De este modo, cuando confiesas que hay un solo Dios, y en la misma confesión afirmas que el Padre, el Hijo y el Espíritu son un solo Dios, ¡Cuán tortuoso, cuán inextricable parece esto a los infieles! Aún más, cuando dices que «el Señor de la majestad» fue crucificado (1 Co 2,8) y que el Hijo del hombre es «el que ha bajado del cielo» (Jn 3,13) ¡Cuán tortuosas y difíciles parecen estas cosas! El que las oye, si nos las oye con fe, dice que éstos se equivocan; pero tú mantente firme y no dudes de esta fe, sabiendo que Dios te muestra el camino de esta fe.

MATEO 7 13-14

San Benito (480-547), monje
La Regla, Prólogo
«Entrad por la puerta estrecha»

El Señor, buscándose, entre la multitud a la cual dirige su llamada, un obrero, dice: «¿Quién es el que ama la vida y desea días de prosperidad?» (Sl 33,13). Si escuchando esto respondes: «¡Yo!», Dios te dice: «Si quieres alcanzar la vida, la verdadera vida eterna, guarda tu lengua del mal, tus labios de la falsedad, apártate del mal, obra el bien, busca la paz y corre tras ella» (Sl 33, 14-15)… ¿Qué hay que sea más dulce, hermanos muy amados, que esta voz del Señor que nos invita? Mirad que, en su bondad, el Señor nos indica el camino de la vida. Habiendo, pues, ceñido nuestros lomos (Ef 6,14) con la fe y la práctica de las buenas obras, guiados por el Evangelio, avancemos en sus caminos, a fin de que merezcamos ver a aquél que nos ha llamado a su Reino (1Tes 2,12). Si queremos habitar en las moradas de este Reino, no llegaremos de ninguna manera a él si no es por las buenas obras.
Con el profeta, preguntemos al Señor y digámosle: «Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda? ¿Quién habitará en tu monte santo?» (Sl 14,1). Después de esta petición, hermanos, escuchemos al Señor que nos responde mostrándonos el camino…
Vamos, pues, a establecer una escuela al servicio del Señor, en la cual esperamos no establecer nada riguroso, nada agobiante. Pero si se presentara alguna cosa un tanto severa, exigida por una razón de justicia a causa de la corrección de los vicios o para mantener la caridad, no huyas inmediatamente, preso de terror, pues no nos podemos comprometer en el camino de la salvación de otra manera que por una puerta estrecha. Por otra parte, gracias al progreso de la vida y de la fe, se corre por los caminos de los mandamientos del Señor (Sl 118,32) con el corazón dilatado, en una inefable dulzura de amor. Así, no alejándonos jamás de su enseñanza y perseverando en su doctrina hasta la muerte en el monasterio, por la paciencia participaremos en los sufrimientos de Cristo (1P 4,13) para que merezcamos tener también parte en su Reino.

MATEO 7, 13-14

San Clemente de Roma, papa del año 90 a 100 aproximadamente Carta a los Corintios, § 36-38
«El camino que lleva a la vida»

Jesucristo es, amados hermanos, el camino por el que llegamos a la salvación, el sumo sacerdote de nuestras oblaciones, sostén y ayuda de nuestra debilidad. (He 10,20; 7,27; 4,15). Por él podemos elevar nuestra mirada a lo alto de los cielos; por él, vemos como en un espejo el rostro inmaculado y excelso del Padre; por él, se abrieron los ojos de nuestro corazón; por él, nuestra mente, insensata y entenebrecida, se abre al resplandor de la luz; por él quiso el Señor que gustásemos el conocimiento inmortal, ya que «él es el reflejo de la gloria del Padre…, encumbrado sobre los ángeles porque es mucho más sublime que el de éstos el nombre que ha heredado» (Hb 1,3-4)…

Tomemos como ejemplo nuestro cuerpo. La cabeza sin los pies no es nada, como tampoco los pies sin la cabeza; los miembros más ínfimos de nuestro cuerpo son necesarios y útiles a la totalidad del cuerpo; más aún, todos ellos se coordinan entre sí para el bien de todo el cuerpo (1C 12,12s). Procuremos, pues conservar la integridad de este cuerpo que formamos en Cristo Jesús, y que cada uno se ponga al servicio de su prójimo según la gracia que le ha sido asignada por donación de Dios.

El fuerte sea protector del débil,
el débil respete al fuerte;
el rico dé al pobre,
el pobre dé gracias a Dios por haberle deparado quien remedie su necesidad.
El sabio manifieste su sabiduría no con palabras, sino con buenas obras;
el humilde no dé testimonio de sí mismo, sino deje que sean los demás quienes lo hagan.
El que guarda castidad, que no se enorgullezca, puesto que sabe que es otro quien le otorga el don de la continencia.

Pensemos, pues, hermanos, de qué polvo fuimos formados, qué éramos al entrar en este mundo, de qué sepulcro y de qué tinieblas nos sacó el Creador que nos plasmó y nos trajo a este mundo, obra suya, en el que ya antes de que naciéramos, nos había dispuesto sus dones. Puesto que todos estos beneficios los tenemos de su mano, en todo debemos darle gracias.

EMPATIA

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Publicado el 15 mayo, 2016 en Sin categoría y etiquetado en , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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